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martes, 27 de agosto de 2024

El milagro de Candeal (2004)




Director: Fernando Trueba
España, 2004, 125 minutos

El milagro de Candeal (2004) de Fernando Trueba


El poder hipnótico de la música propicia que las más de dos horas de metraje de El milagro de Candeal (2004) se pasen volando. Aunque aparte de muchas y excelentes actuaciones musicales, el documental de Fernando Trueba contiene sobre todo un trasfondo humano que conecta el legado celosamente atesorado por los descendientes de los esclavos africanos que un día arribaron a Salvador de Bahía con la efervescencia social de un barrio cuyos habitantes unen esfuerzos en pro del desarrollo y la cultura.

Animado a descubrir en suelo brasileño los vínculos que le unen con su propia ascendencia afrocubana, el veterano pianista Bebo Valdés (1918-2013) cumple la función de invitado al que diversas figuras locales, en especial Carlinhos Brown, acompañan y agasajan mientras dura su visita. Excelente ocasión para que, además de disertar animadamente a propósito de estilos, costumbres y creencias, vayan desfilando ante la cámara figuras de la talla de Caetano Veloso o Gilberto Gil.



Del mismo modo que la realidad retratada por Trueba es fruto del mestizaje, su película bebe también de distintos géneros cinematográficos que van desde el musical hasta el documento etnográfico, pasando por el tono reivindicativo de quienes, como el cantautor Mateus Aleluia, reclaman una mayor presencia en las instituciones para la mayoría negra que, a efectos prácticos, termina siendo minorizada desde el poder. De ahí la importancia que adquiere la música como elemento de cohesión, especialmente cuando se aplica con finalidades educativas entre los jóvenes de las áreas más desfavorecidas.

Y así, entre invocaciones a los orishas y demás deidades de la santería, las calles de Candeal se llenan del colorido y bullicio de sus gentes, siempre dispuestas a festejar la alegría de vivir. Como vitalista es la actitud mostrada en todo momento por don Bebo, lo mismo en el sambódromo carnavalero que en los ambientes más humildes de una ciudad en la que se siente como en casa. Algo que queda patente cada vez que el octogenario acompaña al piano a cuantos artistas requieren su participación.



martes, 17 de octubre de 2023

Dispararon al pianista (2023)




Título original: They Shot the Piano Player
Directores: Fernando Trueba y Javier Mariscal
España/Francia/Países Bajos/Portugal/Perú, 2023, 103 minutos

Dispararon al pianista (2023) de Trueba y Mariscal


Pudiera comenzarse el comentario de Dispararon al pianista (2023) enumerando los múltiples referentes de los que bebe una cinta cuya alusión más explicita, ya desde el propio título, remite al Truffaut de Tirez sur le pianiste (1960). Homenaje al célebre autor de la Nouvelle vague, completado con sendas citas de Jules et Jim (1962)Les quatre cents coups (1959), que en realidad encubre lo que no deja de ser un film enquête al estilo de Ciudadano Kane (1941). Y es que la omnipresente figura del malogrado Tenório Júnior (1941-1976) se erige como el centro de una compleja investigación a lo largo y ancho de la geografía brasileña en busca de testimonios que ayuden a esclarecer las extrañas circunstancias de su desaparición.

El caso es que quienes esperen un remake en la senda de Chico y Rita (2010) se van a encontrar con un trabajo igualmente colorido, fruto del inconfundible toque Mariscal, pero muchísimo más político. A este respecto, el guion de Fernando Trueba no rehúye zambullirse en los entresijos de lo que supuso la sanguinaria represión auspiciada por las dictaduras militares sudamericanas que diseñaron el Plan Cóndor y que se acabaría traduciendo en la cruel tortura y posterior matanza de miles de personas.



Así pues, al esbozo de la escena musical carioca durante los años sesenta y setenta, con Tenório como máximo impulsor del auge del jazz-bossa nova, sigue una segunda parte de corte reivindicativo donde se denuncian las atrocidades cometidas por los milicos argentinos en las dependencias de la abominable ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada). Toda una amalgama de declaraciones procedentes de personalidades reales, debidamente transcritas a la pantalla bajo la apariencia de personajes de animación, que contribuyen, entre unas y otras, a perfilar al mismo tiempo la imagen del compositor y del mártir.

No obstante, el conjunto se acaba resintiendo a causa de una trama que quiere abarcar demasiadas cosas, desde los remordimientos de Vinícius de Moraes, en cuya banda tocaba Tenório, al igual que Toquinho, cuando fue detenido en Buenos Aires, hasta las pesquisas de un periodista neoyorquino (con la voz de Jeff Goldblum) que escribe un libro sobre un músico muy zen y apolítico al que algunos de los entrevistados llegan a comparar con un santo de la Edad Media.



miércoles, 17 de marzo de 2021

Hable con ella (2002)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2002, 112 minutos

Hable con ella (2002) de Almodóvar


Tras el éxito internacional obtenido por Todo sobre mi madre (1999), Hable con ella (2002) vino a confirmar la buena racha de Almodóvar con un merecidísimo Óscar al Mejor Guion y una candidatura a Mejor Director (amén de dos BAFTA, un Globo de Oro y un César, entre otros muchos galardones) que contrastan frente al pírrico Goya a Mejor Banda Sonora (a cargo, como en tantos títulos de la filmografía almodovariana, de Alberto Iglesias) que la cinta obtuvo en la edición de aquel año. Lo cual hace válido el tópico de que nadie, ni siquiera el manchego, es profeta en su propia tierra.

Palmarés al margen, la película que nos ocupa destaca por lo intrincado de su estructura, con continuas elipsis y saltos temporales, además de contener el cortometraje de inspiración expresionista Amante menguante, mudo y en blanco y negro, que aparece inserto en mitad de la trama. De igual modo, sobresale, por su enorme fuerza visual, la imagen de Rosario Flores vestida de torero, si bien la cinta es especialmente recordada a causa del insólito estado vegetativo que padecen sus dos protagonistas femeninas.



Aparte de la dedicación profesional a la danza de los personajes de Leonor Watling y Geraldine Chaplin, el filme se abre y se cierra con un par de coreografías a cargo de Pina Bausch, evidenciando así el enorme interés de Almodóvar por dicha disciplina. Y como ya sucediera en su anterior trabajo, son muchos los cameos de caras conocidas que desfilan ante el objetivo, sobre todo entre el público asistente a la actuación en vivo del brasileño Caetano Veloso, aunque también hay unos cuantos intérpretes (Ana Fernández, Elena Anaya, Lola Dueñas...) cuya presencia se limita a un breve papel episódico.

Sin embargo, y a pesar de la consabida predilección del cineasta por las actrices, son dos hombres en esta ocasión (Javier Cámara y el argentino Darío Grandinetti) quienes acaparan el protagonismo con sus respectivos roles de enfermero monomaníaco y autor de guías de viaje, ambos unidos por el amor hacia sendas bellas durmientes que acabará derivando hacia una sólida amistad de consecuencias imprevisibles.



sábado, 2 de septiembre de 2017

El vendedor de pasados (2015)




Título original: O Vendedor de Passados
Director: Lula Buarque de Hollanda
Brasil, 2015, 100 minutos

El vendedor de pasados (2015)


Libremente adaptada a partir de la novela homónima del narrador angoleño José Eduardo Agualusao, El vendedor de pasados plantea un dilema de lo más actual: en un mundo en el que la información es adulterada de forma sistemática, en el que los perfiles de las redes sociales o los currículums se retocan y adornan según convenga y a gusto del consumidor, ¿para qué sirve la verdad? En ese sentido, su protagonista tiene una profesión un tanto sui generis: Vicente (Lázaro Ramos) reconstruye pasados verosímiles para una clientela que desea borrar su mala reputación o simplemente embellecer lo que hasta entonces ha sido una existencia anodina. Y lo cierto es que el joven es un as en el difícil arte de urdir vidas a base de viejas fotografías, imágenes de archivo y todo tipo de objetos que, como coleccionista compulsivo que es, adquiere en mercadillos de segunda mano. 

Hasta que un día se presenta de improviso en su domicilio, requiriendo sus servicios, una mujer encantadora y presumiblemente fatal (como solía ocurrir en las buenas películas del Cine Negro) que se niega a revelar su identidad y a la que él llamará irónicamente Clara. La mujer (Alinne Moraes) le pide a Vicente que le invente un pasado criminal, en el que ella se hubiese visto obligada a asesinar a alguien. Seducido por tan extraña idea, Vicente se ve preso de un juego de verdades y mentiras que acabará entrando en conflicto con su propia experiencia, teniendo en cuenta que él fue un niño adoptado al que sus padres de acogida tampoco quisieron explicarle cuáles eran sus verdaderos orígenes.

Vicente (Lázaro Ramos) con las viejas cartas de amor
que compró en un mercadillo


Poco a poco, el "vendedor de pasados" se irá enamorando de Clara (o, mejor dicho, de su propia obra, es decir, de la mujer que él mismo ha inventado) y, tras un breve romance, la joven desaparece sin más. Sin embargo, la sorpresa se produce cuando un día, viendo la tele, Vicente descubre que Clara ha publicado un libro en el que hace pasar por reales la historia y la identidad que él inventó para ella: el de la hija de unos represaliados argentinos que fue dada en adopción al poco de nacer.

Visualmente, la película es muy elegante, envuelta por la fotografía de Toca Seabra. La banda sonora, en un claro guiño al espectador, incluye al final un viejo tema de Caetano Veloso que lleva por título "You Don't Know Me", en alusión al juego de apariencias del que acabamos de ser testigos. No es el único. Buarque de Hollanda también reserva un par de obsequios para los más cinéfilos: por una parte, la presencia en un breve papel de la veterana actriz Ruth de Souza, toda una gloria nacional en su país; por otra, el hecho de que Vicente bautice al viejo matrimonio que aparece en uno de los álbumes de la anciana con el apellido Cavalcanti, referencia velada a uno de los pioneros del cine brasileño.