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miércoles, 29 de abril de 2026

Ghost Dog, el camino del samurái (1999)




Título original: Ghost Dog: The Way of the Samurai
Director: Jim Jarmusch
Francia/Alemania/EE.UU./Japón, 116 minutos

Ghost Dog… (1999) de Jim Jarmusch


Un samurái negro resulta tan improbable como un torero con gafas. Y, sin embargo, Jim Jarmusch supo sacarle partido a la idea en Ghost Dog… (1999), enésima ocasión (y no sería la última) en la que el cineasta revierte las convenciones preestablecidas de un género cinematográfico. A este respecto, la sobreimpresión en pantalla de determinados fragmentos del Hagakure Kikigaki o Libro de cabecera del samurái, que el protagonista recita a modo de mantras, remite a títulos míticos de similar inspiración zen como pudiera ser El silencio de un hombre (1967) del francés Jean-Pierre Melville.

Y es que, en esencia, la cinta que nos ocupa bebe básicamente de referentes cinéfilos en la órbita del cine negro y sus posteriores revisitaciones hollywoodenses. Así pues, no es de extrañar que determinados personajes, como por ejemplo los mafiosos de medio pelo a los que se enfrenta Ghost Dog (Forest Whitaker), recuerden bastante en aspecto y ademanes a los habituales villanos de los filmes de Coppola o Scorsese. Aun así, no faltan tampoco alusiones a Rashomon (1950), el clásico de Kurosawa en el que una misma historia era contada desde distintas perspectivas.



No obstante, lo verdaderamente enternecedor de la propuesta de Jarmusch vuelve a ser, una vez más, esa deconstrucción minimalista, con sutiles ribetes paródicos, que sitúa el foco de atención no en la violencia de las acciones, sino en la sensibilidad que el protagonista demuestra frente a su amigo el vendedor de helados (Isaach De Bankolé), con el que se entiende perfectamente aunque aquél sólo hable francés, o hacia Pearline (Camille Winbush), la niña lectora que periódicamente frecuenta su compañía. Circunstancia que se halla en consonancia con el hecho de que el samurái, por si no fuese poco, se comunica mediante palomas mensajeras, aunque para robar coches utilice dispositivos electrónicos de alta tecnología.

En definitiva, Jim Jarmusch fusiona la filosofía oriental, la cultura hip-hop de los 90 y la decadencia de la mafia italiana para crear un híbrido cinematográfico único. Dos mundos que, de hecho, se están extinguiendo, habida cuenta de que el protagonista es un guerrero fuera de tiempo que sigue un código del siglo XVIII, mientras que los mafiosos a los que sirve son retratados como un grupo de ancianos que no pueden pagar el alquiler y ven dibujos animados. Destellos del antiguo Bushido que se desvanecen sobre el asfalto de Jersey City, recordándonos que el honor no reside tanto en el tiempo que nos toca vivir, sino sobre todo en la elegancia con la que aceptamos nuestra propia extinción.



martes, 28 de abril de 2026

Bajo el peso de la ley (1986)




Título original: Down by Law
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Alemania, 1986, 107 minutos

Bajo el peso de la ley (1986) de Jim Jarmusch


Se ha comparado a menudo Down by Law (1986) con la obra cumbre de Robert Bresson Un condenado a muerte se ha escapado (1956). Sin embargo, y pese a las similitudes evidentes entre las dos películas (ambas de temática carcelaria, ambas rodadas en blanco y negro), lo cierto es que Jarmusch le da a la suya ese inconfundible toque humorístico que la acerca mucho más a otros referentes clásicos, como por ejemplo la no menos icónica Tiempos modernos (1936). A este respecto, Bob, el personaje interpretado por el italiano Roberto Benigni, destila un innegable candor chapliniano, aparte de que la metáfora visual del camino, ya al final de la cinta, remite irremediablemente al último plano de la ya mencionada Modern Times.

Por otra parte, los tres reclusos (John Lurie y Tom Waits, además del histriónico Benigni) coinciden en la misma celda después de haber seguido trayectorias muy distintas. Así pues, si Zack (Waits) era DJ radiofónico antes de entrar en prisión, Jack (Lurie) termina recluido por proxenetismo. Tres individuos con personalidades opuestas, pero que al verse forzados por las circunstancias a compartir las reducidas dimensiones de un mismo espacio terminan por amoldarse los unos a los otros e incluso a compenetrarse.



Mucho antes del éxito mundial obtenido con La vida es bella (1997), Benigni actúa de catalizador de la trama. En ese sentido, su personaje rompe la tensión nihilista entre Zack y Jack mediante un dominio estrafalario del inglés cuyo punto álgido se produce durante la célebre escena del cántico "I scream, you scream, we all scream for ice cream!", momento de euforia colectiva que, además de contagiarse al resto de reclusos, rompe la barrera del idioma y la hostilidad de la prisión.

Propenso como es a subvertir los géneros cinematográficos, Jarmusch convierte lo que a priori debiera haber sido un drama carcelario al uso en una fábula existencialista de tintes ligeramente cómicos. De ahí que, a diferencia de los dramas carcelarios convencionales, a Jarmusch no le interese el plan de escape ni la violencia institucional, sino que la película trata sobre el tiempo muerto, la convivencia forzada y la extraña química que surge entre tres desconocidos cuando no les queda más remedio que hablar entre ellos.



Noche en la Tierra (1991)




Título original: Night on Earth
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Reino Unido/Francia/Alemania/Japón, 1991, 129 minutos

Noche en la Tierra (1991) de Jim Jarmusch


Aficionado como es Jarmusch a los filmes episódicos y a las historias que suceden simultáneamente en varios lugares, con Night on Earth (1991) volvía a plantear algo que ya estaba presente en su anterior largometraje, Mystery Train (1989), llevándolo incluso más allá. Así pues, el cineasta asume el reto de ubicar la acción en cinco ciudades distintas del planeta (Los Ángeles, Nueva York, París, Roma y Helsinki), situando la cámara en el interior de otros tantos taxis. Un curioso ejercicio de soledades conectadas, al fin y al cabo, con el que se evidencia que mientras un conductor inicia una carrera en California otro está terminando su turno bajo el frío invierno finlandés.

La premisa de la sincronía global, por cierto, se constata mediante varios relojes de pared que marcan la hora oficial en las respectivas metrópolis y cuya imagen precede a cada uno de los episodios. El primero de ellos, a propósito de una joven desaliñada (Winona Ryder) que prefiere ser mecánica antes que aceptar la oportunidad de convertirse en estrella que le ofrece una ejecutiva de casting (Gena Rowlands), posee el atractivo de contar con la viuda de John Cassavetes en lo que supuso el regreso de la actriz a los platós tras un largo período de inactividad. El segundo, en cambio, resulta mucho más tierno, ya que un inmigrante de Alemania del Este, antiguo payaso y que apenas sabe conducir (Armin Mueller-Stahl), termina cediéndole el volante a su pasajero (Giancarlo Esposito).



Ya en Europa, el episodio parisino se centra en un conductor marfileño (Isaach De Bankolé) que, harto del racismo de sus clientes anteriores, recoge a una mujer ciega (Béatrice Dalle), la cual demuestra, pese a su discapacidad, que puede "ver" más allá con los ojos de la razón. Llegados a Roma, el cuarto episodio supone un alarde de histrionismo a cargo del siempre intenso Roberto Benigni, quien interpreta a un taxista que decide confesar a un supuesto obispo con problemas cardíacos sus lúbricos escarceos sexuales. Por último, la historia que transcurre en Helsinki, aparte de homenaje explícito a los hermanos Kaurismäki (pues dos de los personajes se llaman Aki y Mika, respectivamente), gira en torno a tres borrachos cuya triste situación resulta ampliamente superada por la del propio taxista.

En resumen, para Jarmusch la noche no sería tanto peligrosa, sino más bien confidencial, ya que el taxi funciona como un confesionario móvil donde las barreras sociales se diluyen por la brevedad del encuentro. Asimismo, la banda sonora de Tom Waits, con sus letras ásperas y melancólicas, subraya la sensación de fin del mundo que acostumbra a sentirse de madrugada. Se dice que Jarmusch escribió el guion en apenas ocho días. Y lo cierto es que esa espontaneidad se traduce en diálogos que fluyen de manera natural, evitando los grandes discursos existenciales en favor de pequeñas verdades cotidianas. A fin de cuentas, nos viene a decir, cada persona con la que nos cruzamos es el protagonista de su propia película, con una carga de penas y alegrías tan densa y respetable como la nuestra.



lunes, 27 de abril de 2026

Permanent vacation (1980)




Título en español: Vacaciones permanentes
Director: Jim Jarmusch
EE.UU., 1980, 75 minutos

Permanent vacation (1980) de Jim Jarmusch


La ópera prima de Jim Jarmusch se vio condicionada, en cierta manera, por las indicaciones que el cineasta recibía continuamente de su amigo y mentor Nicholas Ray. No obstante, dicho tira y afloja da como resultado una película que prefigura algunas de las constantes en su estilo, como esos trávelins laterales, de derecha a izquierda (presumiblemente rodados desde el interior de un coche), en los que el personaje camina por la acera y que tantas veces recreará a lo largo de su carrera el director nacido en Akron, Ohio.

Antes de que Jarmusch se convirtiera en el sumo pontífice de lo cool y el minimalismo cinematográfico, Permanent vacation (1980), rodada con un presupuesto irrisorio de apenas 12.000 dólares (dinero de una beca de estudios que, además, no debía destinarse para estos fines), ofrecía ya con bastante antelación el que iba a ser el mapa genético de todo su cine posterior.



La película sigue a Aloysious "Allie" Parker (interpretado por Chris Parker), joven de 16 años con aspecto de dandi desaliñado y una pasión desmedida por Charlie Parker. Allie deambula por un Manhattan de edificios carbonizados, solares vacíos y una sensación de estancamiento absoluto. No busca un trabajo ni una familia ni un propósito convencional, sino que su única meta es vagar a la deriva. En su camino se cruzará con personajes tan fragmentados como el paisaje: su madre (Ruth Bolton) en un hospital psiquiátrico, una joven hispana (María Duval) con problemas mentales, un saxofonista (John Lurie) en una esquina o un tipo (Frankie Faison) que cuenta chistes sin gracia en un cine porno.

Pieza imprescindible para entender el cine independiente estadounidense, la cinta posee una autenticidad cruda a través de la figura de su protagonista, un turista de la vida que prefiere observar el mundo desde el margen. De hecho, esas "vacaciones permanentes" en las que se halla instalado y que dan título al filme no son exactamente por motivos de ocio, sino más bien una resistencia filosófica contra la estructura de la sociedad moderna. Y así, equipado con una simple maleta, este alter ego del propio Jarmusch deja atrás Nueva York para embarcarse rumbo a París, adonde tal vez le aguarde su nueva Babilonia.



domingo, 26 de abril de 2026

Mystery Train (1989)




Título en español: Tren misterioso
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón, 1989, 110 minutos

Mystery Train (1989) de Jim Jarmusch


Las tres historias que integran Mystery Train (1989) transcurren simultáneamente en una decrépita ciudad de Memphis, cuna del rocanrol y de su más célebre artista, Elvis Presley, pero también símbolo de la recesión económica que asolaba entonces al conjunto de la sociedad estadounidense. Asimismo, sus personajes son o bien mitómanos, como la pareja japonesa del primer segmento ("Lejos de Yokohama"), forasteros de paso, como la viuda italiana del segundo ("Un fantasma"), o simples inadaptados, caso de los protagonistas de la última parte ("Perdidos en el espacio"). Outsiders, todos ellos, cuyo denominador común es la soledad existencial.

A este respecto, parece como si Jarmusch pretendiese desmitificar el sueño americano mediante una colección de calles desiertas, edificios ruinosos y estaciones de tren solitarias. Sin embargo, el cineasta sabe encontrar una belleza poética en esa decadencia, la misma que recorre toda su filmografía con la mira siempre puesta en captar un mundo de silencios resignados, de conformismo no exento de ironía, en definitiva, la cara oculta del American Way of Life.



El punto en el que convergen los tres episodios es el destartalado Arcade Hotel, regentado por un recepcionista impasible (interpretado por el legendario bluesman Screamin' Jay Hawkins) y un botones algo distraído (Cinqué Lee). Allí coincidirán, en un preciso instante, todos los personajes, sin que los unos tengan noticia de los otros. Es más bien el espectador quien se da cuenta de ello gracias a determinados indicios: una canción que suena de madrugada en la radio, el tren que pasa a la misma hora, un disparo en mitad de la noche...

En ese mismo orden de cosas, el fantasma de Elvis, la visita fugaz al Sun Studio o a Graceland (que no llega a aparecer en pantalla) configuran un paisaje humano sumamente melancólico, consolidando una narrativa fragmentada que influiría directamente en obras posteriores de directores como Quentin Tarantino. Meditación sobre el paso del tiempo y la naturaleza transitoria de la vida, la propuesta de Jarmusch nos recuerda que todos somos huéspedes de paso en un hotel llamado mundo, cada uno con nuestra propia banda sonora y nuestros propios fantasmas.



viernes, 24 de abril de 2026

Los muertos no mueren (2019)




Título original: The Dead Don't Die
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón/Suecia, 2019, 104 minutos

Los muertos no mueren (2019) de Jim Jarmusch


Cuando a un autor le da por hacer cine de género, lo más probable es que su película no guste ni a unos ni a otros. Algo así debió de sucederle a Jim Jarmusch al presentar The Dead Don't Die (2019), cinta de temática a priori tan alejada del resto de su filmografía como lo son los zombis. Unos muertos vivientes, por cierto, que en su apariencia y forma de salir de las tumbas recordaban enormemente a los del videoclip "Thriller" (1983) de Michael Jackson, dirigido por John Landis y recreación en clave cómica, a su vez, del imaginario concebido por George A. Romero a finales de los sesenta.

No obstante, salta en seguida a la vista la intencionalidad paródica de un filme que, como ya sucediera con el wéstern en Dead Man (1995), la figura del samurái en Ghost Dog (1999) o los vampiros de Sólo los amantes sobreviven (2013), revierte las convenciones del género con el objetivo de desmitificar el American Way of Life. Así pues, la apacible Centerville (al igual que Akron, la ciudad natal de Jarmusch) constituye el paradigma de una comunidad en la que nunca ocurre nada y cuyos habitantes, hastiados por el tedio que les devora, asisten impasibles a la irrupción de unas criaturas a las que hay que cortarles la cabeza para neutralizarlas.



De la misma manera que en Flores rotas (2005), le viene muy bien a la cinta la cara de chiste de Bill Murray, encargado de interpretar al parsimonioso y pragmático sheriff Cliff Robertson, si bien es el oficial Peterson (Adam Driver) quien parece saber que están en una película de Jim Jarmusch. De hecho, el recurso de la metaficción no hace sino subrayar la inevitabilidad del desastre, consecuencia del fracking polar que altera la rotación de la Tierra, detiene los relojes, vuelve locos a los animales y, por último, reanima a los muertos.

Envuelta en el particular ritmo lacónico del cineasta, esta pieza de nihilismo autoconsciente no escapa a sus habituales guiños mitómanos (buen ejemplo de ello es esa lápida del cementerio local en la que puede leerse el nombre de Samuel Fuller, uno de los ídolos de juventud de Jarmusch), como tampoco renuncia a la sátira mordaz sobre el consumismo salvaje de nuestra era cuando muestra a cadáveres deambulando en busca de Chardonnay o señal de Wi-Fi y Bluetooth, en lo que supone una forma de sugerir que ya estamos muertos por dentro, pegados a las pantallas y a las posesiones materiales.



domingo, 4 de enero de 2026

Father Mother Sister Brother (2025)




Título en español: Padre Madre Hermana Hermano
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Italia/Francia/Irlanda/Alemania, 2025, 110 minutos

Father Mother Sister Brother (2025)


Las tres historias que conforman Father Mother Sister Brother (2025) responden a una forma de hacer cine cuya característica más notable sería el sosiego que transmiten las distintas situaciones expuestas. Algo que, por otra parte, viene siendo habitual en la filmografía de Jarmusch, director independiente estadounidense al que, sin embargo, hace ya tiempo que se le valora más en Europa, razón por la cual esta su última película es una coproducción entre varios países, situándose la acción de dos de los episodios (el segundo y el último) en Dublín y en París, respectivamente.

En el primero de los fragmentos es el padre (Tom Waits), un anciano decrépito que vive solo en su cabaña a las afueras de New Jersey, quien recibe la visita de sus dos hijos (Adam Driver y Mayim Bialik), a los que hace mucho tiempo que no veía. Algo similar a lo que ocurre en el siguiente, donde ahora es una madre (Charlotte Rampling), novelista de éxito, la que acoge a dos hermanas (Cate Blanchett y Vicky Krieps) enormemente distintas entre sí. En cambio, el tercero explica el reencuentro de dos hermanos (Luka Sabbat e Indya Moore) que visitan el antiguo apartamento de sus padres, ya fallecidos.



Aparte de la predilección de Jarmusch por los planos en ángulo cenital, sobre todo de las mesas donde se sirve la comida, hay una serie de constantes que se irán repitiendo en los tres segmentos, ya sean frases (como el modismo alusivo a un tal tío Bob) o esos jóvenes skaters que avanzan a cámara lenta por las calles y que tanto recuerdan a los de Paranoid Park (2007) de Gus Van Sant. Todo ello inmerso en una banda sonora, compuesta por el propio cineasta en colaboración con Annika Henderson, cuya sonoridad envolvente remite al sonido ambient a lo Music for Airports (1978) de Brian Eno.

Aunque lo más remarcable de la cinta, premiada con el León de Oro en la última edición del Festival de Venecia, es el sentimiento de pérdida que se percibe en todas las historias, esos lazos familiares debilitados por el paso del tiempo o simplemente por la desidia fruto de un mundo, el de la sociedad líquida, en el que todo va demasiado deprisa, incluso las relaciones humanas. Secretos y mentiras (o por lo menos medias verdades), silencios incómodos y demás temas recurrentes que propician que los personajes, pese al vínculo que los une, sean en realidad unos perfectos desconocidos los unos para los otros.



miércoles, 1 de febrero de 2017

Paterson (2016)




Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Francia/Alemania, 2016, 118 minutos

Comfortably Numb

Paterson (2016) de Jim Jarmusch

The past above, the future below
and the present pouring down: the roar,
the roar of the present, a speech-
is, of necessity, my sole concern.

I would say poetry is language charged with emotion. It's words, rhythmically organized... A poem is a complete little universe. It exists separately. Any poem that has any worth expresses the whole life of the poet. It gives a view of what the poet is.

William Carlos Williams

La existencia que lleva el protagonista de Paterson es de una placidez tan tediosa como repetitiva. Felizmente casado con Laura (la iraní Golshifteh Farahani), su vida diaria en una ciudad de provincias se rige por una serie de rutinas que cumple a rajatabla: despertarse sin la ayuda de alarma alguna; desayunar cada mañana los mismos cereales con forma de anillo; caminar hasta el trabajo respetando siempre el mismo itinerario; conducir durante la jornada un autobús público (a menudo escuchando las conversaciones de los pasajeros); de vuelta a casa, sacar a pasear a Marvin (el bulldog Nellie); tomarse una cerveza en el local de Doc y acabar la jornada en el lecho junto a su afable esposa.

Hay, en apariencia, tan pocas sorpresas en su horizonte vital que incluso hombre y ciudad comparten el mismo nombre anodino. Y, sin embargo, es la poesía la que preside la anterior retahíla de hábitos: versos de cosecha propia, inspirados en los del vate local William Carlos Williams (1883-1963) y que el conductor anota concienzudamente en un cuaderno secreto. Laura, mucho más creativa que él, lo anima continuamente a que intente publicarlos, a lo que Paterson reacciona con la misma apatía de siempre.



Jarmusch ha vuelto a hacerlo: en la vigésima entrega de su filmografía incide de nuevo en ese afán mitómano, tan característico de su estilo, que le lleva a citar todo lo que admira para crear historias de lo más ecléctico. Si en Flores rotas era la música del etíope Mulatu Astatke o en Dead Man la de Neil Young, ahora le ha dado por un poeta vinculado al imagismo (aunque los versos incluidos en la película son, en realidad, obra de Ron Padgett). Como hacían los vampiros de Only Lovers Left Alive, coleccionistas voraces de exquisitas piezas de arte, el bueno de Doc (Barry Shabaka Henley) colgará tras la barra de su bar todos los recortes de prensa que hagan referencia a la pequeña localidad de Nueva Jersey en la que transcurre la acción, incluida una antigua actuación de Iggy Pop (cantante de los Stooges, el grupo al que Jarmusch acaba de dedicar su documental Gimme Danger).

Ver cómo los versos de Paterson quedan sobreimpresos en pantalla al mismo tiempo que van brotando de la imaginación del conductor es un hermoso recurso que trata de captar en imágenes qué es la inspiración, venga de dónde venga: ya sea de una caja de cerillas o de una niña, también aficionada a la poesía, que espera en un callejón a que la recoja su madre. La belleza, nos dice el director, se encuentra en los pequeños detalles, agazapada en los pliegues de una realidad insípida, "esperando la mano que sabe arrancarla..."


sábado, 29 de agosto de 2015

Sólo los amantes sobreviven (2013)




Título original: Only Lovers Left Alive
Director: Jim Jarmusch
Alemania/Reino Unido/Francia/Grecia, 2013, 123 minutos

Sólo los amantes sobreviven (2013) de Jim Jarmusch


Siempre tan inteligente, el realizador Jim Jarmusch lleva a cabo una perspicaz pirueta en Sólo los amantes sobreviven: se trata de despojar a una historia de vampiros del usual desenfreno adolescente que últimamente las caracteriza para conectarla con el imaginario romántico y, de paso, con la estética del rock underground

De esta manera, Adam y Eve, la pareja protagonista que lleva varios siglos de apasionado romance, destacan por una extrema sensibilidad hacia cualquier manifestación artística de relevancia, en especial la música y la literatura. Adam (Tom Hiddleston) no solo colecciona valiosos instrumentos musicales, sobre todo guitarras, sino que también es intérprete. De hecho, confesará haber conocido a Schubert, a quien regaló un adagio que el vienés haría luego pasar por suyo. Eve (Tilda Swinton), a su vez, posee la habilidad de datar con suma precisión cualquier objeto apenas mirándolo. Como se ve, son espíritus refinados, unidos en su amor por la exquisitez, ya sea en Detroit o en Tánger, donde reside otro vampiro, íntimo amigo de la pareja: el dramaturgo Christopher Marlowe (John Hurt).

Parece como si Jarmusch quisiera dar a entender que en el mundo actual ya no tienen cabida las almas sensibles, condenadas a vivir de noche, huyendo de una realidad atroz que fagocita la belleza sin contemplaciones (como aquel suntuoso teatro, esplendoroso en su día y convertido ahora en aparcamiento). De hecho, Ava (Mia Wasikowska), la hermana de Eve, representa un poco esa amenaza, pues al irrumpir repentinamente en sus vidas distorsiona con su ímpetu el oasis de armonía en el que vivían los amantes.

Pero, ante todo, esta es una historia en la que no falta el sentido del humor. Ahí están, por ejemplo, esos polos de sangre que la pareja saborea para refrescarse o los heterónimos que Adam utiliza (doctor Fausto, doctor Caligari) para obtener clandestinamente el preciado "elixir" en un hospital de manos del doctor Watson... Porque, más que vampiros, Eve y Adam parecen dos estrellas del rock, cada vez más dependientes de su adicción y capaces de trasladarse adonde sea con tal de localizar al dealer que los abastezca de sangre. Aunque no vale cualquiera: la contaminación, en esto como en todo, también ha hecho estragos. Así pues, no es de extrañar que "sólo los amantes sobrevivan", ya que el amor se revela como el único antídoto eficaz contra los envites de la mediocridad imperante.


Algo me dice que ese polo no es de fresa...

sábado, 22 de agosto de 2015

Los límites del control (2009)




Título original: The Limits of Control
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón, 2009, 116 minutos

"Usted no habla español, ¿verdad?"

El hombre solitario llega a Madrid procedente de París para llevar a cabo una misteriosa misión. Tras admirar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía algunos lienzos de Juan Gris, Antonio López o Antoni Tàpies, continúa su periplo hasta Sevilla y, más tarde, hasta la provincia de Almería (los exteriores se rodaron en San José, Abla, Senés, Doña María y en las proximidades de Velefique).

En su peregrinación se irá encontrando con los más variopintos personajes y de todos recibirá crípticas consignas sentado en la terraza de cualquier bar ante dos cafés exprés en tazas separadas. Tras intercambiar con cada uno de ellos cajas de cerillas en las que figura la efigie de un boxeador, extraerá de las mismas las coordenadas que, una vez leídas, masticará y tragará con la ayuda del café. También hay una tentadora mujer desnuda, pero al hombre solitario (que es un maestro consumado en el arte del Tai-Chi) ni le gustan los móviles ni se deja seducir por cualquier sirena que se cruce en su camino mientras está trabajando: como todo el mundo sabe, "la vida no vale nada".

Que nadie se asuste. Lo anterior es la sinopsis de Los límites del control, el filme que Jim Jarmusch rodó en nuestro país y que él define como "película de acción sin acción". Entre los actores nacionales destaca la presencia de Óscar Jaenada, Luis Tosar y el recientemente fallecido Héctor Colomé. Del resto del reparto, Isaach De Bankolé, Paz de la Huerta, Gael García Bernal, Tilda Swinton, Bill Murray, la israelí Hiam Abbas y John Hurt.

Son muchos los momentos destacables (y recurrentes) de esta cinta, como la alabanza que hace la rubia Tilda Swinton de las películas antiguas o el misterioso sueño que describe y que parece hacer referencia a una escena de Stalker (1979) de Tarkovsky. Otros adquieren tintes cómicos por la insistencia con la que se utilizan. Tal es el caso de la pregunta que usamos como epígrafe de esta entrada y a la que el hombre solitario responde invariablemente que no. Aunque es la tragedia lo que finalmente parece imponerse con esa copla andaluza que dice: “El que se tenga por grande / que se vaya al cementerio, / allí verá lo que es el mundo: / un palmo de terreno”.

Los límites del control (2009) de Jim Jarmusch
Dos cafés exprés en tazas separadas
En el Reina Sofía frente a un Tàpies
Leyendo las instrucciones
En Sevilla, frente a la Torre del Oro
En Madrid, en compañía de la rubia Tilda Swinton

jueves, 23 de julio de 2015

Coffee and Cigarettes (2003)




Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón/Italia, 2003, 95 minutos

Coffee and Cigarettes (2003) de Jim Jarmusch


Las once historias que conforman Coffee and Cigarettes (2003) no solo tienen el tabaco y el café como denominador común (como es lógico) sino también el hecho de que los actores se interpretan a sí mismos. Además, ya señaló Jim Jarmusch que había decidido filmarlas en blanco y negro porque esos son los colores, respectivamente, de los cigarrillos y de la infusión.

Otro nexo de unión es la comicidad de todas ellas, a menudo rozando el absurdo. Es el caso, por ejemplo, del segmento titulado "Jack le enseña a Meg su bobina Tesla", en el que Jack y Meg White (del grupo de rock The White Stripes) un poco más y se electrocutan bajo el pretexto de que "la tierra es un conductor de la resonancia acústica" (frase atribuida al inventor de origen serbio).

Destacan, igualmente, por lo ingenioso de sus planteamientos "Primas", en el que Cate Blanchett se desdobla en dos personajes distintos que comparten pantalla, y "¿Primos?", en el que Alfred Molina revela al también actor Steve Coogan que son parientes muy lejanos. Lo curioso del caso es que las evasivas del segundo acabarán convirtiéndose en súplicas cuando descubra que Molina es amigo de Spike Jonze.

En un principio, Coffee and Cigarettes empezó siendo un cortometraje en 1986 (de hecho, es el primer segmento: "Strange to Meet You", con Roberto Benigni y Steven Wright), al que seguirían otras dos versiones, una en 1989 ("Gemelos", protagonizada por los hermanos Joie Lee y Cinqué Lee y Steve Buscemi en el papel del camarero que expone la teoría del hermano mellizo de Elvis, así como unos supuestos comentarios racistas que hizo el rey del Rock & Roll) y otra en 1993 ("Somewhere in California", con la participación de los cantantes Iggy Pop y Tom Waits).


"Somewhere in California": Iggy Pop y Tom Waits
"Jack le enseña a Meg su bobina Tesla": con el retrato de Lee Marvin
"Cousins": Cate Blanchett en el doble papel de Cate / Shelly
"¿Primos?": Alfred Molina y Steve Coogan

miércoles, 15 de julio de 2015

Dead Man (1995)




Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Alemania/Japón, 1995, 121 minutos




The Human Abstract | Resumen de lo humano

Pity would be no more, | La Piedad no existiría
 If we did not make somebody Poor: | si no hiciéramos a alguien pobre;
 And Mercy no more could be, | Y la Misericordia no tendría lugar
 If all were as happy as we; | si todos fuesen tan felices como nosotros;

 And mutual fear brings peace; | Y el miedo mutuo trae paz;
 Till the selfish loves increase. | hasta que los amores egoístas crecen.
 Then Cruelty knits a snare, | Entonces la Crueldad urde una trampa
 And spreads his baits with care. | y siembra con cuidado sus señuelos.

 He sits down with holy fears, | Se sienta con sagrados temores
 And waters the ground with tears: | y riega la tierra con lágrimas;
 Then Humility takes its root | entonces la Humildad extiende sus raíces
 Underneath his foot. | bajo las plantas de sus pies.

 Soon spreads the dismal shade | Pronto esparce la lúgubre sombra
 Of Mystery over his head; | del misterio sobre su cabeza;
 And the Caterpillar and Fly, | y la oruga y la mosca
 Feed on the Mystery. | se alimentan del misterio.

 And it bears the fruit of Deceit, | Y allí brota el fruto del Engaño,
 Ruddy and sweet to eat; | rojo y dulce al paladar,
 And the Raven his nest has made | y el cuervo teje su nido
 In its thickest shade. | en su más espesa sombra.

 The Gods of the earth and sea | Los dioses de la tierra y el mar
 Sought thro' Nature to find this Tree | escrutaron la Naturaleza para hallar este árbol,
 But their search was all in vain: | pero su búsqueda fue toda en vano:
 There grows one in the Human Brain... | crece uno en cada cerebro humano...

William Blake (1757-1827)
Songs of Experience


¡Doscientas entradas, que no son pocas! Y para celebrarlo una peli que va camino de ser mítica: Dead Man de Jim Jarmusch. Veinte años después de su estreno aún mantiene intacto el halo sobrecogedor creado por su fotografía en blanco y negro, la banda sonora de Neil Young y la intervención crepuscular de Robert Mitchum. También por el rol que cumple Nadie (el canadiense de la nación Cayuga Gary Farmer), personaje de resonancias homéricas que, como Ulises ante el cíclope Polifemo, destaca por su pericia. Y, sobre todo, por el contable de Cleveland llamado igual que el poeta inglés que abre estas líneas y que, con una bala alojada en el corazón como recuerdo de su paso por Machine Town, irá convirtiéndose, paulatinamente, primero en un fugitivo y, más tarde, en un muerto.

Entre el resto de sorpresas que alberga Dead Man destaca poder ver a Iggy Pop vestido de mujer o a John Hurt y Gabriel Byrne en breves papeles secundarios. Aunque, ciertamente, lo más llamativo es el registro espectral adoptado por Jarmusch en este film y que se asemeja más al de David Lynch que al suyo propio.


Robert Mitchum en uno de sus últimos papeles
Nobody (Gary Farmer)
El hombre y la eternidad: plano final de Dead Man (1995)

domingo, 12 de julio de 2015

Flores rotas (2005)




Título original: Broken Flowers
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Francia, 106 minutos

Flores rotas (2005) de Jim Jarmusch


Manteniendo la misma cara de empanao que tanto éxito le dio en Lost in Translation (2003), Bill Murray acometía un par de años después la tarea de protagonizar Broken Flowers a las órdenes de Jim Jarmusch. El tono general de la película viene marcado por el carácter abúlico de su protagonista, la apatía del cual (ligeramente cómica) se acaba contagiando al ritmo con el que se van desarrollando las escenas. 

El paso del tiempo ha hecho de Don Johnston un hombre sin demasiada sangre en las venas, pese a haber sido un Don Juan en sus años mozos. Sin embargo, la misteriosa carta anónima que recibe le forzará a tomar la iniciativa para reencontrarse con sus antiguas amantes (a cuál peor) a lo largo y ancho del país y así conocer, quizá, al hijo que también le anda buscando.



Pero Jarmusch es, sin duda, uno de los grandes: que su película comience con una dedicatoria a Jean Eustache, miembro destacado de la Nouvelle vague francesa, ya es toda una declaración de intenciones. Y no es baladí, desde luego, pues, al igual que sucediera en la mejor tradición europea, posee la virtud de comunicar las cosas sutilmente, sin la necesidad de valerse de los diálogos para subrayados redundantes. Un ejemplo: cuando, al principio de su odisea personal, Don se queda mirando a un muchacho de pelo largo que viaja en el mismo autobús que él, no hace falta añadir nada más; ha sido apenas un instante, una simple mirada de soslayo, pero lo hemos comprendido todo: ¿y si fuera él, el hijo de diecinueve años al que no conoce?

Y, ¿qué decir de la omnipresente música de Mulatu Astatke? No es la única referencia etíope incluida en Flores rotas (Winston, el detective aficionado vecino de Don, y su familia son aparentemente etíopes), pero temas como "Yekermo Sew" o "Yègellé Tezeta" ayudan a ambientar con un toque exótico las infructuosas pesquisas de Don Johnston.

Una curiosidad para cinéfilos (¡ojo, spoiler!): en la última escena de la película, estando plantado Don en mitad de la calle, pasa un coche en cuyo interior viaja un joven como acompañante que cruza una mirada con él: es Homer Murray, el hijo de Bill Murray en la vida real.



miércoles, 1 de julio de 2015

Extraños en el paraíso (1984)




Título original: Stranger Than Paradise
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Alemania, 1984, 89 minutos

Extraños en el paraíso (1984) de Jim Jarmusch


En un primer momento, Extraños en el paraíso fue un cortometraje cuyo director, Jim Jarmusch, acabaría ampliando hasta convertirlo en un largo. Se estructura en tres secciones, la primera de las cuales, "El nuevo mundo," tiene lugar en Nueva York, mientras que la segunda, "Un año más tarde," en Cleveland y la última, "Paraíso," en Florida.

En su retrato de los ambientes sórdidos de Nueva York tiene algo que recuerda al John Cassavetes más alternativo. También hace pensar en Cowboy de medianoche el hecho de que los personajes decidan viajar a Florida huyendo de esos ambientes míseros que antes mencionábamos.

De izquierda a derecha: Eddie, Eva y Willie


Quizá por ello, Jarmusch se vale del uso del blanco y negro para retratar la América real y así desmitificarla completamente. En ese sentido, Willie (John Lurie), Eddie (Richard Edson) y Eva (la húngara Eszter Balint) no son más que personajes sin oficio ni beneficio que no han sabido encontrar su lugar en el mundo y por eso van a salto de mata en busca de algo que ni ellos saben muy bien lo que es, pero que tiene que ver con la supervivencia. Los dos chicos, sobre todo, pretenden ganarse la vida con lo que obtengan apostando en las carreras de caballos o de galgos. Eva, en cambio, tiene la suerte de topar con las cosas que necesita casi sin querer.

De izquierda a derecha: Willie, Eddie y la tía Lotte


A pesar de ciertos toques de humor que pueda contener el guion de Extraños en el paraíso, el retrato que lleva a cabo Jarmusch es descorazonador porque muestra al trío protagonista como extranjeros en lo que debiera ser su casa (el paraíso al que, irónicamente, se refiere el título).

El director Jim Jarmusch durante el rodaje