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domingo, 7 de mayo de 2023

Primera plana (1974)




Título original: The Front Page
Director: Billy Wilder
EE.UU., 1974, 105 minutos

Primera plana (1974) de Billy Wilder


Si ya la pieza teatral de Hecht y MacArthur era de por sí bastante corrosiva, el no menos cáustico tándem que conformaban Billy Wilder y su acólito I.A.L. Diamond intentó insuflarle nuevos bríos a un texto repleto de lucidez y sarcasmo. No en vano, la asociación entre ambos desde mediados de la década de los cincuenta había dado como fruto un puñado de guiones brillantes (y algún que otro Óscar), de modo que esta nueva entrega de The Front Page (1974), la tercera desde que Lewis Milestone, en el 31, y Howard Hawks, en el 40, dejasen su impronta sobre una de las mayores sátiras jamás escritas en torno al mundo del periodismo, invitaba a pensar que sería otra obra maestra.

Sin embargo, ya desde los primeros compases de la película se echa de ver enseguida que el tiempo no ha pasado en vano y que, a pesar de la buena química entre los siempre magníficos Jack Lemmon y Walter Matthau, el aire vintage que rezuma la historia, en una época en la que los días de gloria de las grandes rotativas ya hace mucho que quedaron atrás, no acaba de funcionar del todo. Hasta el extremo de que hubo quien creyó apreciar síntomas de decadencia de una fórmula hasta entonces infalible en esa falta de ritmo de la que adolecen no pocos momentos de la puesta en escena.



Asimismo, entre los cambios introducidos en la trama sorprende la ausencia de la madre de la prometida (una jovencísima Susan Sarandon), así como la del mafiosillo que trabaja a las órdenes del editor del periódico, personajes que, en ambos casos, habrían contribuido a reforzar el carácter humorístico de muchas secuencias. En cambio, se introduce como novedad la figura de Rudy Keppler (Jon Korkes), cronista novato al que, ante la baja de Hildy (Lemmon), le encargan cubrir la inminente ejecución de un condenado a muerte.

Quizá consciente de su propio declive, Billy Wilder decide arrancar con las imágenes de un taller de imprenta en pleno funcionamiento donde se están tirando multitud de ejemplares tal y como se hacía antiguamente. A este respecto, la cinta que nos ocupa tiene algo de homenaje a aquellos reporteros que vivían pendientes de conseguir una exclusiva a toda costa, pero ya desde la óptica romántica del que sabe que está hablando de usos y costumbres que no volverán a repetirse nunca más.



sábado, 9 de febrero de 2019

Salud (1980)




Título original: HealtH
Director: Robert Altman
EE.UU., 1980, 105 minutos

Salud (1980) de Robert Altman


En una línea similar al Bogdanovich de Texasville que comentábamos ayer, aunque mucho más inspirado, Robert Altman plantea en HealtH una de sus características comedias corales para, esta vez, cargar contra el obsesivo empecinamiento de los norteamericanos por la alimentación saludable (cuando el término ortorexia aún no figuraba en los diccionarios) y, en última instancia, arremeter también contra la perversión del sistema democrático en aquel país.

Aun así, cabe admitir que los diálogos del filme están excesivamente orientados a conseguir el chiste final o la agudeza que cierre la escena antes de pasar a la secuencia siguiente. Estructura de gag, procedente, sin duda, de la riquísima tradición vodevilesca de Broadway, y que nos brinda perlas como las que a continuación se transcriben:



ESTHER BRILL: ¡Está demostrado científicamente que tener un orgasmo acorta la vida en veintiocho días!
ENFERMERA: Pues esta noche yo estaría dispuesta a acortar la mía un mes o incluso dos...
* * *
ASISTENTES: ¡Hay un hombre en el fondo de la piscina!
ESTHER BRILL: (aguzando la vista desde lo alto de la terraza del hotel) ¿Qué piscina...?

La tal Brill, virgen a los ochenta y tres y aquejada de narcolepsia galopante, no es otra sino Lauren Bacall en uno de los papeles más disparatados que se le recuerdan: el de candidata a presidir la Happiness, Energy And Longevity Through Health, poderosísima organización político-sanitaria cuyo acrónimo da título a la película. En realidad, el objetivo de Altman era radiografiar el sistema de partidos imperante en Estados Unidos y cómo, a menudo, la elección de uno u otro candidato depende de factores tan, en principio, ajenos a la política como su presencia en los medios de comunicación de masas. De ahí que Altman parodie el formato televisivo de los debates de precampaña electoral, contando con la participación del moderador Dick Cavett haciendo de sí mismo.


domingo, 13 de enero de 2019

Un día de boda (1978)




Título original: A Wedding
Director: Robert Altman
EE.UU., 1978, 125 minutos

Un día de boda (1978) de Robert Altman


Otra comedia coral de Robert Altman y de nuevo la sensación de estar ante el equivalente yanqui de aquellos desmadres berlanguianos tan sui géneris. Con la salvedad de que ¡Vivan los novios!, por poner un ejemplo, rodada en Sitges y masacrada por la censura franquista, se estrenó en 1970... ¿Será este caso similar al de Días de radio (1987) de Woody Allen e Historias de la radio (1955) de Sáenz de Heredia?

En cualquier caso, reunir a casi cincuenta intérpretes no deja de tener mérito, máxime si entre ellos se encuentran figuras de la talla de Vittorio Gassman, Lilian Gish, Geraldine Chaplin o Mia Farrow. Aunque también es cierto que, dado el carácter decididamente satírico de A Wedding, la legendaria Miss Gish pasa más rato muerta que viva, mientras que la Farrow apenas pronuncia cuatro frases en toda la película.



Un casamiento accidentado es, desde luego, una situación idónea para sacar adelante cualquier comedia, sobre todo tratándose del enlace entre dos familias destacadas de la alta sociedad norteamericana que responden al prototipo, tan antiguo como el mundo, de vicios privados y virtudes públicas. Planteamiento que, por lo demás, se presta muy fácilmente a incluir toda clase de referencias cinéfilas, como cuando el patriarca Corelli (Gassman) es erróneamente llamado Corleone por uno de los comensales.

Parece ser que Altman se metió en semejante embolado casi en plan de broma, atosigado por un periodista que le formuló la típica pregunta de cuál iba a ser su próximo proyecto. A lo que el cineasta respondió lo primero que le pasó por la cabeza: "¡Voy a dirigir una película sobre un bodorrio elegante!" Veraz o no, la anécdota resume a la perfección el espíritu disparatado de uno de los títulos más hilarantes de su filmografía.