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viernes, 17 de mayo de 2019

Necesitamos tu voto (2018)




Título original: Le poulain
Director: Mathieu Sapin
Francia, 2018, 97 minutos

Necesitamos tu voto (2018) de Mathieu Sapin


Hay un subgénero cinematográfico, el de las interioridades de la política y demás maquinaciones de salón, que, dada la frecuencia con la que suelen recurrir a él los directores franceses, parece exclusivo de la cinematografía de aquel país. Filmes como Crónicas diplomáticas (Quai d'Orsay, 2013) de Bertrand Tavernier, El ejercicio del poder (L'exercice de l'État, 2011) de Pierre Schoeller o De Nicolas a Sarkozy (La conquête, 2011) de Xavier Durringer así lo atestiguan.

Le poulain representa, en ese sentido, una vuelta de tuerca más, en clave de comedia, en torno a las entrañas de un sistema que parece albergar en su seno la semilla de su propio mal. Y del que Arnaud (Finnegan Oldfield), el "pupilo" o "protegido" al que alude el título original en francés, pronto aprenderá a sacar tajada.



En puridad, no puede decirse que Necesitamos tu voto cuente la historia de un arribista en el sentido pleno del término, sino que más bien estamos ante un caso de perversión en el que la corrupta clientela de tecnócratas del entorno de un candidato imaginario a las elecciones presidenciales, encabezado por la pragmática Agnès (Alexandra Lamy), adiestra a un joven asistente en el sutil arte de imponerse a cualquier precio a sus rivales.

Gráficos, sondeos y mensajes de WhatsApp inundan a menudo la pantalla con la intención de dotar al relato de ese punto de frescura que hoy en día se supone que debe tener toda campaña electoral comme il faut: una contienda en la que todo vale con tal de ocupar el Elíseo y en la que hablar cuatro idiomas y haber leído a Balzac se valora menos que redactar un discurso plagado de lugares comunes (y algún que otro eslogan oportunista).


lunes, 27 de agosto de 2018

Promesa al amanecer (2017)




Título original: La promesse de l'aube
Director: Éric Barbier
Francia, 2017, 131 minutos

Promesa al amanecer (2017) de Éric Barbier


La vi bajar del taxi, frente a la cantina, con el bastón en la mano y un cigarrillo en los labios y, ante la mirada burlona de los soldados, me abrió los brazos con un gesto teatral, esperando que su hijo corriera hasta ella, siguiendo la mejor tradición. […]
-Serás un héroe, serás general, Gabriele d'Annunzio, embajador de Francia... ¡Esos golfos no saben quién eres tú! […]
Ya no oía las risas, ya no veía las miradas burlonas, rodeaba sus hombros con el brazo y pensaba en todas las batallas que iba a librar por ella, en la promesa que me había hecho, al alba de mi vida, de hacerle justicia, de dar sentido a su sacrificio y de volver algún día a casa, después de haber disputado victoriosamente la posesión del mundo a aquellos cuyo poder y crueldad había aprendido a conocer tan bien, desde que empecé a dar los primeros pasos.

Romain Gary
La promesa del alba
Traducción de Noemí Sobregués

Uno de los libros con cuya lectura más he disfrutado en toda mi vida es La promesse de l’aube del irrepetible Romain Gary, autor de títulos igualmente notables como La vie devant soi o Chien blanc. De hecho, la existencia del propio Gary, paradigma del self made man, ya fue en sí misma una magnífica novela: aparte del recorrido vital que se relata en las susodichas "memorias", bastará decir que ganó el Goncourt dos veces, en 1956 y 1975 (algo insólito y que va contra las bases del premio, pero que fue posible porque los miembros del jurado ignoraban la identidad que se escondía tras el seudónimo Émile Ajar), que estuvo casado con la mítica actriz Jean Seberg entre 1962 y 1970 o que dirigió dos películas: Les oiseaux vont mourir au Pérou (1968) y Kill! (1971). Se suicidó en París el 2 de diciembre de 1980.

La relación de Gary con el cine no fue, ni mucho menos puntual. De entrada, no pocas de sus obras fueron objeto de adaptaciones, ya en vida del autor: John Huston llevó a la pantalla Las raíces del cielo (1958); Nunnally Johnson, Sin tiempo para vivir (1959); Peter Ustinov, Lady L (1965); el egipcio Moshé Mizrahi, Madame Rosa (1977); Costa-Gavras, Una mujer singular (1979); Samuel Fuller, Perro blanco (1982)... ¡Y no las hemos dicho todas!



Pero, volviendo a La promesa del alba, nos llega ahora otra versión. Otra, porque en 1970 la novela autobiográfica ya fue adaptada por el norteamericano afincado en Europa Jules Dassin, con su admirada Melina Mercouri en el papel de madre y el israelí Assi Dayan haciendo de Romain. Filme cuyo metraje no llegaba a los cien minutos, frente a las más de dos horas de esta nueva recreación que dirige Éric Barbier (Aix-en-Provence, 1960), en lo que supone su quinto largometraje, rodado en localizaciones de cuatro países distintos y con un presupuesto de infarto. El tándem Gainsbourg-Niney, actores con una sólida trayectoria a sus espaldas (sobre todo ella) y solvencia contrastada, aporta la credibilidad necesaria para que se obre el milagro y, así, Nina y su hijo se materialicen ante nuestros ojos como verdaderos personajes de carne y hueso. ¿Que hay que hablar en polaco? Hecho: los grandes intérpretes no se arredran frente a los retos.

Ésa sería la parte positiva. En cambio, parece mucho menos convincente la estructura por la que al final se decanta Barbier: hacer que la acción arranque en Méjico y que una amiga de Gary, mientras a él lo aquejan fuertes dolores de cabeza, lea el manuscrito de la novela sirve de excusa para que la omnipresente voz en off del protagonista narre la historia de pe a pa. Recurso facilón donde los haya y en absoluto imaginativo que le resta enteros al resultado final. De todos modos, que Romain Gary y su obra estén de actualidad siempre es una buena noticia, especialmente porque Promesa al amanecer (y en eso la película sabe captar la esencia del texto) es uno de los más bellos homenajes que se hayan hecho jamás a las madres, seguido muy de cerca por el Réquiem para una madre de Albert Cohen, otro tótem de la literatura francesa. Recuerdo que en Mis tardes con Margueritte (2010) de Jean Becker, cinta mucho más modesta aunque no menos entrañable, uno de los libros que la casi centenaria Gisèle Casadesus le leía al gaznápiro Germain (Gérard Depardieu) era precisamente La promesse de l'aube, lo cual da una idea bastante precisa de la relevancia de la que goza este clásico en nuestro país vecino.


jueves, 19 de octubre de 2017

El jardín de Jeannette (2016)




Título original: Une vie
Director: Stéphane Brizé
Francia/Bélgica, 2016, 119 minutos

El jardín de Jeannette (2016) de Stéphane Brizé


Las primeras secuencias de Une vie nos sitúan en un marco espacio-temporal eminentemente decimonónico y rural; un mundo en el que la existencia discurre por unos cauces de absoluto sosiego y cuyos habitantes se dedican a regar las plantas de su huerto o a jugar plácidamente a las tablas reales en familia. En ese aspecto, el director Stéphane Brizé lleva a cabo un giro copernicano con respecto a su anterior largometraje (La loi du marché), cambiando las vicisitudes de un parado cincuentón que intenta reincorporarse al proceloso mercado laboral tras el cierre de la fábrica en la que trabajaba por la historia de una mujer inmersa en los vaivenes del siempre complicado arte de vivir.

Porque la Jeanne encarnada por Judith Chemla (nominada al Premio César a la mejor actriz por su papel) pertenece a la misma estirpe de ilustres heroínas atormentadas que Madame Bovary o Margarita Gautier. No en vano, se trata, como en aquellos casos, de un personaje literario, surgido, concretamente, de la imaginación de Guy de Maupassant y que ya fue objeto de una adaptación cinematográfica en 1958, dirigida por Alexandre Astruc.



Un marido infiel, un hijo pródigo, la traición de una amiga... He ahí los sinsabores que irán progresivamente despedazando la inocencia de la protagonista a lo largo de un relato fragmentado en el que se alternan escenas de un presente depresivo, cuasi suicida, con destellos puntuales de una felicidad remota; días plomizos en contraste con un pasado luminoso.

Aun así, no todo es pesadumbre en la existencia de esta mujer, puesto que Rosalie (Nina Meurisse), la misma criada que años atrás se dejó seducir por el señor de la casa, regresará, al cabo de los años, para hacerse cargo de la depauperada hacienda. Especie de ángel de la guarda para la avejentada Jeanne al que se unirá, ya en el desenlace, una última esperanza personificada en forma de recién nacido: el nieto que, acunado en sus brazos, parece justificar con su sonrisa beatífica las contrariedades de toda una vida.


jueves, 17 de agosto de 2017

Reparar a los vivos (2016)




Título original: Réparer les vivants
Directora: Katell Quillévéré
Francia/Bélgica, 103 minutos, 2016

Reparar a los vivos (2016)


Nacida en Costa de Marfil en 1980, la joven realizadora Katell Quillévéré adapta, en el que supone su tercer largometraje, la célebre novela homónima de Maylis De Kerangal. Pese a abordar una temática nada fácil de digerir, si hay, sin embargo, una virtud que posee Réparer les vivants (2016) ésa es la de acertar a traducir en imágenes nuestra propia vulnerabilidad. Quizá por ello no hay en la película un protagonista claro, sino que es el conjunto de personajes el que asume, cada cual en función de su situación vital, uno u otro grado de fragilidad.

Todo comienza con Simon (Gabin Verdet), el joven de diecisiete años al que, tras sufrir un accidente de tráfico cuando regresaba de practicar surf con otros compañeros, se le diagnostica muerte cerebral. Entran entonces en liza sus padres (Emmanuelle Seigner y Kool Shen), quienes deberán enfrentarse al complicado dilema de si donar o no los órganos de Simon. Mientras tanto, en otro lugar, Claire (Anne Dorval), a pesar del apoyo de sus dos hijos, no las tiene todas consigo a la hora de afrontar un posible trasplante de corazón, al mismo tiempo que se reencuentra con un antiguo amor. Por último, todo el personal médico, tanto los que atienden al muchacho como la cirujana de Anne o el equipo que gestiona las donaciones de órganos se verán obligados a tomar decisiones de enorme relevancia.

Marianne (Emmanuelle Seigner) y Vincent (Kool Shen)


Aunque entre los activos más poderosos de Réparer les vivants cabe contar la majestuosa banda sonora de Alexandre Desplat, a la que, en el momento culminante, se une el tema "Five Years" de David Bowie.

Puede que por un exceso de aprensión, el cine no suela mostrar habitualmente escenas de operaciones quirúrgicas ni, mucho menos, de trasplantes (quizá, si mal no recuerdo, en 21 gramos de González Iñárritu y no muchas más películas se hace alusión directa al tema). Pero Quillévéré prueba con suma elegancia que se puede mostrar una intervención a corazón abierto sin escabrosidad ninguna y, lo que es más importante, incidiendo en los problemas de tipo ético que ello suscita en las partes implicadas desde un punto de vista deontológico.

Simon (Gabin Verdet) y el doctor Rémige (Tahar Rahim)

lunes, 20 de junio de 2016

Mi hija, mi hermana (2015)




Título original: Les cowboys

Director: Thomas Bidegain
Francia, 2015, 104 minutos

Mi hija, mi hermana (2015) de Thomas Bidegain


El guionista Thomas Bidegain (conocido hasta la fecha por su colaboración en filmes de la talla de Un profeta, De óxido y hueso o Dheepan) debuta en la dirección nada más y nada menos que con un remake de Centauros del desierto. Y sin duda está a la altura del reto. Porque si John Ford son palabras mayores no menos arriesgado era llevarse la historia al contexto actual de guerra contra el yihadismo.

Varios son los puntos fuertes de Les cowboys: por una parte la fotografía de Arnaud Potier, logrando la sólida pátina plomiza que en determinados momentos le conviene a una narración de este tipo; en segundo lugar, la sabiduría con la que se llevan a cabo las transiciones temporales: nada de rótulos sobreimpresionados con aquello típico de Cinco años después... Aquí es el espectador el que debe deducir las cosas en función de lo que ve, lo cual siempre es una buena noticia. Por último, esta es una historia de búsquedas, no sólo de la hija o de la hermana (como reza el título de la versión española) sino también a nivel personal: buscando a Kelly (Iliana Zabeth), Alain (François Damiens) y Kid (Finnegan Oldfield) están en realidad buscándose a sí mismos.

Es por ello que en Mi hija, mi hermana hay varias películas en una: se trata de una estructura, la del filme que fluye como un río con varios afluentes, que recuerda de forma remota a la de Vete y vive (Va, vis et deviens) dirigida en 2005 por el rumano Radu Mihaileanu. Si allí se hablaba de judíos de origen etíope, ahora le toca el turno a cowboys franceses que viajan a Pakistán.

John C. Reilly (izquierda) y Finnegan Oldfield (derecha)

¿Defectos? Pues a buen seguro que debe tenerlos. Por de pronto se nos ocurre el hecho de que los personajes se vayan enterando de los sucesivos atentados del 11-S, Madrid, Londres... a través de un televisor en un bar (¡o en un calabozo!) o de la radio de una ambulancia. Quizá no habría sido necesario subrayar continuamente de un modo tan explícito en qué momento histórico se encuentran los protagonistas de una trama que arranca en 1994.

Pero al margen de posibles imperfecciones, lo importante es que Les cowboys es una película que emociona y que sabe enganchar, mostrando la evolución de unos personajes a los que vemos crecer en pantalla.