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sábado, 13 de noviembre de 2021

Mnemos (1988)




Director: José Luis Garci
España, 1988, 50 minutos

Mnemos (1988) de José Luis Garci


Episodio piloto de la serie televisiva Historias del otro lado, Mnemos (1988) planteaba la inquietante posibilidad de que una niña de apenas seis años llamada Alicia (Lara de Miguel) pudiera existir simultáneamente en distintas partes del mundo. Paradójica circunstancia que el psicólogo que la atiende (Fernando Fernán-Gómez) trata de justificar mediante una insólita teoría en la que entran en juego agujeros negros y pliegues cósmicos. 

Sea como fuere, lo cierto es que el guion de esta historia, escrito por Garci en colaboración con Horacio Valcárcel a partir de un relato del primero, se halla repleto de referencias cinéfilas más o menos explícitas. Tal sería el caso, por ejemplo, de los dibujos que la protagonista realiza, una y otra vez, representando siempre la misma escena, y que inevitablemente hacen pensar, por su turbadora mezcla de inocencia e intriga, en El cebo (1958) de Vajda. De la misma forma, las estilizadas notas de "En la gruta del rey de la montaña" (cuarto movimiento de la Suite n.º 1 op. 46 del Peer Gynt de Grieg) remiten de inmediato al asesino de niños de M, el vampiro de Düsseldorf (1931) de Fritz Lang. Como también, aunque en menor medida, la estremecedora voz del pato confidente de Alicia pudiera recordar al amigo invisible del chaval de El resplandor (The Shining, 1980) de Kubrick.



Por lo demás, el hecho de que Norma (Victoria Vera) y Julio (Imanol Arias) toquen el violonchelo en una orquesta justifica que la banda sonora contenga piezas de Mozart y Bach (e incluso "El cant dels ocells", la célebre melodía popularizada por Pau Casals). Lo que ya no parece tan lógico es qué pinta el cineasta José María Forqué en el estudio de grabación donde los músicos interpretan, a las órdenes de Jesús Gluck, el allegro de la mozartiana Eine kleine Nachtmusik.

Mientras tanto, en otra época y otro lugar (y, tal vez, en otra dimensión, aunque los exteriores se rodaron en Asturias), un matrimonio habla con su hija en una extraña lengua nórdica: él tiene bigote y trabaja como jefe de una estación ferroviaria; ella sale a pasear con la niña y saludan al padre desde un puente cercano a las vías del tren. Pero la madre anda algo preocupada porque, últimamente, la pequeña no para de dibujar, a todas horas, la efigie de una mujer sentada tocando el chelo... "¿La verdad es una mentira?"



domingo, 18 de julio de 2021

El amante bilingüe (1993)




Director: Vicente Aranda
España/Italia, 1993, 105 minutos

El amante bilingüe (1993) de Vicente Aranda


Una tarde lluviosa del mes de noviembre de 1975, al regresar a casa de forma imprevista, encontré a mi mujer en la cama con otro hombre. Recuerdo que al abrir la puerta del dormitorio, lo primero que vi fue a mí mismo abriendo la puerta del dormitorio; todavía hoy, diez años después de lo ocurrido, cuando ya no soy más que una sombra del que fui, cada vez que entro desprevenido en ese dormitorio, el espejo del armario me devuelve puntualmente aquella trémula imagen de la desolación, aquel viejo fantasma que labró mi ruina: un hombre empapado por la lluvia en el umbral de su inmediata destrucción, anonadado por los celos y por la certeza de haberlo perdido todo, incluso la propia estima.

Juan Marsé
El amante bilingüe

Se cumple un año del fallecimiento de Juan Marsé (1933-2020), el escritor al que no le gustaban las adaptaciones cinematográficas de sus novelas. Cosa hasta cierto punto lógica, teniendo en cuenta lo difícil, por no decir imposible, que resulta trasladar a la pantalla la compleja gama de matices de una obra literaria que gira en torno a temas tan escurridizos como la memoria o el encaje de la inmigración andaluza en Cataluña.

Un claro ejemplo de lo anterior sería El amante bilingüe (1993) de Vicente Aranda, insólita coproducción hispanoitaliana, protagonizada por Imanol Arias y Ornella Muti, a propósito del desdoblamiento de personalidad de un charnego que, tras ser abandonado por su esposa y sufrir un grave accidente que le desfigura la cara (en plan Fantasma de la Ópera), se ganará la vida como músico callejero hasta que su otro yo venga en su auxilio.

Faneca (Imanol Arias): la cicatriz de la frente posee la forma de los territorios de habla catalana


Tan intrincado planteamiento responde a factores de tipo personal que ya estaban presentes en el texto, donde Marés (evidente anagrama de Marsé) representaba la versión apocada de Faneca (apellido real del novelista antes de que éste fuera dado en adopción al poco de nacer). De ahí que en la ficción novelesca el perdedor sea fagocitado por un alter ego más brioso, único capaz de volver a seducir a la altanera Norma (Ornella Muti).

Ni que decir tiene que semejante argumento, repleto de cuestiones identitarias, con diálogos que alternan el castellano con algunas intervenciones en catalán, difícilmente podía ser captado en su plenitud fuera del ámbito estrictamente local. Así pues, realidades ajenas al resto de la Península, caso de la normalización lingüística o las deficiencias estructurales del Edificio Walden 7 (diseñado por el arquitecto Ricardo Bofill), deben ser entendidos como dardos contra los gerifaltes de lo que posteriormente se ha dado en denominar el Pujolismo. Claro que también se pueden obviar todos esos detalles y ver la película como la historia de un tipo dispuesto a hacer lo que haga falta con tal de recuperar a su mujer.



sábado, 10 de julio de 2021

Laberinto de pasiones (1982)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1982, 100 minutos

Laberinto de pasiones (1982) de Almodóvar


Laberinto... es una especie de catálogo de modernidades. Como las generaciones se van sucediendo unas a otras, cada año hay gente que tiene quince años por primera vez y quiere ser modernilla. Laberinto es como una especie de bautismo para todos los que se inician en lo de ser modernos. Todas las nuevas generaciones van a verla porque resume lo que era "ser moderno" en Madrid.

Nuria Vidal
El cine de Pedro Almodóvar

Tras el inesperado éxito obtenido con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), Almodóvar acometía el rodaje de su primera película "seria", entendiendo por dicho adjetivo la presencia de unos medios que, sin ser tampoco boyantes, se alejaban, sin embargo, del carácter amateur de su ópera prima. El guion, carente de una estructura sólida, seguía los destinos de personajes tan heterogéneos como una ninfómana, un terrorista islámico gay, el heredero del emperador de Tirán y la hija del propietario de una tintorería. No le faltaba razón a su autor cuando decidió que la película se titulase Laberinto de pasiones...

Historias extremas que arrancan en El Rastro madrileño mientras suena de fondo una sardana. Mezclados entre la multitud, Sexilia (Cecilia Roth) y Riza (Imanol Arias) van mirando la entrepierna de los transeúntes: les une la misma voluntad transgresora que al resto de fauna que irá desfilando ante la cámara, entre ellos el inefable Fabio McNamara y hasta algunos miembros de Radio Futura. También un jovencísimo Antonio Banderas, en el que apenas era su segundo papel en el cine, quien interpreta al cándido Sadec.



Uno de los principales atractivos de Laberinto de pasiones, aparte del espléndido cartel que diseñó para ella el también cineasta Iván Zulueta, reside, sin lugar a dudas, en el carácter documental de una cinta que rezuma por los cuatro costados el espíritu de la Movida (a pesar de las reticencias que dicho término genera entre quienes la protagonizaron). En ese sentido, la actuación en directo de Almodóvar & McNamara, interpretando "Suck it to me" sobre el escenario de la mítica sala Carolina, quedará para la posteridad como uno de los testimonios más endiabladamente explosivos de aquel período.

Asimismo, y de nuevo con la misma pareja artística al frente, la célebre escena de la fotonovela, en la que el director le va dictando a un moribundo Fabio lo que éste tiene que decir, sigue siendo a día de hoy uno de los momentos estelares en la filmografía del primer Almodóvar: aquel muchacho histriónico y lleno de talento que, a base de desparpajo y provocación, fue capaz, él solito, de marcar toda una época.



domingo, 2 de mayo de 2021

Tiempo de silencio (1986)




Director: Vicente Aranda
España, 1986, 111 minutos

Tiempo de silencio (1986) de Vicente Aranda


Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono. Yo miraba por el binocular y la preparación no parecía poder ser entendida. He mirado otra vez: «Claro, cancerosa». Pero, tras la mitosis, la mancha azul se iba extinguiendo. «También se funden estas bombillas, Amador.» No; es que ha pisado el cable. « ¡Enchufa!» Está hablando por teléfono. «¡Amador!» Tan gordo, tan sonriente. Habla despacio, mira, me ve. «No hay más.» «Ya no hay más.» ¡Se acabaron los ratones!

Luis Martín-Santos
Tiempo de silencio

Se cumplen sesenta años de la publicación de Tiempo de silencio, obra cumbre del malogrado Luis Martín-Santos (1924-1964) y uno de los hitos de la narrativa hispánica del siglo XX. Novela innovadora donde las haya, los sesenta y tres retazos de que consta forman un mosaico que nada tiene que ver con la uniformidad hasta entonces imperante en el realismo social y demás tendencias análogas que copaban el panorama literario en lengua castellana.

¿Pero cómo adaptar un texto que es, esencialmente, inadaptable? Buena pregunta: tal vez la pregunta clave que siempre se plantea al abordar el filme de Vicente Aranda. De entrada, hay que tener en cuenta que, desde un punto de vista meramente comercial, se trataba de un proyecto del todo viable dada la condición de lectura obligatoria de la que gozaba el libro en lo que por aquel entonces era el COU. Es decir, que cabía esperar que muchos de los que lo habían leído sintiesen curiosidad por ver la película homónima.

Parodia de Ortega y Gasset


A la hora de la verdad, sin embargo, el complejo entramado de voces y puntos de vista ideado por Martín-Santos quedaba reducido a los aspectos más esenciales de la trama, dando lugar a una curiosa paradoja, a saber: que una obra maestra de la novelística sirviese de base para realizar una cinta absolutamente convencional. A pesar del tremendismo de algunas escenas, como la del aborto de Florita (Diana Peñalver) en una mísera chabola.

Cierto que Victoria Abril y Charo López se desdoblan en varios personajes con la finalidad de reproducir algo parecido a la experimentación que se lleva a cabo en la novela, pero el resultado dista mucho de estar a la altura y Tiempo de silencio (1986) queda relegado a la categoría de filme correcto, con interpretaciones de Imanol Arias (Pedro), Juan Echanove (Matías) y Paco Rabal (Muecas) que poco o nada difieren de otros productos del cine español de la época como La colmena (1982)Los santos inocentes (1984) de Mario Camus o el díptico que el propio Aranda llevaría a cabo, inmediatamente después, a propósito de El Lute (1987-1988).



sábado, 3 de abril de 2021

La flor de mi secreto (1995)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 1995, 103 minutos

La flor de mi secreto (1995) de Almodóvar


La flor de mi secreto es una película de "buenos sentimientos", sin que esto signifique la menor concesión al sentimentalismo. O sea, se trata de un drama duro. Aunque adoro el melodrama, esta vez me he decidido por la aridez y la síntesis. Hiel en vez de miel. Lágrimas que no sirven de desahogo, sino que ahogan. Dolor del bueno.

Pedro Almodóvar
"Génesis"
Guion de La flor de mi secreto

Una escritora de literatura rosa a la que las novelas le salen negras... Valiéndose de tan singular planteamiento, el director manchego ofrecía una de sus películas más intimistas. Y es que la crisis creativa y personal que atraviesa en la ficción Leo Macías (Marisa Paredes) le sirve a Almodóvar como pretexto para abordar algunas de sus obsesiones más recurrentes, entre ellas la figura materna (magistralmente interpretada por Chus Lampreave) o las adicciones (en este caso al alcohol). Tal vez por ello resulta relativamente fácil rastrear en La flor de mi secreto elementos que el director desarrollará con posterioridad en otros títulos de su ya extensa filmografía.

Visto así, el embrión de Todo sobre mi madre (1999), por ejemplo, ya se intuye en esta película. Y, en esa misma línea, ¿cómo no ver en la pareja de doctores encarnada por Jordi Mollà y Nancho Novo o en la coreografía de Joaquín Cortés y Manuela Vargas, al son de la "Soleá" de Miles Davis, un presagio de lo que varios años después será Hable con ella (2002)? ¿No está contenido el germen de Volver (2006) en el argumento de alguno de los relatos de la superventas Amanda Gris? Incluso "Dolor y vida" parece anunciar el título de su más reciente Dolor y gloria (2019).



Todo un universo, en definitiva, que en esta ocasión tocaba tangencialmente el conflicto de la antigua Yugoslavia a través del personaje de Paco (Imanol Arias): alto mando destinado en Bosnia y que regresará fugazmente de permiso para certificar la agonía de su propio matrimonio. También el mundillo editorial recibe alguna que otra pulla, con esos agentes de Ediciones Fascinación que atosigan a Leo noche y día diciéndole qué es lo que puede y lo que no puede escribir.

Aunque si hay un rasgo definitorio del Almodóvar más auténtico ése es su condición de cinéfilo redomado. Frases, alusiones, ambientes: todo respira un innegable aire de película. Desde la redacción del diario El País, que Leo compara con las oficinas de El apartamento (1960), hasta el brindis frente a la chimenea en plan Ricas y famosas (1981). Referencias explícitas que están presentes, asimismo, en uno de los momentos álgidos de la cinta: la soberbia escena nocturna, en una Plaza Mayor desierta, cuando el orondo Ángel (Juan Echanove), emulando a Bogart, elige una frase de Casablanca (1942) para declararle su amor a Leocadia: "Nunca olvidaré ese día: los alemanes vestían de gris y tú, de azul..."



viernes, 5 de marzo de 2021

Demonios en el jardín (1982)




Director: Manuel Gutiérrez Aragón
España, 1982, 98 minutos

Demonios en el jardín (1982) de Manuel Gutiérrez Aragón


Demonios en el jardín deja entrever un batiburrillo de elementos cuyo valor simbólico va más allá de lo estrictamente personal. Porque si bien contiene referencias autobiográficas (la historia del niño Juanito coincide, a grandes rasgos, con la infancia del director), otras remiten a la España de la posguerra. Así pues, el toro desbocado que irrumpe en la iglesia y que tiene atemorizados a los habitantes del pueblo pudiera ser una alegoría de la fuerza del fascismo. De la misma forma que la matriarca Gloria (Encarna Paso), omnipresente y controladora, tiene algo del propio Caudillo. Sus hijos Óscar (Eusebio Lázaro) y Juan (Imanol Arias), por cierto, representarían el cainismo de la contienda civil, mientras que la depauperada Ángela (Ángela Molina) y la intrigante Ana (Ana Belén) encarnarían la rivalidad entre vencedores y vencidos.

La tienda, un almacén de ultramarinos llamado "El jardín", viene a ser la hacienda saqueada donde la familia protagonista se beneficia mediante la práctica del estraperlo. También es el escenario donde tienen lugar las muchas trifulcas que los enfrentan, amén de centro neurálgico de ese microcosmos que es la aldea. Y entre sus habitantes, testigo privilegiado de las idas y venidas de unos y de otros, el enclenque Juanito, convaleciente de una dolencia de tipo tuberculoso que lo convierte en el niño mimado al que todos consienten y colman de atenciones: a lomos de un colchón que sacan a la plaza del pueblo o en el interior de la cabina del proyeccionista del cine local, los ojos del crío contemplan un panorama presidido por la hipocresía y la miseria moral.



Precisamente, y como mecanismo de evasión, el muchacho tenderá a idealizar la figura paterna, ausente desde hace años del entorno familiar, y al que le han pintado como el brazo derecho de Franco. Luego, cuando éste regrese a la aldea al cabo del tiempo, resultará que es apenas un camarero de la comitiva del dictador, con la consiguiente decepción para el chaval.

Multipremiada en algunos de los festivales más prestigiosos del mundo (Cannes, Moscú, San Sebastián...), Demonios en el jardín (1982) culminó una primera etapa, marcada por el carácter críptico de sus argumentos, en la filmografía de Manuel Gutiérrez Aragón, quien, desde mediados de los ochenta, ensayaría un tipo de cine más acorde con los gustos del público.



domingo, 10 de enero de 2021

Divinas palabras (1987)




Director: José Luis García Sánchez
España, 1987, 107 minutos

Divinas palabras (1987) de J.L. García Sánchez


PEDRO GAILO: ¡He de vengar mi honra! ¡Me cumple procurar por ella! ¡Es la mujer la perdición del hombre! ¡Ave María; si así no fuera, quedaban por cumplir las Escrituras! ¡De la mujer se revira la serpiente! ¡Vaya si se revira! ¡La serpiente de las siete cabezas!

Ramón del Valle-Inclán
Divinas palabras (Tragicomedia de aldea)
Jornada segunda, Escena sexta

Ancestral y atávica, la Galicia que retrata Valle-Inclán en Divinas palabras se asemeja al escenario de los romances de ciego y las consejas de las comadres a la orilla de la lumbre. Mundo mítico poblado por seres harapientos cuya miseria los empuja a la mendicidad, aunque sea utilizando como reclamo a una criatura deforme que pasean en carro por las ferias de las aldeas. Un espacio, en definitiva, abonado a la superstición y la mugre, donde se mata por defender la honra o se practica la alcahuetería con la misma naturalidad que el trasgo cabrío brinca por la techumbre de los campanarios.

Incondicional de la literatura valleinclanesca, como ha demostrado sobradamente al adaptar para el cine y la televisión numerosas obras del autor gallego, José Luis García Sánchez acometió la dirección de Divinas palabras con la voluntad de acercar al gran público el universo de uno de los dramaturgos más notables de todos los tiempos. De ahí que la película contase en el reparto con la presencia de grandes figuras como Ana Belén (Mari-Gaila), Paco Rabal (Pedro Gailo) o Imanol Arias (el donjuanesco Séptimo Miau): intérpretes populares y genialmente secundados por los no menos brillantes Aurora Bautista (Marica del Reino), Esperanza Roy (Rosa la Tatula) y un jovencísimo Juan Echanove que sería recompensado con el Goya al Mejor Actor de Reparto por su papel de Miguelín el Padronés.



En líneas generales, y aun constituyendo una aproximación al texto original más que correcta, la película no logra desprenderse, sin embargo, de un cierto regusto teatral, a pesar de la excelente dirección artística de Gerardo Vera en las mismas localizaciones pontevedresas en las que Valle sitúa la historia. Elemento galaico que la música de Milladoiro contribuye a realzar, si bien Ana Belén canta un par de temas ("Estoy celosa del vuelo" y "Siempre de más, de menos jamás") que no parece que vengan muy a cuento. Como también resulta un tanto misterioso, por lo guadianesco, el acento gallego con el que Paco Rabal adorna (a veces sí y otras no) a su personaje de sacristán.

Admitía el propio García Sánchez que en el cine "los adjetivos se pagan", dando a entender las limitaciones presupuestarias que conlleva la adaptación de una obra tan sumamente compleja. Quizá por ello se vio obligado a renunciar a la escena en la que Mari-Gaila vuela por los aires de la mano del propio diablo. Aunque, y ahí sí que no influye tanto el dinero, sorprende que se atenúe el carácter celestinesco de la Tatula o momentos tan transgresores como cuando el cadáver de Laureaniño es devorado por una piara de cerdos (curiosamente, Valle recurrirá a la misma imagen, años después, en Tirano Banderas). Sabedor de ello, el director optó por un final más impactante que el de la propia tragicomedia al hacer que la adúltera Mari-Gaila (Ana Belén) se desnudase completamente en la puerta de la iglesia para, acto seguido, y como si de la lapidación de una nueva Magdalena se tratara, entrar en cueros en el templo de la mano del cornudo sacristán.



miércoles, 6 de enero de 2021

Luces de bohemia (1985)




Director: Miguel Ángel Díez
España, 1985, 94 minutos

Luces de bohemia (1985) de Miguel Ángel Díez


MAX.-  El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato. Los héroes clásicos, reflejados en los espejos cóncavos, dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea. Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo son absurdas. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.
DON LATINO.-  ¿Y dónde está el espejo?
MAX.-  En el fondo del vaso.
DON LATINO.-  ¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!
MAX.-  Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras, y toda la vida miserable de España.

Ramón del Valle-Inclán
Luces de bohemia
Escena duodécima

Radicalmente bello, esplendorosamente subversivo: pocas obras de la literatura universal encierran un mensaje tan revolucionario como el que proporciona Luces de bohemia (1920-1924). Y que, por más que pasen los años, mantiene su plena vigencia al cabo de un siglo. ¿Cómo leer eso de la "deformación grotesca de la civilización europea", y otras frases lapidarias por el estilo, sin que a uno le vengan a la memoria tantísimos ejemplos actuales que podrían seguir corroborando semejante diatriba? A fin de cuentas, aquel Madrid convulso en el que Valle sitúa la acción de su esperpento aparece poblado por seres cuyo infortunio despierta la misma nota tragicómica que hoy sigue presente en no pocos ámbitos del "ruedo ibérico".

Sin embargo, los azares del destino han propiciado que la adaptación cinematográfica que dirigiera Miguel Ángel Díez en 1985, a partir de un guion de Mario Camus, haya quedado en segundo plano con respecto a los diversos montajes teatrales de los que ha gozado el texto desde que se llevara por vez primera a las tablas a principios de los setenta. Lo cual no deja de ser una lástima, considerando el magnífico elenco de actores que se dieron cita para la ocasión. En dicho sentido, Paco Rabal compone un Max Estrella más bien acanallado, mientras que el Don Latino de Agustín González sobresale por su perfecto dominio del tono caricaturesco que se le presupone al personaje.



Como ya sucediera previamente en La colmena (1982) o Los santos inocentes (1984), la afortunada suma de talentos de una generación de cómicos que conocían al dedillo, por haberlos sufrido en sus propias carnes, los pormenores de la mísera realidad nacional, redunda en un fresco rebosante de vigor que, no obstante, respeta escrupulosamente los diálogos originales tal y como los concibiera Valle-Inclán. No así la estructura del filme, pues se sitúa al principio el velatorio y sepelio del vate ciego para convertir el resto de la trama en un largo flashback.

La odisea nocturna de los protagonistas depara momentos de gran intensidad dramática e interpretativa, como el encuentro entre Max (Rabal) y su antiguo camarada Paco, ahora Ministro de la Gobernación (Fernán Gómez). O las ardientes proclamas proferidas en el calabozo por el preso catalán (Imanol Arias). En otras ocasiones, en cambio, aflora un cáustico sentido del humor, henchido de retranca gallega, cuyo máximo exponente son las chanzas de Dorio de Gádex (magnífico Ángel de Andrés López) y su troupe de jóvenes modernistas. Nada ni nadie queda exento de la mordacidad del autor. "¡El mundo es una controversia!" Y "Mala" Estrella, el "poeta de odas y madrigales", acaba sus días tieso en un portal. "¡Cráneo previlegiado!"



martes, 8 de enero de 2019

Murieron por encima de sus posibilidades (2014)




Director: Isaki Lacuesta
España, 2014, 98 minutos

Murieron por encima de sus posibilidades
(2014) de Isaki Lacuesta


Antes de que diese inicio la proyección, bromeaba esta tarde Isaki Lacuesta sobre el hecho de que la Filmoteca de Catalunya haya decidido comenzar la retrospectiva que le dedica precisamente con la que él considera su película más controvertida. Por lo que se ha apresurado a advertir a los asistentes que su filmografía contiene títulos de muy diversa índole y que en el caso de que Murieron... no sea del agrado de alguien ello no implica, forzosamente, que el resto sean igual de malos.

Porque estamos ante un filme que, a fuerza de disparatado, alcanza cotas insólitas de lucidez. Rodado a salto de mata entre 2012 y 2014, Murieron por encima de sus posibilidades reúne a lo más granado de la profesión actoral de este país (y algún que otro cameo de amigos y conocidos) con el objetivo de satirizar las causas y consecuencias de la crisis económica que lo ha llevado a la bancarrota.



Se trata, por tanto, de una comedia coral, heredera, en buena medida, de las de Luis García Berlanga, si bien el grado de acidez y violencia que aquí se utiliza está más en sintonía con el universo, pongamos por caso, de un Álex de la Iglesia.

De todos modos, lo principal es que Lacuesta demostró con Murieron... que era posible levantar una película sin apenas medios cuando el discurso imperante invitaba más bien a la resignación. En ese sentido, su película quedará (lo es ya) como un filme de culto, a la par que documento de época, que los jóvenes del futuro descubrirán con verdadero asombro.


viernes, 8 de enero de 2016

Todos los hombres sois iguales (1994)







Director: Manuel Gómez Pereira
España, 1994, 102 minutos



Amparándose en el esquema de comedias de éxito como Tres solteros y un biberón (1985, Coline Serreau) y su remake americano Tres hombres y un bebé (dirigida en 1987 por Leonard Nimoy, el celebérrimo Mr. Spock de Star Trek), Manuel Gómez Pereira presentaba la historia de tres divorciados que comparten apartamento y debilidad / rivalidad por su empleada doméstica: una Cristina Marcos que se llevó el Goya a la mejor actriz por dicho papel.

Cada uno de los hombres responde a un patrón bien definido dentro de lo que son los tópicos al uso: el piloto de avión Joaquín (Juanjo Puigcorbé) vendría a ser el cerebro del grupo; Manolo (comentarista deportivo radiofónico interpretado por Antonio Resines) sería el sibarita bon vivant y Juan Luis (Imanol Arias), el seductor.

Por lo demás, no se puede decir que Todos los hombres sois iguales sea una película que haya envejecido bien. Sobre todo por ese aire prefabricado tan propio de los años noventa y que se ve acentuado por la banda sonora del malogrado Bernardo Bonezzi. De todos modos, hay anunciada para este año una nueva versión del filme, también dirigida por Gómez Pereira aunque en la República Dominicana. Esperemos que los aires caribeños aporten algo más de salero a un guion que, si bien en su momento fue premiado con un Goya y tuvo su secuela televisiva, a día de hoy se nos antoja aburridííííííííííísimo...

sábado, 12 de diciembre de 2015

Anacleto: Agente secreto (2015)




Director: Javier Ruiz Caldera
España, 2015, 87 minutos

«My name is Cleto: Ana Cleto»

Anacleto: Agente secreto (2015)


La parodia española de James Bond fue creada en 1964 por el dibujante Manuel Vázquez (no Montalbán, sino el que sirviera de inspiración a otra película notable: El Gran Vázquez (Óscar Aibar, 2010). Ahora el personaje de cómic de la Editorial Bruguera tiene también su equivalente fílmico gracias al director barcelonés Javier Ruiz Caldera, quien, tras cuatro largometrajes, amenaza con adaptar próximamente a otro superhéroe carpetovetónico: Superlópez.

En esta ocasión, Imanol Arias ha sido el encargado de interpretar al agente que "nunca falla" junto a Quim Gutiérrez, su hijo Adolfo en la ficción. El reparto lo completan Berto Romero (Martín), Rossy de Palma (madre de Martín y Katia), Carlos Areces (el maléfico antagonista Vázquez), Alexandra Jiménez (Katia) y Emilio Gutiérrez Caba (el Jefe de la GP).



Han pasado los años y Anacleto es ya un agente prejubilado que peina canas. Estamos, por lo tanto, ante una puesta al día en toda regla, habida cuenta, además, de que a sus enemigos habituales han venido a sumarse unos yihadistas que custodian en mitad del desierto la prisión que alberga desde hace treinta años a su más fiero adversario. Pero para zanjar cuentas de una vez por todas con Vázquez necesitará abandonar momentáneamente la fabricación de fuets en la apacible masía que le sirve de tapadera y revelar su verdadera identidad a su hijo. Este último es un empanao de toma y daca al que la novia acaba de plantar, harta de su carácter indeciso. Aunque cuando llegue el momento de la verdad se va a rebelar como un digno sucesor del padre...

No cabe duda de que la factura del filme es, en términos generales, impecable (con sus efectos especiales, banda sonora espectacular, cameos de Buenafuente y Corbacho y todo eso). Ahora bien: lo que ya no está tan claro es si al personaje de tebeo le va bien el humor en plan La que se avecina del que se han servido el trío de guionistas formado por Alén, Corral y Navarro: no en vano, Eduardo Gómez (el actor que da vida a Máximo Ángulo en la popular serie de televisión) es uno de los secundarios. Se nos antoja que el Anacleto original era una figura mucho más simpática y entrañable que no este sofisticado pastiche a lo Torrente. Cierto que la gente ha ido a ver la peli igualmente, pero...