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jueves, 6 de febrero de 2020

La infancia de Iván (1962)




Título original: Иваново детство (Ivanovo detstvo)
Director: Andrei Tarkovski
Unión Soviética, 1962, 95 minutos

La infancia de Iván (1962)
de Andrei Tarkovski

Las obras de arte surgen del esfuerzo por expresar ideales éticos. Determinan la imaginación y la sensibilidad del artista. Si ama la vida, también siente la necesidad inaplazable de reconocer esa vida, de transformarla, de contribuir a que sea mejor. En una palabra, si lo que quiere el artista es configurar de modo más válido la vida, entonces tampoco supone un riesgo el que la realidad, al ser representada, pase por el filtro de sus ideas subjetivas y de su situación anímica. Su obra siempre será el resultado de un esfuerzo intelectual en busca del perfeccionamiento del hombre, la expresión de una visión del mundo que nos atrapa por la armonía del pensar y del sentir, por su dignidad y sencillez.

Andrei Tarkovski
Esculpir en el tiempo
Traducción de Enrique Banús Irusta

La ópera prima de Tarkovski nos habla de dos mundos perfectamente delimitados. En uno de ellos, cálido e idílico, luce siempre el sol, y el niño, arropado por su madre, juega feliz a orillas de un río junto con otras criaturas. El segundo, en cambio, es un universo exclusivamente masculino, inhóspito y castrense, en el que la vulnerabilidad del huérfano contrasta con la crudeza invernal de un país en guerra. Planteamiento del que, salvando las distancias, se servirá Alexander Sokurov, muchos años después, en su Aleksandra (2007) al hacer que la abuela de un oficial del ejército ruso conviva con los soldados en el frente de Chechenia.

Más allá de una narración lineal, La infancia de Iván vendría a ser una suerte de estado de conciencia: la plasmación en imágenes de lo que sueña el muchacho o el delirio angustiante frente a una realidad hostil. En este sentido, durante buena parte del metraje se deja percibir un indiscutible afán revanchista, concretado en los grafiti que, desde las paredes del cuartel, reclaman venganza para los chicos que allí estuvieron presos antes de ser ejecutados.

El filme recibió el León de Oro en el Festival de cine de Venecia


Noticiarios de archivo a propósito de la debacle nazi completan el rompecabezas hasta el punto de hacernos pensar en referentes como Germania anno zero (1948) de Rossellini. De hecho, el protagonista de aquella cinta y el propio Iván comparten un enorme parecido físico, además de que ambos son víctimas inocentes del fascismo.

Lo cual nos llevaría a pensar qué es lo que entiende Tarkovski por esa palabra: ¿pretendió con esta alegoría antibelicista criticar a todos los regímenes totalitarios, incluido el soviético? ¿Era su intención poner en tela de juicio las supuestas bondades del socialismo en clave estalinista? Sea como fuere, la única certeza al enfrentarse con una película tan inequívocamente bella, con sus bosques de abedules y sus secuencias oníricas, es que estamos ante la obra de un poeta.


domingo, 23 de julio de 2017

La historia de Assia Klachina, que amó pero no quiso casarse (1966)




Título original: Istoriya Asi Klyachinoy, kotoraya lyubila, da ne vyshla zamuzh / История Аси Клячиной, которая любила, да не вышла замуж
Director: Andrey Konchalovskiy
Unión Soviética, 1966-1988, 94 minutos

La historia de Assia Klachina... (1966)


La historia se repite y es la misma que ya vimos en el caso de La comisaria de Askoldov: un filme extraordinario que, sin embargo, permaneció prohibido durante décadas porque no decía lo que las autoridades soviéticas querían escuchar y, sobre todo, porque mostraba una realidad que no encajaba con la idílica estampa oficial.

La historia de Assia Klachina, que amó pero no quiso casarse se sitúa en un mísero koljós o típica granja colectiva (previamente, los títulos de crédito nos habrán informado de que sólo tres de los actores que vamos a ver en pantalla son profesionales). Tiene mucho, por lo tanto, de documental, aunque siga vagamente como argumento las vicisitudes de una muchacha embarazada a la que cortejan dos hombres muy distintos.



La brutalidad del entorno y de los campesinos, sus tremendas historias narradas en primera persona, los rostros curtidos de los más ancianos revelan un hábitat en el que la subsistencia, aparentemente apacible, viene condicionada, sin embargo, por el ímpetu caprichoso de los elementos y por la ley del más fuerte. Ni rastro del más mínimo atisbo de paternalismo socialista: Lenin y Stalin son sólo referencias lejanas, apenas dos tatuajes de contornos imprecisos en el pecho de uno de los granjeros.

Y, mientras tanto, la pobre Assia (Iya Savvina) verá cómo el pusilánime conductor Stepan (Aleksandr Surin), padre de la criatura que espera, se deja avasallar por el bestial Sasha (Gennady Yegorychev), ambos embrutecidos, a su vez, por el vodka y los esfuerzos sobrehumanos. ¿Cuál será el destino de ese niño que nace en mitad del campo? Los tanques irrumpen, de camino a las maniobras que allí cerca se están llevando a cabo. Hay referencias veladas en las conversaciones a la guerra de Vietnam. Ha llegado el momento de desmantelar el koljós, en el que se encontraban desde 1951, para ir a fundar otro nuevo. Los ancianos recogen sus bártulos con desgana. Algunas mujeres entonan a coro una triste melodía. Y entonces se presentan los gitanos del koljós vecino. Todos cantan y bailan como descosidos, pero Assia, en ese preciso instante, padece un ataque de lucidez.


miércoles, 5 de julio de 2017

El círculo del poder (1991)




Título original: The Inner Circle
Director: Andrey Konchalovskiy
EE.UU./Unión Soviética/Italia

El círculo del poder (1991) de A. Konchalovskiy


Por más que, en su momento, fuese presentada como una historia de amor (la primera producción filmada en el interior del Kremlin) lo cierto es que The Inner Circle no deja de ser, ante todo y sobre todo, una película de propaganda anticomunista. Dirigida, además, por un cineasta incapaz de disimular su rencor hacia el autoritario régimen de Stalin. Lo cual, si bien es muy lícito en el ámbito de las ideas, suele dar malos resultados en el terreno cinematográfico.

Nadie discute que el guion de Konchalovskiy y Anatoli Usov posea el pulso narrativo necesario para mantener en vilo al espectador. Son, al respecto, portentosas la escena en la que Ivan (Tom Hulce) le explica a Stalin la conveniencia de usar un muelle de acero para mejorar el modelo ruso de proyector, equiparándolo con el alemán, o el momento en el que descubre el cuerpo de Anastasia (Lolita Davidovich) colgando del techo y, por detrás, se distingue el busto del camarada supremo dentro de un armario.



Sea como fuere, el motivo central de El círculo del poder no sólo es muy sugerente (las andanzas del proyeccionista personal del dictador soviético) sino que entronca, en parte, con títulos como Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), filme igualmente inspirado por un entrañable afecto hacia la época dorada del celuloide.

Lástima que el histrionismo de Tom Hulce (que tan bien casaba con el personaje de Mozart en Amadeus) le reste aún más credibilidad, si cabe, a una trama ya de por sí bastante maniquea, al igual que ese asento tan rrruusssoo de los actores pese a que la película esté rodada en inglés...