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lunes, 27 de abril de 2020

¡¡¡Caverrrrnícola!!! (2004)




Título original: RRRrrrr!!!
Director: Alain Chabat
Francia, 2004, 94 minutos

¡¡¡Caverrrrnícola!!! (2004) de Alain Chabat


Son muchos los elementos de esta insólita comedia francesa que remiten, en clave paródica, a La guerre du feu (1981). Con ese sentido del humor, a menudo intraducible, del grupo Les Robins des Bois, troupe satírica, pasada a mejor vida, y de cuyas filas salieron notables intérpretes de la actual escena gala como Marina Foïs o Jean-Paul Rouve. Dirigió el cotarro Alain Chabat, otro de los nombres destacados del cine más taquillero de aquel país, que se reservó el papel de chamán de la tribu. Y como guinda, la presencia de dos ilustres actores que no necesitan presentación: Gérard Depardieu y Jean Rochefort.

El making off de la película revela una laboriosa fase de producción, sobre todo en lo concerniente a decorados, maquillaje, vestuario y localizaciones: soberbio esfuerzo artesanal que contrasta con las encarnizadas críticas que, tras su estreno, recibió la cinta por parte de algunos sectores de la crítica. Lo cual no impidió que, aun así, acumulara hasta tres millones de espectadores durante su explotación comercial.



Y es que las ocurrencias que aquí se gastan, entre absurdas y facilonas, no siempre son bien recibidas en un país acostumbrado a productos de mucha mayor qualité. Así, por ejemplo, eso de que todos los miembros del clan se llamen Pierre (que, además de Pedro, también significa "piedra") o el desfile de animalejos dotados de colmillos de mamut (entre ellos un vermut, otro juego de palabras, resultante de unir el término ver ("lombriz") con el paquidérmico sufijo -mut) suscitó las iras de publicaciones como Le Parisien, desde cuya portada se calificó al filme con un elocuente "Nul !"

Sin embargo, y a pesar de lo impronunciable de su título, quien esté dispuesto a pasar hora y media en compañía de estas dos facciones enfrentadas, la del "pelo limpio" y la del "pelo sucio", acabará forzosamente por reírse en algún momento u otro, aunque sólo sea por la facha tan disparatadamente estrambótica que lucen estos trogloditas de hace 35.000 años.


lunes, 3 de febrero de 2020

Volando juntos (2019)




Título original: Donne-moi des ailes
Director: Nicolas Vanier
Francia/Noruega, 113 minutos, 2019

Volando juntos (2019) de Nicolas Vanier


A fuerza de abusar de ella, la frase "Basado en una historia real…" ha terminado por convertirse, paradójicamente, en una coletilla que precede a las películas más inverosímiles que uno pueda imaginar. Y eso es justo lo que le ocurre a Donne-moi des ailes, cinta francesa enmarcada en el habitual ecologismo de salón que tan buenos réditos acostumbra a proporcionar a las producciones concebidas para disfrute de toda la familia.

Thomas (Louis Vazquez) es el típico adolescente, adicto a los videojuegos y perpetuamente enganchado a su teléfono móvil. Fuera de si el lugar en el que se encuentra dispone o no de conexión wifi, nada parece interesarle lo más mínimo. Hasta el día en que su madre lo manda a la Camarga para pasar las vacaciones en compañía de su padre (Jean-Paul Rouve), un biólogo extravagante obsesionado con la idea de salvar de la extinción a los gansos salvajes.



A partir de ese momento, todo lo demás vendrá rodado: Thomas accede a embutirse en la tela de saco que utiliza su padre para que los polluelos le sigan, les toma cariño, aprende a pilotar un ultraligero y, emulando El maravilloso viaje de Nils Holgersson (que, de repente, se convierte en su libro de cabecera), vuela hasta Noruega sin escalas, ida y vuelta. Vamos: que lo de Lindbergh, a su lado, fue una minucia…

Por último, y para que el "milagro" sea todavía más increíble, el chaval lo peta en las redes sociales, medio mundo lo aclama y la otra mitad (integrada por los políticos y autoridades que, en principio, se oponían a la gesta por considerarla un atentado contra la salud pública) se desdicen de sus críticas y/o impedimentos legales para acoger al padre como a un héroe (y no como a un embustero que falsificó los permisos para tirar adelante con su heroica cruzada animalista). Por supuesto, los padres de Thomas se reconcilian (como no podía ser menos) y, he ahí la guinda a tantos lugares comunes, se cierra la película con otro topicazo, esta vez en forma de proverbio indio: “No heredamos la tierra de nuestros ancestros, sino que la tomamos prestada de nuestros hijos…”


lunes, 12 de agosto de 2019

Lola y sus hermanos (2018)




Título original: Lola et ses frères
Director: Jean-Paul Rouve
Francia, 2018, 105 minutos

Lola y sus hermanos (2018) de Jean-Paul Rouve


Tras Les souvenirs (2014), que ya tuvimos ocasión de comentar en su momento, el actor y director Jean-Paul Rouve vuelve a la carga con otra comedia, de nuevo coescrita junto a David Foenkinos, y esta vez centrada en las siempre complejas relaciones entre hermanos. De hecho, casi podría decirse que Lola et ses frères son, en realidad, tres películas simultáneamente, puesto que cada uno de los personajes deberá afrontar sus propios contratiempos.

Benoît (Jean-Paul Rouve) es el mayor y también el más tiquismiquis: sin apenas sentido del humor, propietario de una óptica, casado por tercera vez y no muy entusiasmado ante la idea de ser padre. En cambio Pierre (José Garcia) está separado, tiene un hijo muy intelectual y trabaja demoliendo edificios, aunque un error de cálculo hará que pierda su empleo. Por último, Lola (Ludivine Sagnier) es abogada experta en divorcios y acaba de iniciar una relación con uno de sus clientes.



A pesar de lo diferentes que son unos de otros, lo cierto es que suelen darse cita en el cementerio alrededor de la tumba de sus padres, donde llevan a cabo una especie de terapia fraternal consistente en reprocharse y echarse en cara sus muchas discrepancias. Tanto es así, que llegarán a establecer una peculiar relación con el señor (Jacques Boudet) que va a diario a visitar a su difunta esposa y que los observa sorprendido sin acabar de entender el porqué de tantas desavenencias.

Por la forma de plasmar los vínculos familiares, Lola et ses frères podría recordar, en determinados momentos, a otros títulos franceses de similares características, tales como, por ejemplo, Le premier jour du reste de ta vie (2009) de Rémi Bezançon o cualquiera de los filmes escritos y protagonizados por el matrimonio Agnès Jaoui/Jean-Pierre Bacri.


viernes, 26 de enero de 2018

C'est la vie (2017)




Título original: Le sens de la fête
Directores: Olivier Nakache y Éric Toledano
Francia/Canadá/Bélgica, 2017, 117 minutos

C'est la vie (2017)


Se equivoca Lluís Bonet Mojica cuando, en La Vanguardia de hoy, califica a C'est la vie de "pirueta comercial". En eso y en recordar por enésima vez el ya cansino sonsonete de que Nakache y Toledano fueron también los directores de Intocable. Porque si uno se para a pensar, bajo esa apariencia de screwball comedy hilarante con música de Avishai Cohen se esconden momentos de una conmovedora belleza rayana en lo tragicómico: pobres diablos que se esfuerzan en vano en aparentar el caché que nunca tendrán, sus personajes forman un heterogéneo grupo dedicado, con más pena que gloria, a la organización de banquetes de boda.

Encabeza el reparto Max (Jean-Pierre Bacri), ese hombre hastiado de un trabajo que no le gusta y a quien Josiane (Suzanne Clément), su compañera y amante, le ha dado un ultimátum: o deja de una vez por todas a su mujer para estar con ella o lo suyo se terminó. El fotógrafo Guy (Jean-Paul Rouve) tiene en común con su amigo Max el hecho de pertenecer a una generación analógica a la que ya hace rato que se les pasó el arroz, puesto que ni el uno ni el otro saben manejarse adecuadamente con las nuevas tecnologías: si el uno no se aclara con el corrector automático a la hora de enviar un WhatsApp, dando lugar a más de una situación embarazosa, el otro ni siquiera sabe lo que es una app...



No son los únicos desplazados: vestido con un lamentable pantalón de pijama cuando no está de servicio, al camarero Julien (Vincent Macaigne) le cuesta aceptar que ya no es profesor, razón por la que tal vez se dedica a corregir continuamente a todo el mundo. Como también resulta enormemente patético James (Gilles Lellouche), cantante de orquesta cuyo verdadero nombre es Étienne y que lo mismo canta en italiano que en portugués que en el idioma que haga falta (por supuesto, todos en su vertiente macarrónica). Se lleva a matar con Adèle (Eye Haidara), la temperamental asistente de Max, aunque ya se sabe que los que se pelean se acaban deseando y ellos no parece que vayan a ser una excepción a dicha regla. Por último, Pierre (Benjamin Lavernhe) es el arrogante novio que aburrirá a los comensales con un inacabable discurso tan pedante como soporífero.

Es, precisamente, cuando vemos a Pierre avanzar por los aires, en el momento álgido de su performance, que el espectador cobra conciencia del verdadero alcance dramático de ese grupo humano: "Y en el mundo, en conclusión, / todos sueñan lo que son, / pero ninguno lo entiende". Le sens de la fête, título original del filme, nos muestra el gran teatro de la vida, donde cada uno interpreta su papel como buenamente puede y aun arriesgándose a que todo se vaya a pique en cualquier momento. Suerte que la pareja de tamiles que forma parte de la plantilla hará las delicias de los novios con un improvisado espectáculo que viene a demostrar lo ridículo de los sofisticados preparativos en plan rococó (con palacio versallesco y lacayos con peluca empolvada) que habían planificado con tanto esmero.


viernes, 29 de abril de 2016

Los recuerdos (2014)




Título original: Les souvenirs
Director: Jean-Paul Rouve
Francia, 2014, 92 minutos

Los recuerdos (2014) de Jean-Paul Rouve


Últimamente, los sentimientos andan un tanto a flor de piel en la familia Esnard. Por diferentes motivos: la abuela Madelaine (Annie Cordy) ha llegado ya a una edad en la que su frágil estado de salud aconseja que se la ingrese en una residencia geriátrica. De modo que, a regañadientes, la anciana se verá obligada a abandonar su apartamento. El padre (Michel Blanc) acaba de jubilarse sin pena ni gloria tras toda una vida dedicada a trabajar en Correos y ve cómo la apatía se instala en su existencia. La madre (Chantal Lauby) comprueba con resignación cómo, falto de alicientes, su matrimonio corre el riesgo de hacer aguas debido a la monotonía. Finalmente, Romain (Mathieu Spinosi) es el hijo veinteañero en busca de su media naranja que lucha por abrirse camino: tras haber estudiado literatura, comparte piso con el excéntrico Karim (William Lebghil) y entra a trabajar como vigilante nocturno en un hotel, contratado por Philippe (al cual interpreta el propio director del filme, Jean-Paul Rouve).

En su afán por superar sus respectivas crisis personales, los miembros del clan irán en busca de sí mismos adonde haga falta con tal de conseguirlo. Particularmente emotiva es, al respecto, la relación que se establece entre abuela y nieto y que les llevará hasta la costa de Normandía para revivir los recuerdos de niñez de Madelaine y, en el caso de Romain, acabar dando con lo que tanto anhelaba.

En palabras del director: "Un día un periodista me dijo que me interesaba por la gente que no estaba en su lugar. Y, de hecho, me gusta la gente que no se encuentra en su sitio: eso forma parte de la vida y concierne a una gran mayoría de la gente. Permanecemos ahí por pereza, por seguridad, por amor... Y a veces nos damos cuenta. No es el caso de Romain, pero él ya siente miedo de no estar donde debería. Esto también afecta al personaje  de Michel Blanc: el paso a la jubilación actúa como una revelación. Del mismo modo, la abuela deja pasar la vida y repentinamente toma otro camino. Me gusta la idea de que la gente haga lo que puede. Con frecuencia intentamos hacer el bien y, a veces, nos equivocamos".

Basada en la novela de David Foenkinos, autor y también director de La delicadeza (2011), la presente adaptación de Les souvenirs peca quizá de querer abarcar todo el contenido del texto literario, lo cual conduce a apuntar tramas secundarias poco desarrolladas y de las que quizá se podría haber directamente prescindido. Tal sería el caso de, por ejemplo, la del hijo que Philippe tiene en Australia, aunque hay otras que acaban resultando entrañables, como la del viejo pintor de animales de granja o la del impertérrito empleado de gasolinera capaz de aportar respuestas sencillas a todo tipo de intrincadas congojas.

Tercera incursión tras la cámara del otrora miembro del grupo cómico Les Robins des Bois, parece ser que a Rouve le ha llegado la madurez apostando por un tipo de cine más familiar y centrado en la emotividad.

Jean-Paul Rouve (centro) dirigiendo a sus actores