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domingo, 10 de mayo de 2026

Torrente 3: El protector (2005)




Director: Santiago Segura
España, 2005, 91 minutos

Torrente 3: El protector (2005)


La tercera entrega de la saga Torrente presentaba al ex miembro de la policía volviendo a formar parte del Cuerpo, esta vez al frente de una misión cuyo objetivo radica en preservar la integridad física de la eurodiputada ecologista Giannina (Yvonne Sciò). Planteamiento que parodiaba el argumento de cintas hollywoodenses como El guardaespaldas (Mick Jackson, 1992) y para la que Santiago Segura contó con la participación amistosa, en forma de cameo, de celebridades internacionales de la talla de Oliver Stone o John Landis. Como también Íker Casillas, Fernando Torres y otros futbolistas del momento.

Como secundarios a las órdenes del peculiar agente destacan dos pesos pesados de la comedia patria: José Mota y Javier Gutiérrez, encargados de dar vida, respectivamente, al inefable Josito y al esforzado agente Solís. Completaban el reparto una variopinta galería de personajes, a cuál más tronado, en la que sobresalen el Risitas, Carlos Latre o Fabio Testi en el papel de Montellini. Y es que la trama, de hecho, se siente a veces como una sucesión de sketches hilados por la presencia de famosos, más que como una historia sólida con desarrollo de personajes.



Aparte del hecho innegable de que, tras el éxito estratosférico de las dos primeras entregas, la fórmula comenzaba a mostrar síntomas de agotamiento, Segura regresó con un presupuesto de 5 millones de euros y una maquinaria de marketing sin precedentes en el cine español de la época que convertía a su personaje en icono de consumo masivo. Así pues, José Luis Torrente se vuelve más "caricatura" que nunca, de modo que, aunque la suciedad física y moral sigue ahí, el guion se apoya más en el slapstick y en la escatología pura que en la crítica social subterránea de 1998.

Sin embargo, y a pesar de recibir críticas mixtas que la tacharon de "innecesaria" o "excesiva", ésta fue un éxito rotundo de público, recaudando más de 18 millones de euros. Una película, en definitiva, diseñada para fans, que llevaba al límite la grosería y el espectáculo. Lo cual no es óbice para que, aun careciendo de la frescura y la mala leche política de la primera parte, siga siendo una pieza fundamental para entender el cine comercial español de principios de los 2000 y la figura de Santiago Segura como "Rey Midas" de la taquilla.



martes, 28 de julio de 2020

Eugenio (2018)




Directores: Òscar Moreno, Xavier Baig y Jordi Rovira
España, 2018, 94 minutos

Eugenio (2018) de Moreno, Baig y Rovira

Un hombre muy serio que tenía mucha gracia. O un humorista cuyas ocurrencias ocultaban una dolorosa tragedia personal... La figura estilizada de Eugenio, impertérritamente vestido de negro, adquirió popularidad a principios de los ochenta gracias a la venta masiva de casetes y, sobre todo, a la gran cantidad de galas ofrecidas por el catalán en pubs, discotecas y platós de televisión.

No obstante, la carrera de Eugeni Jofra (1941-2001) había comenzado mucho antes, cuando, a finales de los años sesenta, formó junto a Conchita, la que fuera su primera esposa y mujer de su vida, el dúo musical de aires folk "Els dos". Y con anterioridad había trabajado, incluso, como diseñador de joyas, algunas de las cuales solía lucir en sus espectáculos.



Y es que, tal y como se desprende del documental Eugenio (2018), codirigido por Òscar Moreno, Xavier Baig y Jordi Rovira, había una dimensión profundamente mística en todo lo que hacía este singular ser humano. Así lo atestiguan sus hijos y segunda mujer, quienes, por otra parte, desvelan facetas menos conocidas de la personalidad de un padre de familia que, desbordado por la fama, acabaría sucumbiendo a los cantos de sirena de la noche y al consumo de determinadas sustancias, generalmente poco o nada saludables.

A veces insólito y siempre interesante, el retrato que aquí se nos ofrece va mucho más allá de la imagen amable del artista que supo como nadie hacer reír al público, con un estilo sobrio, inteligente, personalísimo, y profundiza en el alma recóndita de aquel señor tímido que un buen día, con un whisky y un cigarro como únicas armas, decidió sentarse en el taburete para contarnos un chiste.