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viernes, 19 de julio de 2024

Una vida privada (1962)




Título original: Vie privée
Director: Louis Malle
Francia/Italia, 1962, 104 minutos

Una vida privada (1962) de Louis Malle


El olfato comercial de los productores cinematográficos propició que Marcello Mastroianni trabajase a lo largo de su carrera con la práctica totalidad de sex symbols femeninos de aquel entonces. Y así, aparte de las glamurosas Sophia Loren o Anita Ekberg, el actor italiano lo mismo formó pareja artística, entre otras muchas, con Ursula Andress, Raquel Welch o Brigitte Bardot.

Junto a esta última y a las órdenes del director Louis Malle protagonizó Vie privée (1962), olvidable filme a propósito de una joven estrella de cine que, desbordada por el éxito, se refugia en los brazos del marido de su mejor amiga. Fabio (interpretado por Mastroianni) responde a un perfil profesional (editor, traductor, escenógrafo teatral...) que poco o nada tiene que ver con el ambiente mundano de la burguesía suiza del que procede Jill (Bardot), pero aun así la pasión nace entre ambos y ella no dudará en seguirlo hasta Espoleto, donde tiene lugar su célebre festival, huyendo del acoso de los admiradores y de la prensa.



Independientemente de que en un primer momento se intente remedar cierto estilo Nouvelle Vague mediante la voz en off que narra cómo Jill pasa de ser una simple chica bien a cotizada modelo y actriz, las escasas habilidades interpretativas de la Bardot no permitían elaborar otra cosa que no fuese un simple producto superficial cuyo único gancho se hallaba precisamente en su atractiva pareja protagonista.

Y aunque casi dos millones de espectadores acudieron a las salas, la cifra dista enormemente de otros éxitos de taquilla conseguidos por BB, por ejemplo los más de cinco millones y medio que fueron a verla en La vérité (1960) de Henri-Georges Clouzot. En cualquier caso, la cinta, todo un canto contra el precio de la fama, culmina con una escena de cariz trágico que, sin embargo, resulta al mismo tiempo, por como está filmada, una auténtica liberación.



miércoles, 8 de julio de 2020

Masculino, femenino (1966)




Título original: Masculin féminin
Director: Jean-Luc Godard
Francia/Suecia, 1966, 100 minutos

Masculino, femenino (1966) de Jean-Luc Godard


¡Hay que ver cómo se parece Chantal Goya en esta película a Bruna Cusí! O hasta qué punto el cine de muchos jóvenes realizadores de hoy en día, supuestamente modernos, vuelve a recorrer, por enésima vez, un camino que Godard ya se atrevió a trazar, hace más de medio siglo, en genialidades como Masculin féminin. Lo primero es completamente fortuito y anecdótico (y hasta tiene su gracia). Lo segundo, en cambio, resulta cuando menos preocupante...

Rodada a finales de 1965 como si se tratase de una encuesta-testimonio a propósito de la juventud francesa, la cinta podría haber llevado por título Les enfants de Marx et du Coca-Cola. Que es como decir que quienes en un par de años estarían protagonizando las protestas estudiantiles del mayo parisino se hallaban también bajo el influjo del imperialismo yanqui. De hecho, serán varios los momentos, a lo largo de la cinta, en los que se dejen oír proclamas contra la guerra de Vietnam, en lo que supone un claro anticipo de las posturas abiertamente combativas del Godard de La Chinoise (1967) y ulteriores proyectos en el seno del colectivo Dziga Vertov.



Se trata, en todo caso, de un experimento pop, vagamente inspirado en relatos de Maupassant, repleto de las habituales referencias cinéfilas, muchas de ellas dedicadas a compañeros de viaje y generación: en un momento de arrebato, Paul (Jean-Pierre Léaud) invoca a cierto general Doinel, quien comparte apellido con el personaje que el mismo actor interpretaría en no pocas ocasiones para Truffaut (también hay guiños similares en referencia a Pierrot le fou o À bout de souffle, del propio Godard).

En otras secuencias, la efigie del candidato Mitterrand se entrevé en la portada de los periódicos; se alude a Bob Dylan; Brigitte Bardot y Françoise Hardy aparecen en fugaces cameos; los protagonistas van al cine (otra escena recurrente en la filmografía godardiana) donde se está proyectando una película de contenido erótico que lo mismo podría remitir a Vivre sa vie (1962) o al Bergman de El silencio (1963). Madeleine (Chantal Goya) interpreta a una aspirante a estrella de la canción cuyas melodías servirán de hilo conductor para este peculiar sondeo en el que otra joven, de diecinueve años, responde alegremente, frente a la cámara, a las preguntas capciosas que Paul le formula fuera de campo: "¿Tiene el socialismo futuro? ¿Qué significa para ti la palabra reaccionario? ¿Dónde hay guerra, ahora mismo, en el mundo?" La chica, como las mises en esos certámenes de belleza que intentan poner a prueba la cultura general de las candidatas, apenas sabe qué contestar. Muy elocuentemente, Godard tituló este segmento Dialogue avec un produit de consommation


sábado, 22 de febrero de 2020

Historias extraordinarias (1968)




Título original: Histoires extraordinaires
Directores: Roger Vadim, Louis Malle y Federico Fellini
Francia/Italia, 1968, 121 minutos

Historias extraordinarias (1968)
de Roger Vadim, Louis Malle y Federico Fellini


Tenían que haberla dirigido Orson Welles, Buñuel y Fellini, si bien los dos primeros acabaron fuera del proyecto. Reemplazados por Vadim y Malle, Histoires extraordinaires (también conocida, entre otras muchas variantes, como Spirits of the DeadTre passi nel delirio) es una de aquellas películas de episodios que tanto se estilaban en los años sesenta. Las tres partes que la integran ("Metzengerstein", "William Wilson" y "Toby Dammit") comparten el denominador común de estar basadas en relatos de Poe, amén de un erotismo incipiente en su forma de abordar el terror.



La primera de ellas, tal vez la más floja, es apenas un pretexto para que Jane Fonda luzca los atrevidos diseños creados por Jacques Fonteray (1918–2013). Posee, por otro lado, el aliciente de haber sido una de las pocas ocasiones, si no la única, en que ésta actuó junto a su hermano Peter (aquí un primo lejano de la cruel protagonista que termina metamorfoseándose en un imponente corcel negro), además de actuar a las órdenes de quien, por aquel entonces, era su marido: Roger Vadim.



El segmento dirigido por Louis Malle, una inquietante historia con elementos de sadismo en torno a la figura del doble, reúne a otros dos sex-symbol de la época: Alain Delon y Brigitte Bardot. Estructurada en forma de flashback, el oficial William Wilson irrumpe desesperadamente en el interior de una iglesia implorando confesión al párroco. Éste, tras algunos reparos, accede a escuchar las revelaciones del desdichado.



La aportación felliniana al conjunto es, de lejos, la más brillante. Y, a diferencia de las que la preceden, no es ninguna recreación histórica, sino que está ambientada en el presente. Un cotizado actor inglés de tez blanquecina viaja a Roma para participar en el rodaje de un wéstern católico. El personaje, sin embargo, tiene más de diabólico que de apolíneo... A bordo del potente Ferrari que recibe como contrapartida por su trabajo, Toby (Terence Stamp) recorre a toda velocidad las calles vacías de un poblado siguiendo una ruta nocturna de destino incierto.


miércoles, 1 de agosto de 2018

¡Viva María! (1965)




Título original: Viva Maria!
Director: Louis Malle
Francia/Italia, 1965, 120 minutos

¡Viva María! (1965) de Louis Malle


Acostumbrados a relacionar el nombre de Louis Malle con títulos de tan hondo calado como Los amantes (1958), El fuego fatuo (1963), Lacombe Lucien (1974) o Adiós, muchachos (1987), con demasiada frecuencia se tiende a obviar el hecho de que el director francés también posee alguna que otra comedia en su vasta filmografía.

Es muy probable que Viva Maria! no pasase de ser un mero trabajo alimenticio en la carrera de un cineasta cuyas preocupaciones iban mucho más allá de este producto para lucimiento de un par de sex symbol, por más que las estrellas en cuestión fuesen dos actrices de tanto talento como Brigitte Bardot y Jeanne Moreau.



De todas formas, la revisión minuciosa de los títulos de crédito demuestra que detrás de semejante disparate se hallaban personalidades tan notables como Jean-Claude Carrière, Juan Luis Buñuel o Volker Schlöndorff, por no mencionar, en el apartado técnico, la fotografía en color de Henri Decaë o la banda sonora a cargo de Georges Delerue. Motivos más que suficientes para sospechar que la cinta escondía un mensaje mucho más subversivo de lo que, en un principio, su humor aparentemente blanco haría pensar.

Hoy puede parecernos una película del todo inocente, pero lo cierto es que hace más de medio siglo el estreno de Viva Maria! levantó ampollas, especialmente en Estados Unidos, donde el filme tuvo algunos problemas con la censura. Y es que eso de que dos revolucionarias francesas de misión en Centroamérica combinasen las bombas con el estriptis no podía dejar a nadie indiferente...


sábado, 30 de abril de 2016

El desprecio (1963)




Título original: Le mépris
Director: Jean-Luc Godard
Francia/Italia, 1963, 103 minutos

El desprecio (1963) de Jean-Luc Godard


Los títulos de crédito hablados de Le mépris (1963) se van sucediendo al mismo tiempo que vemos acercarse desde el fondo de una calle a una actriz y a un equipo de rodaje que la filma en trávelin lateral mientras ella lee al caminar: trampantojo, boutade, una broma más de Godard, que termina por enfrentar ambas cámaras.

Estamos en Cinecittà, el decrépito complejo de estudios en Roma desde donde se proclama, por enésima vez, la muerte del cine. Nadie en su sano juicio lo creerá, por supuesto, máxime contemplando a posteriori la belleza salvaje de Brigitte Bardot en Capri, la sabiduría de las palabras de Fritz Lang y la suntuosidad de la partitura compuesta por Georges Delerue. Y mucho más, porque Michel Piccoli, Jack Palance o incluso la novela de Alberto Moravia en la que se basó el guion hacen de El desprecio un hito esencial en la carrera de Godard.

Poseidón: belleza clásica en el cine moderno


Inteligente ejercicio metacinematográfico, la versión de la Odisea dirigida por Lang habría sido sin lugar a dudas un filme tan encomiable como Metrópolis o como M, aunque por desgracia pasará forzosamente a formar parte de la nómina de películas que nunca llegarán a ser. Como también sucede con los actores que se supone que deberían haber intervenido en El desprecio y que, por uno u otro motivo, acabarían fuera del proyecto: Kim Novak, Frank Sinatra, Sophia Loren, Marcello Mastroianni, Raf Vallone...

De izquierda a derecha: Lang, Palance, Piccoli