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lunes, 19 de marzo de 2018

Guerra de misses (2008)




Título original: La guerre des miss
Director: Patrice Leconte
Francia, 2008, 89 minutos

Guerra de misses (2008) de P. Leconte


Tras dirigir Mon meilleur ami (2006), una película enteramente parisina, el director Patrice Leconte se descolgaba con otra de sus comedias, aunque ahora totalmente ambientada en un contexto provinciano. En ese sentido, los pueblecitos de Charmoussey y Super Charmoussey vendrían a ser el equivalente francés de nuestros Villarriba y Villabajo, motivo que tal vez explique por qué el filme permanece inédito en nuestras carteleras (en su momento, los exhibidores tal vez consideraron que el suyo era un humor localista en exceso, sin demasiado tirón comercial entre el público español, si bien A Contracorriente lo acabaría editando en DVD).

Humor amable con el belga Benoît Poelvoorde ejerciendo de particular coach, algo así como el "ídolo" local por haber hecho de extra en alguna que otra producción cinematográfica de cierto éxito. Vamos: que el Franck Chevrel al que da vida (y que será también el narrador de la película) da más risa que otra cosa en sus funciones de preparador de un puñado de humildes muchachas de pueblo, aspirantes a hacerse por vez primera con el ansiado título de Miss Pays de Garupt que, hasta la fecha, siempre ha ido a parar a manos de la próspera localidad vecina con la que rivalizan.

El alcalde (Jacques Mathou) recibe a Franck con los brazos abiertos


En realidad, La guerre des miss plantea un escenario marcado por la recesión económica: el habitual en tantas aldeas de montaña, excesivamente dependientes de la actividad turística generada alrededor de las estaciones de esquí. De ahí que, en las conversaciones de unos y otros, esté tan presente la nieve, a cuyo espesor está supeditada la actividad comercial de la zona, y que los respectivos alcaldes anden tan obsesionados con ganar un certamen de belleza con el que aspiran a revitalizar el ambiente de la comarca.

Hay, por último, toda una trama personal en este guion (escrito, como en otras ocasiones de la ya extensa filmografía de Leconte, por Fred Cavayé). Y es la historia de un perdedor (Chevrel), procedente, a su vez, de una familia de perdedores (su padre, aún el hazmerreír del pueblo bastantes años después de su trágica muerte, se pasó toda la vida buscando petróleo en una parcela de su propiedad, para acabar matándose al intentar batir el récord del mundo de salto de esquí), que regresa a la empobrecida Charmoussey para reencontrarse con un antiguo amor de juventud, la bella Cécile (Olivia Bonamy), madre de una difícil adolescente gótica de dieciséis años recién cumplidos y que acabará teniendo un papel tan inesperado como esencial en el desenlace.


lunes, 27 de febrero de 2017

Manual de un tacaño (2016)




Título original: Radin !
Director: Fred Cavayé
Francia, 2016, 89 minutos

Manual de un tacaño (2016)


Nihil novum sub sole... Primero fue Plauto. Siglos más tarde, Molière. Y ahora Dany Boon bajo la dirección de Fred Cavayé. El que un personaje arquetípico sea la enésima versión de un vicio profundamente vinculado a la condición humana parece no suponer impedimento alguno para que se siga explotando su vis cómica. Así pues, ya se trate del Euclión romano de la Aulularia (o Comedia de la olla) o bien del barroco Harpagón protagonista de L'avare, lo cierto es que, desde que el mundo es mundo, periódicamente se ha ido poniendo al día la figura del tacaño, y siempre con notable éxito. De lo cual cabe deducir que a los espectadores de todas las épocas siempre les ha gustado ver la pintura exagerada de ciertos defectos, máxime cuando se trata de ridiculizarlos sin ambages.

En Radin !, que aquí se ha titulado con el más explícito Manual de un tacaño, Dany Boon toma el relevo de Louis de Funès, quien ya interpretara al avaro personaje en 1980. Sólo que esta vez no se trata de una adaptación del clásico teatral, sino más bien de una libre lectura de un terreno que en su momento ya exploraron Jacques Tati o Rowan Atkinson. Porque el François Gautier que interpreta Boon debe mucho (y no hay más que echar un vistazo al póster del filme para darse cuenta de ello) a Mr. Bean o a Monsieur Hulot. La diferencia estriba en que éste sí que habla, quizá porque se enmarca en una tradición cómica basada más en el diálogo que en el mimo (Mr. Bean y Monsieur Hulot son, en ese sentido, bastante chaplinescos).



Para humanizar un tanto al personaje, se le convierte en virtuoso violinista, se le busca una partenaire que bebe los vientos por él (Laurence Arné) y, finalmente, aparece una hija adolescente de cuya existencia el buen hombre no tenía ni idea (Noémie Schmidt). Rotundamente inverosímil, se nos dirá. Cierto, pero en la comedia (como en el amor y en la guerra) todo vale. Y, por si fuera poco, Laura cree que su padre es en realidad una especie de filántropo que dedica el dinero que ahorra a mantener un orfelinato en Méjico.

Aquí no hay trampa ni cartón: quien vaya al cine a ver las correrías de este tacaño sabe perfectamente a lo que va. Es decir, que Dany Boon, en virtud del estrellato que detenta desde hace tiempo, posee un público predispuesto a reírle todas y cada una de las gracias. Y los avispados productores, conscientes de ello, se valen de argumentos infalibles: un taxista simpático (Mon meilleur ami), un estricto agente de aduanas (Rien à déclarer) o un provinciano enamorado de una parisina (Lolo). Eso cuando no tiran de los arquetipos molierescos, porque, aparte del avaro, hace tres años ya vimos al mismo actor dirigir y protagonizar Supercondríaco, traslación al siglo XXI de Le malade imaginaire. ¿Qué será lo siguiente? ¿Tartuffe? ¿Le Misanthrope? Lo mismo da: sea lo que sea seguro que tiene éxito y nos lo venderán después bajo la etiqueta de "la comedia del año en Francia".