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domingo, 28 de julio de 2019

Decálogo, nueve (1990)
















Título original: Dekalog, dziewięć
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia/Alemania, 1990, 58 minutos

Decálogo, nueve (1990) de Krzysztof Kieślowski

"No desearás a la mujer de tu prójimo". Tras recibir la confirmación, por parte de su médico de cabecera, de que, en lo sucesivo, ya no podrá mantener relaciones sexuales satisfactorias, Roman (Piotr Machalica) se irá distanciando progresivamente de su esposa, motivo por el cual Hanka (Ewa Blaszczyk) tiene una aventura con otro hombre. Sin embargo, los celos van a desatar una tormenta de resultados imprevisibles en el interior de Roman...

De hecho, llegará al extremo de pincharle el teléfono a Hanka y hasta de trasladarse al apartamento en el que su mujer y su amante se dan cita para así presenciar los encuentros amorosos de la pareja. Conducta obsesiva suscitada por la impotencia y que terminará derivando en una violenta pulsión suicida.

Al margen de lo arriba expuesto, la novena entrega del Decálogo es célebre por anticipar una serie de elementos que Kieślowski reutilizará en los títulos más destacados de su posterior filmografía, básicamente La doble vida de Verónica (1991) y la trilogía de los Tres colores (1993-1994).


viernes, 26 de julio de 2019

No matarás (1988)

















Título original: Krótki film o zabijaniu
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia, 1988, 84 minutos

No matarás (1988) de Krzysztof Kieślowski

El presidente Trump aboga en un mitin por recuperar la pena de muerte y las masas enfervorizadas aplauden de inmediato la ocurrencia como si en ella radicase la solución a todos los males. Son unas imágenes que hoy han reproducido los noticiarios de todo el mundo y que, sin proponérselo, demuestran la vigencia que sigue teniendo el filme de Kieślowski.

Porque, más allá de ser uno de los mandamientos capitales (si no el que más), "No matarás" significa, ante todo, "No matarás aunque seas el Estado y tu víctima un asesino sin atenuantes". Dos momentos de la película avalan con especial crudeza dicha tesis: uno es el asesinato del taxista, brutal y arbitrario; el otro, la sofisticada maquinaria que el estamento jurídico ha diseñado para acabar ensañándose sobre el reo con similar ferocidad...



Sin embargo, cuando, a raíz de las pesquisas del sumario, tengamos noticia de los antecedentes familiares y de la sordidez ambiental que han determinado la conducta de Jacek (Miroslaw Baka) se hará todavía más evidente la absurdidad de un sistema que no sólo engendra violencia, sino que, paradójicamente, se vale de ella para reprimirla.

He ahí el sombrío círculo vicioso en el que la especie humana se halla inmersa desde que el mundo es mundo y que Kieślowski, sabedor de las debilidades que nos impiden eludirlo, opta por traducir visualmente oscureciendo los márgenes del encuadre, a veces incluso la mitad de la pantalla.


jueves, 25 de julio de 2019

Decálogo, ocho (1990)




















Título original: Dekalog, osiem
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia/Alemania, 1990, 55 minutos

Decálogo, ocho (1990) de Krzysztof Kieślowski

"No dirás falso testimonio ni mentirás". Que la protagonista del capítulo octavo del Decálogo sea una distinguida profesora universitaria de ética no es precisamente casual, ya que lo que va a destaparse es un oscuro episodio de su pasado que pondrá en tela de juicio la presunta rectitud moral de la mujer.

Pero también asistimos a la trascendental confrontación de Elzbieta (Teresa Marczewska) con su verdadera identidad: la de la niña judía que en 1943 a punto estuvo de morir a manos de los nazis y que, milagrosamente, salvó el pellejo para convertirse, años más tarde, en una eminente investigadora norteamericana experta en el tema del holocausto.

El colaboracionismo es, por definición, uno de los asuntos más incómodos que puedan abordarse tanto en el plano de la ficción como, sobre todo, en el estrictamente historiográfico. De ahí que Piesiewicz y Kieślowski, ya de por sí ambiguos en el tratamiento de la mayoría de sus guiones, eviten en éste de un modo especial el hablar a las claras, limitándose a diseminar, aquí y allá, leves indicios que permitan desentrañar la auténtica naturaleza de los personajes. Como ese vecino de Zofia (Maria Koscialkowska) que presume orgulloso de su colección de sellos alemanes o el hijo ausente de la mujer, que se niega a vivir con ella porque quizá intuye la implicación que tuvo su madre con el genocidio.


miércoles, 24 de julio de 2019

Sin fin (1985)




Título original: Bez końca
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia, 1985, 107 minutos

Sin fin (1985) de Krzysztof Kieślowski


Es axioma universalmente aceptado en los círculos cinéfilos considerar buen augurio el hecho de que una película dé comienzo siendo narrada por un difunto. Así arrancaba, por ejemplo, Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950) de Billy Wilder, por citar el paradigma de tan necrófila categoría. 

Y así es como empieza Bez końca, el filme que supondría la primera de tantísimas colaboraciones entre el cineasta Krzysztof Kieślowski y su guionista habitual, a partir de entonces, Krzysztof Piesiewicz. También fue, por cierto, el inicio de la fructífera asociación entre Kieślowski y el compositor Zbigniew Preisner. Conforman el reparto muchos de los actores habituales en las producciones del director polaco: Grazyna Szapolowska (Urszula), Aleksander Bardini (el letrado Labrador), Maria Pakulnis (Joanna), Artur Barciś (el encarcelado Darek)…

El difunto Antek (Jerzy Radziwilowicz)


Crítica con el sistema socialista en la misma medida que lo había sido, anteriormente, El azar (1981), Sin fin plantea un escenario moralmente desolador como consecuencia del estado de sitio decretado por el general Jaruzelski entre diciembre de 1981 y julio de 1983. Una drástica y sanguinaria ley marcial mediante la que se pretendió neutralizar la creciente popularidad del sindicato católico Solidarność.

He ahí el contexto histórico y social en el que se desarrolla la historia de Urszula, traductora de Orwell, madre de un hijo y viuda del abogado cuyo espíritu, ya desde la escena inicial, va a ser testigo de la mayor parte de acontecimientos. Puede que Piesiewicz y Kieślowski no albergasen la más mínima intención de valerse de símbolos en su cine —tal y como manifestara el primero de ellos, hace unos días, en su reciente visita a la Filmoteca de Catalunya—, aunque ello no impide que quien lo desee vea, en determinados momentos de Bez końca (el curandero que "sana" a sus pacientes a través de la hipnosis, la fiel esposa que aparca sus ideales para prostituirse a cambio de cincuenta míseros dólares...), una advertencia certera de lo que le esperaba a Polonia tras el comunismo.


martes, 23 de julio de 2019

Decálogo, cuatro (1990)

















Título original: Dekalog, cztery
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia/Alemania, 1990, 55 minutos

Decálogo, cuatro (1990) de Krzysztof Kieślowski

"Honrarás a tu padre y a tu madre". Según la mayoría de comentaristas, el cuarto episodio del Decálogo aborda lo que podría calificarse de caso edípico. Y es que, como en las mejores tragedias griegas, Anka (Adrianna Biedrzynska) viola un tabú en forma de sobre cuyo contenido no debería haberse desvelado hasta después de la muerte del padre (Janusz Gajos).

A raíz de las revelaciones que desencadena dicha transgresión, la joven —quien, sintomáticamente, es estudiante de arte dramático— no dudará en confesar lo muy atraída que se siente hacia la figura paterna, con todo lo que ello conlleva.

Sin embargo, y ahí es cuando interviene el habitual toque irónico del tándem Kieślowski/Piesiewicz, las cosas no son siempre lo que parecen y una verdad o una mentira se pueden intercambiar como si nada con tal de mantener las cosas tal y como estaban... Mientras tanto, el habitual y sigiloso vecino que se pasea por el barrio a lo largo de las diez entregas (Artur Barciś), deambula tranquilamente parapetado bajo el casco de una canoa blanca.


Decálogo, tres (1990)




Título original: Dekalog, trzy
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia/Alemania, 1990, 56 minutos

Decálogo, tres (1990) de Krzysztof Kieślowski


"Santificarás las fiestas". Puede que la nochebuena no sea el momento idóneo para ir en busca de tu antiguo amante y pedirle un favor de los gordos. Sobre todo si éste consiste en que te ayude a localizar a tu marido por los hospitales de Varsovia...

Pero Janusz (Daniel Olbrychski) ejerce como taxista, cosa que facilita enormemente los desplazamientos a través de la capital en las gélidas noches de invierno. De modo que Ewa (Maria Pakulnis) recurre a él, a pesar de que no le hubiera quedado muy buen recuerdo de la relación que un día los unió.

Y aunque dicho argumento parezca propio de una comedia negra —con el buen hombre plantando a su esposa e hijos en la vigilia de Navidad y fingiendo, para más inri, el robo de su propio vehículo— lo cierto es que todo en esta tercera entrega del Decálogo destila un innegable sabor a soledad: la de quienes un buen día renunciaron a su propia felicidad a cambio del tedioso bienestar familiar.


martes, 16 de julio de 2019

Decálogo, dos (1990)
















Título original: Dekalog, dwa
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia, 1990, 57 minutos

Decálogo, dos (1990) de Krzysztof Kieślowski

"No tomarás el nombre de Dios en vano." Arduo dilema el que planteaba la segunda entrega del Decálogo de Kieślowski. Una mujer, violinista de la orquesta filarmónica, acude a la consulta de un veterano doctor aquejada por una disyuntiva de muy difícil solución: su marido está en coma y ella embarazada de otro hombre. ¿Qué puede hacer? Si el facultativo le asegura que el esposo carece de opciones de salvarse, ella tendría el niño; pero en caso de que aquél sobreviviera, no le quedaría más remedio que abortar.

Sin comerlo ni beberlo, el médico se siente forzado, en cierta manera, a actuar como Dios, puesto que de su respuesta dependerá el que se salve una vida humana o no. Con el añadido, nada desdeñable, por otra parte, de la carga de conciencia que ello representa en un país de fuerte tradición católica como es el caso de Polonia.

Y es que, independientemente de lo que decidan, tanto el uno como la otra arrastran el peso de su propio pasado, cada cual con sus respectivos fantasmas (el viejo galeno, sin ir más lejos, se sincera a menudo con su asistenta mientras toman el té en la cocina de su apartamento). Sea como fuere, a Kieślowski lo que le gusta filmar de cerca son esas pequeñas filigranas que actúan como paralelismo sutil del estado anímico de sus personajes. Así, por ejemplo, cuando Andrzej despierte de su largo letargo, se insertará el primer plano de una avispa que, casi ahogada en el interior de un vaso, logra en el último instante librarse de una muerte que parecía segura.


Decálogo, uno (1989)




Título original: Dekalog, jeden
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia/Alemania, 1989, 53 minutos

Decálogo, Uno (1989) de Krzysztof Kieślowski


"Amarás a Dios sobre todas las cosas". En esta primera entrega de su particular Decálogo, Kieślowski y el guionista Krzysztof Piesiewicz plantean la situación límite que debe afrontar un padre cuyo hijo fallece como consecuencia de haberse roto el hielo sobre el que patinaba el niño. Fatalidad aún más dolorosa si se tiene en cuenta que es el hombre quien, fiándose de la supuesta infalibilidad de sus propios cálculos matemáticos, envía a la criatura al fatídico destino que le aguarda sobre la superficie helada del lago.

Pese a llamarse Krzysztof, no se puede decir que este individuo sea particularmente cristiano: profesor universitario en la Facultad de Lingüística, mantiene una actitud vital basada, ante todo, en la confianza ciega en la razón. De ahí su pasión por los ordenadores, la aritmética o el ajedrez, aficiones, todas ellas, que ha ido inculcándole al pequeño Pawel (otro nombre irónico, por cierto, teniendo en cuenta que este último no se cae de un caballo para ganar la fe, sino que cae al agua para perder la vida).

Kieślowski, pesimista confeso e irredento, parece que haga gala de un especial gusto por el sarcasmo al colocar al padre en semejante tesitura, ya que, falto de todo fervor religioso, el hombre no puede hallar ni respuesta ni consuelo frente al altar que, desesperado, termina por derribar: tirado por el suelo, sobre un icono de la Virgen caerán algunas gotas de cera que, procedentes de los cirios que lo alumbraban, semejan lágrimas.


jueves, 4 de julio de 2019

No amarás (1988)




Título original: Krótki film o milosci
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia, 1988, 87 minutos

No amarás (1988) de Krzysztof Kieślowski


En esencia, el planteamiento de No amarás no dista gran cosa del de La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) de Hitchcock: un muchacho de diecinueve años, solitario y enfermizamente tímido, vive obsesionado por su madura vecina de enfrente, a la que espía con la ayuda de un telescopio. Sin embargo, en manos de Krzysztof Kieślowski (1941–1996) la historia adquiere una dimensión cuasi trascendente que va mucho más allá de la intriga morbosa (por otra parte magistral) del Mago del suspense.



La Filmoteca de Catalunya inauguraba esta tarde retrospectiva y exposición dedicadas al cineasta polaco. Y lo hacía de la mano de Krzysztof Piesiewicz, el guionista habitual de buena parte de sus películas. Hombre dotado de una circunspección típicamente eslava, en sus respuestas a las preguntas del público denota, en cambio, una cercanía que se traduce en explicaciones detalladas, sin prisas, ahondando en las cuestiones que se le plantean. Así, por ejemplo, rechaza las comparaciones con Tarkovsky, en cuyos filmes los vasos levitan, y se muestra partidario de un realismo metafísico alejado de todo simbolismo.



Es decir, que ni las botellas de leche que Tomek (Olaf Lubaszenko) deja en la puerta de Magda (Grazyna Szapolowska) representan la maternidad ni el hombre vestido de blanco que pulula por el barrio acarreando una maleta es un ángel o el ojo de Dios: si alguien ha planteado dichas interpretaciones es porque pierde de vista que el muchacho necesita hacerse pasar por lechero para poder estar cerca de la mujer o que en la zona de apartamentos en la que ambos viven hay otros vecinos.

Sexto episodio del Decálogo televisivo de Kieślowski, No amarás tuvo, no obstante, esta otra versión extendida y con un final distinto, algo que provocó disensiones entre el director y Piesiewicz, quien admite que no le gusta que Magda, en el último plano, se vea a sí misma a través del catalejo. En cualquier caso, ésta es una película sobre miradas que nos habla de un amor imposible y qué mejor manera de terminarla que con una escena que es, en sí misma, un homenaje al propio cine.