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sábado, 8 de octubre de 2022

Un dios salvaje (2011)




Título original: Carnage
Director: Roman Polanski
Francia/Alemania/Polonia/España/EE.UU., 2011, 80 minutos

Un dios salvaje (2011) de Roman Polanski


Cuando era chaval, recuerdo perfectamente que mi madre, una campesina andaluza sin estudios pero dotada de un extraordinario sentido común, solía decir: "Si mi hijo se pelea en la calle con otro niño, yo no iré a pedirle explicaciones a su madre. Porque los críos al día siguiente vuelven a ser amigos y yo, en cambio, me habré discutido con esa señora para nada". Sabias palabras, sin duda, que los protagonistas de Carnage (2011) distan de poner en práctica. Muy al contrario, estos padres de hoy en día adolecen de una corrección política tan puritana como hipócrita. Y bajo las buenas maneras que practican, adornadas incluso con ínfulas intelectuales, se esconde una fiera dispuesta a matar, si hace falta, para defender a sus cachorros.

No hay más que oír los términos en los que se expresan en la primera escena, mientras redactan una ridícula declaración a propósito de lo ocurrido, una simple riña entre muchachos en el parque que se salda con una violenta agresión, para darse cuenta de hasta qué punto el mundo se ha vuelto loco. Porque todas esas expresiones eufemísticas que pretenden sonar o muy legales o muy civilizadas ("sentido comunitario", "sentido del honor", "contexto social"...) no son más que la tapadera de la agresividad que rige el comportamiento de los seres humanos.



Y lo mismo pudiera decirse de la hospitalidad con la que los Longstreet, propietarios del acogedor apartamento neoyorquino repleto de libros de arte y ramos de tulipanes donde se desarrolla la acción, agasajan a los Cowan. A simple vista parece que Penelope (Jodie Foster) y Michael (John C. Reilly) desean sinceramente congraciarse con Nancy (Kate Winslet) y Alan (Christoph Waltz). Pero la gradual escalada de exabruptos que terminan protagonizando echa por tierra cualquier esperanza de que la cortesía sea capaz de contener nuestros instintos más primarios.

Adaptación de la pieza teatral de Yasmina Reza Le Dieu du Carnage, estrenada en París en 2008, la peculiar estructura de un filme que transcurre mayoritariamente en un único espacio (con la salvedad de las imágenes de la refriega y posterior convivencia de los chicos en el parque, al principio y al final de la película) permitió que Polanski rodase las escenas en orden cronológico. Lo cual favorece, a su vez, que la comicidad del guion vaya progresando desde la cordialidad inicial hasta la apoteósica discusión, despojados ya de sus respectivas máscaras, en la que acaba degenerando la reunión.



martes, 4 de junio de 2019

Sé natural: la historia no explicada de Alice Guy-Blaché (2018)




Título original: Be Natural: The Untold Story of Alice Guy-Blaché
Directora: Pamela B. Green
EE.UU., 2018, 103 minutos

Sé natural: la historia no explicada de Alice Guy-Blaché (2018)
de Pamela B. Green


"¿Cómo es posible que jamás haya oído hablar de ella?" Quienes tienen noticia por vez primera de la cineasta francesa Alice Guy (1873–1968) se suelen hacer de inmediato esta misma pregunta. Porque tratándose de una de las pioneras de la historia del cine, con una filmografía en su haber (según consta en IMDb) de cuatro cientos cuarenta y cinco títulos como directora, difícilmente se puede concebir que una figura de tal calibre haya caído en el olvido.

Concebido, como el aclamado Searching for Sugar Man (2012) de Malik Bendjelloul, con el firme propósito de rehabilitar la memoria del personaje motivo de interés, el documental adquiere la estructura de una investigación en toda regla, abrumadoramente frenética tanto en su desarrollo como en el enorme volumen de información que se condensa. Así pues, la voz en off de Jodie Foster, narradora y productora ejecutiva del proyecto, irá desglosando los pormenores de la azarosa trayectoria de una mujer cuya carrera arranca en el París de los Lumière para continuar, a partir de 1910, en la incipiente industria americana.



Tal y como señalan algunos de los numerosos testimonios que participan en Be Natural: The Untold Story of Alice Guy-Blaché, sería posible establecer un paralelismo entre la efervescencia creativa de aquellos primeros años y la actual proliferación de vídeos caseros a través de YouTube. Sin embargo, y así lo confirma el interés que suscitó su obra entre cineastas de la talle de Eisenstein o el propio Hitchcock, Alice Guy se avanzó a su tiempo al apostar por métodos que hoy se nos antojan de lo más moderno. Como aquel lema que mandó escribir en las paredes de los estudios Solax en Fort Lee (Nueva Jersey) y del que este documental toma su título: "Sé natural", en alusión a la actitud que Guy recomendaba adoptar a sus intérpretes en una época, la del cine mudo, tan dada a las poses grandilocuentes frente a la cámara.

Lo que vino después responde a los parámetros habituales en un mundo hecho a medida de los hombres: un matrimonio (con su socio Herbert Blaché) que hace aguas, una historiografía (representada por individuos de mente estrecha como Georges Sadoul) que tiende a soslayar la contribución de tantas directoras hasta el punto de atribuir algunos de sus filmes a otros cineastas... En fin: la práctica condena a la invisibilidad, pese al ingente legado que nos dejó y que ahora otra realizadora, Pamela B. Green, se ha propuesto rescatar.


jueves, 22 de febrero de 2018

Taxi Driver (1976)




Director: Martin Scorsese
EE.UU., 1976, 114 minutos

Taxi Driver (1976) de M. Scorsese


Director cinéfilo por antonomasia, hasta en la película más emblemática de Scorsese es posible seguir el rastro de referencias explícitas a la obra de cineastas como, por ejemplo, Alfred Hitchcock. Comenzando por la genial banda sonora de Bernard Herrmann (1911-1975), una partitura de inspiración jazzística que sería la obra póstuma del compositor. Aunque es, sin embargo, en el guion de Paul Schrader donde el influjo ejercido por el Mago del suspense puede apreciarse de un modo más evidente.

En ese sentido, Travis Bickle (el personaje que catapultó a la fama a Robert De Niro) pertenece, salvando las distancias (que no son pocas), a la misma ralea que el protagonista de Sospecha (1941), un Cary Grant que llevaba de cabeza al espectador y a Joan Fontaine al intentar dilucidar sus verdaderas intenciones y que, en el último plano, alargaría el brazo sobre los hombros de su esposa mientras los vemos alejarse de espaldas en el automóvil que conducen, en un gesto que presagia los peores auspicios para la integridad física de la mujer.



Taxi Driver también termina en el interior de un coche (un "ataúd metálico", en opinión del propio Schrader). Y podemos tener la certeza de que, cuando Travis se adentra finalmente en la noche de Nueva York, una amenaza tan real como terrible se cierne sobre la misma ciudad que semanas atrás lo aclamó como héroe. Porque somos nosotros quienes, durante casi dos horas, hemos asistido al proceso de radicalización de este antiguo combatiente de la guerra de Vietnam. De ahí que, al ver cómo mira por el retrovisor dónde se ha bajado Betsy (Cybill Shepherd), uno se tema lo peor, por más abierto que parezca el final.

Sutil, perversa y, sobre todo, sarcástica, la obra maestra de Scorsese (quien se reserva un par de cameos, uno de ellos como neurótico pasajero de Travis) plantea hasta qué punto es delgada la línea que separa la heroicidad de la villanía en las sociedades modernas. Una verdad incómoda que, en el caso concreto de la América del 76, adquiría una dimensión aún más inquietante, si cabe, por la inmediatez del conflicto que justo acababa de finalizar, pero que hoy tendría su correlato en cómo asimila aquel país a los veteranos que se reincorporan a la vida civil tras regresar de Irak, Afganistán o Siria.