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viernes, 14 de junio de 2024

Los ojos sin rostro (1960)




Título original: Les yeux sans visage
Director: Georges Franju
Francia/Italia, 1960, 90 minutos

Los ojos sin rostro (1960) de Georges Franju


Filme de culto por antonomasia, el estreno de Les yeux sans visage (1960) estuvo marcado por una polémica que hoy resultaría cuando menos ingenua. Y es que el argumento que plantea (un cirujano plástico obsesionado por reconstruir, cueste lo que cueste, el rostro maltrecho de su hija) incomodó a un público que aún no estaba preparado para este tipo de tramas. De hecho, su director, el francés Georges Franju (1912-1987), defendió por activa y por pasiva que la suya no era una simple película de terror, como la mayor parte de críticos la clasificaron, sino que giraba en torno a temas de índole más profunda, por ejemplo la culpa o el carácter enfermizo de determinadas relaciones familiares.

Sea como fuere, lo cierto es que el influjo surrealista de cuanto acontece en la pantalla, unido al hieratismo de unos personajes cuya extrema frialdad sigue inquietando a propios y extraños, posee, al mismo tiempo, una cierta pincelada tragicómica, incluso grotesca, que las notas de la banda sonora de Maurice Jarre no hacen sino acentuar. Una atmósfera de lo más extravagante, a medio camino entre el castillo de Barba Azul y la sala de los horrores del doctor Mabuse, en cuya elaboración participaron, además de Claude Sautet, el tándem Boileau-Narcejac, responsables de títulos inolvidables que darían pie a otras tantas obras maestras de la historia del cine, siendo Vértigo (1958) o Las diabólicas (1955) algunas de las más célebres.



Pierre Brasseur encarna al circunspecto doctor Génessier, un hombre atormentado por haber sido el causante del accidente que deformó la cara de su hija Christiane (Edith Scob) y dispuesto a hacer lo que sea con tal de devolverle su apariencia, lo cual, gracias a la fiel ayuda de su abnegada asistente Louise (Alida Valli), lo convierte en un atípico asesino en serie que experimenta con los perros que encierra en el sótano de su residencia, una solitaria finca situada a las afueras de París donde, aparte de cobayas, retiene a las víctimas de sus horrendos ensayos clínicos.

Así pues, no es de extrañar la enorme influencia ejercida por semejante portento sobre cineastas posteriores de todo tipo, ya se trate del Almodóvar de La piel que habito (2011) o, mucho antes que el manchego, del prolífico Jesús Franco, quien se valió de una premisa bastante parecida a la hora de pergeñar la no menos hilarante Gritos en la noche (1962).



martes, 7 de julio de 2020

Banda aparte (1964)




Título original: Bande à part
Director: Jean-Luc Godard
Francia, 1964, 95 minutos

Banda aparte (1964) de Jean-Luc Godard


Dos son las escenas que todo el mundo recuerda de esta película: por una parte, la del trío protagonista bailando acompasadamente el Madison (una coreografía de moda); por otra, la de estos mismos individuos corriendo a toda velocidad a través de las salas del museo del Louvre. Lo cual da una idea del espíritu burlón con el que Godard, enfant terrible de la Nouvelle Vague, afrontó el rodaje de uno de los títulos más emblemáticos de la primera etapa de su filmografía.

Ante todo, Bande à part es un homenaje a la literatura de quiosco en su vertiente noir, como lo atestigua el hecho de que Franz (Sami Frey) y Arthur (Claude Brasseur) se propongan dar un golpe según los parámetros de las novelitas que tanto les gusta leer. Aunque tampoco faltan, como es habitual en toda la obra de su director, referencias continuas a Rimbaud, Poe, Queneau, Shakespeare, Louis Aragon (autor de la letra de la canción que Odile canta en el metro) y otros poetas de la cultura con mayúsculas.



También la secuencia en la academia de inglés forma parte de los momentos memorables del filme, no sólo porque supone la entrada en contacto de Odile (Anna Karina) con los que van a ser sus compañeros de correrías, sino por aquello que, parafraseando a T. S. Eliot, escribe la profesora en la pizarra: clásico es igual a moderno, puesto que todo lo nuevo se convierte de inmediato en tradición.

La música de Michel Legrand y la fotografía en blanco y negro de Raoul Coutard son algunos de los ingredientes que contribuyen a crear la inconfundible atmósfera de una cinta que, como tantas veces en Godard, oscila entre lo cómico y lo profundo, entre la boutade aparentemente absurda (como el "minuto" de silencio de los tres protagonistas en un café) y las citas trascendentalmente solemnes en boca de unos seres que parecen ir a la deriva sin tomarse demasiado en serio a sí mismos.


lunes, 24 de diciembre de 2018

Sobre ruedas (2018)




Título original: Tout le monde debout
Director: Franck Dubosc
Francia/Bélgica, 2018, 107 minutos

Sobre ruedas (2018) de Franck Dubosc


Con la pericia que caracteriza al cine comercial francés (factura impecable, guion bien escrito, localizaciones de lo más chic...), el actor Franck Dubosc debuta en la dirección gracias a una de esas comedias que vienen precedidas por su enorme éxito de taquilla en el país vecino. Lo cual no tiene nada de extraño, habida cuenta de que se sirve de una fórmula que les suele funcionar a las mil maravillas. 

Abrimos la coctelera y echamos una buena cantidad de protagonista en silla de ruedas con afán de superación (IntocableCon todas nuestras fuerzas...); acto seguido, se mezcla la parte proporcional de personaje que vive a costa de fingir lo que no es (Quiero ser italiano, Salir del armario...); finalmente, añadir actrices de enorme atractivo físico y mejores dotes interpretativas (Alexandra Lamy, Caroline Anglade...). Sírvase en forma de elegante trama de enredo, con diálogos brillantes, secundarios sobradamente experimentados (Gérard Darmon, Elsa Zylberstein...) y algún que otro cameo (François-Xavier Demaison haciendo de cura, el veterano Claude Brasseur como padre del protagonista...). Y si encima se estrena justo antes de Navidad, ¡mejor que mejor!

Florence (Alendra Lamy) interpretando el Adagio de Albinoni

Tout le monde debout (con el Sobre ruedas de la versión española se pierde la ironía del título original: "Todo el mundo de pie") posee los elementos necesarios para hacer las delicias del espectador medio, aunque también detalles dirigidos a paladares más exigentes. Como, por ejemplo, la escena en la que el caradura Jocelyn (Dubosc) y la bella Florence (Lamy) comparten una romántica cena en tête-à-tête y, de repente, el suelo se hunde hasta quedar ambos flotando sobre las aguas de la piscina que hay debajo. Recurso efectista, se nos dirá (y con razón), pero es que hay que fijarse en que el vestido de ella, rojo pasión, se abrirá progresivamente a su alrededor como lo hacía el de Juanita de Córdoba (Karin Dor) en Topaz (1969).

Los detractores de una película como ésta dirán que hay momentos en los que se vale de los mismos recursos que determinados formatos televisivos en boga (a saber: último grito en interiorismo como en Mi casa es la tuya o galanteo entre puretas a lo First Dates). También, que no deja de ser una comedia bienintencionada con el único objetivo de concienciar al personal sobre la necesidad de superar el concepto de discapacitado y la habitual dosis de compasión que lleva implícito. Cierto. Pero quien tenga amplitud de miras suficiente como para ver más allá, forzosamente habrá de rendirse ante el encanto de un filme hecho con el corazón.

Ángulo cenital inspirado en Topaz al que antes aludíamos

martes, 7 de marzo de 2017

El señor Henri comparte piso (2015)




Título original: L'étudiante et Monsieur Henri
Director: Ivan Calbérac
Francia, 2015, 98 minutos

« N'attrape pas froid ! »

El Sr. Henri comparte piso (2015)


Hace una semana, comentando Manual de un tacaño, nos preguntábamos cuál sería el siguiente de los arquetipos creados por Molière en inspirar alguna comedia francesa de éxito. Y la respuesta no ha tardado en llegar, puesto que hasta los menos avispados sabrán percibir el ascendente ejercido por Le Misanthrope sobre L'étudiante et Monsieur Henri (estrenada comercialmente entre nosotros con el título de El Sr. Henri comparte piso).

Curiosamente, ambos filmes comparten algo más que su indudable fuente de inspiración clásica: se trata de la presencia de la joven actriz Noémie Schmidt, claro valor en alza del cine francés. Si en la peli de Fred Cavayé era la hija del avaro, un año antes (en lo que supuso su largometraje de debut) había encarnado a Constance Piponnier, la joven de Orléans, hija de un mercader de hortalizas, que decide trasladarse a París y que irá a topar con el huraño viudo Henri Voizot (Claude Brasseur). En un principio reacio a admitir a nadie en sus dominios, el anciano se acabará, sin embargo, dulcificando un tanto a raíz de alquilarle una habitación a la estudiante y convivir con ella.

Pero el señor Henri, como misántropo de libro que es, nunca abandonará del todo la acrimonia que lo caracteriza, en especial en lo concerniente a su hijo y a su metódica nuera Valérie (Frédérique Bel), a la que detesta. De hecho, hasta intenta convencer a Constance de que seduzca a Paul (Guillaume de Tonquédec) para así destruir el matrimonio. Y como ésta va necesitada de dinero... Además, ya antes la hemos visto liada con su profesor de autoescuela, con lo que el espectador no se sorprende de la posible relación con un hombre mayor que ella.



Aparte del motivo del eterno cascarrabias, es en Constance en la que encontramos otros temas de interés. Como, por ejemplo, que su nombre de pila no es casual, pues a pesar de haber suspendido cinco veces el carné de conducir o la asignatura que le falta para terminar la carrera, ella no se rinde (no pierde la "constancia"). Y tampoco en su sueño, alentado por el octogenario Henri, de convertirse en compositora. En esto último, se gana la confianza del abuelo tras interpretar en el piano que fue de su difunta esposa el Adagio en re menor de Alessandro Marcello en la conmovedora transcripción de Bach. Y como ésta falleció al caer por una ventana como consecuencia de su afición por la bebida, no es extraño que Monsieur Henri intente evitar ahora que Constance ahogue sus penas en el alcohol. Porque, por más acritud que desprendan a veces sus palabras, lo que le ocurre en realidad a este hombre es que su manera de decir "te quiero" o "me importas" es "no hagas esto", "no hagas lo otro" o simplemente "¡abrígate, que te vas a resfriar!"

Pieza teatral antes que película, ambas a cargo del bretón Ivan Calbérac, por su planteamiento basado en el retrato amable de los conflictos entre padres e hijos o en la problemática derivada de la convivencia forzosa de personajes pertenecientes a distintas generaciones, El Sr. Henri no sólo comparte piso sino también algunos puntos en común con la reciente Retour chez ma mère de Éric Lavaine, que ya tuvimos ocasión de analizar hace algunas semanas.


domingo, 24 de abril de 2016

Detective (1985)









Título original: Détective
Director: Jean-Luc Godard
Francia/Suiza, 1985, 95 minutos



No es tarea fácil resumir el argumento de Detective, probablemente porque, como ocurre en la mayor parte de la filmografía de Godard, no lo hay. Limitémonos, pues, a decir que un par de investigadores privados (William Prospero y el inspector Neveu, interpretados respectivamente por el desaparecido Laurent Terzieff y el mítico actor insignia de la Nouvelle vague Jean-Pierre Léaud) siguen desde una habitación de hotel la pista de un crimen que se cometió allí dos años atrás; que un representante de boxeadores llamado Jim Fox Warner (el cantante Johnny Hallyday) mantiene contactos con la mafia (Alain Cuny será Old Mafioso) y con el matrimonio Chenal (Nathalie Baye y Claude Brasseur)...

Laurent Terzieff

En fin, no vale la pena continuar. Godard se limitó, en una película de encargo producida por Alain Sarde, a acumular los estereotipos más habituales del cine negro para confeccionar su ya habitual retahíla de citas literarias (Leonardo Sciascia, Joseph Conrad...), musicales (Schubert, Chopin...) y cinéfilas (La bella y la bestia de Cocteau, La escuadrilla deshecha con Erich von Stroheim...)

Jean-Pierre Léaud

Con todo, Detective contiene hallazgos geniales y divertidos, como la imagen del púgil Tiger Jones (Stéphane Ferrara) devorando una barra de chocolate gigante o boxeando (suavemente, ça va de soi) con los senos de una muchacha. Aparte de que este filme supuso el debut de Julie Delpy. Aunque de eso mejor hablamos otro día...

Godard (centro) durante el rodaje de Detective

viernes, 18 de marzo de 2016

La fiesta (1980)




Título original: La boum
Director: Claude Pinoteau
Francia, 1980, 110 minutos

La fiesta (1980) de Claude Pinoteau


A sus trece años, Vic se enfrenta a la necesidad de entablar amistad con otros jóvenes en su nuevo instituto. Por eso se alegra tanto cuando la invitan al guateque que se prepara en casa de unos compañeros. Pero convencer a sus padres para que la dejen ir no será tarea fácil... De todas formas, Vic siempre puede contar con la ayuda inestimable de Poupette (Denise Grey), una abuela de lo más marchoso, arpista profesional y consejera particular de su nieta.

La actriz Sophie Marceau debutaba en la gran pantalla en 1980 con esta comedia familiar sobre la relación entre padres y adolescentes escrita por la hoy directora Danièle Thompson y dirigida por Claude Pinoteau. Ciertamente, el paso del tiempo no juega a favor de filmes como este, aunque, de todas maneras, resulta curioso observar en él cómo han evolucionado determinados valores en la sociedad francesa desde aquel entonces. En ese aspecto, La fiesta aporta de un modo natural lo que otros títulos, como El Skylab (Julie Delpy, 2011), se han esforzado en recrear en un alarde nostálgico: los éxitos que sonaban en las pistas de baile, la moda en el vestir, los giros y expresiones en la forma de hablar, el primer amor...

Mathieu (Alexandre Sterling) y Vic (Sophie Marceau) en pleno guateque


En segundo término, la película trata también el tema de la crisis de pareja de los Beretton, los padres de la protagonista. François (Claude Brasseur), de profesión odontólogo, se ve en la necesidad de improvisar coartada tras coartada para hacer frente a una antigua amante que le requiere una última noche de pasión. Pero como el dentista aún sigue queriendo a su mujer acabará por confesárselo todo a Françoise (Brigitte Fossey), quien, como su hija, también contará con la complicidad de Poupette, en esta ocasión para tramar una memorable vendetta contra la perfumista Vanessa (Dominique Lavanant). Aunque, como no podía ser menos, Françoise (dibujante de cómics) se la devolverá a su marido liándose con el profesor de alemán (y tutor) de Vic.

Debido al éxito comercial de La fiesta, se filmó una segunda parte en 1982 que se tituló Quince años recién cumplidos, igualmente protagonizada por el mismo elenco de actores. Se trata de una fórmula que posteriormente ha mantenido su vigencia (y ¿cómo no, si cada miembro de la familia se puede identificar con algún personaje?), aunque hoy en día es Sophie Marceau la que hace de madre enrollada en pelis como las dos entregas de LOL (Lisa Azuelos, 2008 y 2012), La felicidad nunca viene sola (James Huth, 2012) o Reencontrar el amor (Lisa Azuelos, 2014).