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viernes, 12 de julio de 2019

Hadewijch (2009)




Director: Bruno Dumont
Francia, 2009, 105 minutos

Hadewijch (2009) de Bruno Dumont


Iconoclasta y provocador, Bruno Dumont concibe en Hadewijch (2009) uno de sus habituales escenarios improbables: tras su estancia como novicia en un convento de monjas, la hija de unos acaudalados parisinos de porte aristocrático se hace amiga íntima de unos yihadistas de la banlieu. Y se queda tan ancho el hombre... A ver quién es el guapo que se atreve a decir que su cine no es valiente.

Y, sin embargo, lejos de resultar disparatado, dicho planteamiento termina siendo perturbador a más no poder. Sobre todo a partir del momento en el que la cándida Céline (Julie Sokolowski) se preste a participar en un atentado suicida en el metro. ¡Y pensar que estamos hablando de un filme que se estrenó hace diez años! Desde luego, este Dumont, además de heterodoxo, es un visionario.



Aun así, la película también pone encima de la mesa el tema de la inestabilidad política y social que se vive en los países árabes, a menudo castigados por conflictos bélicos que se eternizan mientras la población civil paga las consecuencias. En ese sentido, la visita fugaz de Céline a lo que parece ser el Líbano, en cuyas calles ve morir a un niño a consecuencia de un bombardeo, no hace sino añadir leña al fuego tratándose de una cuestión ya de por sí espinosa.

Lo cual nos lleva a la noción de invisibilidad que, según sostiene Nassir (Karl Sarafidis) en uno de sus seminarios clandestinos para captar adeptos, parece connatural a las religiones reveladas, pero que, en el contexto ideado por Dumont, se puede entender como la indiferencia de Occidente respecto al mundo islámico o, incluso, de los propios franceses hacia los musulmanes que viven en aquel país.


martes, 28 de agosto de 2018

La Humanidad (1999)




Título original: L'Humanité
Director: Bruno Dumont
Francia, 1999, 141 minutos

La Humanidad (1999) de Bruno Dumont


Una pequeña localidad de provincias, el cadáver de una niña con evidentes señales de violencia, un comisario y un inspector en busca del asesino... Con ingredientes similares, Ladislao Vajda realizó El cebo (1958), excelente filme policíaco a partir de una novela de Friedrich Dürrenmatt que Sean Penn volvería a adaptar años más tarde, con Jack Nicholson como protagonista, bajo el título de El juramento (The Pledge, 2001).

Pero L'Humanité, pese a partir de esos mismos elementos, trasciende por completo el marco de las investigaciones policiales. Porque Bruno Dumont, cineasta de la peculiaridad, posee el insólito don (para otros, insufrible defecto) de no dejar a nadie indiferente. Y aunque en ocasiones, caso de Camille Claudel 1915 (2013), se muestre algo más comedido, hay en su estilo una serie de rasgos, enseguida reconocibles, que ponen de manifiesto una mirada tan personal como transgresora.



Quien no entre en su juego creerá estar presenciando una sarta de disparates, la historia de un pobre imbécil que vive con su madre y cuyo comportamiento, parsimonioso en exceso, delata algún tipo de trastorno mental. Craso error, ya que en la obra de Dumont lo aparentemente estrafalario esconde razones muchísimo más profundas. Así pues, cuando sepamos que Pharaon (Emmanuel Schotté) perdió a su mujer y su hija en un grave accidente, empezará a quedar claro por qué le está afectando tanto el caso que intenta resolver.

Una empatía hacia los que sufren que quizá explique la particular forma que tiene de consolar a los detenidos en comisaría. He ahí la humanidad a la que alude el título, la misma que, en un arrebato de altruismo extremo, le habría llevado a autoinculparse de un crimen que realmente no ha cometido para, de ese modo, salvar al novio de su adorada Domino (Séverine Caneele). ¿Quién sabe? Esto es sólo una posible explicación que se deduce del último plano. Aunque, teniendo en cuenta que antes habremos visto a Pharaon levitar en su huerto, también quedaría la puerta abierta a posibles interpretaciones sobrenaturales.


martes, 20 de marzo de 2018

Jeannette. La infancia de Juana de Arco (2017)




Título original: Jeannette, l'enfance de Jeanne d'Arc
Director: Bruno Dumont
Francia, 2017, 105 minutos

Jeannette. La infancia de Juana de Arco (2017)


Ya hemos hablado en alguna ocasión del personal estilo que el realizador francés Bruno Dumont imprime a sus películas: entre lo grotesco y lo absurdo, hace falta ser muy cinéfilo para no salir corriendo de la sala de proyección a la mínima de cambio. Y, sin embargo, resulta innegable su capacidad de no dejar indiferente a nadie, lo cual ya es un mérito en sí mismo. En la última de las entregas por él firmada se atreve con uno de los símbolos intocables de la vieja Francia (claro que, tratándose de alguien que debutó en 1997 con La vida de Jesús, hablar ahora de Santa Juana de Arco debe de ser pan comido, aunque sea a ritmo de heavy metal).

Así, de entrada, lo primero que llama la atención de Jeannette es una dirección de fotografía en la que el azul posee un protagonismo indiscutible: de ese mismo color son el cielo, el vestido de Jeanne, los muros de la casa paterna... Se diría que, al igual que ocurriera con Picasso, Dumont atraviesa un período creativo azul. Que contrasta, en la composición de muchos otros encuadres, con el verde de la vegetación o la tonalidad mate de la arena. En definitiva, un tratamiento de la imagen aparentemente deudor de la pintura del siglo XV.



De hecho, al ver a esa niña rodeada de ovejas es inevitable pensar en otras apuestas arriesgadas del cine galo cuyos autores también se inspiraron en referentes de alto contenido literario o religioso. Nos vienen a la mente dos casos ilustres: el Rohmer que ponía punto y final a su larga trayectoria tras las cámaras con el bucolismo de El romance de Astrea y Celadón (2007) o, aún más atrás en el tiempo, el Buñuel que se atrevió a escenificar los dogmas y herejías del Cristianismo en La voie lactée (1969). Con un uso de la música, sin embargo, remotamente parecido a experimentos como el que llevara a cabo Sofia Coppola en María Antonieta (2006).

En cualquier caso, y a pesar de lo irreverente de su propuesta, Dumont pasa a formar parte, con este musical tan sui géneris, de la extensa nómina de cineastas que han abordado la figura de la Doncella de Orléans. Una lista en la que destacan nombres ilustres que van desde Dreyer hasta Luc Besson, pasando por Victor Fleming, Robert Bresson, Otto Preminger, Rossellini o Jacques Rivette. Francamente: ya sólo falta que Albert Serra, otro director que hace de la iconoclastia su bandera, nos dé su visión del personaje. Tiempo al tiempo.


lunes, 1 de mayo de 2017

La alta sociedad (2016)




Título original: Ma Loute
Director: Bruno Dumont
Francia/Alemania/Bélgica, 2016, 122 minutos

La alta sociedad (2016) de Bruno Dumont


A quienes ya tuvimos ocasión de ver la miniserie televisiva P'tit Quinquin no puede sorprendernos demasiado el nuevo trabajo del cineasta Bruno Dumont, puesto que el estrambótico y a veces excesivo método de interpretación que impone a sus actores vuelve a estar presente en Ma Loute (aquí titulada con el poco imaginativo La alta sociedad).

Pero, ¿qué está pasando en el cine francés que últimamente se interesa tanto por el canibalismo? Lo vimos en Raw y ahora en La alta sociedad... Pues nada: sencillamente lo mismo que sucede en el cine americano y en el de todas partes. Son modas, tan pasajeras como caprichosas. ¿O es que acaso en Bone Tomahawk (2015) el director S. Craig Zahler no ha hecho lo propio?



Sea como fuere, lo cierto es que el estilo desplegado por Dumont puede llegar a cansar a propios y a extraños, con un Fabrice Luchini que, si ya de por sí suele pecar de histriónico, ahora excede, con mucho, todos los límites del decoro interpretativo en su papel de patriarca de los Van Peteghem, esos acaudalados y cursis burgueses de 1910 que se maravillan ante la pintoresca belleza de los acantilados del Pas-de-Calais.

¿Son los Van Peteghem el equivalente fin de siècle de los Buendía de García Márquéz? Pues, ¿por qué no? Algo hay de realismo mágico en Ma Loute, donde las señoras también levitan sin razón aparente como sucedía con alguna de las heroínas de Cien años de soledad. Pero, más aún, es el universo del cómic lo que en realidad está muy presente, pues la inmensa mayoría de los personajes de La alta sociedad parecen salidos de una historieta de Tintín. Sobre todo la pareja de inspectores formada por Machin y Malfoy, tan similares en vestimenta o temperamento a Hernández y Fernández.


jueves, 25 de febrero de 2016

El pequeño Quinquin (2014)




Título original: P'tit Quinquin
Director: Bruno Dumont
Francia, 2014, 206 minutos

El pequeño Quinquin (2014)


Producida por Arte, la miniserie televisiva P'tit Quinquin (que se estrenó como filme de más de tres horas en nuestras pantallas) plantea no pocas similitudes con otros formatos de los que realiza la parodia gamberra descarada. Se hace difícil no pesar en Twin Peaks (1990) viendo al comandante Van der Weyden (Bernard Pruvost) recorrer junto a su ayudante Carpentier (Philippe Jore) los rincones de una tranquila localidad rural del norte de Francia que se está viendo sacudida por unas brutales muertes. Solo que en lugar de averiguar quién mató a Laura Palmer, deberán descubrir cómo puede acabar un cadáver troceado en el interior de una vaca. Claro que el peculiar Van der Weyden tiene algo del Monsieur Hulot de Tati; incluso parece, embutido en su gabardina y con aquellos andares desgarbados y torpes, un detective Colombo en su versión rural gabacha...

Van der Weyden (Bernard Pruvost)  y Carpentier (Philippe Jore)


¿Y la pandilla de críos? A medio camino entre La guerra de los botones y El pequeño Nicolás, Quinquin y sus amigos proyectan una mirada de pequeños salvajes sobre el mundo de los adultos. Son gamberretes, desobedientes y están un poco por domesticar, pero actúan de contrapunto a la esperpéntica  monotonía gris de sus mayores. Vamos: algo así como si Manolito Gafotas se hubiese colado en el universo surrealista de Amanece, que no es poco (José Luis Cuerda, 1989).

En todo caso, esta fue la mejor película del 2014 para Cahiers du cinéma, siendo la primera vez que tal honor iba a parar a un producto televisivo.