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miércoles, 15 de julio de 2026

La muerte de Robin Hood (2026)




Título original:  The Death of Robin Hood
Director: Michael Sarnoski
EE.UU., 2026, 122 minutos

La muerte de Robin Hood (2026) de Michael Sarnoski


Enésima recreación cinematográfica de un personaje cuya presencia fílmica, lejos de agotarse, se ha mantenido presente a lo largo del tiempo, abarcando todas las épocas de la historia del cine. Sin embargo, The Death of Robin Hood (2026) ofrece una nueva dimensión del arquero de Sherwood, presentándolo como un villano moribundo que tal vez se benefició del éxito de una leyenda esencialmente falsa. En ese sentido, la película de Michael Sarnoski nos habla de la muerte de los ideales en un momento histórico en el que, faltos de héroes en quienes confiar, parece que lo que cunde es el desánimo.

En ese mismo orden de cosas, Hugh Jackman se mete en la piel de un individuo hosco, ya entrado en años, tan oscuro como la fotografía tenebrosa de Pat Scola, con el objetivo de desmitificar la figura de quien realmente no fue sino un hombre controvertido, con no pocos crímenes a sus espaldas. A tal efecto, el guion del propio Sarnoski toma como punto de partida una balada original del siglo XVII para llevar a cabo una de las visiones más ásperas y poéticas jamás filmadas sobre Robin Hood. El resultado es un drama existencial que constituye, al mismo tiempo, la deconstrucción descarnada sobre cómo la historia deforma la verdad para crear leyendas con las que podamos sobrevivir.



La acción se sitúa en la Inglaterra de 1247, cuando el protagonista ya no es un joven ágil, sino un anciano demacrado, con barba y melena gris descuidada, que vive en un exilio autoimpuesto en las montañas, carcomido por el remordimiento. Asimismo, la violencia de las reyertas en que se ve involucrado resulta rápida, visceral, y está desprovista de cualquier tipo de romanticismo. El caso es que, tras ser gravemente herido y reencontrarse brevemente con un Little John (Bill Skarsgård) cansado y transformado por los años, Robin busca refugio en un convento. Y allí es donde entra en escena la hermana Brigid (Jodie Comer), en una dinámica interpretativa que se acaba convirtiendo en el auténtico corazón de la historia.

Visualmente, la película destaca por su ya mencionada apariencia sombría. Fotografiada en gloriosos 35mm, la cinta renuncia a los habituales focos de los blockbusters y abraza la luz natural. Así el espectador se siente transportado a una Cumbria medieval, filmada en los impresionantes parajes de Irlanda del Norte, donde el barro, la nieve y la penumbra dominan la pantalla. No se trata, pues, de una cinta de aventuras veraniega, sino más bien de un drama psicológico otoñal de la factoría A24. De ahí que Sarnoski prefiera el vacío existencial a un espectáculo de flechas y capas verdes que hoy se vería ya por completo desfasado.



martes, 1 de septiembre de 2020

La fuente de la vida (2006)




Título original: The Fountain
Director: Darren Aronofsky
EE.UU./Canadá, 2006, 97 minutos

La fuente de la vida (2006)
de Darren Aronofsky

Puede que The Fountain sea una película desmesuradamente ambiciosa y hasta cierto punto fallida, pero ello no debería ser óbice para que suscite la admiración de cualquier cinéfilo que se precie. Como los delirios apocalípticos de Terry Gilliam o las divagaciones metafísicas de Terrence Malick, el filme de Aronofsky se adentra en las profundidades del tiempo y del espacio entrelazando tres historias unidas por el denominador común del afán de inmortalidad.

Un conquistador español del siglo XVI que viaja al interior de la jungla en busca de la Fuente de la eterna juventud; un investigador médico empeñado en salvar a su mujer de la enfermedad terminal que ésta padece; una especie de yogui bajo el Árbol de la vida al que hostigan sus propios fantasmas antes de partir rumbo a los confines del cosmos.



Abordar una empresa de tal magnitud en la era del mainstream supone, sin lugar a dudas, una proeza digna de encomio. Sobre todo a partir del momento en que el millonario proyecto inicial, que debían haber protagonizado Brad Pitt y Cate Blanchett, es cancelado por la Warner para retomarlo, pocos años después, ya con un presupuesto mucho más ajustado y Hugh Jackman y Rachel Weisz en los roles principales.

Un periplo desbordante desde la oscuridad hasta la luz cuyo significado último conecta el pasado remoto de los mayas con los arcanos recónditos del universo. Filigranas, estas últimas, para las que, en lugar de costosos efectos especiales, se prefirió la belleza microscópica de una reacción química provocada en la probeta de un laboratorio.


jueves, 11 de julio de 2019

Australia (2008)

















Director: Baz Luhrmann
Australia/Reino Unido/EE.UU., 2008, 165 minutos

Australia (2008) de Baz Luhrmann

Una superproducción de ciento treinta millones de dólares no es lo que se dice cualquier cosa. Sobre todo si al frente se hallan las tres estrellas más relevantes del país que la produce. El director Baz Luhrmann y los intérpretes Nicole Kidman y Hugh Jackman unieron sus talentos (y su enorme poder de convocatoria) en un proyecto que aspiraba a convertir la historia reciente de Australia en un relato épico que, de paso, sirviese como descargo de conciencia ante los reprobables procesos de asimilación a los que fueron sometidas varias generaciones de aborígenes.

Resultado: una película innecesariamente larga, mezcla de varios géneros (con predominio del wéstern) y en la que la espectacularidad destaca por encima del guion. No faltan en ella numerosas referencias cinéfilas a títulos clásicos como Red River (1948) de Hawks, en el momento de la estampida de las reses, o C'era una volta il West (1968) de Sergio Leone. Aunque la que tiene más peso, llegando a actuar de leitmotiv dentro de la propia trama, es The Wizard of Oz (1939) de Victor Fleming.



Echando un vistazo a los trabajos más personales de su filmografía —Romeo y Lulieta (1996) o Moulin Rouge (2001)—, salta enseguida a la vista que este Baz Luhrmann debe de ser un tipo curioso, de los que no se toman nada en serio, ni siquiera a sí mismo. De ahí ese aire de pastiche novelesco que se aprecia de principio a fin en Australia y que hace que las aventuras propias de un filme del Oeste convivan con los bombardeos de la ciudad de Darwin durante la Segunda Guerra Mundial. A su vez, la música de Arvo Pärt, en las primeras escenas, y "Nimrod" de las Variaciones Enigma de Elgar, aquella melodía que también sonaba al final de El abuelo (1998) de Garci, contribuyen a elevar el tono general.

Que una remilgada aristócrata británica herede una enorme hacienda en el norte de Australia parece un inicio de lo más tópico, máxime si finalmente se acaba enamorando del rudo arriero (Jackman) al que, en un principio, no podía ni ver. Como igualmente manida es la historia del pequeño mestizo huérfano Nullah y su abuelo aborigen (llamado, muy sintomáticamente, King George). En definitiva, no se le puede pedir más a un producto que es puro mainstream.