Mostrando entradas con la etiqueta Christoph Waltz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Christoph Waltz. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de diciembre de 2025

Pinocho de Guillermo del Toro (2022)




Título original: Guillermo del Toro's Pinocchio
Directores: Guillermo del Toro y Mark Gustafson
EE.UU./Méjico/Francia, 2022, 117 minutos

Pinocho (2022) de Guillermo del Toro


Antes de acometer la adaptación de su Frankenstein (2025), el mejicano Guillermo del Toro ya había dirigido otro filme sobre criaturas que cobran vida repentinamente. Con la salvedad de que Pinocho estaba hecho de madera y no de fragmentos de cadáveres... Aun así, y se mire por donde se mire, ambas producciones conforman un díptico a propósito de temas como el creador y su obra o el afán por parte de dos seres artificiales que anhelan una identidad que no les fue dada al nacer.

Además de ser la película de mayor metraje, con sus casi dos horas de duración, que jamás se haya rodado mediante la técnica de stop-motionGuillermo del Toro's Pinocchio (2022) contó con un elenco excepcional de intérpretes que prestaron su voz a los distintos personajes de la historia, comenzando por Ewan McGregor, que hace las veces de narrador y de grillo, y siguiendo con nombres de la talla de Ron Perlman, John Turturro, Christoph Waltz, Tilda Swinton y hasta Cate Blanchett, quien no tuvo inconveniente en hacer de Spazzatura, un monito que apenas emite sonidos guturales.



Mención aparte merece la extraordinaria banda sonora de Alexandre Desplat, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un musical integrado por una decena de canciones, cada cual con su estilo característico. Lo cual no es óbice para que el compositor francés se luzca a la hora de articular un repertorio que rivaliza en espectacularidad con los de cualquier producción al uso. Todo un esfuerzo creativo, bajo el amparo económico de Netflix, que se vio recompensado con un merecidísimo premio Óscar a la mejor cinta de animación.

Aunque la principal novedad respecto a anteriores versiones radica en el hecho de que Del Toro sitúa la acción en la Italia fascista de Benito Mussolini. Asimismo, Geppetto vive amargado por la pérdida de su hijo Carlo a consecuencia de un bombardeo durante la Primera Guerra Mundial. Cambios que no son únicamente estéticos, sino que constituyen el corazón mismo de la película, ya que mientras el fascismo exige ciudadanos que se comporten como "títeres" obedientes y uniformados, Pinocho representa una criatura de madera, de apariencia tosca e imperfecta, que actúa con total libertad. En ese sentido, la cinta plantea que ser un "niño de verdad" no significa obedecer ciegamente, sino aprender a pensar por uno mismo.



domingo, 21 de diciembre de 2025

Frankenstein (2025)




Director: Guillermo del Toro
EE.UU./Méjico, 2025, 149 minutos

Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro


Enésima reencarnación de uno de los iconos del cine de terror que, en manos del mejicano Guillermo del Toro, adquiere un carácter menos monstruoso y más próximo a lo que debió de ser aquel moderno Prometeo que un día soñara Mary Shelley. Sea como fuere, lo cierto es que Frankenstein (2025) posee el sello inconfundible de las grandes superproducciones de Netflix, debidamente adornada con una banda sonora de resonancias épicas, a cargo de Alexandre Desplat, y la fotografía de tintes verde y oro de Dan Laustsen.

Aunque, tal y como andan las cosas hoy en día, en este mundo expectante ante el avance imparable de la Inteligencia Artificial, no sería descabellado ver en la propuesta de del Toro un guiño sutil hacia las consecuencias imprevisibles que podrían derivarse de haber desarrollado un engendro indestructible que se acaba rebelando contra su creador. Todo ello en clave espectacular, cierto, pero latente, al fin y al cabo, en el fondo de una historia cuyo guion viene firmado por el propio director.



Visualmente, la dirección artística y el diseño de producción beben de referentes tan variados como la pintura de Caspar David Friedrich (la influencia del cuadro El mar de hielo, por ejemplo, se aprecia en las escenas del barco del capitán Anderson) o la novela gráfica de Bernie Wrightson (1948-2017). Todo ello repleto de belleza gótica y sensibilidad humanista en una película que aborda temas relacionados con la paternidad fallida, el aislamiento social y el atractivo de lo imperfecto.

Sin embargo, a diferencia de versiones anteriores que se centraban en la "chispa de la vida" como un acto de pura locura, del Toro nos sitúa, en cambio, en una sombría Europa del siglo XIX donde sigue los pasos del doctor Victor Frankenstein (Oscar Isaac), un loco cuya ambición intelectual es sólo superada por su cobardía moral al abandonar a su creación. Así pues, la película recrea magistralmente el viaje existencial de La Criatura (Jacob Elordi), quien de forma gradual pasará de ser un lienzo en blanco, en los primeros instantes de su existencia, a un ente atormentado por el rechazo que genera en los demás.



viernes, 19 de enero de 2024

Una vida a lo grande (2017)




Título original: Downsizing
Director: Alexander Payne
EE.UU./Noruega, 2017, 136 minutos

Una vida a lo grande (2017) de Alexander Payne


Al margen de fuentes literarias tipo Gulliver, lo de encoger a la humanidad ha sido una idea recurrente en múltiples ocasiones a lo largo de la historia del cine cuyos más célebres ejemplos se remontan, como bien es sabido, a El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, 1957) y su larga lista de variaciones a propósito del mismo tema. Subgénero, por así decirlo, que tendría su continuidad décadas más tarde, y ya en clave cómica, a partir del blockbuster, igualmente alargado con sucesivas secuelas, Cariño, he encogido a los niños (Honey, I Shrunk the Kids, 1989).

Precisamente, parece más que probado que el batacazo comercial de Downsizing (2017) se debió a la percepción errónea por parte del público respecto a la supuesta amenidad de una película que, si bien posee, como suele ser habitual en la filmografía de su director, momentos divertidos, se hallaba más cerca de la sátira social que no del mero entretenimiento que prometía el tráiler.



Y es que, en manos de Alexander Payne, cineasta de sobras conocido por lo incisivo de su mirada, semejante argumento sólo podía dar pie a una visión ácida de la América real: la de quienes, cegados ante las supuestas ventajas de una vida idílica en pequeñas comunidades donde la gente pasa el tiempo haciendo yoga, deciden someterse a una compleja operación que les permitirá reducir su tamaño a apenas doce centímetros. Algo que, a su vez, resultaría enormemente beneficioso para el propio planeta.

Sin embargo, también en ese nuevo mundo hay ricos y pobres, por lo que el protagonista, un tipo corriente de Omaha llamado Paul Safranek (Matt Damon), se verá abocado a redefinir una existencia en la que, finalmente, después de muchos tumbos y acabar flirteando con una comuna noruega a lo Midsommar, parece que socorrer a los más necesitados es lo único que le da sentido.



sábado, 8 de octubre de 2022

Un dios salvaje (2011)




Título original: Carnage
Director: Roman Polanski
Francia/Alemania/Polonia/España/EE.UU., 2011, 80 minutos

Un dios salvaje (2011) de Roman Polanski


Cuando era chaval, recuerdo perfectamente que mi madre, una campesina andaluza sin estudios pero dotada de un extraordinario sentido común, solía decir: "Si mi hijo se pelea en la calle con otro niño, yo no iré a pedirle explicaciones a su madre. Porque los críos al día siguiente vuelven a ser amigos y yo, en cambio, me habré discutido con esa señora para nada". Sabias palabras, sin duda, que los protagonistas de Carnage (2011) distan de poner en práctica. Muy al contrario, estos padres de hoy en día adolecen de una corrección política tan puritana como hipócrita. Y bajo las buenas maneras que practican, adornadas incluso con ínfulas intelectuales, se esconde una fiera dispuesta a matar, si hace falta, para defender a sus cachorros.

No hay más que oír los términos en los que se expresan en la primera escena, mientras redactan una ridícula declaración a propósito de lo ocurrido, una simple riña entre muchachos en el parque que se salda con una violenta agresión, para darse cuenta de hasta qué punto el mundo se ha vuelto loco. Porque todas esas expresiones eufemísticas que pretenden sonar o muy legales o muy civilizadas ("sentido comunitario", "sentido del honor", "contexto social"...) no son más que la tapadera de la agresividad que rige el comportamiento de los seres humanos.



Y lo mismo pudiera decirse de la hospitalidad con la que los Longstreet, propietarios del acogedor apartamento neoyorquino repleto de libros de arte y ramos de tulipanes donde se desarrolla la acción, agasajan a los Cowan. A simple vista parece que Penelope (Jodie Foster) y Michael (John C. Reilly) desean sinceramente congraciarse con Nancy (Kate Winslet) y Alan (Christoph Waltz). Pero la gradual escalada de exabruptos que terminan protagonizando echa por tierra cualquier esperanza de que la cortesía sea capaz de contener nuestros instintos más primarios.

Adaptación de la pieza teatral de Yasmina Reza Le Dieu du Carnage, estrenada en París en 2008, la peculiar estructura de un filme que transcurre mayoritariamente en un único espacio (con la salvedad de las imágenes de la refriega y posterior convivencia de los chicos en el parque, al principio y al final de la película) permitió que Polanski rodase las escenas en orden cronológico. Lo cual favorece, a su vez, que la comicidad del guion vaya progresando desde la cordialidad inicial hasta la apoteósica discusión, despojados ya de sus respectivas máscaras, en la que acaba degenerando la reunión.



domingo, 21 de abril de 2019

Teorema Zero (2013)




Título original: The Zero Theorem
Director: Terry Gilliam
Reino Unido/Rumanía/Francia/EE.UU., 2013, 107 minutos

Teorema Zero (2013) de Terry Gilliam


Cada cierto tiempo, a míster Terry Gilliam le da por volver a hacer Brazil (1985). Generalmente cada diez años, más o menos. Lo intentó con Doce monos (1995) y de nuevo, en 2013, con Teorema Zero. Sólo que esta vez, con la fama de derrochador que se ha ganado a pulso a lo largo de su irregular carrera, se tuvo que desplazar hasta Rumanía para abaratar los costes de producción. No sin antes haber indagado en Google Earth cuáles serían las mejores localizaciones para rodar. Así es el ex Monty Python: histriónico por naturaleza, excéntrico hasta la sepultura...

Con The Zero Theorem nos pasa un poco lo mismo que con las demás distopías que la precedieron: que uno no sabe muy bien lo que está viendo, pero, con todo y con eso, resulta enormemente apasionante. Quizá porque, detrás de tanta parafernalia frenética, se vislumbra el porvenir terrible que le aguarda a la humanidad a la vuelta de la esquina.

¿Pero hay algo que no esté prohibido?


Sea por lo que fuere, lo cierto es que para llevar a cabo su enésima tentativa de profetizar lo que nos deparará el mañana, Gilliam buscó su fuente de inspiración en el extraño universo del pintor alemán Neo Rauch (Leipzig, 1960), autor de una obra ecléctica en la que conviven elementos de inspiración surrealista con influencias tan dispares como el hiperrealismo y el realismo socialista. Así pues, cuando en un momento determinado de la película se muestra un Cristo cuya cabeza ha sido sustituida por una cámara de videovigilancia —imagen iconoclasta donde las haya, a la par que buñueliana— resulta inevitable pensar en el sustrato pictórico que alimenta el imaginario del cineasta.

Mártir del caos abrumador, Qohen Leth (Christoph Waltz) representa al individuo enfrentado al sistema, aislado en un universo de algoritmos y realidad virtual del que difícilmente se puede llegar a huir si no es aceptando el sinsentido de la existencia, representado por ese devastador agujero negro hacia el que todo se encamina y que todo lo devora. Lo fatal, lo realmente inquietante, es que en ese ambiente tan desalentador, la sombra del Big Brother sigue más viva que nunca, avizoradora en su afán por controlar hasta el más leve movimiento de una población que busca consuelo refugiándose en paraísos artificiales en los que nunca se pone el sol.

De aquí a la eternidad...

miércoles, 17 de abril de 2019

Django desencadenado (2012)
















Título original: Django Unchained
Director: Quentin Tarantino
EE.UU., 2012, 165 minutos

Django Unchained (2012) de Quentin Tarantino

Si hubiese que destacar uno de los rasgos que más y mejor definen el estilo de Quentin Tarantino a la hora de tratar la violencia en su cine ése es, sin ningún género de dudas, el ensañamiento. Sobre todo cuando se trata de ajustar cuentas con el villano de turno. Curiosa puesta al día, por cierto, del concepto clásico de catarsis que, a buen seguro, le ha reportado pingües beneficios a lo largo de su dilatada carrera como cineasta (que, por otra parte, ello sea moralmente reprobable ya es harina de otro costal).

En su flamante nuevo libro, Jordi Picatoste Verdejo (Barcelona, 1980) lleva a cabo un exhaustivo análisis de la veintena larga de títulos (el próximo agosto, cuando se estrene Once Upon a Time in Hollywood, serán ya veintiuno) que conforman el personal universo de uno de los directores más influyentes (si no el que más) de nuestro tiempo. Con la proyección del díptico Django, el periodista presentaba esta tarde El efecto Tarantino en la Filmoteca de Catalunya.

Franco Nero (derecha) en un breve cameo

A diferencia del spaghetti wéstern de Corbucci, condicionado por las limitaciones tanto técnicas como económicas propias del género, el tarantiniano Django desencadenado bebe de muy diversas fuentes. Y es que, con su habitual despliegue de medios (el rodaje se prolongó a lo largo de ciento treinta jornadas de intenso trabajo), el director estadounidense es especialista en dar una segunda vida a todas esas referencias —no sólo cinéfilas, sino también musicales— que, en lo sucesivo, quedarán indisociablemente ligadas a su filmografía.

La idea de que un docto cazarrecompensas alemán (Christoph Waltz) se dedique a libertar esclavos afroamericanos en 1858 puede parecer, a simple vista, tan disparatada e históricamente improcedente como el hecho de ametrallar a Hitler en Malditos bastardos (2009). Pero ya se sabe cómo funcionan estas cosas: lo primordial no es tanto el rigor histórico, sino cuán efectivas resulten, a nivel narrativo, las distintas escenas que conforman el guion, amén de que, otorgándole el protagonismo al personaje de Jamie Foxx, Tarantino pretendía vindicar, de alguna manera, el pasado esclavista norteamericano.