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miércoles, 30 de abril de 2025

El último suspiro (2024)




Título original: Le dernier souffle
Director: Costa-Gavras
Francia, 2024, 97 minutos

El último suspiro (2024) de Costa-Gavras


Un insistente aroma a despedida flota de principio a fin en Le dernier souffle (2024), título de resonancias buñuelianas con el que el veterano Costa-Gavras pudiera estar cerrando su ya extensa filmografía. Circunstancia que, por otra parte, se hace aún más evidente con la obsesión por la muerte que demuestran los personajes de un filme absolutamente crepuscular, aunque en absoluto pomposo.

A este respecto, el fallo positivo que anuncian las pruebas médicas a las que Fabrice Toussaint (Denis Podalydès) es sometido da lugar a una serie de reflexiones entre el filósofo y el equipo de cuidados paliativos que lo atiende, encabezado por el doctor Augustin Masset (Kad Merad), generalmente ilustradas con antiguos casos en forma de flashback procedentes de la experiencia profesional de los galenos, un poco al estilo de las digresiones en los ensayos freudianos.

Charlotte Rampling en un breve papel de enferma terminal


Sin embargo, la certeza ante el final de la vida no se traduce, ni mucho menos, en una actitud pesimista, sino todo lo contrario, como lo demuestra el halo mágico que desprende la secuencia en la que una niña gitana ameniza el séquito de Estrella (Ángela Molina) entonando la canción "Deux escargots s'en vont à l'enterrement d'une feuille morte" de Prévert y Kosma.

Asimismo, y pese a la acritud mostrada por Sidonie (Charlotte Rampling), el tono general de la cinta resulta optimista más que otra cosa (o por lo menos dulcemente resignado), como lo demuestra el hecho de que la última palabra que se pronuncia, en boca de la oncóloga Eléonore (Karin Viard), sea "futuro".



jueves, 8 de agosto de 2024

Hit Man. Asesino por casualidad (2023)




Título original: Hit Man
Director: Richard Linklater
EE.UU., 2023, 115 minutos

Hit Man. Asesino por casualidad (2023)


Sin llegar a ser exactamente una comedia negra, Hit Man (2023) desmitifica la figura del asesino a sueldo partiendo de un caso supuestamente real: el de un profesor universitario, experto en filosofía y psicología, que acepta colaborar con la policía para sacarse un sobresueldo. Lo curioso del asunto es que el tal Gary Johnson (Glen Powell), que de ordinario es un tipo más bien soso, se transforma en alguien irresistible cuando interpreta el papel de falso sicario bajo el nombre de Ron.

En líneas generales, la película de Richard Linklater aborda la cuestión de hasta qué punto está en nuestras manos decidir quiénes queremos ser. Así pues, y aunque sea de forma accidental, las circunstancias ponen a un gris individuo en la tesitura de sacar a relucir la mejor versión de sí mismo. Primero de forma voluntaria, por motivos profesionales, aunque conforme avance la trama, el atractivo Ron se irá imponiendo hasta suplantar total y definitivamente al insulso Gary.



Por otra parte, la irrupción de la bella Madison (Adria Arjona) en la vida del agente infiltrado añadirá una nota aún más rocambolesca al situar al protagonista en el dilema de si le conviene seguir cumpliendo con su deber o si, por el contrario, le sale más a cuenta hacerse cómplice de su pareja para protegerla. Con el agravante de que el resentido Jasper (Austin Amelio), compañero al que desplazó del cargo, está al corriente de la relación que ambos mantienen y podría delatarlo ante sus superiores...

Partiendo de una premisa que bebe, hasta cierto punto, del mito de Jekyll y Hyde, Linklater construye una parodia sólidamente cimentada en las dotes actorales de Glen Powell y su heterogéneo repertorio de identidades. El resultado, por momentos hilarante, es un filme que subvierte los géneros para colocar al espectador ante la asombrosa evolución de su protagonista, quien, de forma gradual, pone en práctica algunos de los conceptos que suele explicar en el aula (el ello, el yo, el superyó) hasta que llega a convertirse en otro hombre.



martes, 2 de abril de 2024

Puan (2023)




Directores: María Alché y Benjamín Naishtat
Argentina/Italia/Alemania/Francia/Brasil, 2023, 109 minutos

Puan (2023) de Alché y Naishtat


Podríamos simplificar mucho las cosas diciendo que Puan (2023) es una comedia. Pero eso no es exactamente así. Porque son tantos los momentos emotivos que contiene (y que el espectador tendrá ocasión de ir descubriendo a su debido tiempo) que al final, si uno hace balance, se dará cuenta de que la carga filosófica de cuanto aquí se expone tiene bastante más peso que la simple carcajada que puedan suscitar algunas escenas.

El planteamiento básico del guion de Alché y Naishtat gira en torno a dos tipos antagónicos, interpretados, respectivamente, por Marcelo Subiotto y Leonardo Sbaraglia. El uno, gris y avejentado, aspira a ocupar la cátedra que su maestro, fallecido súbitamente mientras practicaba footing, recién dejó vacante; el otro, arribista y pedantón, ejerce un encanto irresistible para media facultad por haber trabajado a las órdenes de un discípulo de Heidegger en alguna prestigiosa universidad del extranjero (bueno: por eso y por ser el novio de la despampanante actriz mediática Vera Motta). Que el primero de ellos se apellide, por cierto, Pena parece pura coincidencia, apenas un accidente del destino, si bien cada cual es libre de extraer sus propias conclusiones al respecto.



Bromas aparte, lo cierto es que Marcelo resulta un tipo entrañable al margen de su patetismo (o tal vez precisamente por él). A fin de cuentas, pertenece a esa insólita ralea de perdedores, muy en la línea de los personajes inmortalizados por Woody Allen, que acaban ganándose nuestras simpatías a fuerza de fracasar una y otra vez en su empeño por hacerse un lugar en el mundo. Y es que la tragedia personal de este patoso profesor de filosofía y padre de familia radica, como él mismo reconoce, en que su vida se reduce a las cuatro paredes de un aula porque sólo se siente útil transmitiendo a sus alumnos las enseñanzas de Platón, Hobbes o Rousseau.

No obstante, es el drama colectivo de todo un país el que aquí se cuece como telón de fondo. Porque a día de hoy, con los sueldos congelados y las instituciones públicas al borde del colapso, el mero hecho de ser argentino constituye ya de por sí una heroicidad. Que unos y otros sobrellevan como pueden, en el caso de Marcelo rebajándose a darle lecciones particulares a una dama octogenaria y obtusa de la alta sociedad, pero también compartiendo sus conocimientos con los vecinos de los barrios marginales, aunque sea con un gendarme vigilando la clase. Miserias y grandezas de un ser humano, dispuesto a venirse arriba cuando se trata de enfrentarse a la policía, pero cuya existencia, por desgracia, se ajusta más a la letra del tango que entona en la secuencia final.



lunes, 5 de junio de 2023

Pie de página (2011)




Título original: הערת שוליים / He'arat Shulayim
Director: Joseph Cedar
Israel, 2011, 107 minutos

Pie de página (2011) de Joseph Cedar


El reciente estreno de Maestro(s) (2022) nos ha inducido a revisar la magnífica cinta israelí en la que se basa, perspicaz aproximación en torno a las pequeñas y grandes miserias que rodean al mundillo académico, donde una simple nota a pie de página puede llegar a justificar toda una vida de arduas investigaciones filológicas. En cierto modo, eso es lo que le ocurre al viejo profesor Shkolnik (Shlomo Bar-Aba), acérrimo partidario de una sui géneris lectura del Talmud que, sin embargo, no ha visto jamás recompensada su ingente labor hermenéutica. Circunstancia que, por una de esas ironías del destino, se va a agravar cuando el jurado de los prestigiosos Premios Israel decida concederle el máximo galardón a... su hijo Uriel (Lior Ashkenazi).

Al margen de su innegable regusto escolástico, lo cierto es que Footnote (2011) asienta su discurso sobre algo tan profundamente humano como son las rencillas paternofiliales o la eterna rivalidad entre colegas del mismo ámbito universitario. En ese sentido, la figura del adusto profesor Grossman (Micah Lewensohn) representa, frente a las poco ortodoxas teorías del patriarca Shkolnik, una intolerancia similar a la que el propio padre ejerce contra su laureado vástago. Por lo que, en el fondo, los tres eruditos resultan igual de egocéntricos.



Con una originalísima puesta en escena, el guion de Joseph Cedar analiza pormenorizadamente los intríngulis de una familia marcada por la voracidad intelectual de los hombres, con el contrapunto del pobre Josh (Daniel Markovich), que no levanta cabeza, y donde la única nota un tanto coherente la ponen las mujeres, ya sea la abnegada abuela (Aliza Rosen) o la no menos resignada Dikla (Alma Zack). Y así, a ratos cómica y siempre con un inquietante trasfondo dramático, se perfilan las obsesiones de una sociedad bajo la constante amenaza terrorista (de ahí los continuos controles de seguridad a los que se ven sometidos los personajes) o el afán por reverenciar y al mismo tiempo rebelarse contra la opresiva figura paterna.

Mención aparte merece la monumental banda sonora de Amit Poznansky (Tel Aviv, 1974), una portentosa partitura orquestal que, por lo altisonante de sus arreglos, recuerda remotamente a las tonalidades con las que solían acompañarse los grandes títulos del cine mudo. No en vano, la música adquiere un enorme protagonismo a lo largo del relato, tal vez porque, además de subrayar el ya mencionado carácter tragicómico de los hechos, complementa, hasta cierto punto, el escaso don de palabra de un huraño sabio judío.



domingo, 10 de noviembre de 2019

Confucio (1940)




Título original: Kong Fuzi
Director: Fei Mu
China, 1940, 96 minutos

Confucio (1940) de Fei Mu


La teatralidad de la que adolece esta recreación de la vida del pensador chino por antonomasia representa, al mismo tiempo, su principal atractivo. Y quizá de un modo especial para las retinas occidentales, teniendo en cuenta el carácter didáctico de una cinta que, se quiera o no, nos ayuda a entender mejor quién fue Confucio.

De hecho, la primera "sorpresa" para los neófitos en la materia se desprende al constatar que el sabio varón fue —antes que un santo al estilo cristiano— honorable burócrata y después ministro plenipotenciario a las órdenes del emperador: origen venal, sin duda, que tal vez explique el pragmatismo de una doctrina que, como el budismo, nació por esas mismas fechas, guiada de una similar voluntad de educar a sus súbditos en la obediencia.



Lástima que el paso del tiempo y demás inclemencias inherentes a la conservación óptima del celuloide nos hayan privado de parte de la banda de audio. Una minucia, en realidad, perfectamente subsanable mediante rótulos explicativos, que se suman a los que la propia película (deudora, en buena medida, del lenguaje fílmico de la época muda) ya contenía junto con mapas y demás itinerarios con las rutas seguidas por el "Maestro Kong" a lo largo de su azarosa peregrinación.

Queda, por último, destacar la relevancia, en clave política, de un filme rodado durante la ocupación japonesa y que osaba centrar su interés en una figura que, pese a su cariz eminentemente moral o incluso espiritual, podía ser considerada también como símbolo nacionalista. No en vano, son muchas las imágenes potentes que, en ese sentido, permitirían establecer un paralelismo entre los estragos que precedieron al nacimiento de Confucio y los excesos que, en ese mismo momento, estaban siendo causados por el invasor nipón.


martes, 12 de julio de 2016

Irrational Man (2015)




Director: Woody Allen
EE.UU., 2015, 95 minutos

Irrational Man (2015) de Woody Allen


No hay nada peor que un americano superficial intentando parecer profundo. Si partimos de dicha premisa habría que cargarse la mayor parte de películas de Woody Allen. Y, sin embargo, no se puede negar el encanto que tienen todas ellas, hasta las que le salen menos redondas. De todas formas, y puestos a criticar, ¿acaso ha existido alguna vez esa burguesía ilustrada que en sus últimas entregas insiste en retratar una y otra vez? En Francia puede que sí, ¿pero en el mundo anglosajón? Bien, no importa: aceptemos que el cine de Woody Allen no es realista y asunto resuelto. Ahora ya no tiene nada de extraño que sus personajes lean a Dostoievski o que se comporten como si hubiesen salido de un drama de Chéjov.

Tampoco que se interesen por la filosofía: sobre todo si el prototipo de profesor es un Joaquin Phoenix que se mola a sí mismo más que nunca, alcohólico, garañón en horas bajas (lo cual no es óbice para que una profesora y una alumna caigan rendidas a sus pies) y asesino aficionado. Por cierto que este hombre irracional en la película responde al nombre de Abe, pero eso es lo de menos. Lo principal es que ni él ni el argumento poseen la más mínima verosimilitud. Ni maldita la falta que hace: ¡a ver si uno no puede permitirse el lujo de ser Woody Allen!

A decir verdad, siempre será mejor una peli americana en la que se cite a Kant o a Kierkegaard, aunque los citen mal (no se puede tener todo), que no una de esas de tiros, explosiones y clímax cada treinta segundos. Así que a ver quién se atreve a decir que Irrational man no vale la pena, con ese campus universitario que parece una urbanización de chalés adosados y unos estudiantes que no estudian (valga la rebuznancia, pero es que los vemos más en escenas de bar, cócteles o equitación que no hincando los codos).

Bueno. Y ahora llega el momento del spoiler, así que tápense los oídos: si narrativamente Irrational man se estructura en secuencias comentadas por la voz en off de los protagonistas y sabemos que Abe se acaba cayendo por el hueco del ascensor (en este caso, parafraseando la frase que nunca dijo Chéjov, no es un clavo sino una linterna el elemento que facilita el desenlace), ¿cómo debemos interpretar el hecho de que el profesor sea uno de los narradores? Varias son las opciones que podemos barajar al respecto, a saber:

a) Que la película la narra (parcialmente) un difunto, al estilo de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard) de Billy Wilder. O...

b) Que, en realidad, Abe no muere a pesar del tremendo cebollazo o que sí que la diña pero que, en fin, no importa la incongruencia porque se trata de darle a la conclusión un toque tragicómico. Total: si tampoco nadie se traga que alguien como Abe pueda ser profesor de filosofía ni que mate a un juez...

Pues nada: esto es lo que hay. Esperando que Woody Allen vuelva a ser algún día el humorista que solía y que se canse ya de una vez de interpretar al intelectual que en realidad nunca fue, nos despedimos de vosotros hasta la próxima, no sin antes desearos buenas noches (si leéis esto por la noche) o buenos días (si lo hacéis cuando os dé la gana).

Roy ( Jamie Blackley) y Jill (Emma Stone) reciben
las instrucciones del maestro durante el rodaje