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sábado, 8 de agosto de 2026

Vida de familia (1963)




Director: Josep Lluís Font
España, 1963, 87 minutos

Vida de familia (1963) de Josep Lluís Font


Vida de familia (1963) forma parte de la larga lista de óperas primas cuyos autores no gozaron de la merecida continuidad que cabía esperar de ellos, en este caso un cineasta como el catalán Josep Lluís Font (1932-2013). Máxime si se tiene en cuenta que éste se había diplomado en el prestigioso Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma y que llegó a colaborar en el guion de Plácido (1961) de Berlanga. Credenciales que de poco le sirvieron a un director el estilo del cual entronca de pleno con el cine de grandes figuras de aquel entonces, siendo la del italiano Michelangelo Antonioni la influencia más reconocible.

No en vano, Font centra el foco de su interés en un contexto burgués en el que predomina abiertamente la hipocresía. Por eso los personajes se expresan con una voz aflautada que a la mínima adopta el retintín propio de quien se burla de su interlocutor. Disputas a propósito de una herencia de dudoso origen y una casa que la joven pareja protagonista reclama para poder afrontar con algo más de garantías su precaria situación económica. Porque si los Farré habían ostentado, en sus buenos tiempos, grandes fortunas, se da el caso de que Rosa María (Montserrat Carulla) y Luis (Fernando Guillén) forman parte de las nuevas generaciones de una saga venida a menos.



Especialmente llamativa es la secuencia en la que ambos visitan la vieja torre de Sarrià en ruinas, símbolo del antiguo esplendor familiar y ahora poco menos que escombros, rodada en color en abierto contraste con el resto de una película filmada en blanco y negro. Elocuente manera de visualizar la decadencia de aquellos próceres de antaño que hoy andan envueltos en continuos litigios legales. En ese mismo orden de cosas, la trama culminará en el Palacio de Justicia de Barcelona, adonde Aurelia (Ana María Noé), la venerable matriarca del clan, es obligada a jurar ante un crucifijo sobre el origen de su patrimonio.

Las notas deliberadamente desafinadas de la banda sonora de Xavier Montsalvatge nos hablan igualmente del declive de unos individuos que, aun así, siguen siendo víctimas, más que nunca, de sus múltiples prejuicios de clase. De ahí los reparos de Eduardo (Carlos Mendy) para presentar en sociedad a su novia Elisa (Amparo Gómez Ramos), propietaria de un bar y motivo de que el susodicho se avergüence de ella. Mirada incisiva, pues, la de Font, que huye del maniqueísmo para profundizar en las grietas morales de sus personajes firmando una obra de notable madurez formal y narrativa y que, pese a ser su único largometraje, permanece como un impecable testimonio sociológico y un ejercicio de realismo crítico imprescindible para entender la España de los sesenta.



viernes, 7 de agosto de 2026

La respuesta (1969)




Director: Josep Maria Forn
España, 1969, 82 minutos

La respuesta (1969) de Josep Maria Forn


Lo primero que llama la atención de La respuesta (1969) es que está rodada con sonido directo, práctica que no se convertiría en habitual en el cine español hasta principios de los ochenta, lo cual nos da ya una pista de que estamos ante una película inusualmente avanzada para la época. Entre otras cosas porque, dado el atrevimiento de su temática, la censura franquista no permitió que se estrenase comercialmente hasta después de la muerte del dictador, ya en el año 76.

En el momento de su concepción, después del éxito de La piel quemada (1967), Josep Maria Forn era ya un cineasta hasta cierto punto consagrado, con la suficiente independencia como para emanciparse de Iquino, uno de sus primeros mentores, y capaz de tirar adelante sus propios proyectos, más críticos y arriesgados, a través de la productora Teide P.C. Se daba, asimismo, una especial coyuntura política y social, con el Mayo francés aún muy reciente y las primeras manifestaciones estudiantiles en las calles de nuestro país, para que el director catalán se liase la manta a la cabeza aun sabiendo que llevaba las de perder.



Basada en la novela M'enterro en els fonaments, de Manuel de Pedrolo, su reparto estaba encabezado por Francisco Viader en el papel de Aleix, un universitario de izquierdas, surgido de la burguesía barcelonesa, cuyas ideas revolucionarias chocan continuamente con la moral hipócrita de su familia, en especial con el doctor Farràs, su padre (interpretado por Jordi Torras), hombre de ideas tradicionales que no ve con buenos ojos la deriva ideológica del muchacho. A su vez, este último mantiene una relación sentimental con Renata (Marta May, en aquel entonces esposa de Forn), chica de alterne en un club de copas y menos politizada que Aleix, pero dispuesta a colaborar con él para darle un escarmiento al alto cargo que le tira los tejos a la joven...

Aparte de excesivamente panfletaria y un tanto inverosímil en su planteamiento, el hecho de trabajar con sonido ambiente provoca que los actores se expresen con un marcado acento catalán, circunstancia que el director intentaría subsanar años más tarde, ya en plena democracia, doblando los diálogos a esa lengua en un nuevo montaje. Por lo demás, las canciones de Raimon que conforman la banda sonora aportan una nota contestataria muy de aquel entonces, tal vez rozando el cliché, pero que indican el camino que iba a seguir el cine de Josep Maria Forn en años sucesivos.



martes, 14 de julio de 2026

Incontrolable (2025)




Título original: I Swear
Director: Kirk Jones
Reino Unido, 2025, 120 minutos

Incontrolable (2025) de Kirk Jones 


La vida de John Davidson, adolescente británico de clase obrera, da un giro inesperado cuando, en plena adolescencia, comienza a manifestar los primeros síntomas de lo que años más tarde sabrá que se llama Síndrome de Tourette. Espasmos, tics y exabruptos involuntarios que provocan de inmediato el rechazo frontal de un entorno que confunde con mala conducta lo que en realidad es un trastorno neurológico hereditario.

I Swear (2025), drama bienintencionado y hasta cierto punto tendencioso, peca de excesivamente pedagógico en su afán por concienciar al espectador a propósito de la necesidad de ser comprensivos (e inclusivos) con aquellos que se encuentran en la misma situación que el protagonista. Aun así, no cabe la menor duda de que la actuación de Robert Aramayo, el actor que interpreta al personaje en su edad adulta, se encuentra entre lo más destacable de una película que, pese a la dureza de su temática, logra arrancar las carcajadas del público (y alguna que otra lágrima).



Luego está la cuestión social, el desolador panorama (estamos en la Inglaterra de los noventa) que apenas se apunta y que sirve de telón de fondo de una historia repleta de momentos dramáticamente intensos. Entre otras cosas porque, aparte de cómo reaccionan unos y otros ante las salidas de tono de John (o precisamente a causa de ello), la cinta dirigida por Kirk Jones aborda también el ámbito doméstico y hasta qué punto la familia de adopción llega a cumplir un rol más decisivo que el de la biológica.

En última instancia, I Swear explora la complejidad de las relaciones humanas con una mezcla perfecta de sensibilidad, humor y honestidad emocional. Le sobra, quizá, toda esa moralina que se desprende hacia el final, con las charlas de la policía y los talleres motivacionales de John, si bien la película conecta de manera íntima con el espectador al ofrecerle un poderoso comentario sobre la importancia de la empatía en una época de constante ruido y desconexión. Y es que la relevancia de esta producción radica precisamente en su facultad para recordarnos que, más allá de nuestros errores, la vulnerabilidad compartida sigue siendo el puente más sólido hacia la auténtica comprensión mutua.



lunes, 13 de julio de 2026

Marielle lo sabe todo (2025)




Título original: Was Marielle weiß
Director: Frédéric Hambalek
Alemania, 2025, 86 minutos

Marielle lo sabe todo (2025) de Frédéric Hambalek


La apacible existencia de un matrimonio alemán de clase media se ve súbitamente alterada cuando la hija adolescente de ambos comienza a dar muestras de unas insólitas dotes telepáticas. Hasta el extremo de que la joven Marielle (interpretada por Laeni Geiseler) conoce palabra por palabra las conversaciones privadas de sus padres. En un principio, Julia (Julia Jentsch) y Tobias (Felix Kramer) barajan la posibilidad de que la cría les haya hackeado sus respectivos teléfonos móviles, aunque llega un punto en el que no les queda más remedio que rendirse a la evidencia, como reza el título de la película, de que "Marielle lo sabe todo".

Un cierto aire a lo Michael Haneke flota en el ambiente de principio a fin de un relato que, lejos de enmarcarse en el género fantástico, no nos habla de fenómenos paranormales, sino más bien de la incomunicación galopante que afecta a tantísimas familias en la sociedad del bienestar. A este respecto, resultan muy significativos esos planos en los que el cineasta Frédéric Hambalek filma espacios vacíos y silenciosos de la comfortable casa de los protagonistas, una típica mansión ultramoderna en la que abunda el mobiliario de diseño, pero falta, tal vez, un poco más de sinceridad entre quienes la habitan.



Evidentemente, dicho planteamiento tiene algo de parábola a propósito del mundo contemporáneo, materialista y deshumanizado, y no son pocos los momentos en los que al espectador se le escapa la risa ante situaciones que rozan el surrealismo. Así, por ejemplo, Julia y Tobias optan por hablar en francés entre ellos en la intimidad para de este modo evitar que la niña los entienda. Por no mencionar la secuencia de sobremesa en la que detallan, con pelos y señales, determinadas prácticas sexuales...

Y es que estamos, en efecto, ante un alegato en toda regla contra la hipocresía. De ahí que Julia y su compañero de oficina resulten tan ridículos cuando utilizan el eufemismo "fumar" para referirse a las fantasías amatorias que comparten cada vez que se encierran en una sala de juntas. De ahí que la última escena se cierre con un "te quiero" que probablemente sea la primera vez que sale de la boca de la madre... En todo caso, si alguna moraleja se desprende de Was Marielle weiß (2025) es que la transparencia absoluta destruye las relaciones; que la armonía familiar y de pareja no se sostiene con una verdad total e invasiva, sino que ésta depende de la privacidad, de los límites individuales y de esas convenciones cotidianas tan necesarias para protegernos y convivir en paz.



domingo, 12 de julio de 2026

A 500 millas de casa (2026)




Título original: 500 Miles
Director: Morgan Matthews
Reino Unido/Irlanda, 2026, 102 minutos

A 500 millas de casa (2026) de Morgan Matthews


La más reciente producción del cineasta británico Morgan Matthews se presenta inicialmente como una tierna road movie costera para terminar convirtiéndose en un desgarrador estudio sobre el duelo infantil y la culpa. Basada en la novela de Mark Lowery, la trama sigue la huida de Finn (Roman Griffin Davis) y su dicharachero hermano pequeño Charlie (Dexter Sol Ansell), quienes emprenden una travesía de más de ochocientos kilómetros (de ahí el título) desde Inglaterra hasta la salvaje península de Dingle, en Irlanda, impulsados por el inminente divorcio de sus padres y el anhelo de reencontrarse con su huraño abuelo, encarnado por el veterano Bill Nighy.
El andamiaje técnico de la cinta brilla gracias a una sutil puesta en escena que intensifica la carga dramática del periplo emprendido por los dos hermanos. Así pues, la fotografía saca un partido soberbio a los abruptos acantilados y páramos irlandeses, transmutando el paisaje en una metáfora del aislamiento y la libertad que los menores experimentan, mientras que la melancólica partitura a piano de Jamie Duffy acentúa la pesadumbre del viaje. Asimismo, el montaje alterna con gran destreza la precaria travesía del presente con continuos flashbacks de pasadas vacaciones familiares, edificando un inteligente contraste entre la calidez de los recuerdos y la gélida realidad de su fuga.



​Aunque el alma incontestable de la cinta reside en la arrolladora química de su pareja protagonista. Griffin Davis despunta con una interpretación magistral, cargando sobre sus hombros una madurez impostada, resquebrajada por sutiles destellos de vulnerabilidad, mientras que el pequeño Sol Ansell aporta el contrapunto cómico e inocente idóneo para dar respiro a la historia; ambos son secundados eficazmente por una enérgica Maisie Williams en el papel de joven nómada y ocasional intérprete callejera de ukelele. De modo que, si bien el ritmo durante los dos primeros tercios flirtea en exceso con ciertos clichés predecibles del género y una cadencia parsimoniosa, las actuaciones sostienen el interés con firmeza.
No obstante, el verdadero acierto de Matthews tiene lugar en un demoledor tercer acto que redefine por completo la narrativa mediante un devastador giro de guion. Y es que, al desvelarse la cruda raíz del trauma que fracturó el hogar, la aparente ñoñería sentimental se transforma en un bofetón de cruda realidad que resignifica cada plano anterior. De esta manera, y pese a sus titubeos iniciales, la película triunfa como propuesta cinematográfica "tramposa" (en el mejor de los sentidos) gracias a un relato doloroso, pero de una honestidad sobrecogedora, que desarma al espectador y dignifica todo el proceso del perdón familiar.



jueves, 9 de julio de 2026

La chica zurda (2025)




Título original: Zuo pie zi nü hai
Directora: Shih-Ching Tsou
Taiwán/Francia/EE.UU./Reino Unido, 2025, 108 minutos

La chica zurda (2025) de Shih-Ching Tsou


Además de productora y colaboradora habitual de Sean Baker, la taiwanesa Shih-Ching Tsou se ha lanzado a dirigir también sus propias películas. Left-Handed Girl (2025) es la primera que rueda en solitario, si bien coescribe el guion junto a Baker, responsable igualmente del montaje. Aunque no acaban ahí las conexiones entre ambos, ya que la cinta que nos ocupa, candidata a representar al país asiático en la última edición de los Premios Óscar, se ha rodado con un teléfono iPhone, tal y como ya sucediera una década atrás en Tangerine (2015), interesantísima cinta del propio Sean Baker en torno a las prostitutas trans de los bajos fondos hollywoodenses.

En esta ocasión, la trama sigue a una madre soltera que se establece en Taipéi con sus dos hijas: I-Ann (Shih-Yuan Ma), joven un tanto rebelde que trabaja en un puesto callejero, e I-Jing (Nina Ye), una inocente criatura de apenas cinco años. Juntas intentan sacar adelante un modesto chiringuito de comida rápida en un bullicioso mercado nocturno. Pero el conflicto central estalla cuando el abuelo de las niñas, chapado a la antigua, reprende a la pequeña I-Jing por ser zurda, advirtiéndole que la izquierda es "la mano del Diablo". Al malinterpretar dicha superstición, la niña asume que no será responsable de las travesuras que cometa con esa mano, por lo que comienza a robar baratijas en los comercios vecinos. A partir de esta anécdota, la película despliega un abanico temático mucho más amplio, a propósito de la mentira y la culpa, para finalmente desembocar en un espinoso secreto familiar.



A nivel narrativo, resulta sumamente original la idea de confrontar la mirada infantil de la niña, y su inocente lectura del tabú de la mano izquierda, con la hipocresía colectiva de los adultos, quienes perpetran delitos realmente graves (ya se trate de deudas, infidelidades o falsificaciones), pero buscan excusas con tal de no asumir ninguna responsabilidad. Asimismo, la influencia innegable del estilo de Sean Baker salta enseguida a la vista cuando se pone el foco sobre los más desfavorecidos, llegando a extraer un cierto toque humorístico de situaciones desesperadas. Sin embargo, ello no impide que sea la voz de Shih-Ching Tsou la que prevalezca al dotar a la historia de especificidad cultural taiwanesa, retratando determinadas presiones familiares tradicionales frente al avance frenético de la modernidad urbana.

En última instancia, Left-Handed Girl representa un triunfo del cine social humanista cuya directora ha sabido aportar una visión vibrante, colorida y devastadoramente honesta. Una radiografía de la supervivencia femenina que demuestra cómo, a veces, para solucionar determinados conflictos familiares es necesario romper con el peso muerto de tradiciones obsoletas. Y es que, nos recuerda, a menudo esas heridas no se heredan por destino, sino por silencio. De ahí que la ópera prima de Shih-Ching Tsou no sea sólo el retrato de la lucha diaria en los suburbios de Taipéi, sino una poderosa fábula urbana que demuestra que la verdadera madurez, y con ella la redención, comienzan cuando dejamos de buscar culpables invisibles, nos hacemos cargo de nuestros errores y elegimos, por fin, apoyarnos los unos a los otros.



miércoles, 17 de junio de 2026

Inexorable (2021)




Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia, 2021, 98 minutos

Inexorable (2021) de Fabrice du Welz 


Marcel Bellmer (interpretado magistralmente por Benoît Poelvoorde) es un escritor que sufre un agudo bloqueo creativo tras el éxito de su primera novela. En busca de paz e inspiración, Marcel se muda junto a su esposa y editora Jeanne (Mélanie Doutey) y su hija pequeña a la majestuosa y aislada mansión familiar de ella. Pero la frágil estabilidad de la familia se tambalea con la llegada de Gloria (Alba Gaïa Bellugi), una joven misteriosa, tímida y de mirada penetrante que se obsesiona rápidamente con Marcel y logra introducirse en la casa como niñera. Aunque lo que parece el inicio de un caso de "atracción fatal" pronto se revela como una trampa mucho más profunda, donde los secretos del pasado reclaman su deuda...

Dirigida por el belga Fabrice du Welz —un auténtico maestro del cine europeo de género y pieza clave del llamado "Nuevo Extremismo", con títulos en su haber como Calvario (2004) o Alléluia (2014)—, Inexorable (2021) es un thriller psicológico asfixiante que rinde homenaje a los clásicos de invasiones domésticas de los años 90, si bien con ese toque turbio, visceral y desasosegante tan propio de su director. Por eso rehúye los caminos más predecibles de Hollywood, evitando el susto fácil y el morbo gratuito. En su lugar, du Welz cocina el conflicto a fuego lento, construyendo una atmósfera de paranoia claustrofóbica dentro de un espacio gigantesco.



A nivel actoral, el peso de la película recae sobre un triángulo impecable. Acostumbrado a menudo a la comedia, Benoît Poelvoorde ofrece aquí una actuación descarnada, transmitiendo a la perfección el patetismo de un hombre, atrapado en su propia mentira, que se desmorona bajo el peso de la impostura. En cambio, Alba Gaïa Bellugi, como Gloria, es el verdadero motor de la inquietud. Su interpretación es fascinante, ya que transita con suma sencillez entre la vulnerabilidad de una niña herida y la fría determinación de una psicópata implacable. Por último, ​Mélanie Doutey aporta un cierto toque aristocrático, completando así el ecosistema familiar que ya estaba roto antes de que irrumpiera la amenaza externa.

Visualmente, la película se beneficia de la fotografía de Manuel Dacosse (colaborador habitual de du Welz), quien utiliza una paleta de colores otoñales, sombríos y texturas analógicas que hacen que la mansión se sienta como un mausoleo vivo en el que la cámara persigue a los personajes a través de pasillos interminables, generando una sensación constante de que alguien acecha desde las sombras. Cualidades que, en definitiva, no reinventan el género, pero que confirman hasta qué punto un planteamiento predecible puede resultar absolutamente fascinante cuando el responsable, como du Welz, es un cineasta con pulso de hierro.



viernes, 3 de abril de 2026

Calle Málaga (2025)




Directora: Maryam Touzani
Marruecos/Francia/España/Alemania/Bélgica, 2024, 116 minutos

Calle Málaga (2025) de Maryam Touzani


Como bien es sabido, la ciudad de Tánger cuenta desde antaño con estrechos vínculos, históricos y lingüísticos, con nuestro país, razón por la cual la presencia española en dicho emplazamiento ha sido tradicionalmente relevante. Y allí es donde reside precisamente la protagonista de Calle Málaga (2025), una viuda que de la noche a la mañana se encuentra con que su hija (Marta Etura) ha puesto en venta la casa. Aunque Mariángeles (Carmen Maura) no está dispuesta a dejar así como así su vivienda de toda la vida para irse a una residencia...

Aparte del tema de las rencillas familiares ocasionadas por culpa de la herencia, la cinta dirigida por Maryam Touzani aborda sobre todo la valentía de una mujer ya de cierta edad que, en lugar de resignarse a que otros decidan por ella, demuestra tener suficiente iniciativa en un momento crítico de su vida. Así pues, cuando todo parecía indicar que iba a terminar sus días en un triste geriátrico, reacciona para venirse arriba y darle un nuevo enfoque a su existencia, demostrando que aún tiene mucha energía en su interior.



Al mismo tiempo, la relación sentimental que entabla con el anticuario (Ahmed Boulane) no sólo demuestra que nunca es tarde para encontrar el amor, sino que además éste suele provocar efectos rejuvenecedores. Circunstancia que conecta, a su vez, con el acierto de reinventar lo que era una casa vacía en centro neurálgico del barrio, lugar de cita para unos aficionados al fútbol a los que Mariángeles deleita con sus especialidades culinarias.

En resumidas cuentas, la película plantea aspectos que tradicionalmente se consideraban ajenos a la tercera edad, como el derecho a la propia independencia y a seguir tomando tus decisiones, así como la cuestión sexual, que la protagonista no duda en describir a sor Josefa (María Alfonsa Rosso), monja de clausura que, ante la imposibilidad de romper su voto de silencio, abre desorbitadamente los ojos cada vez que la otra entra en detalles.



martes, 3 de marzo de 2026

Otra ronda (2020)




Título original: Druk
Director: Thomas Vinterberg
Dinamarca/Suecia/Países Bajos/Bélgica/Francia, 2020, 117 minutos

Otra ronda (2020) de Thomas Vinterberg


Cuatro amigos, vinculados al ámbito de la educación, todos ya en la madurez, deciden emprender un experimento pseudocientífico que tiene por objetivo comprobar si la tesis de un polémico sociólogo, según la cual la ingesta de un 0,05 por ciento de alcohol mejora el rendimiento de los individuos, es realmente válida. Y lo cierto es que, en un principio, parece que la cosa da resultado, favoreciendo que unos y otros se sientan más cómodos en sus respectivas y hasta ese momento aburridas existencias.

Salvando las distancias, el punto de partida de Druk (2020) responde al mismo tipo de premisa extrema que hallamos en filmes clásicos como La grande bouffe (1973) de Marco Ferreri o incluso El séptimo continente (1989) de Haneke, filmes en cuyo trasfondo se pone en tela de juicio el aparente confort de las teóricamente prósperas sociedades europeas del bienestar. Sólo que el danés Thomas Vinterberg no llega tan lejos en su crítica al sistema, quedándose en la superficie de lo que pudiera denominarse la crisis existencial de un grupo de cincuentones en horas bajas.



Por lo demás, el retrato que aquí se lleva a cabo del alcoholismo en el seno de la clase media escandinava arroja la impronta de unos personajes profundamente insatisfechos a pesar de todo, en una disección vibrante, melancólica y profundamente humana de la crisis de la mediana edad y la búsqueda de la chispa perdida. A este respecto, la cinta, ganadora del Óscar a la Mejor Película Internacional, logra equilibrar el humor negro con una tristeza desgarradora, recordándonos que, a veces, para volver a encontrarse, hay que perder un poco el equilibrio.

Mediante una exploración honesta de la soledad masculina y de cómo la amistad es, a menudo, el único refugio seguro para expresar el miedo al fracaso, Vinterberg nos muestra a hombres que lloran, que se abrazan y que fracasan. Aun así, la película no pretende ser un alegato moralizante, puesto que no condena el consumo de alcohol de forma simplista ni tampoco lo glorifica sin consecuencias: más bien lo enfoca como una herramienta dual, una puerta a la conexión social y a la alegría, pero también un abismo que puede devorar familias y carreras.



lunes, 16 de febrero de 2026

La felicidad (1965)




Título original: Le bonheur
Directora: Agnès Varda
Francia, 1965, 80 minutos

La felicidad (1965) de Agnès Varda


Agnès Varda admitió en alguna ocasión que había escrito el guion de Le bonheur (1965) en apenas tres días y que el rodaje de la película fue, asimismo, extremadamente rápido. Y algo de esa prontitud, a decir verdad, se percibe en el desarrollo, un tanto abrupto, de una historia protagonizada por Jean-Claude Drouot y quienes eran los miembros de su propia familia (esposa e hijos) en la vida real. En cualquier caso, el uso del color que hace aquí la cineasta de la Nouvelle Vague, con saturaciones constantes y fundidos a rojo, azul y otras tonalidades estridentes, pone de manifiesto la influencia notable de la pintura impresionista.

Por otra parte, la llaneza con la que aborda el siempre espinoso tema del adulterio motivó la reacción adversa de determinados sectores de la sociedad francesa, que presionaron hasta lograr que la cinta se estrenase bajo fuertes restricciones comerciales, catalogándola de sólo apta para los mayores de dieciocho años. Altísimo precio que debió pagar una propuesta en la que no se juzga explícitamente a los personajes, sino que se deja dicha tarea para el espectador.



Lo cierto es que bajo esa estética aparentemente de postal, con una paleta saturada de girasoles, cielos azules y picnics campestres que evocan las pinturas de Renoir o Monet, se esconde una perturbadora disección a propósito del egoísmo masculino y de cómo la felicidad en el seno de una sociedad patriarcal resulta hasta cierto punto de naturaleza arbitraria. Así pues, y en ese mismo orden de cosas, la omnipresente música de Mozart envuelve las escenas, creando una atmósfera de armonía que parece inquebrantable.

Sin embargo, el aspecto más cínico del filme reside en cómo Varda muestra que, según el sistema de valores del protagonista, las mujeres son apenas objetos intercambiables, no individuos. De modo que si una pieza del engranaje de la "felicidad" desaparece, puede ser sustituida tranquilamente por otra que cumpla el mismo rol (cocinar, cuidar de los niños, ser amante...) sin que el cuadro general se altere lo más mínimo. Crítica feroz, por tanto, envuelta en papel de regalo, con la que se da a entender que a menudo la felicidad de unos se construye sobre la anulación (o desaparición) de otros.



domingo, 4 de enero de 2026

Father Mother Sister Brother (2025)




Título en español: Padre Madre Hermana Hermano
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Italia/Francia/Irlanda/Alemania, 2025, 110 minutos

Father Mother Sister Brother (2025)


Las tres historias que conforman Father Mother Sister Brother (2025) responden a una forma de hacer cine cuya característica más notable sería el sosiego que transmiten las distintas situaciones expuestas. Algo que, por otra parte, viene siendo habitual en la filmografía de Jarmusch, director independiente estadounidense al que, sin embargo, hace ya tiempo que se le valora más en Europa, razón por la cual esta su última película es una coproducción entre varios países, situándose la acción de dos de los episodios (el segundo y el último) en Dublín y en París, respectivamente.

En el primero de los fragmentos es el padre (Tom Waits), un anciano decrépito que vive solo en su cabaña a las afueras de New Jersey, quien recibe la visita de sus dos hijos (Adam Driver y Mayim Bialik), a los que hace mucho tiempo que no veía. Algo similar a lo que ocurre en el siguiente, donde ahora es una madre (Charlotte Rampling), novelista de éxito, la que acoge a dos hermanas (Cate Blanchett y Vicky Krieps) enormemente distintas entre sí. En cambio, el tercero explica el reencuentro de dos hermanos (Luka Sabbat e Indya Moore) que visitan el antiguo apartamento de sus padres, ya fallecidos.



Aparte de la predilección de Jarmusch por los planos en ángulo cenital, sobre todo de las mesas donde se sirve la comida, hay una serie de constantes que se irán repitiendo en los tres segmentos, ya sean frases (como el modismo alusivo a un tal tío Bob) o esos jóvenes skaters que avanzan a cámara lenta por las calles y que tanto recuerdan a los de Paranoid Park (2007) de Gus Van Sant. Todo ello inmerso en una banda sonora, compuesta por el propio cineasta en colaboración con Annika Henderson, cuya sonoridad envolvente remite al sonido ambient a lo Music for Airports (1978) de Brian Eno.

Aunque lo más remarcable de la cinta, premiada con el León de Oro en la última edición del Festival de Venecia, es el sentimiento de pérdida que se percibe en todas las historias, esos lazos familiares debilitados por el paso del tiempo o simplemente por la desidia fruto de un mundo, el de la sociedad líquida, en el que todo va demasiado deprisa, incluso las relaciones humanas. Secretos y mentiras (o por lo menos medias verdades), silencios incómodos y demás temas recurrentes que propician que los personajes, pese al vínculo que los une, sean en realidad unos perfectos desconocidos los unos para los otros.



domingo, 28 de diciembre de 2025

Valor sentimental (2025)




Título original: Affeksjonsverdi
Director: Joachim Trier
Noruega/Alemania/Dinamarca/Francia/Suecia/Reino Unido/Turquía, 2025, 133 minutos

Valor sentimental (2025) de Joachim Trier


Una de las sensaciones del año que está a punto de acabar ha sido, sin lugar a dudas, Valor sentimental (2025). Hasta el extremo de que se la compara con el cine de Bergman, probablemente porque uno de sus protagonistas es un director de cine que en el pasado, como hiciera a menudo el maestro sueco, mantuvo diferentes relaciones sentimentales con varias de sus actrices. Aunque el parecido va mucho más allá, considerando la minuciosa disección que se lleva a cabo de los lazos familiares entre el susodicho y sus dos hijas.

Aun así, el ejercicio metacinematográfico que lleva a cabo el noruego Joachim Trier, a partir de un libreto escrito en colaboración con Eskil Vogt, concede enorme protagonismo a la casa familiar, espacio que, por su trascendencia dentro de la lógica interna del relato, termina adquiriendo la relevancia, a nivel simbólico, de un personaje más. A este respecto, resulta enormemente significativa la escena inicial, en la que la voz en off de la narradora describe cómo una de las niñas, cuando era pequeña, escribió una redacción en la que imaginaba que el edificio tenía vida propia.

La casa, torcida y resquebrajada, es una metáfora de la familia


Son diversas las generaciones que han desfilado por su interior, si bien ahora el padre se plantea, tras el fallecimiento reciente de su ex mujer, rodar allí mismo la que será su última película. Lo cual implica otro motivo más de discordia entre el viejo Gustav Borg (Stellan Skarsgård) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) y Nora (Renate Reinsve). Sobre todo con esta última, quien, dada su condición de hermana mayor, siempre ha sido la más inestable (buena prueba de ello es la secuencia de su ataque de miedo escénico durante los primeros instantes de una representación teatral).

Por si lo anterior no fuese poco, la irrupción de una estrella internacional (Elle Fanning) como reclamo publicitario que encabece el proyecto, a la par que musa del cineasta, sitúa a la actriz en un plano de rivalidad con las hermanas que desestabilizará aún más la armonía doméstica. Innovadora puesta en escena ideada por Trier, dando pie a un juego ambiguo entre realidad y ficción, que, en definitiva, constituye el principal rasgo de originalidad de una cinta premiada en Cannes y que optará a ocho premios en la próxima edición de los Globos de Oro.



viernes, 12 de diciembre de 2025

La boca de Jean-Pierre (1996)




Título original: La bouche de Jean-Pierre
Directora: Lucile Hadzihalilovic
Francia, 1996, 52 minutos

La boca de Jean-Pierre (1996) de L. Hadzihalilovic


Los inicios de la carrera de Lucile Hadzihalilovic (Lyon, 1961) ponían ya de manifiesto cuáles iban a ser las constantes que definen su particular mirada cinematográfica. Así pues, el mediometraje La bouche de Jean-Pierre (1996) reúne elementos como el retrato incómodo de la infancia o la predilección por los espacios aislados y misteriosos, todo ello a medio camino entre la poesía y una estética muy visual y a menudo hasta inquietante.

Aunque ambientada en un bloque de viviendas de la masificada banlieue de cualquier gran ciudad francesa de la década de los 70 (con colores saturados y un aire lúgubre), la dirección de Hadzihalilovic y la fotografía (a cargo, en parte, de su pareja sentimental, el también cineasta Gaspar Noé) transforman este entorno familiar en un espacio opresivo y hostil.



Debut notable y visceral, la cinta constituye una pequeña joya oscura que combina dosis de realismo social de lo que vendría a ser una especie de drama doméstico un tanto sui géneris con, al mismo tiempo, una atmósfera mórbida y una tensión psicológica magistralmente construidas. A este respecto, la presencia de Jean-Pierre (Michel Trillot), un individuo que se muestra extraña y excesivamente afectuoso con la niña protagonista, revela de inmediato el carácter depravado de sus intenciones. La película narra, por lo tanto, la perturbadora experiencia de la víctima bajo el mismo techo que este depredador.

En consecuencia, el apartamento de la tía Solange (Denise Aron-Schropfer) se convierte en un microcosmos hermético del que la candorosa Mimi (Sandra Sammartin) no puede escapar, anticipando de ese modo los escenarios cerrados y ritualizados de futuros largometrajes de la misma directora.



miércoles, 3 de diciembre de 2025

Flores para Antonio (2025)




Directores: Isaki Lacuesta y Elena Molina
España, 2025, 98 minutos

Flores para Antonio (2025) de I. Lacuesta & E. Molina


Transcurridos treinta años desde la fatídica desaparición de Antonio Flores (1961-1995), su hija Alba indaga en el pasado familiar con el objetivo de descubrir detalles que nunca antes se había atrevido a preguntar. El resultado, Flores para Antonio (2025), se plantea como un viaje emocionantísimo a las interioridades de una saga de artistas, cierto, pero también, y por encima de todo, como ejercicio de introspección mediante el que superar el duelo y demás patrones de pensamiento limitantes que la protagonista ha arrastrado desde hace décadas como consecuencia del trauma que le supuso el fallecimiento prematuro, y en circunstancias especialmente dolorosas, del padre.

No en vano, el documental lleva por subtítulo "una película de conversaciones pendientes", razón por la cual tanto las tías de Alba, Lolita y Rosario, como su madre, Ana Villa, se prestan a romper un silencio de años contándole todo aquello que hasta la fecha le impedía reconstruir la verdadera personalidad de alguien que, pese a su dimensión pública, no deja de ser un desconocido para ella. Además, ahora que Alba supera la edad que tenía su padre cuando éste murió, parece llegado el momento de afrontar el reto. De ahí que recurra a los consejos de Sílvia Pérez Cruz para recuperar su propia voz, ella que dejó de cantar tras la muerte de su padre.

Terapia familiar


Por su parte, los directores, Isaki Lacuesta y Elena Molina, recuperan infinidad de filmaciones inéditas, la mayoría de ámbito doméstico (impresionante la escena de la niña cantando blues mientras su padre la acompaña a la guitarra), que permiten que el espectador sea también partícipe de ese redescubrimiento de un artista cuyo paso por la mili, por cierto, no le sirvió para otra cosa sino para truncar su fulgurante carrera. Y también, por lo que se insinúa, para acabar de engancharse a las sustancias estupefacientes que, al fin y a la postre, marcarían su posterior declive personal. Un ocaso que se precipitaría por la enfermedad y posterior fallecimiento de la matriarca del clan, la mítica Lola Flores, con la que apenas se llevó quince días y cuyo recuerdo está presente de principio a fin del relato.

Original, conmovedor, sincero... El estilo visual de Flores para Antonio contribuye a ensalzar la figura de un genio atormentado, autor de letras brillantísimas que aparecen a menudo sobreimpresas en pantalla junto con algunas ilustraciones de su faceta menos conocida de dibujante y autor de collages. Como también el testimonio de quienes lo conocieron (Sabina, Ariel Rot, Antonio Carmona...) acaba de perfilar el retrato del cantante y compositor, pero sobre todo del ser humano.



sábado, 15 de noviembre de 2025

Albert Pueyo, 50 tecles i un objectiu (2025)




Título en castellano: Albert Pueyo, 50 teclas y un objetivo
Director: Albert Pueyo
España, 2025, 90 minutos

Albert Pueyo, 50 tecles i un objectiu (2025)


Albert Pueyo Tartera (1936-2024) fue un fotógrafo amateur residente en el municipio vallesano de Cerdanyola del Vallès, donde, tras establecerse con su familia a partir de 1972, fue miembro activo de AFOCER (la Agrupació Foto-Cine Cerdanyola-Ripollet). Su hijo, Albert Pueyo Salvadó, presenta ahora el documental 50 tecles i un objectiu (2025) en el marco de la exposición retrospectiva de la que él mismo es comisario y que podrá visitarse en el Ateneo de la mencionada localidad hasta el próximo 15 de diciembre.

A grandes rasgos, la cinta propone un recorrido que abarca desde los orígenes familiares de Pueyo, criado entre el barrio de la Ribera de Barcelona y Caldes de Montbui, en el seno de una familia de fuertes convicciones republicanas, hasta sus últimos años de vida, en los que tuvo ocasión de visitar el campo de concentración de Mauthausen-Gusen, lugar en el que su propio padre, Armand, como tantísimos otros represaliados, murió víctima de la barbarie nazi.



Al hilo de este episodio, se aborda también de pasada la figura de Clara Pueyo Jornet, tía carnal del homenajeado, por vía paterna, que desapareció sin dejar rastro después de permanecer recluida en la cárcel de mujeres situada en el espacio que hoy ocupa El Corte Inglés de la Diagonal. Ataviada con sus peculiares gafas redondas, similares a las que décadas más tarde popularizaría el cantante John Lennon, Clara se destacó como militante comunista y ferviente defensora de los derechos de la mujer. Circunstancias, por cierto, de las que también se hizo eco la cineasta de origen chileno Carolina Astudillo Muñoz en Canción a una dama en la sombra (2022).

Y así, mediante el testimonio de amigos y familiares, se completa el retrato de un hombre que recorrió media España arreglando máquinas de coser de la casa Wertheim hasta recalar finalmente en la Hispano-Olivetti, donde permanecería durante un cuarto de siglo. Apasionado de la Hasselblad, sus instantáneas denotan una minuciosidad no exenta de frescura en las que se adivina un cierto parecido con la obra de su primo, el también fotógrafo Ramon Masats (1931-2024).



viernes, 19 de septiembre de 2025

Jone, a veces (2025)




Título original: Jone Batzuetan
Directora: Sara Fantova
España, 2025, 80 minutos

Jone, a veces (2025) de Sara Fantova


La vida de la protagonista de Jone, a veces (2025) gira casi exclusivamente en torno a sus amigas y a su familia. Huérfana de madre desde edad muy temprana, le toca ahora tomar la iniciativa en casa, ya que tiene una hermana pequeña y su padre se encuentra cada día más limitado físicamente a causa de una enfermedad degenerativa. 

Aunque llegan las fiestas de Bilbao y la joven participa de las celebraciones junto con el resto de su cuadrilla. Momentos de euforia estival que le permiten evadirse temporalmente de sus preocupaciones e incluso entablar una relación con Olga, una camarera algo mayor que ella. No obstante, el padre (Josean Bengoetxea) tiene claro que no quiere convertirse en una carga para sus hijas, por lo que decide iniciar los trámites de su testamento vital, algo que a Jone (Olaia Aguayo) le cuesta muchísimo asimilar.



Los insertos de imágenes domésticas de la propia Jone cuando era apenas una cría no sólo sirven para rescatar la presencia de la madre, de la que sólo escuchamos la voz, sino que refuerzan también la ternura de la niña que fue, en abierta antítesis con la veinteañera que ha terminado siendo. Procedimiento al que, ya en los títulos de crédito finales, se vuelve a recurrir mediante fotos de cuando eran pequeños cada uno de los miembros del equipo de rodaje.

Con un estilo ágil, fresco, la puesta en escena de la prometedora ópera prima de Sara Fantova, a partir de un guion escrito, entre otros, por Núria Dunjó, incide en aspectos clave de lo que sería el día a día de una joven vasca de hoy. De hecho, la mayoría de críticas destacan la honestidad emocional de la película por la forma en que retrata el amor juvenil, la enfermedad del padre y hasta la tensión o contraste entre lo que serían los festejos de la Aste Nagusia (o Semana Grande bilbaína) y el drama familiar que vive la protagonista.



martes, 9 de septiembre de 2025

Romería (2025)




Directora: Carla Simón
España, 2025, 114 minutos

Romería (2025) de Carla Simón


Todo parece indicar que Carla Simón cierra un ciclo con Romería (2025). Un tríptico que engloba sus trabajos precedentes, Estiu 1993 (2017) y Alcarràs (2022), para culminar el proceso de indagación en las raíces de su propia familia. A este respecto, la directora ya ha dicho públicamente que su próximo proyecto girará en torno al mundo del flamenco y habrá que estar muy atentos para ver hacia dónde evoluciona la obra de una de las autoras más notables de nuestro actual panorama cinematográfico.

De Romería, en concreto, destaca la apariencia de diario filmado mediante el que Marina (Llúcia Garcia) deja constancia de su particular viaje a Galicia en busca de respuestas que le permitan reconstruir cómo fueron realmente sus padres y en qué condiciones pasaron sus últimos años de vida. Circunstancias que fueron edulcoradas, cuando no directamente silenciadas, por el resto de familiares debido al tabú que rodeaba al sida y al mundo de la drogodependencia.



La base de las diferentes impresiones de la protagonista, debidamente presentadas con su correspondiente número y epígrafe, procede del epistolario que dejó escrito su madre, compuesto por numerosas cartas de cuyo contenido, leído en off, se desprende la vida un tanto desordenada y siempre al límite de una joven de costumbres libérrimas en la España de los años ochenta. Así pues, lo que en principio tenía que ser un simple trámite administrativo para que la protagonista pueda optar a una beca universitaria se acaba convirtiendo en un verdadero revulsivo que le ayudará a recomponer y atar muchos cabos sueltos de su hasta entonces enigmático pasado familiar. 

Dicho proceso no sólo implica que la joven indaga entre los más allegados de su entorno, sino que gradualmente (en lo que supone uno de los principales aciertos de la película) la puesta en escena se adentra en terrenos ligeramente oníricos en los que Marina logrará visualizar a sus padres cuando éstos eran apenas una pareja que tomaba el sol en las terrazas o correteaba a orillas de la playa de su juventud radiante. Todo ello engarzado en una estructura narrativa no lineal en la que la mirada reflexiva convive con la invención poética.