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miércoles, 18 de diciembre de 2024

Cuando cae el otoño (2024)




Título original: Quand vient l'automne
Director: François Ozon
Francia, 2024, 102 minutos

Cuando cae el otoño (2024) de François Ozon


Aunque no se trata del mejor Ozon, su último trabajo, recién estrenado en salas comerciales y que lleva por título Quand vient l'automne (2024), roza por momentos el suspense de Swimming Pool (2003) o el dramatismo de Bajo la arena (2000). Sin embargo, la historia de una antigua prostituta, hoy anciana venerable que debe hacer frente a los reproches de su entorno familiar más directo, dista de poseer la credibilidad necesaria para que el espectador conecte con los personajes y se olvide de que está viendo una película.

Adornada, eso sí, por una bella paleta de tonalidades ocre, la fotografía de Jérôme Alméras subraya el carácter crepuscular de una cinta que aborda el conflicto generacional entre madres e hijos desde la óptica de un cineasta especialmente dotado para profundizar en la psique femenina. A este respecto, el otoño al que alude el título adquiere una evidente connotación metafórica en clara referencia a la vejez.

Al principio, la cosa va de setas...


En su decrepitud no exenta de patetismo, Michelle (Hélène Vincent) y Marie-Claude (Josiane Balasko) se ven expuestas a la intolerancia de una sociedad hipócrita que no parece dispuesta a perdonarles la vida "alegre" que una vez llevaron. Estigma que, por añadidura, se prolonga más allá de lo que hicieron o dejaron de hacer hasta afectar, incluso, a su descendencia. Así pues, la hija de la primera (Ludivine Sagnier) le recrimina continuamente el trauma que sufre por haber carecido de niñez; el hijo de la otra (Pierre Lottin) apenas si levanta cabeza tras su paso por prisión y el nieto de Michelle padece incluso acoso escolar.

De todos modos, y pese a la interesante investigación policial que se deriva de los hechos, la cosa desvaría a partir del momento en el que la protagonista comienza a hablar con difuntos. Algo que desentona con el tono general de una historia que navega a caballo entre distintos géneros para acabar haciendo agua en todos ellos.



miércoles, 15 de mayo de 2019

La intervención (2019)




Título original: L'intervention
Director: Fred Grivois
Francia/Bélgica, 2019, 98 minutos

La intervención (2019) de Fred Grivois


La estructura de L'intervention, tensa y contrarreloj, invita a pensar en filmes clásicos como La patrulla perdida (1934) de John Ford o Grupo salvaje (1969) de Sam Peckinpah. Es decir: modelos americanos más que franceses. Quizá porque su director, el francocanadiense Fred Grivois, estudió en la Universidad de Nueva York. Aun así, otro realizador galo llamado Fred, en este caso Cavayé, ensayó una fórmula similar en Cuenta atrás (À bout portant, 2010), cinta igualmente trepidante en la que la vida de una rehén inocente y vulnerable (la española Elena Anaya) dependía de la pericia del protagonista (Gilles Lellouche).

La intervención, en cambio, obedece más a la receta "basado en hechos reales", por lo que sus productores se han visto en la necesidad de recrear en Marruecos un espacio que pueda parecerse al Djibouti del 76: última colonia francesa y región en la que tuvieron lugar los acontecimientos en los que la película se ha inspirado libremente.



Un autobús escolar, repleto de criaturas, secuestrado por terroristas en la frontera con Somalia; un cuerpo de élite alrededor del vehículo apuntando a través de sus miras telescópicas: ni que decir tiene que el clímax se hará esperar hasta el momento en el que los aguerridos miembros de la futura GIGN (Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional) actúen al unísono en un ataque milimétricamente calculado. Pese a que los daños colaterales, en situaciones de este tipo, sean prácticamente inevitables...

La ucraniana Olga Kurylenko, aparte de demostrar una vez más sus dotes políglotas, se mete en la piel de una inverosímil maestra casi tan ducha en el manejo del revólver como en el de la tiza sobre el encerado. Sus raptores —tontos, feos y malos, como mandan los cánones— pondrán en jaque a las autoridades locales, encabezadas por el general Favrart (Vincent Pérez) y condicionadas por las severas órdenes que Michèle Sampieri (Josiane Balasko) envía desde París con tal de mantener a raya el afán de entrar en acción de los militares. En fin: muchos tiros y poco cine.


jueves, 25 de abril de 2019

Gracias a Dios (2018)




Título original: Grâce à Dieu
Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2018, 137 minutos

Gracias a Dios (2018) de François Ozon


Encargar a François Ozon que escriba y dirija una película sobre los casos de pederastia en el seno de la Iglesia vendría a ser, salvando las distancias, como pedirle a Almodóvar que realizase el spot publicitario para la campaña electoral de Vox: lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Bueno, imposible: cosas más raras se han visto. De hecho, ahora que lo pienso, La mala educación (2004) se acercaría bastante a dicho enfoque. Pero a lo que me vengo a referir es a que no hace falta esperar a la publicación del resultado final para saber de antemano que éste será forzosamente tendencioso.

Pues bien: dicho y hecho. Lo último del prolífico director francés responde al nada inocente título de Grâce à Dieu y posee una estructura un tanto errática (por no decir desconcertante). Comienza con el relato en primera persona de Alexandre (Melvil Poupaud) —cuarenta años, padre de familia numerosa, católico practicante—, aunque la acción irá gradualmente alejándose de este supuesto "protagonista" hasta convertirse en coral.



Porque será la decisión de este primero de dar el paso y denunciar ante los tribunales unos hechos acaecidos muchos años atrás la que desencadene un crucial efecto dominó, de modo que buen número de antiguos Scouts, víctimas de los abusos del padre Preynat (Bernard Verley), unan sus fuerzas para sentar al pedófilo en el banquillo.

El tema, de candente actualidad, pone encima de la mesa un asunto no menos espinoso: el del silencio, cuando no encubrimiento, por parte de la jerarquía eclesiástica y hasta de algunas familias creyentes cuya fe, más ciega que sincera, abocó a los Emmanuel (Swann Arlaud), Gilles (Éric Caravaca) o François (Denis Ménochet) de turno a padecer graves secuelas psicológicas ya en la edad adulta. Cuestión delicada donde las haya que Ozon resuelve con más o menos destreza si no fuera por esos inquietantes insertos (y de ahí el elemento tendencioso al que antes aludíamos) en los que un Preynat de áspero semblante conduce de la mano a sus tiernos efebos hasta el cuarto oscuro.


jueves, 31 de mayo de 2018

L'affiche rouge (1976)




Título en español: El cartel rojo
Director: Frank Cassenti
Francia, 1976, 89 minutos

L'affiche rouge (1976) de Frank Cassenti


Recreación fílmica libremente inspirada en un célebre episodio de la lucha antifascista durante la Segunda Guerra Mundial, L'affiche rouge (1976) narraba la historia del grupo Manouchian, cédula de la Resistencia integrada en el FTP-MOI ("Francotiradores y partisanos: mano de obra inmigrante") que, a su vez, tomaba el nombre de su líder, Missak Manouchian, y que sería despectivamente apodada L'armée du crime ("El ejército del crimen") por la propaganda nazi: de hecho, el realizador francés Robert Guédiguian dirigiría en 2009 una película con ese mismo título basada en los mismos acontecimientos.

Formado por veintitrés rebeldes comunistas (incluida una mujer, Olga Bancic), la mayoría de miembros del Grupo Manouchian era de origen extranjero, con una nómina que incluía españoles, italianos, armenios, así como judíos de Europa Central y Oriental. Unos treinta años después de su fusilamiento, acaecido al amanecer del 21 de febrero de 1944, los actores de la película se preparan para recibir a algunos supervivientes de aquel doloroso período que conocieron o frecuentaron a estos mártires de la Resistencia.



Arrestados en noviembre de 1943, sus miembros serían juzgados en un proceso sumarísimo celebrado ante el Tribunal Militar Alemán a partir del 17 de febrero de 1944, siendo condenados a muerte y fusilados el 21 del mismo mes (excepto Bancic, a la que decapitaron ya en mayo).

A raíz de dichos sucesos, en el momento del juicio y el día después de la ejecución (22 de febrero), los servicios de propaganda alemana, en una gran operación contra la Resistencia, empapelaron todo París y otras grandes ciudades francesas con quince mil unidades de un cartel rojo (de ahí el título de la película) que reproducimos más abajo y cuyo contenido rezaba así: "¿Libertadores? ¡La liberación por el ejército del crimen!"


sábado, 14 de abril de 2018

Un sol interior (2017)















Título original: Un beau soleil intérieur
Directora: Claire Denis
Francia/Bélgica, 2017, 94 minutos

Un sol interior (2017)

En los primeros compases de su última película, la directora francesa Claire Denis (París, 1946) apuesta por sorprendernos haciéndonos creer que la protagonista es una prostituta de lujo cuando, en realidad, se trata de una pintora que va en busca del amor ideal. Objetivo que no logra ver cumplido, quizá porque, como se señala en el título, a menudo es dentro de uno mismo donde realmente se halla la solución.

Ya en White Material (2009) Denis centraba su atención en una mujer independiente propietaria de una plantación de café (interpretada por Isabelle Huppert) en el contexto de un conflicto bélico en el continente africano. Ahora el protagonismo vuelve a recaer en otra estrella del cine galo (Juliette Binoche), aunque en esta ocasión la batalla se libra en su interior: ansiosa por disfrutar de una vida sentimental plena, los amantes irán desfilando, uno tras otro, por su lecho sin que ninguno de ellos logre ser el definitivo.



A decir verdad, la práctica mayoría son descritos como un hatajo de idiotas, desde el repulsivo banquero Vincent (Xavier Beauvois) hasta el vanidoso actor teatral al que da vida Nicolas Duvauchelle. Quizá por ello, la última escena deriva un tanto hacia la comedia al desarrollarse en la consulta de un vidente (Gérard Depardieu) que da consejos de lo más variopinto a Isabelle mientras los títulos de crédito desfilan por el margen izquierdo de la pantalla.

En realidad, Un beau soleil intérieur le deja a uno la sensación de obra improvisada, como si los diferentes ingredientes de su guion fuesen un todo deslavazado. Lo cual demuestra que, para que una película funcione, no basta con acumular algunos nombres ilustres en el reparto (como Josiane Balasko o Valeria Bruni Tedeschi, aparte de los ya mencionados Depardieu y Binoche).


lunes, 26 de febrero de 2018

El libertino (2000)




Título original: Le libertin
Director: Gabriel Aghion
Francia, 2000, 1998

« On n'arrête pas le progrès ! »

El libertino (2000) de Gabriel Aghion


MORALE, s. f. (Science des mœurs) c’est la science qui nous prescrit une sage conduite, & les moyens d’y conformer nos actions.

S’il sied bien à des créatures raisonnables d’appliquer leurs facultés aux choses auxquelles elles sont destinées, la Morale est la propre science des hommes ; parce que c’est une connoissance généralement proportionnée à leur capacité naturelle, & d’où dépend leur plus grand intérêt. Elle porte donc avec elle les preuves de son prix ; & si quelqu’un a besoin qu’on raisonne beaucoup pour l’en convaincre, c’est un esprit trop gâté pour être ramené par le raisonnement.

L’Encyclopédie/1re édition (1751)



Amparándose en una estampa del siglo XVIII tan tópica como superficial, El libertino adaptaba la pieza teatral homónima de Eric-Emmanuel Schmitt que puede verse estos días en el Poliorama con Abel Folk y Àngels Gonyalons encabezando el reparto. Los protagonistas de la versión cinematográfica fueron Vincent Pérez, en el papel de Diderot, y la mítica Fanny Ardant como Madame Therbouche, la avispada retratista que, procedente de Berlín (donde ya ha pintado a Voltaire), convence al filósofo para que pose desnudo.

Tanto en la obra como en la película, quizá el trasfondo histórico resulte lo más interesante, con un Diderot apremiado por las circunstancias para redactar una entrada sobre la moral en la hora decisiva de la confección de la Enciclopedia. Seguramente, las cosas no acontecieron en la vida real con ese aire de vodevil, aunque no deja de ser divertido imaginar al erudito francés como el desenfrenado calavera de vida disoluta que aquí se nos presenta, rodeado de secundarios aún más tronados, si cabe, como la voraz Baronesa de Holbach (Josiane Balasko) o la insaciable Marquesa de Jerfeuil (Arielle Dombasle).



Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, Le libertin se enmarca en una clara política divulgativa, por parte de la industria francesa, empecinada en la vulgarización de figuras clave de la cultura de aquel país tales como Molière (personaje central de Las aventuras amorosas del joven Molière, dirigida en 2007 por Laurent Tirard) o el Jean de La Fontaine de Le défi (2007) de Daniel Vigne. Todo ello como consecuencia lógica de la onda expansiva generada por el bombazo que supuso, en 1990, el Cyrano de Rappeneau.

Tal vez sea en ese afán por llegar a amplias capas del público donde haya que buscar la razón de por qué la banda sonora, compuesta por el hoy célebre Bruno Coulais (autor, entre otras, de la música de Los chicos del coro), adolece de un aire un tanto discotequero que desentona con el resto de la ambientación histórica en aras de hacerla más cercana al espectador. Aunque, en ese sentido, quizá lo más divertido del filme, aparte de ver cómo fracasa en su política reaccionaria el cascarrabias Cardenal interpretado por un veterano Michel Serrault que fallecería pocos años después, sean los continuos paralelismos con el presente. Así pues, y siempre de la mano de la extravagante baronesa, veremos a los personajes probando (con más curiosidad que placer) nuevas emociones como el chocolate, el caviar o, incluso, las palomitas de maíz durante una proyección de linterna mágica.


domingo, 21 de enero de 2018

Mes héros (2012)




Título en español: Mis héroes
Director: Éric Besnard
Francia, 2012, 88 minutos

Mes héros (2012) de Éric Besnard


Es increíble la cantidad de cosas que puede uno llegar a descubrir gracias a los extras de los DVD, sobre todo cuando contienen audiocomentario a cargo del propio director. Esta película, por ejemplo, tenía que haberse titulado Maman, pero como la actriz protagonista (Josiane Balasko) ya estaba rodando otro filme con ese mismo título, fue necesario cambiarlo por el no mucho más original Mes héros.

De Éric Besnard tenemos todavía reciente su último trabajo: Pastel de pera con lavanda (2015). Y ni ésta ni la anterior Mis héroes, que aquí ni siquiera llegó a estrenarse, pasarán a la historia como las mejores comedias del cine francés. No por nada en especial: tal vez porque se trata de productos convencionales dirigidos a un público sin mayor ambición que pasar el rato.



Maxime (Clovis Cornillac) es propietario de una flota de ambulancias y atraviesa una crisis matrimonial que no parece tener solución. Sin embargo, cuando se vea forzado a pasar un fin de semana en el campo con sus estrafalarios padres se dará cuenta de que, a pesar de que lleven cuarenta años de discusiones, aún se siguen queriendo. Olga, la madre (Balasko) es un auténtico torbellino, pesada como ella sola. Jacques, el padre (Gérard Jugnot) se dedica a fabricar lámparas y buscar champiñones en el bosque en compañía de su amigo Jean (Pierre Richard) para olvidarse de su delicado estado de salud. Pero eso no es todo: a Olga no se le ocurre otra cosa que esconder a un niño sin papeles para evitar que sea extraditado junto a su madre. El pequeño Tiémoko, siempre provisto de su pasamontañas naranja, irá poco a poco cogiendo confianza en su nuevo hogar, al tiempo que despierta en el viejo matrimonio un instinto protector que creían perdido para siempre.



Quien haya visto Le Havre de Aki Kaurismäki, Welcome de Philippe Lioret o Samba de Éric Toledano y Olivier Nakache a buen seguro que encontrará en Mes héros elementos que le resulten familiares, en especial esa actitud bienintencionada de querer convencernos sobre la necesidad de abrir las puertas a la inmigración. A quienes les divirtieran las comedias basadas en el contraste/conflicto intergeneracional tipo Vuelta a casa de mi madre (2016; también protagonizada, por cierto, por la Balasko) volverán a pasar un buen rato, esta vez a ritmo de góspel. Hay, incluso, hasta algún que otro guiño para cinéfilos: en un momento dado, la hiperactiva Olga obliga a Jacques a vestirse de Papá Noel con la finalidad de sorprender a su joven huésped. Situación que provoca las iras del hombre al grito de: "Le Père Noël n'existe pas !", en clara alusión al clásico Le Père Noël est une ordure (1982) de Jean-Marie Poiré, filme de culto en el que ambos actores ya habían coincidido y donde Jugnot se veía forzado a ponerse el mismo disfraz.


martes, 10 de enero de 2017

Vuelta a casa de mi madre (2016)




Título original: Retour chez ma mère
Director: Éric Lavaine
Francia, 2016, 97 minutos

Vuelta a casa de mi madre (2016) de Éric Lavaine


El último éxito de taquilla del cine francés es esta comedia inspirada en la generación bumerán: la de los adultos que, forzados por la precariedad del mercado laboral, se ven obligados a volver a casa de sus padres. En cierta manera, un tema bastante similar ya había sido tratado en Tanguy (2001) de Étienne Chatiliez, sólo que dicho filme abordaba más bien el caso de los hijos que abandonan el hogar paterno muy tarde (o que, directamente, como le sucedía al protagonista, no llegan a marcharse nunca).

Sería exagerado llamar comedia social a Retour chez ma mère, sino que se trata más bien de una película amable que toma como pretexto un fenómeno actual para entretener al espectador a través de una serie de situaciones basadas en el equívoco: por ejemplo, los supuestos síntomas de Alzheimer que muestra la madre (Josiane Balasko). Con el inconveniente de que algunas de dichas agudezas son prácticamente intraducibles, como la confusión que se produce durante la cena familiar entre la marca de precocinados Picard y una receta preparada por la madre a la picarda (es decir, de Picardía, la región situada entre Francia y Bélgica).



Una madre que, por cierto, reúne todos los tópicos habidos y por haber: maniática del orden y de la puntualidad, negada para las nuevas tecnologías, la convivencia con ella no será nada fácil para su hija Stéphanie (Alexandra Lamy), una arquitecta ya cuarentona que, de un día para otro, se verá en la necesidad de ser acogida al quedarse sin empleo. Con el agravante de que ella siempre fue por libre y no se había distinguido en ayudar demasiado ni a sus amigos ni a su difunto padre cuando lo necesitaron... Como le echarán en cara su hermana (Mathilde Seigner) o su "mejor" amiga.

Hay, por otra parte, otro tema de candente actualidad en la película y es el caso de las mujeres que, como la señora Mazerin, reivindican el derecho a rehacer sus vidas tras haber enviudado, aunque ello pueda suscitar el recelo o incluso la oposición de los hijos.

Pero ninguno de estos asuntos es tratado en profundidad, como lo prueba el hecho de que en el desenlace queden flecos sin resolver (¿qué ocurre con el cuñado de Stéphanie?: ¿regresará con Carole?) o que la situación de la protagonista se resuelva en un plis plas mediante una intervención bastante inverosímil de su madre. Aparte de que nos queda la impresión de que el tráiler de la película era más divertido que la propia película, lo cual demuestra que determinadas escenas o chistes pierden fuelle si previamente son utilizados como reclamo en los fragmentos que sirven de avance promocional.