Mostrando entradas con la etiqueta Catherine Frot. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catherine Frot. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de julio de 2019

Quien me quiera que me siga (2019)


















Título original: Qui m'aime me suive !
Director: José Alcala
Francia, 2019, 90 minutos

Quien me quiera que me siga (2019) de José Alcala

Cualquiera que esté medianamente familiarizado con el universo del cineasta marsellés Robert Guédiguian percibirá enseguida su ascendiente como productor en esta comedia agridulce que ha dirigido José Alcala. Sobre todo por ese aire desengañado de viejos revolucionarios de mayo del 68 venidos a menos que destila el trío protagonista y que ya flotaba en el ambiente en La casa junto al mar (La villa, 2017) del propio Guédiguian.

En esta ocasión, son dos hombres (Daniel Auteuil y Bernard Le Coq) quienes llevan toda la vida disputándose el amor de la misma mujer. Y aunque Simone (Catherine Frot) esté casada con el cascarrabias de Gilbert (Auteuil), no se cortará ni un pelo a la hora de fugarse con Étienne (Le Coq) o de volver con su marido, según le convenga.



Luego hay una segunda trama, más de tipo familiar, que es la que enfrenta al ya mencionado Gilbert con su hija Nathalie (Vanessa Paric), con la que lleva varios años sin hablarse y que, debido a un motivo de peso que se acabará desvelando hacia el final, le encasqueta a su hijo Térence durante una temporada. Se establece entonces, entre niño y abuelo, una relación marcada por la tirantez inicial y en la que ambos, a fuerza de irse conociendo, irán gradualmente venciendo sus reticencias.

No puede decirse que el guion de Qui m'aime me suive ! sea precisamente redondo en lo tocante a la cohesión entre las diferentes líneas argumentales que lo componen. Tenemos, por una parte, el tema del misántropo pendenciero (en este caso Gilbert), siempre dispuesto a buscar camorra y que, ahogado por apuros económicos, se deja consumir lentamente en el retraimiento de su aldea. Hay también algo del derecho de la mujer a liberarse sexual y sentimentalmente, eligiendo con quién quiere estar en cada momento en función de sus necesidades personales o afectivas. Y, por último, tiene bastante de aquellos ideales de juventud que se fueron perdiendo por el camino, pero que, el día menos pensado, tal vez revivan gracias a la savia nueva infundida por un nieto o por una joven pareja de vecinos con ganas de echar raíces en el pueblo.


lunes, 6 de agosto de 2018

Dos mujeres (2017)




Título original: Sage femme
Director: Martin Provost
Francia/Bélgica, 2017, 117 minutos

Dos mujeres (2017) de Martin Provost


Los créditos iniciales de Dos mujeres (que en Hispanoamérica se ha estrenado como El reencuentro) juegan con el doble sentido del título original haciendo aparecer y desaparecer un simple guion: Sage-femme ('Comadrona') versus Sage femme ('Mujer sabia'). De acuerdo con ese detalle el mismo calificativo serviría para designar a ambas protagonistas: Claire (Catherine Frot) porque ése es su oficio; Béatrice (Catherine Deneuve) porque su filosofía de vida, aparentemente caótica y nada convencional, demuestra, sin embargo, una profunda sabiduría.

Son, en realidad, personas antagónicas a las que el destino se ha empeñado en dar una última oportunidad para complementarse, comprenderse, perdonarse o como se le quiera llamar. Y, pese a lo mucho que las separa, ambas comparten un hecho capital que es que las dos se encuentran, por diferentes motivos, en un momento crucial de sus respectivas existencias: a Béatrice le acaban de diagnosticar un tumor cerebral; Claire, en cambio, recibe la noticia de que va a ser abuela al mismo tiempo que inicia una relación con un vecino (Olivier Gourmet) y se confirma el cierre de la maternidad en la que trabaja.



Hay, por otra parte, una historia en común: Béatrice fue la amante del padre de Claire, aunque un buen día desapareció del mapa sin dejar rastro, cosa que la partera no parece haber olvidado. Y es que Claire ni tiene amigos ni se relaciona con su propia madre, de la que apenas sabemos nada ni llega a aparecer en toda la película, lo cual subraya la misantropía en la que vive instalada casi tanto como esa horrible gabardina de la que nunca se desprende y que Béatrice no soporta.

Una, extremadamente sincera y sobria, ha traído al mundo a muchas criaturas; la otra, capaz de construirse un personaje a medida (el de supuesta princesa húngara) que le ha permitido vivir holgadamente del cuento, se apresta a una muerte tal vez inmediata. En definitiva, cara y cruz de una misma moneda, como se confirma en la secuencia en la que Simon (Quentin Dolmaire), que es el vivo retrato de su abuelo (campeón olímpico de natación), irrumpe en el cuarto en el que Béatrice está mirando viejas diapositivas junto a Claire: en un instante, casi mágico, quedan superpuestas las imágenes de ambos sobre la pared y Béatrice tiene la sensación de viajar en el tiempo, sobre todo cuando el muchacho la besa.


martes, 12 de abril de 2016

Madame Marguerite (2015)




Título original: Marguerite
Director: Xavier Giannoli
Francia/República Checa/Bélgica, 2015, 129 minutos

Madame Marguerite (2015)


Quienes hayan visto Ciudadano Kane recordarán sin duda el caso de Susan Alexander, la segunda esposa del magnate de la prensa. Obsesionado por hacer de ella una excelsa cantante de ópera, Charles Foster Kane pondrá a su disposición todos los medios imaginables. Hasta mandará construir un costoso teatro con tal finalidad. La joven, sin embargo, carece totalmente de las cualidades necesarias para triunfar, lo cual desespera no tanto al marido (siempre empecinado en salirse con la suya) sino al sufrido profesor de canto que ve con exasperación cómo sus lecciones no surgen efecto. Un encolerizado profesor Matiste al que, por cierto, daba vida el mallorquín Fortunio Bonanova (aunque esa es otra historia).

Quizá Orson Welles y su equipo de colaboradores tuvieron en mente a la hora de inspirarse a la soprano norteamericana Florence Foster Jenkins (1868-1944), cuyas limitaciones técnicas eran inversamente proporcionales a sus pretensiones artísticas. En todo caso, quien sí que la ha tomado como modelo ha sido el cineasta francés Xavier Giannoli, director de Madame Marguerite. Drama cómico o comedia dramática (según se mire), Giannoli estructura la película en cinco capítulos: "La grande Marguerite Dumont", "Un nouveau monde", "Vers la joie", "La voix de son maître" y "La vérité".

Marguerite (Catherine Frot) y Atos (Michel Fau)


En plena efervescencia de los años veinte, la acaudalada Marguerite Dumont (Catherine Frot) no se corta ni un pelo a la hora de ofrecer recitales benéficos en el castillo propiedad de su marido, aunque ni siquiera este último es capaz de soportar sus gorgoritos. Durante dichas actuaciones, los tapones de algodón serán muy solicitados entre la misma concurrencia que aplaudirá después complacida. 

De todas maneras,  y a pesar del patetismo que irradia su figura, Marguerite se verá rodeada por un grupo de incondicionales que la arroparán: el fiel mayordomo Madelbos (interpretado por el belga de origen congoleño Denis Mpunga); Atos Pezzini, vieja gloria de la ópera y paciente maestro de canto de la susodicha (el actor Michel Fau) y los jóvenes entusiastas Lucien Beaumont (un crítico al que da vida Sylvain Dieuaide), Kyrill Von Priest (un excéntrico artista encarnado por Aubert Fenoy) y la promesa del bel canto Hazel (Christa Théret). Hasta una mujer barbuda se unirá al extraño grupo que tiene como finalidad mantener la ilusión de que Marguerite es realmente una cantante de éxito.

En ese aspecto, la evolución del personaje recuerda un poco a la de don Quijote: en un primer momento es Marguerite quien en su delirio de grandeza transforma la realidad, mientras que después (ya ingresada en el hospital) serán los demás quienes la transformen para ella. A fin de cuentas, la clave nos la aporta Félicité, la mujer barbuda (Sophia Leboutte), cuando hacia el final de la película nos recuerda que, en realidad, sólo hay dos actitudes posibles frente a la vida: soñarla o vivirla. Marguerite optará por lo segundo, pero pagando un alto precio por llevar a la práctica sus sueños.