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viernes, 27 de diciembre de 2024

Senso (1954)




Director: Luchino Visconti
Italia, 1954, 123 minutos

Senso (1954) de Luchino Visconti


Se ha dicho muy a menudo que Visconti "traicionó" los postulados básicos del neorrealismo italiano al proponer en Senso (1954) un fresco histórico de delicado colorismo preciosista e innegable sabor aristocrático. Con una puesta en escena, dicho sea de paso, que bebe descaradamente de fuentes operísticas (la acción, de hecho, arranca en La Fenice de Venecia durante una representación de Il trovatore de Verdi). Reproches que hoy se nos antojan ridículos frente a la magnificencia de una obra maestra (debidamente restaurada, en la actualidad, gracias al apoyo financiero de Gucci y de la Film Foundation de Scorsese) cuya trama se sitúa en pleno Risorgimento, durante la ocupación austríaca del Véneto en 1866.

En un principio (es otro de los lugares comunes que suelen citarse, invariablemente, al comentar esta película), Visconti había pensado que Ingrid Bergman y Marlon Brando, por aquel entonces una estrella incipiente, protagonizasen el que iba a ser su primer proyecto internacional de gran envergadura. Sin embargo, ni la actriz sueca podía trabajar a las órdenes de otros directores, por prohibición expresa de su marido, Roberto Rossellini, ni Brando tenía aún el suficiente gancho comercial como para convencer a los productores italianos de la cinta.



Por todo lo cual, serían finalmente Alida Valli y Farley Granger los encargados de escenificar la tormentosa historia de amor entre la condesa Livia Serpieri y el teniente Franz Mahler. Su relación, por completo escandalosa, dada la condición de invasor del oficial y los vínculos familiares de la aristócrata con la causa nacionalista, responde a los parámetros de una concepción narrativa típicamente decimonónica, muy en la línea de otros célebres modelos románticos, por ejemplo Ana Karénina.

Nombres tan ilustres como Giorgio Bassani o los norteamericanos Tennessee Williams y Paul Bowles colaboraron en la escritura de un filme que destaca por la credibilidad de sus imágenes, desde las excelentes localizaciones venecianas hasta los decorados de Gino Brosio o el impecable diseño de vestuario del tándem formado por Marcel Escoffier y Piero Tosi. Todo un marco idóneo que Visconti aprovecha para reflexionar sobre la historia de Italia y sus contradicciones. De ahí que el argumento gire en torno a la decadencia moral de una mujer que, en cierta manera, transgrede los ideales de su propia clase social.



domingo, 29 de noviembre de 2015

Altas variedades (1960)




Título alternativo: Cibles vivantes
Director: Francisco Rovira Beleta
España/Francia, 1960, 90 minutos

Altas variedades (1960) de Rovira Beleta


Dentro del ciclo que la Filmoteca de Catalunya le dedica estos días a Francisco Rovira Beleta, se ha proyectado hoy Altas variedades, coproducción hispanofrancesa de 1960 protagonizada por Christian Marquand (Walter), Agnès Laurent (Ilona), Ángel Aranda (Rudolf) y Vicky Lagos (Rosita) y que en el país vecino recibió el más impactante título de Blancos humanos. Porque de tiro al blanco va la cosa, entiéndase.

La húngara Ilona llega a Barcelona en busca de Walter, reputado artista de circo en el difícil arte del manejo del revólver. Y la atracción entre ambos nace inmediatamente. Pero tres cuartos de lo mismo ocurrirá cuando el impulsivo Rudolf conozca a la muchacha. De los celos que ello despierta en Walter dependerá el resto de la trama.

Walter enseñando a disparar a Ilona

Si hay un director que haya amado a Barcelona ese es sin duda Rovira Beleta. Mucho antes de que se pusieran en marcha iniciativas como la BCN Film Commission, el cineasta catalán ya utilizaba su ciudad como plató cinematográfico: el monumento a Colón, las Ramblas, el puerto, Plaza Catalunya... son exteriores que aparecen en esta y en otras de sus películas como localizaciones habituales.

Pero volviendo a estas Altísimas variedades (el superlativo no es irónico), son varias las imágenes que permanecerán imborrables en las retinas de quienes hayan visto el filme: la silueta de Ilona dibujada a balazo limpio (con tiro errado rozándole el cuello), el collar de perlas delator, las sábanas tendidas ondeando al viento en una terraza barcelonesa y que esconden el beso furtivo de dos amantes...

Rudolf e Ilona

Lo que cuenta, en definitiva, el guion de Manuel Saló es una venganza en toda regla: fríamente calculada y con unas terribles consecuencias que van más allá del plano final, teniendo en cuenta que Walter es capaz de lo que sea con tal de salirse con la suya y que, si lo ha hecho una vez, ¿qué no podrá urdir en el futuro si otros se vuelven a interponer en su camino?