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miércoles, 10 de agosto de 2022

El sueño (1963)




Título original: Ett drömspel
Director: Ingmar Bergman
Suecia, 1963, 113 minutos

El sueño (1963) de Ingmar Bergman


Una de las cimas del teatro de August Strindberg fue el drama onírico El sueño (1901) estrenado en el tramo final de la vida de un autor que, pese a sus inicios en la escuela naturalista, acabaría abrazando el simbolismo y el expresionismo en las últimas entregas de su vasta producción escénica.

Cabe señalar que Bergman se siente como pez en el agua dirigiendo un texto que influirá notablemente en su posterior producción cinematográfica. Así pues, la adaptación televisiva de Ett drömspel (1963) preludia, en cierta manera, un determinado tono de pesadilla que reencontraremos cinco años más tarde en La hora del lobo (Vargtimmen, 1968).



Fiel a su gusto por la frontalidad, el cineasta sueco filma el rostro de los intérpretes con una profusión de primeros planos que, en el caso de Ingrid Thulin, roza prácticamente la obsesión. Y todo para mostrar los miedos y frustraciones de unos seres, atrapados en su propio delirio, cuya angustia vital no es más que el reflejo de los sinsabores a los que debe hacer frente el hombre contemporáneo.

A diferencia de lo que ocurría en la pieza original, donde Agnes (Thulin) es la hija del dios védico Indra, quien desciende a la Tierra para conocer en primera persona los problemas de los seres humanos, Bergman opta por una atmósfera inquietante que oscila entre lo absurdo y lo terrorífico, dando mayor relevancia a elementos de tipo existencial.



martes, 9 de agosto de 2022

La tormenta (1960)




Título original: Oväder
Director: Ingmar Bergman
Suecia, 1960, 90 minutos

La tormenta (1960) de Ingmar Bergman


Una tarde de agosto, la ciudad dormita bajo los efectos de la intensa canícula; dos hermanos ya entrados en años pasean elegantemente vestidos por las calles desiertas o juegan al ajedrez en el silencio de una casa cuasi vacía; viejas rencillas familiares amenazan con echar a perder la quietud reinante; calor abrasador; la tormenta se avecina…

Al margen de su naturaleza teatral, excelentemente fotografiada en blanco y negro, Oväder (1960) conecta de pleno con el universo de un cineasta experto en ahondar en las pasiones humanas. Sobre todo cuando éstas giran en torno a sentimientos tan sutiles como el inevitable paso del tiempo.



Por ello, el valor simbólico de esa tempestad a la que alude el título de la obra remite ineludiblemente a la amenaza de la muerte que se cierne sobre el pobre señor Herrn (Uno Henning), de contino abstraído en sus recuerdos desde que su joven esposa lo abandonó, cinco años atrás, llevándose con ella a la hija de ambos para irse a vivir junto a otro hombre.

En suma, la fuerza dramática del texto de August Strindberg (1849-1912), unida a la pericia de Bergman como metteur en scène, dio como resultado una sólida producción televisiva, aclamada por la crítica de varios países, cuya principal virtud reside en la delicadeza con la que es retratado el sosiego de la vejez.



miércoles, 8 de agosto de 2018

Tras el ensayo (1984)




Título original: Efter repetitionen
Director: Ingmar Bergman
Suecia/Alemania, 1984, 70 minutos

Tras el ensayo (1984) de Bergman


Tal y como suele suceder en los proyectos televisivos de Bergman, Tras el ensayo evidencia su predilección por un cierto teatro de cámara en la línea del modelo fijado por August Strindberg (1849-1912). Precisamente, el título alude al montaje que una compañía está preparando del drama El sueño (Ett drömspel, 1901), motivo por el cual la puesta en escena destila un innegable componente onírico.

Es el propio responsable de la misma, llamado Henrik Vogler (Erland Josephson) quien, encogido sobre la mesa de trabajo y jugando con el interruptor de la lámpara, nos previene de dicho aspecto al comienzo del filme: "Tras el ensayo me gusta quedarme en el escenario para pensar sobre el trabajo en soledad, en las horas que separan la tarde de la noche, cuando el gran teatro está en silencio y vacío. Debo de haberme quedado dormido, no lo sé. Cuando miro a mi alrededor, no me reconozco. Algo ha cambiado misteriosamente, de forma esquiva".



Lo que vendrá después serán setenta minutos de intenso diálogo entre Vogler, trasunto de Bergman, y dos actrices: la joven Anna Egerman (interpretada por Lena Olin) y su madre Rakel (una neurótica prima donna venida a menos y enfermizamente enamorada de Vogler a la que da vida Ingrid Thulin). Si están de verdad allí o si son meras proyecciones de la mente del viejo director poco importa. Lo principal es el juego de reproches y confesiones que se va a establecer entre ellos, con el acostumbrado desnudamiento al que el sueco suele someter a sus personajes.

"El camino de muchos directores está lleno de actores aplastados. ¿Alguna vez has contado tus víctimas?", le espeta la arrogante y un tanto bisoña Anna. A lo que Vogler (aunque todos sabemos que es Bergman quien habla por su boca) aprovecha para formular lo que tiene toda la pinta de ser un descargo de (mala) conciencia: "En la vida, o digamos, en la vida real, muchos han quedado heridos por mi trato, como otros me han herido a mí. [...] Te diré una cosa que es la pura verdad: adoro a los actores. Los quiero como un fenómeno. Me encanta su profesión. Admiro su valor, su desprecio a la muerte, o como quieras llamarlo. Entiendo su deseo de escapar, pero también su sinceridad despiadada. Me gusta cuando intentan manipularme. Envidio su credulidad y su astucia. Los quiero y por eso no puedo herirlos..."

Bellas palabras, sin duda. Que sean o no sinceras ya es otro cantar... Para Hitchcock los actores eran ganado: para Bergman, en vista de la intensidad que les exigía en sus actuaciones cabe pensar que también debió de ser un poco así.