Título original: Luci del varietà
Directores: Alberto Lattuada y Federico Fellini
Italia, 1950, 97 minutos
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| Luces de varieté (1950) de Lattuada y Fellini |
El trayecto de Liliana describe el itinerario que conduce de la vida provinciana hacia el cosmopolitismo urbano, pero es también el trayecto que traslada a un personaje desde las viejas formas caducas del espectáculo hacia las nuevas formas. Parece como si Fellini quisiera desprenderse del pasado para alcanzar el futuro con la conciencia de que para llevar a cabo este proceso debe despedirse, previamente, de una forma de vida y de una época que forman parte de su educación sentimental.
Àngel Quintana
Sólo Italia o España podían alumbrar la cochambre que rezuman filmes como Luci dei varietà o Cómicos (1954) de Juan Antonio Bardem, ambientados ambos en torno a las ilusiones y las miserias (sobre todo lo segundo) de una modesta compañía de revista. Películas corales habitadas por viejos actores que prefieren engañarse a sí mismos, víctimas de su propio delirio de grandeza, antes que admitir la decadencia que los rodea.
Pero Italia venció al fascismo, mientras que la sociedad española se resignó a padecerlo. De modo que la candidez felliniana brilla por su ausencia en la cruda realidad mesetaria descrita por Bardem. Como tampoco aquí abundaron esos freaks en los que el cineasta de Rímini era tan propenso a regodearse, secundarios elegidos con esmero entre lo más granado del inframundo y que conforman una galería de seres prodigiosamente esperpénticos.
No obstante, Fellini es un humanista de raíz cristiana y no puede evitar sentirse cercano a sus criaturas. De ahí la ternura que despierta el pobre señor Checco (Peppino de Filippo) o la versátil Melina Amour (Giulietta Masina), capaz de metamorfosearse sobre el escenario en los más variopintos personajes históricos, desde Verdi hasta Garibaldi.
Un lirismo, descendiente en línea directa del Chaplin más inspirado, en el que lo grotesco y lo poético se dan la mano para elaborar una fábula tan sencilla como profunda, protagonizada por perdedores que se ganarán enseguida nuestras simpatías, no así la ambiciosa Liliana (Carla Del Poggio), quien abandona las filas de la compañía itinerante provinciana con la intención de triunfar en las salas de music hall de Roma.




