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miércoles, 8 de enero de 2020

Luces de varieté (1950)




Título original: Luci del varietà
Directores: Alberto Lattuada y Federico Fellini
Italia, 1950, 97 minutos

Luces de varieté (1950) de Lattuada y Fellini


El trayecto de Liliana describe el itinerario que conduce de la vida provinciana hacia el cosmopolitismo urbano, pero es también el trayecto que traslada a un personaje desde las viejas formas caducas del espectáculo hacia las nuevas formas. Parece como si Fellini quisiera desprenderse del pasado para alcanzar el futuro con la conciencia de que para llevar a cabo este proceso debe despedirse, previamente, de una forma de vida y de una época que forman parte de su educación sentimental.

Àngel Quintana

Sólo Italia o España podían alumbrar la cochambre que rezuman filmes como Luci dei varietà o Cómicos (1954) de Juan Antonio Bardem, ambientados ambos en torno a las ilusiones y las miserias (sobre todo lo segundo) de una modesta compañía de revista. Películas corales habitadas por viejos actores que prefieren engañarse a sí mismos, víctimas de su propio delirio de grandeza, antes que admitir la decadencia que los rodea.

Pero Italia venció al fascismo, mientras que la sociedad española se resignó a padecerlo. De modo que la candidez felliniana brilla por su ausencia en la cruda realidad mesetaria descrita por Bardem. Como tampoco aquí abundaron esos freaks en los que el cineasta de Rímini era tan propenso a regodearse, secundarios elegidos con esmero entre lo más granado del inframundo y que conforman una galería de seres prodigiosamente esperpénticos.



No obstante, Fellini es un humanista de raíz cristiana y no puede evitar sentirse cercano a sus criaturas. De ahí la ternura que despierta el pobre señor Checco (Peppino de Filippo) o la versátil Melina Amour (Giulietta Masina), capaz de metamorfosearse sobre el escenario en los más variopintos personajes históricos, desde Verdi hasta Garibaldi.

Un lirismo, descendiente en línea directa del Chaplin más inspirado, en el que lo grotesco y lo poético se dan la mano para elaborar una fábula tan sencilla como profunda, protagonizada por perdedores que se ganarán enseguida nuestras simpatías, no así la ambiciosa Liliana (Carla Del Poggio), quien abandona las filas de la compañía itinerante provinciana con la intención de triunfar en las salas de music hall de Roma.


martes, 7 de enero de 2020

Los inútiles (1953)




Título original: I vitelloni
Director: Federico Fellini
Italia/Francia, 1953, 107 minutos

Los inútiles (1953) de Federico Fellini

El neologismo vitelloni, utilizado por Fellini en el título original de la película, denota la idea de un grupo de personajes sin personalidad, que se encuentran atrapados eternamente en el estadio del proyecto sin saber qué hacer de sus propias vidas. Son seres prisioneros de sus microcosmos, incapaces de ir más allá de su propio mundo, que actúan como auténticos viajeros inmóviles.

Àngel Quintana

De aquí a pocos días se cumplirá el centenario del nacimiento de Federico Fellini (1920-1993), motivo por el cual la Filmoteca de Catalunya aborda una retrospectiva íntegra de su filmografía. Y que, tras la interesante presentación a cargo de Esteve Riambau, daba inicio en la tarde noche de hoy con I vitelloni (1953), ese fresco, entrañablemente patético, de la vida ociosa de un grupo de jóvenes provincianos.

El horizonte vital de sus protagonistas —que, en su gran mayoría, responden al perfil de zángano y/o iluso— se limita a dejarse perilla o afeitarse el bigote, cortejar a las mujeres y salir de juerga cada noche con los amigotes. Alguno de ellos, como el aspirante a dramaturgo Leopoldo (Leopoldo Trieste) manifiesta inquietudes intelectuales (que acabarán igualmente truncadas), si bien, en general, lo que caracteriza a estos muchachos es una absoluta falta de expectativas.



Y frente al dolce far niente de estos "inútiles" (Fellini habría sido uno de ellos durante su juventud en Rimini), la autoridad paterna se revela de una rectitud rayana en el esperpento. Son viejos patriarcas pequeñoburgueses como Dios manda, dispuestos a sacarse el cinturón para hacer entrar en vereda a unos vástagos que rondan ya la treintena, pero cuyo estilo de vida es y seguirá siendo siempre el de eternos adolescentes.

Kubrick tenía esta película entre sus favoritas —y, a decir verdad, algo de ella hay en La naranja mecánica (1971)— y Scorsese se inspiró en la apatía de sus personajes para rodar Malas calles (1973). De lo que se desprende que estamos hablando de uno de los títulos más relevantes de la historia del cine italiano y aun mundial. Sea como fuere, cuando Moraldo (Franco Interlenghi) da el paso de tomar el tren y huir de tanta mediocridad sin futuro, asistimos, al mismo tiempo, a una liberación que pone un punto de esperanza en un relato tan conmovedoramente pesimista.