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viernes, 16 de enero de 2026

Hidden (2020)




Título en español: Escondida
Director: Jafar Panahi
Irán/Francia, 2020, 18 minutos

Hidden (2020) de Jafar Panahi


El propio Jafar Panahi y su hija Solmaz recogen en coche a Shabnam Yousefi para dirigirse a los confines del país en busca de una joven de voz excepcional que habita en una aldea remota del Kurdistán iraní. Nada del otro mundo si no fuese porque la familia de la chica no ve con buenos ojos que ésta se dedique a cantar en público. El hecho es que, una vez allí, la madre los recibe y permite que graben a su hija, sí, aunque a condición de que no la vean, razón por la cual interpreta una bellísima melodía a capela parapetada tras una sábana blanca...

Fruto de un encargo de la Ópera de París, los apenas dieciocho minutos de Hidden (2020) contienen la práctica mayoría de constantes que definen el estilo cinematográfico de su director, desde el rodaje en el interior de un vehículo en marcha, con el único soporte técnico de dos teléfonos móviles, hasta la actitud reivindicativa en pro de los derechos de la mujer en el seno de las sociedades islámicas.



martes, 13 de enero de 2026

Tres caras (2018)




Título original: Se rokh
Director: Jafar Panahi
Irán/EE.UU., 2018, 100 minutos

Tres caras (2018) de Jafar Panahi


La acción de Tres caras (2018) se sitúa en una región remota del noroeste de Irán, la misma, de tradición azerí, de la que procedían los padres de Jafar Panahi. Un cineasta, convertido él mismo desde hace años en objeto cinematográfico, que vuelve a protagonizar su propia película, en esta ocasión acompañando a la actriz Behnaz Jafari hasta la aldea en la que supuestamente se ha quitado la vida una adolescente cuya familia se opuso a que la joven se dedicase a la interpretación. Circunstancia aún más trágica, si cabe, a raíz del vídeo que circula por las redes, grabado justo en el momento de cometer el suicidio.

La plasmación del día a día en esa aldea adquiere resonancias etnográficas, un poco a la manera en que ya lo hiciese su mentor Abbas Kiarostami en A través de los olivos (1994) y demás obras maestras que este último posee en su haber. Así pues, la hospitalidad de las gentes del lugar o, por otra parte, el carácter irascible de los hombres que viven como una ofensa las veleidades artísticas de su vecina constituyen el retrato fidedigno de una sociedad tan compleja como ancestral.



A nivel técnico, los planos secuencia y los diálogos aparentemente improvisados dotan al conjunto de una naturalidad asombrosa, mientras que la fotografía captura la belleza árida de un paisaje rural que, pese a lo pintoresco, constituye una cárcel geográfica para sus habitantes. Todo un ejercicio de metaficción, en definitiva, que entraña una crítica velada hacia algunas tradiciones locales, como la importancia exagerada de la virilidad o el honor familiar, que actúan del mismo modo que muros invisibles.

No obstante, si la cinta se titula "Tres caras" es porque se quiere rendir homenaje a tres generaciones distintas de actrices, ya sea la mítica Shahrzad de antes de la Revolución Islámica, la activista Behnaz Jafari o la joven Marziyeh Rezaei. Presente, pasado y futuro, todas ellas, de la resistencia femenina en un país cuyos gobernantes no se caracterizan precisamente por el respeto a los derechos de las mujeres.



lunes, 12 de enero de 2026

Taxi Teherán (2015)




Título original: Taxi
Director: Jafar Panahi
Irán, 2015, 82 minutos

Taxi Teherán (2015) de Jafar Panahi


Inspirándose en su maestro Kiarostami, quien a menudo colocaba la cámara en el interior de un vehículo en marcha, Jafar Panahi plantea Taxi Teherán (2015) como un periplo por las calles de la capital iraní en el que los viajeros, ciudadanos supuestamente anónimos que ni siquiera aparecen mencionados en los títulos de crédito, suben y bajan a lo largo del recorrido.

Porque qué mejor forma de pasar desapercibido que desplazarse sobre ruedas a bordo del espacio reducido de la cabina de un automóvil al que difícilmente podrán acceder los agentes de la Policía de la Moral. Conducido, además, por el propio director, en lo que supone una genial metáfora de lo que implica ponerse al frente (o en este caso "al volante") de un rodaje, por más clandestino que éste sea.



Y así, durante la hora y media que dura el trayecto, filmado en tiempo real, se suceden las conversaciones entre los usuarios, quienes abordan temas tan controvertidos como la pena de muerte, defendida por un hombre que antes de apearse admite ser un ladrón de poca monta y cuestionada, en cambio, por una maestra que le planta cara. Aunque también hay tiempo para hablar de cine a través de un vendedor de DVD piratas o cuando se monta en el coche la sobrinita del director y se pone a filmarlo con su propia cámara.

Ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín, la cinta de Panahi juega constantemente con los límites del documental, creando un mosaico social que oscila entre la comedia, el drama y la crítica política mordaz. Toda una lección de cómo hacer de la necesidad virtud, filmada en circunstancias especialmente difíciles, con apenas tres cámaras fijas y un solo escenario (el taxi), que logra, sin embargo, más profundidad que muchas superproducciones.



domingo, 11 de enero de 2026

Pardeh (2013)




Título internacional: Closed Curtain
Directores: Jafar Panahi y Kambuzia Partovi
Irán, 2013, 106 minutos

Pardeh (2013) de Panahi y Partovi


Película de silencios y presencias fantasmales, Pardeh (2013) es, de lejos, el filme más experimental de los dirigidos hasta la fecha por el iraní Jafar Panahi. Entre otras razones porque nunca llega a quedar del todo claro qué personajes son reales y cuáles son ficticios. Ni maldita la falta que hace en una cinta cuyo sentido último se intuye estrechamente ligado con la traducción en imágenes de la angustia vital experimentada por el cineasta a raíz del arresto domiciliario al que por aquel entonces se hallaba sometido.

A este respecto, el hecho de que Kambuzia Partovi (1956-2020), codirector de la puesta en escena y uno de los protagonistas de la misma, amén de haber escrito junto a Panahi el guion de El círculo (2000), cierre a cal y canto el apartamento en el que transcurren los hechos (y de ahí que, a nivel internacional, la película sea conocida con el título de Closed Curtain) demuestra que hasta las paredes oyen en el régimen policial instaurado por la República Islámica. Aunque además de la obsesión por no levantar sospechas, dicho aislamiento constituye asimismo una metáfora poderosa de lo que supone vivir en el seno de una sociedad desprovista de los derechos más elementales.



Lo cierto es que en esa casa coinciden diversos personajes, los cuales no siempre reaccionan ante la presencia de unos u otros, como si la misteriosa Melika (Maryam Moghadam) fuese una proyección de los miedos del guionista o, incluso, ambos surgieran de la imaginación de Panahi, quien se asea y prepara el desayuno como si tal cosa en un domicilio de cuyas paredes penden los carteles de varias de sus películas.

Por lo demás, comienza y acaba la cinta con un plano fijo a través de las rejas de la entrada frente al mar, al estilo de algunos trabajos de un director a priori tan distinto de Panahi como es Michael Haneke, en el que los personajes llegan o se alejan del lugar. De la misma forma que también los vimos antes adentrarse en las aguas de la playa hasta desaparecer bajo su superficie, en una clara alusión a los impulsos suicidas de quien siente coartada su libertad.



miércoles, 7 de enero de 2026

Esto no es una película (2011)




Título original: In film nist
Directores: Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb
Irán, 2011, 75 minutos

Esto no es una película (2011)


Resulta bastante explícito un título como Esto no es una película (2011) para hacerse a la idea del calvario que desde hace ya años (demasiados) está viviendo el cineasta iraní Jafar Panahi, en arresto domiciliario y víctima de una decisión injusta que le prohíbe dedicarse a la dirección cinematográfica. Aun así, y aun a riesgo de jugarse el tipo, su colega Mojtaba Mirtahmasb nos lo muestra en el día a día de un encierro que el director de obras como El espejo (1997), El círculo (2000) o Crimson Gold (2003) pasa hablando por teléfono con sus abogados o leyendo e incluso escenificando los guiones que nunca le dejarán filmar.

Tiempo de reflexión y angustias que Panahi aprovecha también para revisar, con ayuda del DVD, secuencias de su propia filmografía. Como aquella de Mina, la niña protagonista de la ya mencionada El espejo, cuando ésta se cansa de actuar y decide abandonar el rodaje, circunstancia con la que el director establece un paralelismo respecto a la farsa de proceso instruido en su contra por las autoridades judiciales de la República Islámica.



Pero el deseo de ejercer su profesión es mayor que el miedo a las represalias, por lo que Panahi termina grabando con su teléfono móvil y, después de que Mirtahmasb se haya ido, incluso se atreve a tomar prestada la cámara del amigo ausente para filmar el apartamento que comparte con su iguana Igi y en el que apenas recibe la visita de algún repartidor a domicilio y del joven que pasa puerta a puerta recogiendo la basura de los vecinos del inmueble.

Posiblemente uno de los actos de resistencia artística más ingeniosos y conmovedores de la historia del cine contemporáneo, este "no-filme" constituye, más que un documental o una pieza de ficción, un testimonio de supervivencia creativa. Como lo prueba el hecho de que, para ser proyectada en el Festival de Cannes, la cinta fuese sacada de Irán de forma clandestina mediante un pendrive oculto en el interior de un pastel.



martes, 6 de enero de 2026

Fuera de juego (2006)




Título original: Afsaid
Director: Jafar Panahi
Irán, 2006, 93 minutos

Fuera de juego (2006) de Jafar Panahi


Por más dura que sea la situación de las mujeres en el seno de la sociedad iraní, ello no impide que no se pueda realizar una comedia al respecto. Eso mismo es lo que hizo el cineasta Jafar Panahi en Offside (2006), cinta de temática futbolística ambientada en los prolegómenos y posterior desarrollo de uno de los encuentros clasificatorios para el mundial de Alemania de aquel mismo año. Se da la circunstancia de que el acceso a este tipo de acontecimientos deportivos está exclusivamente reservado al público masculino, por lo que si una chica, como es el caso, desea asistir al partido deberá disfrazarse de hombre con tal de burlar la estricta vigilancia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Lo gracioso del asunto es que cuando la protagonista es detenida descubre, para su sorpresa, que otras tantas muchachas habían intentado lo mismo, cada cual ataviada de un modo distinto, hasta de militar incluso. Y es en ese pequeño reducto en el que las retienen, a las afueras del estadio en el que se disputa el decisivo Irán-Baréin, donde entablan más o menos confianza con los soldados encargados de custodiarlas. Situación que se presta a múltiples embrollos, sobre todo cuando alguna de las jóvenes logra convencerlos para ir al lavabo...



De los diálogos que mantienen los vigilantes y sus vigiladas se desprende lo absurdo del discurso sobre el que se asienta el engranaje de todo un régimen. En especial porque ellas manejan argumentos, como el hecho de que las mujeres de otros países sí pueden acceder al graderío, frente a los que los soldados, humildes chavales de pueblo, poco pueden añadir. Y así es cómo la ganadora del Oso de Plata en la Berlinale se sirve de la sencillez de una anécdota deportiva para desmantelar la ilógica estructura de la discriminación de género en Irán.

Panahi rodó la película de forma semiclandestina durante el mencionado encuentro en el Estadio Azadi de Teherán. Una urgencia que se palpa en cada plano, ya que el cineasta iraní logra capturar un momento de catarsis colectiva donde la alegría rompe temporalmente las barreras sociales, sugiriendo que el cambio resulta inevitable cuando el deseo de libertad es compartido por una generación entera. Y es ahí precisamente donde radica el principal encanto de esta enternecedora comedia de errores cargada de humanidad.



lunes, 5 de enero de 2026

El círculo (2000)




Título original: Dayereh
Director: Jafar Panahi
Irán/Italia/Suiza, 2000, 90 minutos

El círculo (2000) de Jafar Panahi


Si con sus dos primeras películas, El globo blanco (1995) y El espejo (1997), sendas parábolas explicadas a través de los ojos de una niña, Jafar Panahi había salido más o menos indemne del intento de retratar la sociedad iraní, no ocurrió lo mismo con El círculo (2000), cruda semblanza de la vida de varias mujeres, todas ellas perseguidas por el régimen teocrático de los ayatolás. Tanto es así que la película no sólo fue prohibida de inmediato, sino que marcó el inicio de la larga y tormentosa relación de Panahi con la censura de su país, la cual desembocaría años más tarde en su arresto domiciliario y la prohibición terminante de filmar.

Comienza la acción en un paritorio con el nacimiento de una niña, hecho funesto en opinión de su abuela, ya que intuye que los miembros de la familia del padre, deseosos de tener un varón, la repudiarán de inmediato. Acto seguido, el centro de interés se desplaza a unas reclusas que, aprovechando un despiste de sus celadores, se dan a la fuga por las calles de la siempre bulliciosa Teherán. No queda muy claro por qué estaban en la cárcel, aunque sí salta a la vista que quedarán marcadas de por vida. Por último, una prostituta es detenida tras una redada y acaba en el interior de un calabozo. La ventanilla de la celda remite a la escena inicial, con lo que la estructura circular a la que alude el título queda cerrada.



El trasfondo en el que se enmarcan los hechos deja intuir una sociedad estructuralmente corrupta cuyos funcionarios, como el soldado que pide a la protagonista que llame por teléfono a su amante, no dudan en saltarse las leyes represivas que ellos mismos defienden. Pero, por encima de todo, se trata de un Estado oficialmente misógino que condena a las mujeres a vivir en perpetua servidumbre, despojándolas no ya de sus derechos, sino de la más mínima dignidad como seres humanos. Así pues, no es extraño que, instaladas en el miedo continuo, se escondan para fumar o recurran a mil y un subterfugios si, a pesar de lo restrictivo del sistema, alguna de ellas se arriesga finalmente a abortar. Aunque la situación más dramática de todas las expuestas es la de aquella madre soltera que decide abandonar a su hija en plena calle con la esperanza de que la recoja alguna familia.

Sin embargo, ello no impide que se aprecien ciertos atisbos de sororidad entre las protagonistas, reconociendo las unas en las otras el mismo dolor y las mismas restricciones. A este respecto, transcurridas más de dos décadas desde que El círculo se alzase con el León de Oro en Venecia, su testimonio sigue siendo dolorosamente relevante. Entre otras razones porque las actuaciones naturalistas de sus actrices no profesionales, la predilección por los espacios asfixiantes y la sensación de urgencia y realismo casi documental que transmite la cámara en mano dan fe de lo que en su momento supuso una crítica valiente por la que su autor todavía sigue pagando un altísimo precio.



sábado, 3 de enero de 2026

El espejo (1997)




Título original: Ayneh
Director: Jafar Panahi
Irán, 1997, 95 minutos

El espejo (1997) de Jafar Panahi


Película insólita donde las haya, el segundo largometraje que dirigía Panahi plantea el caso de una niña de apenas seis o siete años que se ve abocada a una odisea por las intransitables calles del centro de Teherán a consecuencia de no haber ido su madre a recogerla al colegio. Arduo periplo de lo más rocambolesco que lleva a la criatura a viajar sola a bordo de autobuses y taxis, interrogando a propósito del paradero de los suyos a unos adultos que no dan crédito a lo que ven y a lo que oyen en labios de una cría de tan corta edad.

Aun así, el hecho verdaderamente inaudito de El espejo (1997) se produce cuando, de golpe y porrazo y sin razón aparente, la pequeña se niega a seguir interpretando su papel y planta al equipo de rodaje ante el asombro del propio director y sus ayudantes. Inusual ruptura de la ilusión ficcional, en clave metacinematográfica, cuya consecuencia más inmediata es el viraje de la puesta en escena hacia una naturaleza más cercana al cine documental, en detrimento de lo que hasta ese instante estaba siendo un formato dramático.



Se da la circunstancia de que la niña que interpreta a la díscola Bahareh (Mina Mohammad Khani) es hermana en la vida real de la protagonista de El globo blanco (1995), con lo que el carácter de díptico de ambos filmes se acentúa aún más si cabe. En efecto, los dos trabajos se caracterizan por una mirada infantil, profundamente humana, en abierto contraste con la indiferencia del mundo de los adultos, lo cual no es óbice para que algunos de ellos se interesen por la situación de la muchacha e intenten ayudarla. Algo que, dicho sea de paso, tampoco resulta nada fácil, dadas las vagas indicaciones que aporta la inocente a propósito de su lugar de residencia.

El caso es que la repentina huida de Bahareh convierte la película en una persecución a través del caos circulatorio de la ciudad, propiciando que las imágenes parezcan filmadas con cámara oculta. De ahí que en muchas ocasiones veamos de lejos a la protagonista o que simplemente escuchemos su voz de pito gracias al micro que lleva con ella, mientras el resto del equipo viaja en otro vehículo. Originalísimo enfoque, si bien se mira, para lo que en realidad, pese a su apariencia pueril, no deja de ser una crítica velada hacia el régimen, habida cuenta de cómo la protagonista se rebela contra lo establecido con la firme determinación de no echarse atrás.



viernes, 2 de enero de 2026

El globo blanco (1995)




Título original: Badkonake sefid
Director: Jafar Panahi
Irán, 1995, 81 minutos

El globo blanco (1995) de Jafar Panahi


Con su ópera prima, el iraní Jafar Panahi demostraba que no hacen falta grandes despliegues ni un presupuesto multimillonario para realizar una buena película. De hecho, El globo blanco (1995) transcurre en tiempo real porque la historia que cuenta no precisa de mayores artificios narrativos. En ese aspecto, los elementos que componen la trama resultan de extrema sencillez: una niña que, en la víspera de año nuevo, ansía un pececito y que no para hasta que convence a su madre para que le dé el dinero; las peripecias que vive durante el trayecto hacia la tienda; la perspicacia de la cría y de su hermano para recuperar el billete de 500 tomanes que se ha caído al fondo de un sótano...

Salta a la vista que el guion de Abbas Kiarostami, maestro y mentor de Panahi en sus inicios como cineasta, bebe de la estructura clásica de los cuentos. De ahí que los avatares de la pequeña Razieh (Aida Mohammadkhani) recuerden a los del cuento de la lechera o a la de tantísimos relatos tradicionales con moraleja. Que aquí giraría en torno a temas como la perseverancia o la astucia, pero también la relatividad de la fortuna, puesto que al fin y al cabo es el muchacho afgano quien, después de contribuir al éxito de la "empresa", se queda sólo, congelado en el plano final de una cinta que toma como título el humilde modus vivendi de alguien que es aún más pobre que la pareja protagonista.



Por otra parte, la relevancia que adquiere la mirada infantil en esta película responde a una argucia bastante habitual en la cinematografía iraní cuyo origen no es otro sino evitar la estricta censura del régimen teocrático de los ayatolás. En efecto, cuando los protagonistas son niños no sólo parece más fácil ganarse el favor del jurado en los certámenes internacionales (El globo blanco resultó doblemente premiada en Cannes, por ejemplo), sino que también hay menos probabilidades de que las autoridades de la República Islámica prohíban el filme. Tanto es así que, a día de hoy, ésta sigue siendo la única producción de Panahi que puede verse en su país.

Hay, por último, otro aspecto a destacar de una película tan tierna como ésta. Y es la incómoda presencia, siempre fuera de campo, del padre de familia, la voz irritante del cual se escucha de fondo profiriendo una queja tras otra desde la ducha. Detalle que no es baladí, puesto que al exigir de malas maneras que le lleven el champú pone de manifiesto el carácter irascible de los hombres frente a la docilidad de la esposa y de los hijos. Circunstancia que se replica en la escena de la sastrería, el propietario de la cual también da muestras de un temperamento bastante adusto, e incluso en la picaresca de los derviches encantadores de serpientes, en lo que supone una crítica velada al autoritarismo y a la prepotencia de los varones en el seno de una sociedad estructuralmente machista.



martes, 28 de octubre de 2025

Un simple accidente (2025)




Título original: Yek tasadef sadeh
Director: Jafar Panahi
Irán/Francia/Luxemburgo/EE.UU., 2025, 105 minutos

Un simple accidente (2025) de Jafar Panahi


Además de haber sido galardonada con la prestigiosa Palma de Oro del Festival de Cannes, la última película del iraní Jafar Panahi plantea un dilema moral que deja traslucir la compleja relación del cineasta con las autoridades de su país de origen. En efecto, Un simple accidente (2025) no deja de ser el reverso del dolor que ocasionan los verdugos: el tragicómico ajuste de cuentas de unas víctimas que han quedado traumatizadas de por vida.

Así pues, todo comienza, como el propio título de la cinta indica, a partir de "un simple accidente", primera causa de un efecto en cadena al que irán gradualmente sumándose cada vez más personas. Son ciudadanos anónimos, hombres y mujeres, cuya sed de venganza se activa ante la visión de un objeto a priori tan poco peligroso como una pierna ortopédica, la del antiguo torturador que en un pasado no muy lejano debió de hacerles pasar un mal rato.



Todo muy humano si no fuese porque ninguno de los afectados tiene la certeza absoluta de que ese hombre, al que retienen contra su voluntad en condiciones tan deplorables como las que ellos mismos vivieron, sea verdaderamente el mismo que les martirizó años atrás. Aunque eso no es precisamente lo primero que se paran a pensar.

En ese orden de cosas, el plan de venganza orquestado por los protagonistas, torpe y lleno de incertidumbre, vendría a ser una suerte de alegoría de la resistencia civil: la lucha de los oprimidos contra el opresor, no con espadas, sino con la persistente y a menudo ridícula burocracia del odio. De modo que los personajes discuten, dudan, mientras se debaten en eternas disyuntivas irresolubles. ¿Es posible la justicia en el seno de un sistema inherentemente injusto? ¿O todo afán revanchista sólo transforma a quien lo padece en una pésima versión de su verdugo?



domingo, 26 de octubre de 2025

Crimson Gold (2003)




Título original: Talaye sorkh
Director: Jafar Panahi
Irán, 2003, 97 minutos

Crimson Gold (2003) de Jafar Panahi


Inédita comercialmente en España hasta la fecha (pese a que en su día participase en la Seminci vallisoletana, donde ganó ex aequo la Espiga de Oro), Talaye sorkh (2003) fue el fruto de la colaboración entre dos de los cineastas de mayor proyección internacional que jamás haya dado el cine iraní: el ya desaparecido Abbas Kiarostami (1940-2016), autor del guion (basado en hechos reales), y Jafar Panahi, flamante ganador en Cannes de la última Palma de Oro gracias a Un simple accidente (2025) y que aquí dirigía el que era entonces su cuarto largometraje.

Tampoco en su propio país corrió mejor suerte una cinta que, por motivos obvios, no obtuvo el beneplácito de las rígidas autoridades de la república islámica. Y es que Panahi muestra una realidad nada halagüeña, marcada por profundas desigualdades socioeconómicas, en la que unos malviven en las calles (como aquel pobre diablo que se abalanza sobre las pizzas desparramadas por el suelo tras el accidente de un ciclomotor) mientras otros disfrutan de todo tipo de comodidades en suntuosas mansiones.



A este respecto, Hussein (Hossain Emadeddin), el protagonista, pertenece a una extracción social cuyos miembros se ven abocados a delinquir ante la falta de perspectivas laborales que vayan más allá de la precariedad de un mísero empleo como repartidor a domicilio. En su periplo nocturno por un Teherán en el que proliferan las fiestas privadas y en el que la Policía de la Moral, a veces integrada por agentes de escasa edad, acecha en las esquinas para prender a los participantes conforme abandonan el edificio, Hussein tendrá ocasión de entrar en contacto con diversos ambientes, sobre todo la residencia del adinerado Pourang, quien lo acoge como si tal cosa y lo sienta a su mesa.

Aunque en realidad la película es un gran flashback, puesto que comienza por el desenlace para, a continuación, mostrar cuáles han sido las circunstancias que han llevado al personaje hasta el interior de una joyería de gama alta cuyas alhajas más valiosas están confeccionadas con "oro carmesí" procedente de Pakistán o la India. Una historia, en definitiva, que demuestra cómo la exclusión sistemática del individuo constituye una forma encubierta de humillación que finalmente acaba desencadenando una espiral de acontecimientos de fatales consecuencias.



martes, 20 de junio de 2023

Los osos no existen (2022)




Título original: Khers nist
Director: Jafar Panahi
Irán, 2022, 107 minutos

Los osos no existen (2022) de Jafar Panahi


La despiadada situación personal en la que se halla inmerso el cineasta Jafar Panahi, perseguido e incluso encarcelado por las autoridades del régimen iraní, convierten cada uno de sus filmes en un acontecimiento excepcional. Sobre todo cuando, como en el caso de Los osos no existen (Khers nist, 2022), el rodaje se lleva a cabo en secreto, algo que, en cierta manera, refleja la película que nos ocupa al mostrar al director dando órdenes a distancia desde la pequeña aldea donde reside: ficción dentro de la ficción con la que se genera un insólito discurso metacinematográfico de innegable significado alegórico.

Porque no cabe la menor duda de que ese microcosmos de aldeanos furibundos representa en realidad al conjunto de una sociedad teocrática en cuyo seno no tienen cabida ni la tolerancia ni, mucho menos, la libertad de expresión. Y todo por una supuesta foto en la que el forastero, para disgusto de los lugareños, ha captado una pudorosa ceremonia ancestral. De ahí a reconocer el calvario del propio Panahi en su lucha infatigable contra el veto impuesto por los ayatolás no hay más que un paso.



Luego está la historia no menos amarga de la pareja que planea fugarse a la vecina Turquía con pasaportes falsos, tal vez huyendo de la misma intransigencia que, al otro lado de la cámara, condiciona los movimientos del hombre que está contando las vicisitudes de esos dos amantes. A fin de cuentas, como dirá uno de los personajes en un momento clave de la trama, "el miedo es poder".

Ya desde su título, la cinta plantea la necesidad de rebelarse contra los temores que nos vienen infundidos por los poderes fácticos con la única finalidad de alienar al individuo y mantenerlo a raya. Se trata, en ese sentido, de una declaración de intenciones, la enésima por parte de alguien que no se deja arredrar fácilmente y que, como su maestro Kiarostami, explora los límites de la realidad hasta convertir lo local en universal.