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lunes, 13 de julio de 2026

La copia perfecta (2025)




Título original: L'affaire Bojarski
Director: Jean-Paul Salomé
Francia, 2025, 128 minutos

La copia perfecta (2025) de Jean-Paul Salomé 


Orson Welles ya dejó claro, en su magistral F for Fake (1973), que los falsificadores pueden alcanzar también el rango de genio superando en mérito las obras que copian. Pues algo remotamente parecido constituye el tema central de la cinta francesa L'affaire Bojarski (2025), biopic dirigido con solvencia por Jean-Paul Salomé y dedicado a ensalzar la figura del denominado "Cézanne" de la materia, un tipo capaz de fabricar en su taller clandestino billetes de mil francos que resultaban incluso más perfectos que los originales.

Ni que decir tiene que el tal Bojarski (al que da vida Reda Kateb) lleva de cabeza durante años a unas autoridades policiales, encabezadas por el obstinado inspector Mattei (Bastien Bouillon), incapaces de detenerlo pese al ingente despliegue de medios que tejen a su alrededor. Sin embargo, la doble vida a la que se ve expuesto el protagonista terminará pasándole factura debido a la incomprensión de su familia, extrañados de que un simple inventor, sin empleo ni ingresos conocidos, pueda mantenerlos holgadamente a todos.



El gran acierto de la puesta en escena ideada por Salomé radica en desmarcar a Bojarski del tópico del criminal codicioso. En ese aspecto, Reda Kateb se mete en el papel con notable contención. De hecho, su personaje no quiere lujos extravagantes, sino estabilidad y, sobre todo, el reconocimiento de su maestría. Así pues, la película lo retrata como un gran artista mediante secuencias que muestran, con admiración casi reverencial, el proceso de fabricación de los billetes. De esta manera, se nos hace partícipes del placer de la creación perfecta, permitiendo que el espectador empatice profundamente con un hombre cuya máxima satisfacción consiste en desafiar al Estado.

Asimismo, la dinámica entre Bojarski y el comisario Mattei se convierte en el motor dramático de la cinta. Bouillon da vida a un investigador frío, analítico y tan obsesivo como su presa. Aunque a diferencia de otros thrillers, donde la policía representa un mero obstáculo, aquí Mattei descifra las intenciones de Bojarski precisamente porque comparte su misma estructura mental. Por eso la tensión de la película no radica únicamente en persecuciones o tiroteos (de hecho, la violencia se dosifica al mínimo tras un potente arranque), sino en la inevitable colisión de estas dos mentes brillantes, ya que la mutua admiración que se profesan provoca que nos importe tanto el destino de ese falsificador solitario como la resolución del caso policial.



lunes, 11 de septiembre de 2023

La noche del 12 (2022)




Título original: La nuit du 12
Director: Dominik Moll
Francia/Bélgica, 2022, 115 minutos

La noche del 12 (2022) de Dominik Moll


Aparte de haber obtenido varios premios César y Lumière, lo verdaderamente llamativo de un thriller como La nuit du 12 (2022) radica en su particular forma de adentrarse en las pesquisas policiales de un crimen sin resolver. De hecho, parece que lo de menos sea identificar al asesino, al cual vemos (aunque encapuchado) en el momento de prenderle fuego a la víctima, sino captar una determinada atmósfera, la vida aparentemente apacible de una ciudad de provincias cercana a los Alpes. A este respecto, el cineasta Dominik Moll reitera una de las constantes de su filmografía, plagada de películas que, desde Harry, un ami qui vous veut du bien (2000) hasta Seules les bêtes (2019), transcurren casi siempre en ambientes alejados del mundanal ruido.

El silencio es, de hecho, uno de los elementos definitorios de una puesta en escena tan lánguida como el lugar donde se sitúa la acción. Así pues, lo cotidiano se impone por encima de elementos narrativos propiamente clásicos, alternando el dolor de los padres de la chica muerta con la camaradería de los agentes encargados del caso. Hasta el extremo de que el guion, basado en una novela de Pauline Guéna, a su vez inspirada en hechos reales, se desdobla en dos tramas simultáneas.



En ese orden de cosas, el empeño del capitán Vivès (Bastien Bouillon) por identificar al autor material del asesinato se traduce visualmente en su obsesivo pedaleo dentro de un velódromo, siempre dando vueltas a los mismos indicios, pero sin llegar nunca a pruebas concluyentes. Un círculo vicioso tan nocivo como la crisis matrimonial a la que debe hacer frente su compañero Marceau (Bouli Lanners), el típico veterano curtido y bastante desengañado.

Lo cierto es que ya desde los créditos iniciales se advierte que la muerte de la joven Clara Royer (Lula Cotton-Frapier) pertenece al veinte por ciento de crímenes que quedan sin esclarecer, lo cual supone un reto a la hora de conseguir que el espectador mantenga su interés de principio a fin. Quizá por ello se producen giros inesperados de otro tipo (y no muy bien resueltos), más propios de una serie televisiva, como la desaparición repentina de Marceau, sobrepasado por el devenir de los acontecimientos, o un salto temporal hacia adelante de tres años. En todo caso, no puede negarse que la historia está bien llevada y cuando finalmente vemos al capitán a lomos de su bicicleta, en plena montaña, queda meridianamente claro que el nudo gordiano de sus inquietudes ha quedado al fin resuelto.



domingo, 13 de noviembre de 2022

Sólo las bestias (2019)




Título original: Seules les bêtes
Director: Dominik Moll
Francia/Alemania, 2019, 117 minutos

Seules les bêtes (2019) de Dominik Moll


Resulta inevitable contemplar los gélidos paisajes nevados de Seules les bêtes (2019) sin que se nos vengan a la mente títulos como Fargo (1996) o la menos citada, pero igualmente magistral, Affliction (1997) de Paul Schrader. Por otra parte, ocurre lo mismo con la multiplicidad de puntos de vista y tramas interconectadas en distintos lugares del planeta que ya había explorado el González Iñárritu de Babel (2006) y que aquí volvía a ser un elemento clave de la mano del francoalemán Dominik Moll.

Adaptación de la novela homónima de Colin Niel (el novelista, por cierto, interpreta un breve papel como dependiente en una cooperativa), los hechos descritos constituyen un sólido thriller en el que todas las piezas irán encajando hasta completar un panorama desolador a propósito de las relaciones humanas en un mundo cada vez más global y menos de fiar (si es que alguna vez lo fue...).



El caso es que todos y cada uno de los personajes que integran este caleidoscopio de destinos entre la Francia profunda y los barrios populosos de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil, mienten de alguna forma. O, por lo menos, se resignan a llevar una doble vida que el azar (esa fuerza poderosa que, según el hechicero al que acude el joven Armand, es más grande que cualquiera de nosotros) a punto está de hacer saltar por los aires.

Aunque no es ésa exactamente la enseñanza más valiosa de cuantas el sabio Papa Sanou (Christian Ezan) le aporta al joven africano (Guy Roger 'Bibisse' N'Drin). En realidad, la esencia de todo lo que afirma el brujo se resume en una sola frase: "El amor es dar lo que no se tiene". Quizá si Michel (Denis Ménochet) lo hubiese sabido, habría valorado más su matrimonio con Alice (Laure Calamy) y así, tal vez, no se habría precipitado el pernicioso efecto dominó que atrae la fatalidad sobre buena parte de los protagonistas de esta historia.



martes, 18 de junio de 2019

La biblioteca de los libros rechazados (2019)




Título original: Le mystère Henri Pick
Director: Rémi Bezançon
Francia/Bélgica, 2019, 100 minutos

La biblioteca de los libros rechazados (2019)
de Rémi Bezançon


Quizá porque en Francia, como dice uno de los personajes de Le mystère Henri Pick, "hay más escritores que lectores", se estrenan, con cierta regularidad, películas que abordan el tema de la creación literaria y de la industria editorial. Hace apenas unas semanas comentábamos Doubles vies, de Olivier Assayas, brillante reflexión en torno al cambiante sector del libro. E, incluso antes, Un homme idéal (2015) de Yann Gozlan, irregular thriller en torno a un aspirante a novelista que, de la noche a la mañana, se convertía en autor superventas gracias a la publicación de un misterioso manuscrito inédito que caía en sus manos y que hacía pasar por suyo...

Como tendrá ocasión de comprobar quien se acerque a ver el más reciente trabajo de Rémi Bezançon, responsable de títulos tan notables como Le premier jour du reste de ta vie (2008), la trama de Le mystère Henri Pick va más o menos encaminada en esa misma dirección, sólo que con un cierto toque de comedia paródica a lo 8 femmes (2002), el genial filme de François Ozon. Cineasta, este último, a cuyas órdenes ya trabajara, por cierto, el actor Fabrice Luchini en Dans la maison (2012), metiéndose en la piel de un profesor de literatura a partir de la pieza teatral de Juan Mayorga El chico de la última fila.



El siempre convincente Luchini interpreta en esta ocasión a un crítico literario y mordaz presentador televisivo que, en muchos aspectos, recuerda al mítico Bernard Pivot de Apostrophes. Sólo que, obsesionado con desenmascarar lo que a él se le antoja un burdo montaje (a saber: que un simple pizzero bretón, pasado a mejor vida, pudiera haber legado a la posteridad una obra maestra póstuma) entabla una serie de pesquisas que le acabará costando el puesto.

Sin llegar a ser una película redonda —puesto que el guion, basado en una novela de David Foenkinos, se acaba adentrando por vericuetos tal vez innecesarios (como la visita fugaz a la viuda de Gourvec, una rusa a la que da vida Hanna Schygulla)—, plantea, no obstante, una aguda parodia a propósito de la vanidad y demás mixtificaciones de las que, a menudo, se ve rodeado el oficio de escritor y, lo que resulta aún más interesante, el de editor, con cuyos textos rechazados se podría llegar a fundar una biblioteca tan peculiar como fascinante. Nada más absurdo y nada más fácil de fabricar que el éxito, nos dice esta película, pero, precisamente por ello, conviene no tomárselo demasiado en serio.


miércoles, 18 de marzo de 2015

2 otoños, 3 inviernos (2013)




Título original: 2 automnes, 3 hivers
Director: Sébastien Betbeder
Francia, 2013, 91 minutos

Treintañeros desorientados

2 otoños, 3 inviernos (2013)


A simple vista, 2 otoños, 3 inviernos no parecería el mejor de los títulos posibles, habida cuenta de que la última película de los hermanos Dardenne se titula Dos días, una noche. Sin embargo, el film del francés Sébastien Betbeder (Pau, 1975) se estrenó justo un año antes que el protagonizado por Marion Cotillard: en mayo de 2013 el primero y en el mismo mes, pero de 2014, el segundo. Luego es a los belgas a quienes debería acusarse de falta de originalidad.

Aunque no son estos detalles tiquismiquis los realmente destacables en este caso sino el hecho de constatar cómo, poco a poco y de un tiempo a esta parte, se va haciendo evidente en el último cine galo una cierta tendencia a intentar recuperar la frescura por la que en su día descollaron los directores de la Nouvelle vague. Títulos como, por ejemplo, Declaración de guerra (2011), La fille de nulle part (2012), La chica del 14 de julio (2013) o este mismo 2 otoños, 3 inviernos son inmejorable prueba de ello.

En la película que ahora nos ocupa Arman (Vincent Macaigne)  toma la determinación, a los 33 años, de darle un giro radical a su existencia. Así pues, los fines de semana sale a correr por el parque, decide dejar el tabaco y se propone buscar un empleo mejor. Entretanto se cruzará en su camino Amélie (Maud Wyler), una chica que también ha optado por hacer ejercicio los sábados. A lo largo de los dos otoños y tres inviernos que reza el título, las vidas de Amélie, Arman y su amigo Benjamin (Bastien Bouillon) se entremezclarán, repletas de un sinfín de escollos que deberán ir sorteando con mayor o menor fortuna.



El planteamiento de la historia, a modo de piezas numeradas y con su propio título (como si se tratara de un puzle) es atrevido si se lo compara con las tendencias al uso, aunque no novedoso. Quizá de ahí las diversas citas cinéfilas que contiene la película: se incluye un fragmento de La salamandra de Alain Tanner y otro de La noche de los muertos vivientes de George A. Romero; el protagonista tiene colgado en casa un cartel de Cuatro noches de un soñador de Robert Bresson... ¿Declaración de principios sobre la tradición cinematográfica con la que se pretende conectar? ¿O más bien caricatura de los gustos fílmicos de unos treintañeros que no han sabido encontrar su lugar al llegar a la edad adulta? Probablemente, lo uno y lo otro.

En todo caso, mientras ni aquí ni en casi ninguna parte se apueste por un tipo de cine más arriesgado y se siga insistiendo con denuedo en complacer por sistema al espectador, habrá que celebrar que al menos nos lleguen de vez en cuando propuestas algo más audaces desde el país vecino. Ya lo dijo Woody Allen en el desenlace de Un final made in Hollywood alzando los brazos al cielo: "Thank God the French exist!!" ("¡Gracias a Dios que existen los franceses!")

Benjamin y Arman: ¿treintañeros o tardoadolescentes?