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viernes, 10 de febrero de 2023

Las inquietudes de Shanti Andía (1947)




Director: Arturo Ruiz-Castillo
España, 1947, 96 minutos

Las inquietudes de Shanti Andía (1947)


He tenido fama de indolente y optimista, de indiferente y apático. Basta poseer una reputación cualquiera, buena o mala, para que las personas conocidas por uno vayan poniendo su piedra en el monumento de valor o de cobardía, de ingenio o de brutalidad, asignado a cada uno.

Pío Baroja
Las inquietudes de Shanti Andía

El hieratismo de las interpretaciones y la teatralidad de la puesta en escena no fueron óbice para que un debutante Arturo Ruiz-Castillo, en colaboración con el mismísimo Pío Baroja, llevasen a cabo esta más que aceptable versión cinematográfica de Las inquietudes de Shanti Andía (1947). Sobre todo si se tiene en cuenta la dificultad que entrañaba adaptar una novela, como suele ser habitual en la producción narrativa del escritor vasco, repleta de personajes secundarios, subtramas intercaladas y continuos saltos temporales.

A consecuencia de todo ello, se tiene un poco la sensación de que se han querido condensar demasiadas cosas en apenas hora y media de metraje, por lo que la película, en comparación con el texto, parece más bien un resumen precipitado de unos hechos que se esbozan más que se cuentan. Circunstancia que se acentúa en la secuencia final, cuando es el protagonista quien sintetiza de viva voz el resto del relato ante el propio Baroja (en realidad un actor y no el auténtico, como erróneamente citan algunas fuentes) por si a éste le apetece algún día escribir esa historia.



Por otra parte, la soberbia banda sonora para coro y orquesta del maestro García Leoz (en la que, dato insólito en pleno franquismo, se incluyen algunas canciones en eusquera, aparte del "Zorongo gitano" de García Lorca, junto al que Ruiz-Castillo había cofundado La Barraca) también contribuye en buena medida a ambientar las aventuras que el viejo marino, encarnado por Jorge Mistral, rememora con la nostalgia propia de quien dio la vuelta al mundo para luego retirarse a un rincón a orillas del Cantábrico.

De la larga nómina de intérpretes que conformaron el reparto destacan los nombres del mítico Manuel Luna en el papel de Juan de Aguirre, Fernando Sancho como Tristán de Ugarte, José María Lado (Zaldumbide, traficante de esclavos y capitán de El Dragón) o un jovencísimo José María Rodero haciendo de Juan Machín, el antagonista de Shanti. Asimismo, Milagros Leal (su madre) o Irene Caba Alba (la criada Iñure) defienden sus respectivos roles femeninos de mujeres fuertes con la maestría que las caracterizaba, en abierta oposición a la más angelical Mary, en cuya piel se mete la actriz (y poeta, tras abandonar el cine en 1948) Josita Hernán.



sábado, 23 de septiembre de 2017

Mi enemigo y yo (1944)




Director: Ramón Quadreny
España, 1944, 75 minutos

Mi enemigo y yo (1944) de Ramón Quadreny


Dos hermanas pueblerinas y un mundano novelista de éxito. Beatriz (Leonor Fábregas) se pasa el día leyendo las historias publicadas por el apuesto Mauricio de Viera (Luis Prendes), pero será Isabel (Josita Hernán) la que le robe el corazón al escritor. No sin antes vencer cuantiosas reticencias, ya que a la muchacha le pesa el hecho de haberle arrebatado a su hermana el objeto de sus amores. De modo que seductor y seductora entrarán en un juego de amor y odio en el que, sucesivamente, irán intercambiando los papeles de raptada y raptor, en función de sus necesidades...

No era la primera vez que dicha pareja trabajaba a las órdenes de Ramón Quadreny, pues el dúo Prendes-Hernán ya había protagonizado, en enero de ese mismo año, Una chica de opereta. Eran, a la sazón, estrellas en nómina de Cifesa, por lo que nada tiene de particular que participasen, por aquellos años, en varias producciones románticas cortadas por un mismo patrón y, casi casi, fabricadas en serie.



Mi enemigo y yo partía de la novela rosa homónima a cargo de la prolífica Luisa María Linares y situaba parte de su acción en Barcelona y alrededores (con una escena rodada en el teleférico de Montserrat y otras, en cambio, en las cumbres nevadas de lo que parece un ambiente pirenaico). Contenía también, según costumbre de la época, varias canciones, interpretadas por la propia Josita Hernán, quien se supone que, en su huida de Mauricio, intenta abrirse camino como cantante profesional.

Pese a su tono general de pasatiempo intrascendente, en algunos de los elementos contenidos en esta comedia de teléfonos blancos parece percibirse, sin embargo, el eco lejano de claros referentes literarios, como esa torre en lo alto de una montaña en la que los protagonistas acaban encerrados, tanto al principio como al final, y que haría pensar, tal vez, en la prisión de Segismundo en La vida es sueño. "Donde se demuestra", como rezaba el programa de mano que acompañaba a la película, "que un secuestro puede traer inesperadas y felices consecuencias".



sábado, 11 de marzo de 2017

Ángela es así (1945)




Director: Ramón Quadreny
España, 1945, 71 minutos

Ángela es así (1945) de Ramón Quadreny


Con un aire innegable de revista del Paralelo, Ángela es así fue una de aquellas comedias de los años cuarenta, rodadas en cadena en los estudios Trilla Orfea de Barcelona bajo la égida de Iquino o (como es el caso) del productor Aureliano Campa y el director Ramón Quadreny, e invariablemente protagonizadas por Josita Hernán y secundarios del estilo de Paco Martínez Soria (ausente del reparto en esta ocasión), Mary Santpere o el histriónico Fernando Freyre de Andrade.

Poco se puede decir de su típico argumento de enredo más que fue escrito conjuntamente por Joaquín Abati y Carlos Arniches, algo de lo que dan fe unos diálogos afilados y repletos de chistes (unos más afortunados que otros). También se incluye, como no podía ser menos, un par de canciones. Es especialmente llamativa, dadas sus alusiones cinematográficas, la que canta el personaje de Mary (interpretado por Gema del Río) y cuya letra, que no tiene desperdicio, dice así:

Si fuese Claudette Colbert 
o la Hedy Lamarr
tendría la voz ronca 
de tanto fumar.

Si fuese Greta Garbo 
o la Marlene Dietrich 
sería vampiresa 
de mucho postín...

Y todo para acabar apostillando: "Si algún día yo me caso, he de hacerlo con un hombre de mucho parné. No me importa que me llamen vampiresa de ocasión. Sólo anhelo que me compren una casa con ascensor."

Gema del Río (Mary) en plena actuación


Vemos, por consiguiente, de qué pie calzan las "amistades" de las que se rodea el soltero de oro Gonzalo Rivera (Fernando Fernández de Córdoba): mujeres frívolas que únicamente codician su fortuna o galancetes de medio pelo como Manolo (un jovencísimo Jorge Mistral en la que apenas era su segunda película). De modo que tendrá que venir desde el internado de Suiza la vivaracha Ángela para meter en vereda al díscolo de su tío. Un torbellino de muchacha aparentemente todo simpatía y extraversión, pero que no deja de ser la píldora moralizante que justificaba semejante planteamiento.

Al mismo tiempo, y en paralelo a la historia de sus señores, también acabarán enamorándose el mayordomo Baldomero y la fámula doña Cloefé. O sea: la Santpere y Freyre de Andrade haciendo de las suyas. La primera como criada vascuence que habla perfectamente el francés, pero no así el castellano (lengua que le plantea algún que otro problema); el segundo, en su típico papel de sirviente fiel aunque atolondrado.

Ni es la bruja de El Mago de Oz ni tampoco una amish: es Mary Santpere

sábado, 28 de enero de 2017

Una chica de opereta (1944)




Director: Ramón Quadreny
España, 1944, 77 minutos

Una chica de opereta (1944)


La novelista Concha Linares Becerra fue la autora del texto en el que se basa Una chica de opereta. A decir verdad, la adaptación cinematográfica dirigida por Ramón Quadreny para Cifesa no dejaba de ser un folletín, con muchacha pobre, hermanita enferma, padre anciano humillado por un patrón sin escrúpulos y demás ingredientes al uso. Y todo sublimado por el éxito que la protagonista acabará cosechando en los escenarios tras hacerse pasar por la severa y poco agraciada secretaria de un cantante de moda del que termina enamorándose, no sin antes revelar su auténtica y desbordante belleza.



Josita Hernán, en el papel de Silvia Navarro, y Luis Prendes, como Armando d'Olbés, encabezaban un reparto completado por Pepe Isbert y Fernando Fernán Gómez. A los que se añadió la música de José Ruiz de Azagra y una buena ración de valses y canciones con gorgoritos para confeccionar el típico musical escapista de nuestra posguerra. Poco importaba lo superficial del argumento o la inverosímil caracterización de la Hernán (anticipándose en muchos años a Betty la fea): aquí lo principal era hacer olvidar al espectador, durante hora y cuarto, las cartillas de racionamiento, el estraperlo y demás contrariedades de la engorrosa España autárquica en blanco y negro.

A tal efecto, la historia de una cenicienta llena de determinación que se lanzaba a recorrer media Europa con tal de vengar la memoria de su padre, devolviéndole la bofetada al hijo del empresario que se había apropiado de unas composiciones con las que ella misma acabará triunfando, suponía el mejor reconstituyente para reconfortar las sufridas retinas patrias tras la reciente conflagración nacional.


lunes, 2 de enero de 2017

La chica del gato (1943)




Director: Ramón Quadreny
España, 1943, 74 minutos

La chica del gato (1943) de Ramón Quadreny


Viendo marcharse de casa a la pobre Guadalupe (Josita Hernán) con su gato Pablito y la jaula del jilguero a cuestas es fácil que nos venga a la mente la imagen de Dorothy (Judy Garland) abandonando la granja de sus tíos en Kansas al principio de El Mago de Oz. Tiene también algo de Cenicienta, de la vendedora de cerillas, de la Cosette de Los miserables y hasta de la tonta del bote. El suyo es un personaje arquetípico: el de la desdichada huerfanita maltratada por su madrastra o familia adoptiva.

Lo demás es más de lo mismo: una familia adinerada se apiada de ella y la acoge, dándole el calor y el sustento que la vida le había negado hasta ese momento, no sin antes despertar recelos entre algunos de los miembros del servicio o la concupiscencia del señor de la casa. A todo lo cual ella corresponderá ayudando a unos en la feliz consecución de sus enredos amorosos y fastidiando a quienes le tienen ojeriza.

Josita Hernán (Guadalupe) y Fernando Fernán Gómez (Paco)


A partir de la obra teatral homónima de Carlos Arniches, estrenada en 1921, Aureliano Campa y Ramón Quadreny confeccionaron el guion de una producción Cifesa que se rodaría en los Estudios Trilla-Orphea de Barcelona y que contó en su reparto con secundarios notables del cine español de los cuarenta, tales como Fernando Fernán Gómez haciendo de botones o Juan Espantaleón en el papel de un inverosímil empresario medio sueco, medio alemán.

Puede que la realización técnica en una comedia como La chica del gato sea en ocasiones un tanto tosca. No puede decirse lo mismo, sin embargo, de la lograda recreación de los bajos fondos que se nos presenta en las escenas iniciales, mostrados con un cierto toque documental y donde unos harapientos Eulalio y Eufrasia (Ana María Quijada) parecen verdaderamente salidos de las filas del hampa.

Eulalio (Luis Pérez de León)