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miércoles, 10 de julio de 2024

Leo el último (1970)




Título original: Leo the Last
Director: John Boorman
Reino Unido, 1970, 104 minutos

Leo el último (1970) de John Boorman


Una insólita película a propósito de un aristócrata quijotesco, último representante de una estirpe de monarcas europeos que perdieron el trono, pero no su orgullo. Sin embargo, cuando el tal Leo (Marcello Mastroianni) aterriza en la lujosa mansión londinense que su padre le ha legado, se interesa de inmediato por las familias de origen africano que habitan en el barrio.

A pesar de que la cinta optó a la Palma de Oro en Cannes, donde el director John Boorman fue recompensado, además, con el premio a la mejor realización, lo cierto es que Leo the Last (1970) jamás gozó de excesivo predicamento ni entre la crítica ni a nivel comercial. Y es una lástima, porque cualidades no le faltan (atención a la extraordinaria banda sonora, cantada por Ram John Holder) a un filme originalísimo desde su propio planteamiento.



En primer lugar, porque en determinados momentos, sobre todo al principio, incluye comentarios en off de lo que parece ser una especie de tribunal que presenta y a la vez juzga a los personajes. Algo así como la conciencia de un hipotético grupo de espectadores. Por otra parte, la actitud escrutadora del protagonista, quien observa continuamente al vecindario a través de un catalejo, lo convierte en un voyeur al estilo de James Stewart en La ventana indiscreta (Rear Window, 1954).

Pero si hay algo que de verdad define una apuesta tan sui géneris es su espíritu combativo, muy en la línea de otros títulos británicos de la época como, por ejemplo, la explosiva If.... (1968). De lo cual se deduce que Boorman, aunque desarrollase buena parte de su carrera en Hollywood, compartía en el fondo la actitud iconoclasta de aquellos "Jóvenes Airados" (Angry Young Men) del Free Cinema. Buena prueba de ello es una sátira contracultural que aborda abiertamente las desigualdades sociales, con la mira puesta en cambiar el mundo, si bien a veces uno apenas llega a cambiar su calle y gracias.



domingo, 19 de mayo de 2019

Detective sin licencia (1971)




Título original: Gumshoe
Director: Stephen Frears
Reino Unido, 1971, 86 minutos

Detective sin licencia (1971) de Stephen Frears


Ya desde los títulos de crédito iniciales, acompañados por la música orquestal a cargo de Andrew Lloyd Webber, queda meridianamente claro que estamos ante un homenaje al cine negro americano de los años cuarenta. Sin embargo, la factura hollywoodense del filme contraste en grado sumo con los genuinos ambientes tanto de Liverpool como londinenses en los que va a transcurrir la historia: barriadas obreras habitadas por tipos grises con gabardina, en las antípodas de la imagen glamurosa que popularizara la meca del cine.

Y es que Gumshoe (literalmente "zapato de goma", aunque, en el argot policial, el término se utiliza como sinónimo de detective) no sólo supuso el debut del británico Stephen Frears en la dirección de largometrajes, sino que, además, se anticipó en un año a la que, probablemente, sea la parodia más célebre del universo noir: Sueños de un seductor (1972) de Herbert Ross.

En la consulta del psiquiatra


La gran diferencia, sin embargo, estriba en el hecho de que el personaje interpretado por Albert Finney da señales de una mayor profundidad psicológica que el entrañable perdedor encarnado por Woody Allen: no hay más que ver la escena de su visita al psiquiatra para darse cuenta de ello.

Debidamente ataviado con el mismo atuendo que lucía el Bogart de Casablanca (1942), Eddie Ginley viene a ser una especie de Don Quijote de la novela policíaca, capaz de anunciarse en la prensa como "Sam Spade. Ginley de verdadero nombre. Detective en sus ratos libres. Investigaciones privadas. No acepto casos de divorcio." Curiosa manera de huir de la sordidez del entorno, refugiándose en un mundo de fantasía en el que sueña con escribir El halcón maltés y grabar la canción "Blue Suede Shoes".