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domingo, 25 de enero de 2026

Brácula: Condemor II (1997)




Director: Álvaro Sáenz de Heredia
España, 1997, 87 minutos

Brácula: Condemor II (1997) Á. Sáenz de Heredia


La segunda parte de Condemor arranca en el mismo punto en el que terminaba su predecesora, con la pareja protagonista a bordo de una diligencia. Aunque no por mucho tiempo, ya que enseguida dejan atrás las praderas del lejano Oeste para embarcarse en un velero que los conduce hasta un castillo tenebroso en las profundidades de Transilvania. Efectivamente, el dúo interpretado por Chiquito de la Calzada y Bigote Arrocet se va a ver envuelto en un fatal malentendido a partir del momento en el que al primero de ellos lo confundan con el mismísimo conde Drácula.

De nuevo dirigidos por Álvaro Sáenz de Heredia, los personajes de Brácula: Condemor II (1997) destacan más por sus ocurrencias lingüísticas que no por su accidentado periplo, repleto de todos los tópicos habidos y por haber en torno a las historias de vampiros, a través de los dominios del Príncipe de las Tinieblas. A este respecto, merece la pena prestar atención a las continuas perlas que suelta Chiquito (por ejemplo: "¡Quítate, torpedo, que ves menos que un murciélago con legañas!") con ese gracejo suyo tan característico y que convierten a Gregorio Sánchez (nombre real del inefable artista malagueño) en uno de los humoristas más imitados de todos los tiempos.



Y como ya sucediera en la particular lectura del wéstern que fue, un año antes, Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996), no faltan canciones que convierten por momentos en un atípico musical lo que de otro modo no habría pasado de ser más que una burda parodia tirando a cutre. Aires de Bizet que remiten a un período entre decimonónico y hasta dieciochesco recreado de manera más que convincente, pese a las limitaciones presupuestarias, tanto a nivel de decorados como de vestuario.

Así pues, los colmillos del aristócrata francés terminan por aflorar con la misma facilidad que se ingieren sapos o se vuela por los aires: un cúmulo de situaciones disparatadas, para mayor lucimiento de la estrella televisiva de aquel entonces, en el que también participaron viejas glorias del destape, como la alemana Nadiuska, en el papel de Baronesa, y el siempre guasón Javivi interpretando al consorte de la susodicha. Una comedia de culto fascinante, en definitiva, máxima expresión de cómo el carisma de una sola persona puede llenar la pantalla, independientemente de las muchas incoherencias de su trama.



sábado, 24 de enero de 2026

Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996)




Director: Álvaro Sáenz de Heredia
España, 1996, 90 minutos

Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996)


Algo genuinamente auténtico debía tener Chiquito de la Calzada cuando tantos años después de su fallecimiento sigue generando memes y demás virguerías que hoy permite la inteligencia artificial. Fenómeno sociológico que, ya en vida del susodicho, dio pie a una peculiarísima trilogía cinematográfica dirigida por Álvaro Sáenz de Heredia y cuya primera entrega, Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996), fue un atípico wéstern rodado, como no podía ser de otro modo, en las instalaciones del mítico mini Hollywood almeriense.

Independientemente de su argumento, tan olvidable como la propia cinta, lo que salta de inmediato a la vista es que tanto las situaciones como los diálogos no son más que un pretexto para que Chiquito pueda colocar su memorable repertorio de frases y hallazgos lingüísticos. Un idiolecto, el "chiquistaní" que, a base de fistros y otros neologismos por el estilo, dejó huella en el habla cotidiana y aun en el lenguaje corporal ("No puédorr, no puédorr...").



Sin embargo, la forma de expresarse del personaje recurre a mecanismos todavía más creativos desde el punto de vista gramatical, como por ejemplo los símiles por vía comparativa de superioridad ("Más calor que un camello cargado de maletas") o las deformaciones fonéticas, ya sea por influjo del origen andaluz de Chiquito o, en ocasiones, debido a su afición al inglés macarrónico, justificada aquí por la ambientación de la trama en el Far West.

Bigote Arrocet, en su línea habitual de sucedáneo de Cantinflas, da la réplica perfecta como comparsa del aristócrata francés en este vehículo para el lucimiento absoluto de Chiquito de la Calzada en el momento de pleno apogeo de su popularidad. Juntos encarnan lo que pudiera considerarse una típica pareja de reminiscencias quijotescas, pero desde la óptica kitsch de una producción de serie B que oscila entre lo absurdo y lo genial (más lo primero que lo segundo).



domingo, 28 de noviembre de 2021

Chechu y familia (1992)




Director: Álvaro Sáenz de Heredia
España, 1992, 81 minutos

Chechu y familia (1992) de Álvaro Sáenz de Heredia


Álvaro, el sobrino de Sáenz de Heredia, dirigió esta insulsa comedia gamberra a propósito de un adolescente que se queda solo en casa con su abuelo, las chicas del servicio, el jardinero y un tío solterón que no piensa más que en comer. Nadie lo diría a juzgar por lo mediocre del resultado final, pero el guion de semejante bodrio corrió a cargo nada menos que de Rafael Azcona, quien adoptó un relato propio titulado "Casete".

Además de mal estudiante, el tal Chechu (César Lucendo) es un pájaro de mucho cuidado que, con apenas catorce años, lo graba todo con su cámara de vídeo para chantajear a propios y extraños y, por si no fuera poco, vive obsesionado con las curvas de Pauli (Neus Asensi), despampanante asistenta doméstica a la que el chaval mete mano siempre que puede (y ella se deja). Apego por las faldas que debe de ser genético, toda vez que don José, el abuelo (Fernando Fernán-Gómez), viudo, antiguo maestro de escuela y aficionado a darle a la botella, bebe los vientos por la gallega Maruxa (Amparo Moreno), la otra sirvienta.



Y claro, cuando los padres se ausentan con motivo de un banquete de boda al que son invitados, se arma la de Dios es Cristo: el tío Teddy (Emilio Mellado) no sólo se dedica a apuntar en una libreta todas las travesuras que comete el abuelo, sino que él mismo se salta el estricto régimen que le ha impuesto su hermana (Esperanza Roy); Pauli y Maruxa se meten en la piscina con el pretexto de que Chechu les enseñe a nadar; Florito (Luis Lorenzo), un amigo de la familia bastante afeminado y aficionado al tenis, se presenta de improviso; lo mismo que Cosme (Antonio Flores), el celoso y violento novio de Pauli...

Rodada en un lujoso chalé de La Moraleja, Chechu y familia (1992) tiene más de sitcom televisiva al estilo de Aquí no hay quien viva que no de película cinematográfica destinada a ser exhibida en salas comerciales. Probablemente porque fue concebida en una época de transición en la que determinados productos, como las astracanadas de Pajares y Esteso, ya no estaban de moda, mientras que las recién creadas cadenas de televisión privada, en plena fiebre de las Mama Chicho, todavía no contemplaban este tipo de humor para sus series de ficción.