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jueves, 22 de diciembre de 2016

El bosque petrificado (1936)




Título original: The Petrified Forest
Director: Archie L. Mayo
EE.UU., 1936, 82 minutos

El bosque petrificado (1936)

Et, ce qui est plus, quand la douleur au sujet de moi s'accroche
Grâce à la Fortune ou la fumée de la jalousie,
Votre doux œil doux bat ses menaces
Comme le vent souffle: une telle puissance se trouve dans votre œil.
Ainsi dans votre champ ma semence de récolte
Prospère, car le fruit est comme moi que je me suis mis;
Dieu me propose de la soigner avec une bonne éducation;
C'est la fin pour laquelle nous deux nous sommes rencontrés.
François Villon

Antes de ser llevada al cine por Archie Mayo, la obra teatral The Petrified Forest de Robert E. Sherwood había triunfado un año antes en Broadway con prácticamente el mismo elenco de actores. De hecho, tanto Leslie Howard como la entonces jovencísima Bette Davis ya habían coincidido en Cautivo del deseo (Of Human Bondage, 1934) de John Cromwell. De modo que la Warner se disponía a completar el reparto con Edward G. Robinson, una de sus estrellas más destacadas, para el papel del malo malísimo Duke Mantee. Pero fue entonces cuando Leslie Howard ejerció sus derechos de representación de la pieza para imponer a Bogart, entonces en los inicios de su carrera.

El bosque petrificado no puede negar sus orígenes teatrales, ya que la práctica totalidad de la acción tiene lugar en el espacio cerrado de un bar de carretera: el Bar-B-Q. Allí trabaja Gabrielle Maple (Davis), una camarera soñadora que lee los versos de Villon para evadirse de la triste realidad que la rodea. Por eso, su sueño de viajar algún día a Francia se verá reforzado con la llegada de un desconocido que responde al nombre de Alan Squier (Howard). Éste es un intelectual desengañado que, pese a sus refinadas maneras, no tiene ni un centavo. Aunque ello parecerá inspirar la compasión de la muchacha, quien no sólo no le cobra lo consumido sino que además le dará una moneda de un dólar.

Pero todo se complicará con la llegada de una peligrosa banda de gánsteres liderada por un diabólico individuo (atención a los cuernos del tocado indio colgado en la pared justo detrás de la cabeza de Mantee...) y que retendrá a los personajes como rehenes en el interior del local. Se inicia entonces un largo período de tensión que Squier comparará con la que se respira en las páginas de Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque. De todas formas, para Squier está bastante claro cómo actuar en un caso así, máxime si no tiene en gran estima a su propia vida...


domingo, 19 de abril de 2015

Una noche en Casablanca (1946)




Título original: A Night in Casablanca
Director: Archie L. Mayo
EE.UU., 1946, 85 minutos

Una noche en Casablanca (1946) de Archie L. Mayo


Si hace algunos días comentábamos que Los conspiradores (1944) era casi una secuela de Casablanca, algo similar (aunque en un registro totalmente distinto) ocurre con esta comedia de los Hermanos Marx. Retomando su ambiente exótico de cartón piedra, se parodian algunos de los lugares comunes que hicieron célebre a la mencionada película como las autoridades coloniales, los pérfidos refugiados nazis, las apuestas en la ruleta del casino (por supuesto), un avión en la escena final... Y todo para mayor lucimiento de los Marx y su delirante sentido del humor.

En la Casablanca de posguerra, el excéntrico Ronald Kornblow (Groucho) es contratado para dirigir un hotel cuyos anteriores administradores terminaron siendo misteriosamente asesinados. Pierre, un soldado francés, sospecha que los crímenes han sido cometidos por antiguos nazis, en concreto el conde Pfferman, bajo cuya falsa identidad se esconde en realidad el perseguido Heinrich Stubel. Pero como el propio Pierre está acusado de haber colaborado con el enemigo (le obligaron a pilotar hasta Sudamérica un avión cargado con un suculento botín, aunque él prefirió aterrizar en Casablanca) sus intentos por limpiar su buen nombre con la ayuda de su novia Annette (Lois Collier) y su astuto compañero Corbaccio (Chico) no parecen convencer a los obtusos representantes de la autoridad local. Buscarán entonces la ayuda de Rusty (Harpo), el maltratado criado mudo de Pfferman para lograr descubrir antes que él el supuesto tesoro que los nazis escondieron en el hotel.

Aparte de un par de canciones interpretadas por Beatrice Rheiner (Lisette Verea) y los habituales números musicales al piano (Chico) y al harpa (Harpo), los diálogos contienen innumerables chistes. Como cuando Groucho se cruza en plena calle con un camello (que está rumiando, cosa bastante habitual en los camélidos) y le suelta: "¡Oye, tú! ¿Tienes otro chicle para mí?"


El camello nos muestra su perfil más fotogénico