Mostrando entradas con la etiqueta Álvaro Luna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Álvaro Luna. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de mayo de 2025

El clan de los Nazarenos (1975)




Director: Joaquín Luis Romero Marchent
España/Italia, 1975, 95 minutos

El clan de los Nazarenos (1975) de JL Romero-Marchent


Curiosa historia en torno a un atormentado monje (Javier Escrivá) que, tras haber perdido la fe, abandona los hábitos y da rienda suelta a sus pasiones reprimidas, para lo que forma un temible grupo criminal reclutando jóvenes delincuentes sin escrúpulos. Todo ello con la peregrina idea (nunca mejor dicho) de encontrar a Dios a través de sus actos delictivos. Al igual que los penitentes en las procesiones de Semana Santa, y de ahí el título de la película, los protagonistas de El clan de los Nazarenos (1975) también irán encapuchados cuando cometan sus fechorías.

Sin embargo, el trasfondo de este híbrido entre elementos tan sumamente heterogéneos no sería tanto religioso, sino que deja intuir, más bien, un cierto influjo (no muy bien digerido, seamos sinceros) del carácter ultraviolento con el que Kubrick había adornado a los "drugos" de La naranja mecánica (1971). Sólo que adaptando ese planteamiento a un contexto hispánico, concretamente galaico, como lo atestiguan los exteriores rodados en diferentes enclaves del litoral coruñés.



Una atmósfera opresiva flota en todo momento a lo largo de la trama, sutilmente subrayada por la fotografía del mítico Luis Cuadrado, mientras que la banda sonora del italiano Stelvio Cipriani aporta un toque entre turbio y contemplativo que le viene muy bien al conjunto. Y en cuanto al reparto, además del ya mencionado Escrivá, destaca la presencia de Tony Isbert (Fly), Luca Bonicalzi (Ludo), Luis Folledo (Punch) y Antonio Sabato (Jorge). A cada uno de ellos le corresponde un papel en abierto contraste con el resto, donde Fly es el cínico, Ludo el romántico, Punch un rudo púgil fracasado y Jorge el astuto y último miembro en unirse a la banda.

Quedan, por último, una serie de personajes cuyo cometido consiste en oponerse a las turbias intenciones del clan, bien sea por la vía sentimental encarnada por Magda (Sandra Mozarowsky), las buenas intenciones cristianas del Padre José (Carlos Romero Marchent) o las no tan claras de la misteriosa Arima (Alexandra Bastedo). Circunstancias que, en definitiva, marcan el ritmo de un filme irregular al que en ocasiones se le ha querido aplicar la etiqueta de "película de culto".



jueves, 23 de junio de 2022

El puente (1977)




Director: Juan Antonio Bardem
España, 1977, 104 minutos

El puente (1977) de Juan Antonio Bardem


Algo de desquite tiene El puente (1977), considerando que era la primera película que Bardem pudo filmar en libertad, exento ya de las ataduras de los censores franquistas. En ese aspecto, el guion de la película, coescrito por el propio cineasta y Javier Palmero a partir de algunos relatos del novelista Daniel Sueiro, reunía la mayor parte de fantasmas que hasta ese momento habían sido del todo inabordables en nuestro país. Drogas, sexo, política... No hay ni un solo tabú que el bueno de Juanito (Alfredo Landa) deje de cruzarse a lo largo de su particular odisea rumbo a Torremolinos.

Porque debe señalarse que el protagonista de la cinta comienza siendo el típico españolito desclasado, un individuo fanfarrón y vividor que, a base de desengaños, irá gradualmente adquiriendo conciencia de los males que asolan el mundo. Es posible que, a día de hoy, pueda parecer un planteamiento inocente en exceso, pero así era el sentir de quienes, tras cuarenta años de dictadura, tenían depositadas sus esperanzas en los cambios que auguraba el advenimiento de la democracia.



Planteada como una road movie de aire risueño con alguna que otra pincelada humorística, son muchos los intérpretes que aparecen fugazmente en papeles secundarios: Paco Algora, Josele Román, Victoria Abril (en los inicios de su carrera), Pilar Bardem, Manuel Alexandre, Álvaro de Luna... De lo cual se desprende un cierto ambiente de camaradería que llega a su punto culminante en las escenas corales protagonizadas por los cómicos del Grupo de Teatro Independiente o los hippies que viajan en furgoneta.

Sin embargo, la nota predominante deja entrever una sociedad de obreros alienados (pese a que unos pocos, compañeros de Juan en el taller, estén planeando acciones reivindicativas) en la que permanecen intactas las estructuras del antiguo régimen. De ahí los caciques y demás fuerzas vivas que van episódicamente desfilando por los mismos escenarios por los que transita Juan a lomos de su incombustible motocicleta. Será cuestión de tiempo, pues, que al modesto mecánico, rijoso y egoísta, le nazca la suficiente entereza como para decidirse a dejar de ser un mero espectador de las cosas que suceden a su alrededor.



lunes, 6 de diciembre de 2021

Pesadilla para un rico (1996)




Director: Fernando Fernán-Gómez
España, 1996, 97 minutos

Pesadilla para un rico (1996) de Fernán-Gómez


A juzgar por los hechos que detalla Fernán-Gómez en sus memorias, no debió de ser muy placentero el rodaje de Pesadilla para un rico (1996). Comenzando por la elección del propio papel protagonista, que en un principio tenía que haber recaído en Alfredo Landa y que finalmente iría a parar al no menos célebre Carlos Larrañaga. Y es que levantar una película nunca ha sido tarea fácil, en especial cuando los recursos son escasos y se trabaja a contrarreloj para cumplir los plazos previstos.

Como ya sucediera en Siete mil días juntos (1994), anterior incursión de don Fernando tras las cámaras, se partía de un guion de Luis Alcoriza igualmente teñido de ese particular humor negro marca de la casa. Que aquí se concreta en las tribulaciones a que se verá sometido el financiero Álvaro de la Garza (Larrañaga) cuando, tras haber pasado la noche en compañía de la bella Mané (Beatriz Rico), se encuentre con un cadáver entre manos que podría comprometer muy seriamente su futuro al frente de la prestigiosa entidad bancaria para la que trabaja.



Quizá sea su estructura, rompecabezas en el que los acontecimientos no necesariamente se suceden en orden cronológico, lo más llamativo de un filme a medio camino entre la comedia y el delirio alucinante de un hombre desesperado. De hecho, la pesadilla que vive el banquero obedece más bien a un trastorno paranoico, teniendo en cuenta que una serie de funestas coincidencias le llevan a creerse víctima de la fatalidad.

En realidad, se acaba dando la circunstancia de que tanto el entorno familiar como el círculo de confianza de de la Garza saben mejor que él mismo cuál es el verdadero contenido del maletero de su Jaguar. Lo cual dará pie a situaciones cada vez más disparatadas (por ejemplo, la esposa y la hija intentando convencerle de que "una mujer desnuda no tiene importancia") respecto a alguien que no deja de ser una parodia en clave hispánica, con el telón de fondo de la corrupción en las altas esferas, del "falso culpable" hitchcockiano.



lunes, 1 de noviembre de 2021

Mi general (1987)




Director: Jaime de Armiñán
España, 1987, 106 minutos

Mi general (1987) de Jaime de Armiñán


Lo que algunos años antes habría sido del todo impensable (una comedia en la que se parodiara al Estado Mayor del Ejército español) fue realidad, ya en plena democracia y habiendo entrado a formar parte de la Comunidad Económica Europea, por obra y gracia del siempre ocurrente Jaime de Armiñán. Mi general (1987) presenta a un grupo de altos mandos en la reserva que, por aquello de ponerse al día, se reúnen en Gerona para asistir a un cursillo a propósito de las últimas innovaciones tecnológicas en materia armamentística.

No puede decirse que a semejante atajo de carcamales les haga excesiva gracia recibir lecciones por parte de unos jovencísimos capitanes, por muy bien preparados que éstos estén, de modo que el carácter díscolo e incluso pueril de muchos de los susodichos se irá manifestando conforme avancen las clases. Y es curioso porque, como si de niños se tratase, los generales terminan por adoptar los mismos roles que suelen darse en las aulas de cualquier colegio: del Pozo (Fernando Fernán-Gómez) es el bromista del grupo, Mendizábal (Héctor Alterio) el enamoradizo dispuesto a fugarse de noche para verse con su amada (Mónica Randall), Izquierdo (Rafael Alonso) el acusica, Torres (José Luis López Vázquez) el enclenque...



También está el típico que siempre llega tarde, el que copia en los exámenes y, cómo no, el encargado de rebautizar a los profesores con un mote de lo más hiriente. En este particular, los destinatarios de apodos y mofas reproducen, asimismo, los perfiles habituales de todo equipo docente: Pujol (Juanjo Puigcorbé) peca de indeciso, Sarabia (Joaquín Kremel) le toma a del Pozo la misma ojeriza de la que él fue objeto en la academia militar...

El retrato que la película lleva a cabo del estamento castrense, con los caprichos y arbitrariedades de quienes están acostumbrados a hacer siempre su santa voluntad, ofrece una imagen grotesca, por momentos esperpéntica, de unas altas instancias tan ancladas en el pasado franquista como inoperantes desde el punto de vista de la eficacia táctica. Sin embargo, y en abierta oposición a la eficiencia de esos jóvenes altamente cualificados que les dan clases, la vieja guardia hace gala de una camaradería que los humaniza, mostrándolos interesados por los consejos sexológicos de un consultorio radiofónico o dispuestos a montar jarana a pesar de lo que dicten las ordenanzas.



sábado, 4 de septiembre de 2021

Crimen imperfecto (1970)




Director: Fernando Fernán-Gómez
España, 1970, 90 minutos

Crimen imperfecto (1970) de Fernán-Gómez


Esta pequeña gema que el bueno de Fernán-Gómez dirigió y protagonizó, a principios de la década de los setenta, bajo la égida del productor Pedro Masó apenas obtuvo repercusión en el momento de su estreno. Tal vez, como él mismo señalaría, porque, siendo una película visualmente cercana al mundo del cómic, recibió, sin embargo, la calificación de no apta para menores de dieciocho años. Sea como fuere, Crimen imperfecto (1970) constituye, a pesar de su apariencia de parodia del género detectivesco, una explosión sensacional de colorido en la que tienen cabida desde las boîtes de ambiente psicodélico hasta sketches en blanco y negro que remedan el estilo del cine mudo.

Torcuato (José Luis López Vázquez) y Salomón (Fernando Fernán-Gómez) integran una pareja desternillante cuyas dotes investigadoras distan de ser las más rigurosas del mundo. Tanto es así que incluso el cuerpo sin vida de alguna de las víctimas se les esfuma de entre las manos sin que ni ellos mismos sepan muy bien por qué. Lógicamente, la estética pop que sirve como vehículo de expresión durante la mayor parte del relato posibilita prescindir de toda verosimilitud. A fin de cuentas, esto es casi un tebeo el objetivo del cual sería, exclusivamente, entretener y hacer reír al espectador.



Ligado a ese mismo origen en la literatura de quiosco, el personaje de Salomón da continuas muestras de su prodigiosa capacidad para cambiar de aspecto según lo requieran las circunstancias. Así pues, lo veremos metamorfosearse, sucesivamente, en vendedor de refrescos, reportero argentino, jipi o enfermera (en estos dos últimos casos, acompañado por el solícito Torcuato). Disfraces que, aparte de reforzar la innegable vis cómica de las situaciones, sirve también como pretexto para introducir guiños cinéfilos, ya sea en alusión a Con faldas y a lo loco (1959) o El graduado (1967).

Por último, una cinta de vocación moderna como la que nos ocupa (tan moderna, por cierto, como el ritmo yeyé de la espléndida banda sonora compuesta por Antón García Abril) no hubiera sido lo mismo sin la presencia de todo tipo de artilugios tecnológicos, a cuál más estrambótico, que faciliten la labor investigadora de los protagonistas. Recurso con cierto regusto futurista que conecta de pleno con un amplio espectro de referentes, ya se trate de Mortadelo y Filemón, el Superagente 86 o la saga James Bond.



viernes, 13 de noviembre de 2020

Los días de Cabirio (1971)




Director: Fernando Merino
España, 1971, 97 minutos

Los días de Cabirio (1971) de F. Merino


La inequívoca alusión del título de este filme a las fellinianas Notti di Cabiria (1957) deja entrever que su protagonista, un típico ejemplar de españolito acomplejado y reprimido que responde al nombre de Alfredo Velázquez, probará fortuna dedicándose durante un tiempo al "oficio" de palanquero, curioso eufemismo en referencia a la prostitución masculina. Por este motivo, el protagonista, harto de que su novia Mari Carmen (Teresa Rabal) rechace cualquier tipo de contacto carnal con él antes del matrimonio, se traslada a Sitges recomendado por un antiguo compañero de la mili (Simón Andreu) para ponerse a las órdenes de Tía (José Franco), proxeneta y propietario de una bombonería que le sirve de tapadera, eterno rival de Tío (Margot Cottens), su equivalente femenino y competencia directa en lo que parece un negocio muy rentable.

Los mil y un lances a los que allí se enfrente el bueno de Alfredo (Landa), alias Perejil, en compañía de frívolas bellezas nórdicas y alguna que otra esposa despechada suponen un cúmulo de decepciones para quien creía que esto de seducir suecas adineradas era coser y cantar. En ocasiones por una mera cuestión de equívoco. Por ejemplo cuando, creyendo haber conquistado a la bella Anita (Mirta Miller), descubre que, en realidad, ella es "lo mismo que él, pero en mujer..."



Ambigüedades que, amén de provocar buena parte de las situaciones cómicas de la trama, servía al equipo de guionistas (entre ellos Alfonso Paso y Juan Miguel Lamet) para ahorrarse problemas con una censura que, pese al teórico aperturismo del régimen franquista, no habría consentido que se hablase a las claras de lo que, por otra parte, cualquier espectador de la época comprendía perfectamente sin necesidad de entrar en detalles.

Sin ser una de las muestras más logradas del landismo, Los días de Cabirio llevaba a cabo una radiografía bastante precisa de algunas de las obsesiones recurrentes del macho celtíbero, agobiado por las trabas de un moralismo estricto (representado por la familia de Mari Carmen o un trabajo de ordenanza mal remunerado) que le impide dar rienda suelta a su temperamento rijoso y siempre ávido de echar una cana al aire en ambientes turísticos más proclives a la relajación de costumbres. Sea como fuere, el caso es que Alfredo regresará al interior convertido en ídolo de masas y dispuesto a zanjar los escrúpulos de su santa novia valiéndose de algo tan carpetovetónico y poco sutil como es el "¡Ordeno y mando!"



lunes, 18 de mayo de 2020

¿Y tú quién eres? (2007)




Director: Antonio Mercero
España, 2007, 90 minutos

¿Y tú quién eres? (2007) de Antonio Mercero


Tras una carrera repleta de títulos memorables, Mercero cerraba el círculo con una bienintencionada película sobre la enfermedad de Alzheimer. Trastorno que, ironías del destino, le sería diagnosticado a él mismo dos años más tarde. En cualquier caso, no deja de ser significativo que el director iniciase su andadura profesional hablando de un niño (véase la estupenda Se necesita chico, que comentamos ayer) y que, en cambio, la terminara centrándose en las contrariedades de la tercera edad.

¿Cómo abordar semejante temática sin apelar a la emotividad del espectador? A este respecto, ya la argentina El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001) como la posterior cinta de animación Arrugas (Ignacio Ferreras, 2011) se hacen eco del asunto, de la misma manera que Laura Mañá sitúa su mirada sobre los ancianos en La vida empieza hoy (2010). Filmes, todos ellos, en los que, a pesar de la tristeza de lo que cuentan, hay cabida, también, para el humor.

Momento Rosebud, a lo Citizen Kane

Como es lógico, y a efectos de implicarnos en la trama desde un buen principio, la familia de Ricardo (Manuel Alexandre) prefiere marcharse de vacaciones y dejar al abuelo en una residencia. Únicamente su nieta Ana (Cristina Brondo), que lleva años preparando oposiciones a notaría, parecerá darse cuenta de lo que de verdad está en juego, hasta el punto de implicarse decisivamente en los cuidados que requiere el octogenario.

Puede que a los diálogos les falte naturalidad o que algunas de las situaciones parezcan forzadas. Sin embargo, ¿Y tú quién eres? es una de esas películas entrañables que posee la virtud de congraciar al más pintado con la especie humana. Además, supuso el último papel de José Luis López Vázquez, fallecido en noviembre de 2009.


viernes, 1 de mayo de 2020

El cabezota (1982)




Director: Francisco Lara Polop
España/Méjico, 1982, 94 minutos

El cabezota (1982) de Francisco Lara Polop


Coproducida con Méjico y rodada en los valles de Cangas de Onís (Asturias), entre cuyos enclaves más típicos se puede apreciar el inconfundible arco apuntado del puente medieval sobre el río Dobra, El cabezota es, sin embargo, una película muy italiana. Y no sólo porque esté basada en la novela Capodiferro, del actor Fausto Tozzi, sino porque su referente más inmediato habría que buscarlo en filmes de los hermanos Taviani como, por ejemplo, Padre padrone (1977). De hecho, Álvaro de Luna, eternamente encasillado en el papel de Algarrobo, tiene aquí, no obstante, algo de Omero Antonutti. O, al menos, de su versión edulcorada y de estar por casa.

La historia de un hombre de pueblo, orgulloso de su tozudez, que no ve con buenos ojos que su hijo tenga que ir obligatoriamente a la escuela a consecuencia de lo decretado por la Ley Moyano de 1857. Suerte que el individuo en cuestión, un viudo que responde al nombre de Pedro Pinzales, si bien todo el mundo lo conoce por el elocuente mote que da título a la película, es, en el fondo, más sensible de lo que aparenta. Y que su hijo, el Cabezota segundo, un niño ocurrente y algo resabido, es aún más terco que el padre. Aunque bastará con que llegue al lugar una maestra angelicalmente hermosa (la mejicana Jacqueline Andere) para que, a pesar de todo, se acabe imponiendo la cordura.

El niño Juan Miguel Manrique (Pedrín, el Cabezota segundo)


Pocos títulos en la filmografía del valenciano Francisco Lara Polop (1932–2008) responden a parámetros similares a los de esta cinta, enmarcada en un, hasta cierto punto, cine con "mensaje", familiar y para todos los públicos. Refuerza el componente bienintencionado del guion, coescrito entre Manolo Summers, Enrique Llovet y el propio Lara Polop, una partitura de lo más emotivo, de toques ligeramente localistas (como la canción dedicada a ensalzar la belleza de Coviella), compuesta por Antón García Abril.

Que estamos en una tierra históricamente reacia a la educación y al progreso no hace falta repetirlo dos veces. A este respecto, la pregunta recurrente de Pinzales ("¿Para qué sirve leer y escribir?") no es sino la constatación del origen de todos los males: la ignorancia de un aldeano, muy sabio y observador para las cosas del campo, pero que desconfía de todo cuanto proceda de instancias oficiales más allá de su terruño.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

Lola, espejo oscuro (1966)




Director: Fernando Merino
España, 1966, 102 minutos

Lola, espejo oscuro (1966) de Fernando Merino


Nunca fui aficionada a escrituras y, de no haber conocido a Juan, jamás hubiera dedicado una tarde a conseguirme unos papeles decentes y una de esas plumas encaperuzadas que vienen de América y que, después de algunos fastidiosos esfuerzos, escriben bien y dan tono.

Sin embargo, siempre me barruntaba yo que mi vida no era la vida de una cualquiera, ni mucho menos. Porque, desde chica, y aun antes de nacer, según creo, parezco destinada a cosas grandes, a que la gente se fije en mí y a que muchos anden de coronilla por satisfacer mis deseos.

Darío Fernández Flórez
Lola, espejo oscuro

"¡A mí se me conquista con dinero, no con novelas!" Quien así de tajante se expresa es Lola (Emma Penella), la protagonista de esta singular historia, y el pobre hombre que recibe tan terrible exabrupto es Rodolfo, alias "El Espichao" (Manolo Gómez Bur). Aunque, a decir verdad, una muchacha de tales características, que ni se anda con rodeos ni tiene pelos en la lengua, bien pudiera contestarle lo mismo a cualquier otro galanteador que se dedicase a importunarla con exigencias amatorias.

Hay, sin embargo, un hombre, médico de profesión, por el que Lola siente debilidad, hasta el punto de estar dispuesta a rehabilitarse si hiciera falta. Porque, a diferencia de los demás, Juan (Carlos Estrada) le canta las verdades a la cara en lugar de adularla, cosa que, tratándose de una descarriada desvergonzada como es ella, provoca el efecto regenerador que busca la película (y no tanto la novela).



Darío Fernández Flórez (1909-1977) dedicó toda una trilogía a glosar la figura de esta prostituta, completada, ya en la década de los setenta, con Nuevos lances y picardías de Lola, espejo oscuro (1971) y Asesinato de Lola, espejo oscuro (1975). Insistencia que no hace más que poner de manifiesto la inmensa fascinación que los integrantes de la corriente tremendista sentían hacia los personajes marginales o, como en este caso, libertinos.

Escrita y producida por José Luis Dibildos para Ágata Films, Lola, espejo oscuro adolece de las típicas carencias propias de un filme condenado a lidiar con la censura desde el mismo momento de ser concebido, si bien deja traslucir, al mismo tiempo, esa morbosidad, tan típica de las sociedades reprimidas, hacia los mismos pecados que luego se critican públicamente. En cualquier caso, lo llamativo de esta versión fílmica, con su guion un tanto disperso y un humor más amable que corrosivo, es que lo yeyé acaba por imponerse a la sordidez.


martes, 6 de agosto de 2019

Avisa a Curro Jiménez (1978)




Director: Rafael Romero Marchent
España, 1978, 88 minutos

Avisa a Curro Jiménez (1978)
de Rafael Romero Marchent

Tú, que codicias el oro, 
y de él vives en pos, 
¿cómo encontrar el tesoro, 
si el libro se partió en dos? 

El éxito popular alcanzado por la serie televisiva Curro Jiménez —emitida, originariamente, entre 1976 y 1979 (y después repuesta, una y otra vez, hasta la saciedad)— propició el que se llevase a cabo una versión cinematográfica protagonizada por el mismo elenco de actores, encabezado, como no podía ser de otro modo, por el desaparecido Sancho Gracia.

Más allá de los dudosos valores que encarnaba el personaje y del patrioterismo barato que, aún a día de hoy, siguen destilando sus gestas, lo que no se le puede negar es el haber llegado a adquirir una dimensión icónica que, guste o no, caló hondamente en el imaginario colectivo. Véase, si no, el cartel de la película, donde el nombre del bandolero destaca en letras rojas mucho más grandes que las del título del filme.

Francisco Jiménez Ledesma, alias Curro Jiménez

Como, por otra parte, conviene no perder de vista la enorme cantidad de grandes figuras que participaron en el rodaje de la serie. Sólo en lo que se refiere a directores, la lista es ya de por sí admirable: Mario Camus, Pilar Miró, Antonio Drove, Rovira Beleta... Rafael Romero Marchent, el hermano menor de Joaquín Luis, dirigió tres episodios, además de la cinta que nos ocupa. Cuyo guion, por cierto, fue escrito nada más y nada menos que por el prestigioso autor uruguayo Antonio Larreta (1922–2015).

De hecho, salta enseguida a la vista que Larreta, poseedor de un sólido bagaje intelectual, se inspiró en el orientalismo romántico a lo Washington Irving para urdir una trama el eje de la cual gira en torno al Tratado de las hierbas y las plantas de Ibn al-Baitar, un codiciado incunable, partido en dos, que contiene la clave del tesoro de Almanzor, oculto en la mezquita de Córdoba. De ahí que varias escenas de la película se rodasen en enclaves históricos de dicha ciudad, como la sala hipóstila del mencionado templo, el Patio de los Naranjos o los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos.

Sancho Gracia y Alfredo Mayo, frente a frente

lunes, 25 de diciembre de 2017

Las que tienen que servir (1967)




Director: José María Forqué
España, 1967, 79 minutos

Las que tienen que servir (1967)


"Como es evidente estamos en España..." Es la voz de Alfredo Landa la que nos habla sobre un fondo jazzístico notable de Antón García Abril acompañando imágenes de un partido de béisbol. Sin embargo, no todo es tan obvio. Como que hoy hace justo cuarenta años que falleció Chaplin y no vamos a comentar ninguna película del genial artista. No, no: la cosa queda mucho más cerca, aunque se remonte a una década antes. 

Las que tienen que servir es uno de esos títulos recurrentes en espacios de la televisión pública como Cine de barrio; una españolada en toda regla, vaya. Y que hoy, entre los efluvios del cava y demás excesos gastronómicos propios de estas fechas, nos hemos tragado de pe a pa (porque siempre hay una primera vez para todo y esta noche le ha tocado a este clásico del denominado cine de consumo).

Francisca (Amparo Soler Leal) y Juana (Concha Velasco)

De entrada, hay que decir que antes de largometraje de la factoría Dibildos dirigido por Forqué con fotografía de Cecilio Paniagua (que no es moco de pavo) había sido exitosa comedia teatral escrita por Alfonso Paso. Por lo que no es de extrañar que la fórmula volviese a funcionar en taquilla cinco años más tarde: dos criadas al servicio de los americanos de Torrejón, con sendos novios autóctonos (a cuál más bruto y machista: Antonio el del motocarro y Lorenzo el huevero) y otros tantos pretendientes yanquis. Hay también un dentista catalán interpretado por Saza, casado con una teniente estadounidense y que prefigura, en cierto modo, el personaje que le haría célebre en La escopeta nacional (1978).

Pero lo que más llama la atención de la película, y que peor ha resistido el paso del tiempo, es esa cocina "ultramoderna" color gris metalizado, con aspecto de cabina de nave espacial, repleta de botones, pitidos, lucecitas y portezuelas que se abren y se cierran automáticamente para guisar los alimentos en el acto. En realidad, se trata de una visión paródica de los avances tecnológicos que puede encontrarse igualmente en el cine de Hollywood (piénsese, por ejemplo, en el similar aspecto que presenta la computadora que lleva de cabeza a Katharine Hepburn y Spencer Tracy en Su otra esposa, Desk Set, 1957).


domingo, 22 de enero de 2017

Dame un poco de amooor...! (1968)




Director: José María Forqué
España, 1968, 91 minutos

Dame un poco de amooor...! (1968)


¿Cómo es posible que una joya como ésta no haya gozado hasta la fecha de una mayor difusión? Pues, probablemente, por lo de siempre: porque en este país nos cuesta valorar lo propio, sobre todo si fue producido durante el franquismo. Pero lo cierto es que, en su género, Dame un poco de amooor...! (1968) es una auténtica obra maestra (le pese a quien le pese y digan lo que digan los enterados de turno).

Concebida según el modelo fijado por las películas que Richard Lester o George Dunning filmaron con los Beatles, el protagonismo absoluto es para Los Bravos en su momento de máxima popularidad. Poco importa lo flojo que sea el argumento (en realidad, ello es una premisa inexcusable del subgénero película-al-servicio-de-un-grupo-musical). Que nadie se llame a engaño: aquí lo principal era promocionar la música de Mike Kennedy y su banda.



De ahí que ver a Luis Peña haciendo de Chou-Fang (un Fu-Manchú de pacotilla) sea lo de menos. Y lo mismo sirve para Tip y Coll, Álvaro de Luna, Laly Soldevila o Rafaela Aparicio. Lo que cuenta de verdad es la estética pop, las animaciones inspiradas en el universo del cómic a cargo de Francisco Macián y el colorido psicodélico de las actuaciones del quinteto, vestidos de superhéroe o de torero, viajando en un camión de bomberos o ataviados con un kimono en el gimnasio.

Verdaderamente, sería espectacular poder disfrutar de las imágenes y la música de Dame un poco de amooor...! en versión restaurada, aunque de momento nos tendremos que conformar con una copia cutre en DVD (copiada de un VHS...) como la que ha proyectado esta tarde la Filmoteca.


sábado, 25 de junio de 2016

Megatón Ye-Ye (1965)




Director: Jesús Yagüe
España, 1965, 77 minutos

Megatón Ye-Ye (1965) de Jesús Yagüe


Las comedias musicales al servicio de grupos y cantantes de moda fueron un fenómeno habitual en el cine de los sesenta, empezando por las películas de Richard Lester sobre los Beatles, que en seguida se convertirían en el modelo a imitar. También aquí llegó esta costumbre, quizá con producciones más modestas que no han logrado resistir el paso del tiempo pero que conservan intacto todo el valor de un documento de época.

Megatón Ye-Ye, dirigida por el debutante Jesús Yagüe en 1965, se inscribe en ese tipo de películas. Las estrellas promocionadas fueron, en este caso, el solista Juan Erasmo 'Mochi' y la banda Micky y Los Tonys. El argumento, que es lo de menos en filmes como este, muestra por una parte la relación amorosa que Juan entabla con la rubia Elena (María José Goyanes) antes de que esta se marche una temporada a París, más los devaneos que en su ausencia mantiene con la morena Isabel (Gloria Cámara) y, por otro lado, la llegada al estrellato del conjunto liderado por el alocado Micky y su mánager Fausto (Álvaro de Luna).

Entre las sorpresas que nos deparan los casi setenta y siete minutos de metraje, el cinéfilo observador tendrá ocasión de reconocer a más de un personaje célebre de aquel entonces. Son, al respecto, dignos de mención los cameos del eurovisivo José Luis Uribarri, haciendo las veces de presentador del concurso de jóvenes promesas en el que participan Los Tonys, o de Luis Sánchez Polack (el Tip de Tip y Coll) interpretando a un ¿censor? (por lo menos lleva unas tijeras en las manos) que junto a Emilio Laguna y otros enfervorecidos energúmenos se abalanza sobre los músicos con motivo de su primera incursión cinematográfica (curioso ejemplo de cine dentro del cine).

Aunque el protagonismo absoluto se lo llevan, ¿cómo no?, las canciones: en la era previa a la aparición del videoclip se entiende que la película debía servir de plataforma de lanzamiento del repertorio de los intérpretes. La acción arranca, pues, directamente con "Ivonne", tema melódico en francés cantado por 'Mochi'. Después vendrán los títulos de crédito con un instrumental de Los Tonys y así irán llegando el resto de piezas, que a continuación detallamos:



Micky y Los Tonys - "Sulfer Soap"
Micky y Los Tonys - "I'm Over"
Mochi - "No comprendo"
Micky y Los Tonys - "Zorongo gitano" (interpretado en un bus turístico)
Micky y Los Tonys - "Pretty Baby"
Micky y Los Tonys - "Tú serás muy feliz"
Mochi - "Pediré"
Micky y Los Tonys - "Ya no estás"
Mochi - "Mi Verdad"
Micky y Los Tonys - "Un bel amour"
Micky y Los Tonys y Mochi  - "Sha La La"

Como se ve, no tenían ningún inconveniente en cantar lo mismo en castellano, que en inglés o incluso en francés. Porque si algo querían transmitir estos jóvenes del 65 era atrevimiento. E indirectamente algo de "apertura" (la que permitían las circunstancias, claro). Conviene, sin embargo, entrecomillar la palabra porque a nadie se le escapa que, en realidad, la intención última de la censura del régimen al permitir el estreno de películas como Megatón Ye-Ye era mostrar una imagen de modernidad, sobre todo de cara al exterior.

Mochi y Elena (María José Goyanes)

sábado, 5 de diciembre de 2015

Estambul 65 (1965)















Títulos alternativos: That Man in Istanbul/L'homme d'Istamboul/Colpo grosso a Galata Bridge
Director: Antonio Isasi-Isasmendi
España/Italia/Francia, 1965, 117 minutos

Estambul 65 (1965) de Antonio Isasi

Estambul 65 nació como un intento de emular el éxito internacional conseguido por la saga de James Bond. A tal efecto, se seleccionó un reparto internacional encabezado por el alemán Horst Buchholz, que ya había triunfado con Uno, dos, tres (1961) de Billy Wilder y Los siete magníficos (1960) de John Sturges, y la italocroata Sylva Koscina. Y aunque los exteriores se rodaron en algunas de las localizaciones más turísticas de Estambul, como el Bósforo y la Torre Gálata, lo cierto es que el resto de escenas se filmaron en Barcelona, la Costa Brava y las carreteras del Garraf. Son reconocibles, en ese sentido, la Plaza Real o el dragón guardián de hierro forjado del Jardín de las Hespérides de los Pabellones Güell.

Uno de los aspectos más interesantes de esta especie de cómic trepidante es su sentido del humor, puesto que en más de una ocasión el protagonista (el seductor Tony Mecenas) mira a cámara para dejar caer algún comentario cómplice dirigido al espectador. De ahí que, más que de película de espías (espías chinos, por cierto, algunos hasta con coleta), deba hablarse más bien de parodia. Y si no véase cómo Tony Mecenas es indefectiblemente saludado allá donde va por las más bellas señoritas.


Según han relatado los nonagenarios Antonio Isasi y su guionista Lluís Josep Comerón en la presentación previa a la proyección, la película debía ser, en un principio, una producción de Benito Perojo, pero como este se arruinó fue Isasi quien tomó la iniciativa de sacar adelante el film. Y no debió de hacerlo tan mal cuando medio siglo después la Filmoteca organiza un pase para celebrarlo. En dicha ocasión, Isasi-Isasmendi ha confesado su deuda con el montaje, técnica que le permitiría, entre otras cosas, lidiar con éxito algunas de las exigencias de la censura.