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lunes, 6 de julio de 2026

El drama (2026)




Título original: The Drama
Director: Kristoffer Borgli
EE.UU., 2026, 105 minutos

El drama (2026) de Kristoffer Borgli


¿Qué ocurriría si en vísperas de un enlace matrimonial saliese a la luz algún aspecto controvertido de uno de los contrayentes? A los protagonistas de The Drama (2026) les pasa sin duda factura el hecho de que ella (interpretada por Zendaya) confiese durante el transcurso de una cena entre amigos que, cuando tenía quince años, planeó seriamente acribillar a balazos a sus compañeros de instituto. Propósito que, aunque no llegó a poner en práctica, provoca que quienes integran su círculo más íntimo (básicamente otra pareja y su propio novio) empiecen a mirarla con otros ojos. Sobre todo este último (al que da vida Robert Pattinson), atrapado a partir de ese momento en un dilema de muy difícil solución.

El noruego Kristoffer Borgli (Oslo, 1985) escribe y dirige una cinta de aire independiente, pese a estar auspiciada por los de A24, que pone el acento en esa cultura de la cancelación tan a la orden del día en el seno de la sociedad norteamericana. Un fenómeno, rayano en la hipocresía, que puede dar al traste con trayectorias intachables por culpa de alguna nimiedad magnificada desde la corrección política o incluso a consecuencia de posturas abiertamente puritanas. Evidentemente, el planteamiento que aquí se maneja no deja de tener un punto paródico, al cual se le saca bastante partido, por ejemplo, en el apogeo que supone la secuencia de los discursos durante el banquete nupcial. Sin embargo, conviene no perder de vista que lo que la película esboza a nivel particular tiene a menudo su correlato en el mundo que nos rodea.



Asimismo, llama poderosamente la atención el hecho de que las dos parejas protagonistas sean interraciales. Es más: tanto Emma (Zendaya) como Charlie (Robert Pattinson), lo mismo que Rachel (Alana Haim) y Mike (Mamoudou Athie), son neoyorquinos jóvenes de clase media/alta, con profesiones liberales y, por lo tanto, alejados a priori del estereotipo reaccionario que pudiera asociarse con posicionamientos intolerantes. De hecho, es ahí precisamente donde radica la clave de una historia que pretende advertir sobre los peligros de una deriva intransigente en aras de actitudes supuestamente progresistas. A fin de cuentas, ¿quién está libre de pecado en esta loca carrera de reproches? ¿O es que acaso la propia Rachel no encerró también en su día, según propia confesión, a un niño en un armario?

Por último, merece igualmente la pena resaltar la forma en que se narran los acontecimientos, saltando adelante y atrás en el tiempo o mezclando los distintos planos (¿ficción, realidad?) de la novela que está escribiendo Charlie, personaje, por cierto, que termina desarrollando una profunda obsesión paranoica. Y así, subrayada por la banda sonora de Daniel Pemberton, se acentúa la transición de lo que en principio parecía una comedia romántica de enredo hacia un thriller psicológico doméstico con tintes negros. Y es que, fiel a su estilo, Borgli (bajo la supervisión del no menos transgresor Ari Aster, esta vez como productor) demuestra hasta qué punto la realidad puede llegar a deformarse mediante pequeños detalles cotidianos que, sin quererlo, se vuelven monstruosos.



martes, 16 de septiembre de 2025

Eddington (2025)




Director: Ari Aster
EE.UU./Reino Unido/Finlandia, 2025, 148 minutos

Eddington (2025) de Ari Aster


Tal y como ya sucedía en Beau is Afraid (2023), el tándem Ari Aster-Joaquin Phoenix vuelve a proporcionarnos una experiencia cinematográfica de lo más intenso gracias a la muy estimable Eddington (2025), recreación en clave tremendista de la sociedad americana durante la pandemia por Covid-19 de hace cinco años. En ese sentido, el trasfondo que se intuye en la pequeña localidad de Nuevo Méjico en la que transcurren los hechos dibuja un panorama marcado por la crispación continua a través de las redes, ya sea en el marco de conflictos raciales o políticos.

Joe Cross, el sheriff al que da vida Joaquin Phoenix, responde a un perfil que sería el prototipo de individuo dispuesto a todo con tal de permanecer en el cargo e incluso llegar a más, cueste lo que cueste. De ahí el pulso encarnizado que mantiene con el alcalde Ted Garcia (Pedro Pascal) para arrebatarle el control de la ciudad. Que sus métodos no sean precisamente los más ortodoxos aporta momentáneamente un cierto toque cómico que la realidad, tras el advenimiento de la era Trump, nos recuerda que no es ninguna broma.



Por eso la etiqueta de wéstern moderno con la que casi unánimemente está siendo recibida semejante propuesta en el mundo entero se queda corta para definir una cinta cuyo sentido último apunta en la dirección del miedo, la paranoia y la amenaza que surge en momentos de extremismo político y polarización. Asimismo, el personaje de Emma Stone, al igual que su madre, una mujer enfermizamente obsesionada con teorías conspirativas de todo tipo, representan cómo la posverdad y la manipulación informativa pueden arraigar en el seno de una sociedad aparentemente democrática.

De todo lo cual se deduce una crítica clara a la radicalización de ideologías, tanto de derecha como de izquierda, y a la forma en que el miedo al “otro” convierte a vecinos en enemigos. Una ciudadanía más pendiente de grabar y difundir con sus teléfonos móviles lo que ocurre a su alrededor que de participar activamente en la vida pública para evitar el colapso de las instituciones. Algo que, a su vez, conecta con una visión demoledora de la masculinidad tradicional, autoritaria, que cree poder controlar el entorno mediante su fuerza o carisma, pero que termina desmoronándose ante la complejidad de un mundo al borde del abismo.



domingo, 28 de mayo de 2023

Hereditary (2018)




Director: Ari Aster
EE.UU., 2018, 128 minutos

Hereditary (2018) de Ari Aster


El haber revisado con pocos días de diferencia los tres largometrajes dirigidos hasta la fecha por Ari Aster permite hacerse una idea de la gran cantidad de autocitas que conforman el particular universo de un cineasta obsesionado con la toxicidad de ciertos lazos familiares. Lugares comunes, como esa escalera desplegable que conecta con un desván repleto de verdades incómodas, que ya estaban presentes en su ópera prima, Hereditary (2018), y a los que paulatinamente ha ido volviendo en las sucesivas Midsommar (2019) y Beau is afraid (2023).

Así pues, la presencia del fuego como elemento climácico, las pesadillas recurrentes o la explicitud a la hora de mostrar los maltrechos cadáveres de varios personajes, generalmente a consecuencia de algún ritual macabro, revelan una honda fascinación por cuestiones de tipo esotérico. Lo cual quedaba confirmado, en ésta su primera película, por las facultades de varias mujeres de una misma familia para ejercer como médium.



En realidad, el culto satánico que se oculta tras las muchas desgracias que aquejan a los miembros de dicho clan no es más que un homenaje indisimulado a títulos clásicos del género como La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968), con la que comparte un similar gusto por urdir pactos secretos con el demonio a cambio de inconfesables sacrificios.

Añádase, además, la presencia de ectoplasmas, tumbas profanadas, cuerpos decapitados y la manía de Annie (Toni Collette) por construir réplicas exactas en miniatura de cuanto le rodea, en especial de las estancias de una casa, heredada de su difunta madre, que encierra más secretos de lo que a priori cabría esperar.



sábado, 27 de mayo de 2023

Midsommar (2019)




Director: Ari Aster
EE.UU./Suecia, 2019, 171 minutos

Midsommar (2019) de Ari Aster


Tras el visionado de un filme tan sumamente perturbador como Midsommar (2019) queda la duda razonable de si los hechos descritos remiten al culto pagano de una dañina secta nórdica o si, por el contrario, se trata del viaje lisérgico de unos jóvenes estadounidenses que han consumido sustancias psicotrópicas en el marco de una celebración folclórica de la Suecia profunda. Sea como fuere, lo cierto es que su director, Ari Aster, se postulaba, como ha vuelto a demostrar recientemente con el estreno de Beau is afraid (2023), como uno de los cineastas a tener en cuenta durante los próximos años.

La premisa de la que parte el excelente guion del propio Aster (una comunidad cerrada, anclada en usos y costumbres antiquísimos, a la que llegan elementos ajenos procedentes del mundo exterior) coincide a grandes rasgos con los de la mítica Único testigo (Witness, 1985), si bien la bondad amish que en su día retratara el australiano Peter Weir queda aquí bastante en entredicho.



Y es que lo antropológico y lo terrorífico se dan la mano en una cinta que comienza y acaba con un sacrificio ritual: el primero en forma de suicidio (subrayado, más adelante, con el paralelismo del Ättestupa o senicidio de una pareja de ancianos) y el segundo a través del fuego purificador de una solemne ceremonia expiatoria. Hasta el extremo de que Dani (Florence Pugh), que había perdido a su familia al inicio de la trama, acabará formando parte de otra mucho más amplia tras ser elegida Reina de Mayo por las mujeres del clan.

No obstante, son los altibajos de una relación de pareja en horas bajas lo que verdaderamente marca la esencia de una historia en torno a runas y enigmáticas ceremonias escandinavas (aunque la película se rodó en Hungría). Elementos, todos ellos, en la línea de lo ensayado en su día por Night Shyamalan en El bosque (The Village, 2004), pero desde una óptica más intelectual, dada la observación participante de algunos personajes que, como Christian (Jack Reynor) o Josh (William Jackson Harper), aspiran a escribir una tesis doctoral a propósito de las costumbres de los Hårga.



martes, 23 de mayo de 2023

Beau tiene miedo (2023)




Título original: Beau Is Afraid
Director: Ari Aster
EE.UU./Reino Unido/Finlandia/Canadá, 2023, 179 minutos

Beau tiene miedo (2023) de Ari Aster


Una pesadilla de tres horas, repleta de elementos distópicos y psicoanalíticos rayanos en un surrealismo remotamente emparentado con el cine de David Lynch. Sin embargo, quien firma la inclasificable Beau is Afraid (2023) no es otro sino Ari Aster (Nueva York, 1986), el mismo joven talento que, tras una asombrosa ópera prima como Hereditary (2018), ya inquietara a propios y extraños con su anterior trabajo, Midsommar (2019).

Se ha dicho de éste su último largometraje que vendría a ser el equivalente judío de la oscarizada Todo a la vez en todas partes (Everything Everywhere All at Once, 2022), aun cuando esto de las comparaciones suele ser algo tan gratuito como odioso. En cualquier caso, su director la ve más bien como una especie de Señor de los anillos en clave freudiana. Porque resulta bastante obvio que a su protagonista, un espléndido Joaquin Phoenix que borda el papel de esquizoide atormentado, le aqueja un gravísimo complejo de Edipo que deja entrever la figura de una madre castradora, así como una infancia traumática con prolongaciones hasta la edad adulta.



En muchos aspectos, Beau es un niño viejo agobiado por un terrible sentimiento de culpa: una criatura encerrada en el cuerpo de un hombre cuyas heridas, lejos de cicatrizar, siguen abiertas en un ámbito impreciso que tiene más de onírico que de real. Y es que estamos ante una película que es, a la vez, muchas películas, la huida de alguien que va en busca de sí mismo a través de escenarios tan variopintos como el bosque, donde una compañía de huérfanos representa un insólito montaje teatral, o un artificioso camino de ladrillos que parece salido de El Mago de Oz (1939).

Si algún significado tiene lo que muestran las imágenes (y éstas, desde luego, se prestan a múltiples lecturas), queda claro que debe girar en torno a la idea de la vulnerabilidad del individuo en un mundo cada vez más hostil. De ahí la inseguridad que se respira en las calles, con escenas continuas de ultraviolencia, aunque se trate del delirio de alguien bajo los efectos secundarios de una medicación muy potente. Recursos que tal vez encierren una crítica velada al American way of life y a la cultura de masas (atención a la secuencia final), valiéndose de oscuros símbolos que, en el caso concreto del agua, parece aludir a una especie de regreso al seno intrauterino.