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sábado, 2 de febrero de 2019

Todos a una (2018)




Título original: Chacun pour tous
Director: Vianney Lebasque
Francia, 2018, 94 minutos

Todos a una (2018) de Vianney Lebasque


Tal vez guiados por el afán de atraer espectadores a las salas de cine, los responsables de publicitar el estreno de Chacun pour tous en nuestro país han recurrido a la nada original táctica de colgarle el sambenito de "Campeones a la española", cuando lo cierto es que esta comedia francesa, basada en un hecho real, va mucho más allá que la bienintencionada película de Javier Fesser.

Porque lo que cuenta se inspira, nada más y nada menos, que en uno de los fiascos más sonados de toda la historia del deporte mundial. Y que fue orquestado, todo hay que decirlo (aunque desde las instancias oficiales se haya intentado echar tierra sobre el asunto) por los (ir)responsables de la selección española de baloncesto que participó en los Juegos Paralímpicos de Sydney del año 2000, quienes cometieron la osadía de presentar un equipo en el que sólo dos de sus integrantes padecían algún tipo de discapacidad...



Por lo menos, el director Vianney Lebasque y su grupo de guionistas han tenido la deferencia de situar la acción en el seno de su propio combinado nacional (¡para que luego digan que nos tienen manía!), aportando un enfoque entre crítico y divertido a unos hechos que, a pesar de su gravedad, invitan a reflexionar sobre los límites de la ética en el deporte cuando lo que está en juego es una medalla de oro.

Aparte, claro está, de un espíritu de superación y la consiguiente voluntad integradora que hacen que Todos a una conecte de pleno con otra producción francesa de muy similares características y que aún puede verse en la cartelera barcelonesa. Nos estamos refiriendo a El gran baño (Le grand bain) de Gilles Lellouche, comedia hilarante igualmente protagonizada por aficionados, en este caso del ámbito de la natación sincronizada, y a la que, quizá el mismo gabinete de prensa al que antes aludíamos, decidió llamar "Full Monty a la francesa". Desde luego, qué poca imaginación...


lunes, 9 de julio de 2018

Sácame de dudas (2017)




Título original: Ôtez-moi d'un doute
Directora: Carine Tardieu
Francia/Bélgica, 2017, 100 minutos

Sácame de dudas (2017) de Carine Tardieu


Parece mentira que, al cabo de los siglos, todavía sigan funcionando los mismos recursos que ya hicieran célebres la narrativa bizantina o la comedia humanística. Así pues, y como si se tratase de una novela ejemplar salida de la imaginación del mismísimo Cervantes, los personajes de Ôtez-moi d'un doute irán de aquí para allá en pos de un padre biológico o del hermano/na al que la "magia" de un test genético, materialización moderna de la anagnórisis clásica, podría convertir en adorado objeto de deseo. No hay, por tanto, verosimilitud ninguna en esta típica trama de enredo rodada en la Bretaña francesa, lo cual no es óbice para que la joven directora Carine Tardieu reflexione sobre la futilidad de las relaciones humanas y de cómo el azar, el afecto y los lazos de sangre pueden dar lugar a situaciones explosivas.

Quizá por ello (la metáfora no es muy original que digamos...), Erwan, el protagonista masculino interpretado por François Damiens, se gana la vida desactivando viejas minas y bombas de la Segunda Guerra Mundial que aún aparecen en el rincón menos pensado. Aunque es su compleja situación familiar (viudo, padre de una hija que, a su vez, dará pronto a luz un bebé de padre desconocido, mientras que Erwan descubre, a raíz de unos análisis, que el suyo no es el de verdad) la que amenaza con estallar de un momento a otro. Y, para colmo, aparece Anna (Cécile de France): doctora de su padre oficial e hija de su padre oficioso. Que podría ser su amante o su hermana, eso el tiempo (y un examen médico) lo dirán...

Erwan (François Damiens) en plena acción


Interesante e inteligente mezcla de situaciones, el atractivo de Sácame de dudas reside, en cambio, en cómo por debajo de tanto lío aparentemente intrascendente fluctúan, sin embargo, temas de mucho mayor calado: el aislamiento en el que, demasiado a menudo, vive la tercera edad (sobre todo en áreas regionales); el deseo de paternidad o el reto de afrontarla en solitario; la viudedad; las relaciones familiares; las de pareja; la búsqueda de la propia identidad... En una palabra: la soledad, por diferentes motivos y en distintas circunstancias vitales, que aqueja a la mayor parte de personajes.

Lo cual nos llevaría, en otro orden de cosas, a señalar lo variado de la banda sonora del filme, tan ecléctica como las distintas personalidades que se dan cita en dicho elenco y cuyo repertorio abarca desde piezas asiduamente frecuentadas por el Séptimo Arte como el Concierto para mandolina de Vivaldi o La flauta mágica de Mozart hasta la divertida "Chiribim, Chiribom", cantada en yidis por el dúo neoyorquino The Barry Sisters y con la que se cierran los créditos finales.

Por su marcada vis cómica, Didier (Estéban) es uno de los
personajes más entrañables de la película