Mostrando entradas con la etiqueta Daryl Hannah. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Daryl Hannah. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de diciembre de 2020

Two Much (1995)




Director: Fernando Trueba
España/EE.UU., 1995, 118 minutos

Two Much (1995) de Fernando Trueba


Todo empezó de manera bastante inocente; yo quería echar un polvo. Así que cuando Candy y Ralph me dijeron que estaba invitado a una fiesta en Dunewood dije que muy bien, que esperaran a que me cambiara.

Donald E. Westlake
Two Much
Traducción de Alberto Cardín

Sería muy fácil ventilarse el comentario de Two Much diciendo que lo mejor de la película son sus créditos finales, al ritmo del piano de Michel Camilo. O que rodarla sirvió únicamente para que Antonio Banderas se enamorase de Melanie Griffith, al tiempo que Hollywood desaprovechaba el enorme talento de los hermanos Trueba. También podría añadirse, pecando de oportunismo, que ayer sábado, 12 de diciembre, se cumplió un año exacto del fallecimiento de Danny Aiello (1933–2019).

Pero no: vaya por delante nuestro máximo respeto por una comedia, ambientada en un Miami un tanto idílico, que bebe directamente de las esencias de la época dorada del cine, cuando Cary Grant protagonizaba títulos inmortales cuya agudeza se basaba en situaciones de equívoco. Visto así, el hecho de que el protagonista de Two Much se desdoble en un supuesto hermano gemelo con la intención de seducir a su futura cuñada no dista gran cosa del planteamiento de filmes como La novia era él (I Was a Male War Bride, 1949) de Howard Hawks.



Claro que para 1995 el mundo ya no era tan inocente como en los días de las screwball comedies. Y es ahí, precisamente, donde radica la falta de conexión con un público que ya no se mueve por los mismos parámetros que antaño garantizaban la carcajada del espectador: menos cáustica que la novela homónima de Donald E. Westlake en la que está basada, la versión propuesta por Fernando Trueba (hay otra anterior, Le jumeau, dirigida en 1984 por el francés Yves Robert) puede pasar por divertimento amable y poco más, apenas la presentación de credenciales de un cineasta europeo que intenta hacer méritos para introducirse en la Meca del séptimo arte.

Con todo y con eso, y aun admitiendo las limitaciones de un producto correcto pero no genial, merece la pena destacar, como su baza más notable, el plantel de secundarios que logró reunirse para la ocasión. Aparte del ya mencionado Aiello, sobresalen nombres míticos como Eli Wallach (padre de Banderas en la ficción: un antiguo combatiente de la Brigada Lincoln aquejado por los primeros síntomas del Alzheimer). O una ocurrente Joan Cusack en el papel de secretaria y chica para todo en la ruinosa galería de arte que regenta Art Dodge. Del resto, poco más se puede destacar: Gabino Diego y hasta Santiago Segura pasaban por allí, el uno para dar vida a un nada convincente pintor de origen cubano; el otro, metamorfoseado en fugaz paparazzi.



domingo, 30 de agosto de 2020

Blade Runner (1982)




Director: Ridley Scott
EE.UU., 1982, 117 minutos

MORE HUMAN THAN HUMAN

Blade Runner (1982) de Ridley Scott

Nunca había sentido esto antes. Somos máquinas, estampadas como tapones de botella. Es una ilusión ésta de que existo realmente, personalmente. Soy sólo un modelo de serie...

Philip K. Dick
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Traducción de César Terrón

Más que de una novela, Blade Runner fue la adaptación de una idea. Porque al trasladar a la pantalla el personalísimo universo que Philip K. Dick (1928-1982) forjara en su mente no quedó ni rastro de Iran, la fiel esposa de Deckard, ni de ese sucedáneo de culto religioso llamado mercerismo o de la eterna retransmisión televisiva del Amigo Buster. Tampoco hay codiciadas ovejas o cabras eléctricas, aunque, en su lugar, aparecen serpientes, palomas y hasta unicornios con parecida o, incluso, superior carga simbólica.

Las diferentes versiones que, a lo largo de los años, han ido enriqueciendo el ya de por sí abigarrado acervo visual de uno de los títulos más venerados de la historia del cine no han hecho sino incrementar el mito en torno a la figura del aguerrido cazador de bonificaciones (Harrison Ford) y su lucha sin cuartel contra los temibles replicantes de la serie Nexus-6.



Filme oscuro y críptico donde los haya, Blade Runner inauguraba el género futurista en su vertiente más posmoderna (o, por lo menos, en la definitiva), sentando las bases de posteriores y abrumadores delirios distópicos susceptibles de mil y una interpretaciones. A este respecto, el conmovedor plano inicial de un Los Ángeles convertido en inhóspita megalópolis de rascacielos y llamaradas quedará para los restos como la estampa nada halagüeña de un porvenir que hoy sería para nosotros el pasado (en la novela, la acción transcurre en 1992 y, en el filme, en 2019) siempre susceptible de convertirse en amenazador presente.

Que, como en toda obra maestra que se precie, ha acabado generando su propia leyenda. Aquélla según la cual la mítica escena en la que la luz del iracundo Roy Batty se apaga irremediablemente bajo una lluvia torrencial fue, en realidad, el resultado de una genial improvisación a cargo del desaparecido Rutger Hauer. Bellas y profundas palabras que, lejos de perderse en el tiempo, siguen y seguirán resonando perennemente en el imaginario colectivo de la cinefilia.


jueves, 11 de junio de 2020

La furia (1978)




Título original: The Fury
Director: Brian De Palma
EE.UU., 1978, 118 minutos

La furia (1978) de Brian De Palma


Fiel a su barroquismo de inspiración hitchcockiana, Brian De Palma planteó The Fury como otra vuelta de tuerca en torno a los temas y tipos ya presentes en Carrie (1976). Sólo que ahora contando con el reclamo de dos grandes estrellas de Hollywood: Kirk Douglas y John Cassavetes. Circunstancia que repercutiría positivamente en la recaudación obtenida por la cinta, pese a que su director haya manifestado más de una vez que este título no figura entre los predilectos de su propia filmografía.

Y como el suspense no está reñido con el humor, son varios los momentos en los que John Farris, autor del guion así como de la novela en la que éste está basado, se permite incluir alguna que otra pincelada cómica: caso de la hilarante escena en casa de los Nuckells o de aquel par de porteros que se dedican a jugar con los walkies-talkies para desesperación de los agentes secretos, que ven cómo les ocupan la frecuencia.



Poseedores de unas facultades parapsicológicas fuera de lo común, los jóvenes Robin (Andrew Stevens) y después Gillian (Amy Irving) padecerán el acoso de los servicios secretos estadounidenses, empeñados en domesticar tan insólito don con el objetivo de servirse de él en beneficio propio. Algo a lo que no está dispuesto el ex agente de la CIA Peter (Kirk Douglas), quien removerá Roma con Santiago con tal de dilucidar quiénes estuvieron detrás del secuestro de su hijo.

Telequinesia, telepatía, videncia... Conceptos, todos ellos, vinculados al poder de la mente y que el cineasta combina con la precisión de un ballet cuyas coreografías se sirven del lenguaje de los sueños. De ahí el rechazo que en muchos espectadores provoca ese particular ir y venir de situaciones extremas, a cuál más excesiva y/o inverosímil, desde el tiroteo terrorista en Oriente Medio con el que se abre la acción hasta los cuerpos levitando del desenlace, uno de los más explosivos de la historia del cine.