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martes, 25 de junio de 2024

Los indeseables (2023)




Título original: Bâtiment 5
Director: Ladj Ly
Francia/Bélgica, 2023, 105 minutos

Los indeseables (2023) de Ladj Ly


Si ya el planteamiento de Les misérables (2019), ópera prima del francés Ladj Ly, pecaba de tendencioso, la que pudiera considerarse su segunda parte no le va a la zaga. A este respecto, Bâtiment 5 (2023) opta por presentar una situación socialmente explosiva en la que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado reprimen sin contemplaciones las protestas de unos ciudadanos (inmigrantes en algunos casos, pero sobre todo pertenecientes a la segunda o tercera generación) cargados de razones para plantar cara a la autoridad. Lo malo (y ello es sólo un ejemplo) viene cuando una patrulla de policía, en su mayoría blancos, atraviesa un pasillo pisoteando los juguetes de un niño de origen africano. O cada vez que el alcalde (también blanco) da muestras de su escasa habilidad para gestionar el día a día de un barrio conflictivo, frente al coraje de la joven candidata (negra) que opta a ser elegida en los próximos comicios. 

No nos engañemos: el cine social es otra cosa y a Ladj Ly, en su afán de radiografiar una realidad bastante sensible (la de tantos suburbios del extrarradio parisino), se le ha ido la mano a la hora de trasladar a la pantalla toda esa problemática. Otro tema es que los productores de la industria cinematográfica francesa, siempre tan avispados, detecten el descontento de buena parte de la población hacia las políticas en dicha materia de la clase dirigente y conciban un filme que diga lo que esos espectadores potenciales querrían escuchar...



En cualquier caso, el hecho de que un cineasta tome partido no debería representar ningún inconveniente. Siempre y cuando lo haga con elegancia, tratando al que mira como un ser inteligente capaz de discernir por sí mismo las motivaciones de cada personaje más allá de estereotipos o esquemas mentales a todas luces maniqueos. Circunstancia que la banda sonora de Pink Noise, con esa nota de tensión omnipresente, no hace sino reforzar, anunciando una revuelta de consecuencias imprevisibles que, sin embargo, no llega nunca a estallar del todo.

Nada que objetar, en cambio, a nivel técnico, gracias a una puesta en escena coral donde el edificio que da título a la película (en su versión original) se convierte en una especie de colmena en torno a la cual se tejen muy distintas historias, ya se trate del alcalde empeñado en tirar adelante un polémico plan de rehabilitación urbana (Alexis Manenti), de la activista comprometida en la defensa de los derechos de sus vecinos (Anta Diaw), del muchacho resentido dispuesto a vengar su sed de justicia mediante la violencia (Aristote Luyindula) o del concejal ambicioso (Steve Tientcheu) que parece haber olvidado sus orígenes humildes.



jueves, 28 de noviembre de 2019

Los miserables (2019)




Título original: Les misérables
Director: Ladj Ly
Francia, 2019, 102 minutos

Los miserables (2019) de Ladj Ly

Amigos míos, retened esto: 
no hay malas hierbas ni hombres malos. 
No hay más que malos cultivadores…

Victor Hugo (1802-1885)

La Francia real, bien al contrario que la estampa idílica con la torre Eiffel al fondo y los bateaux mouche surcando el Sena al son de acordeones, late en los suburbios de la banlieu parisina y su polvorín multiétnico siempre a punto de estallar. Se palpa en el auge populista de la extrema derecha y, por desgracia, tiene más que ver con la desafección de amplios sectores de la juventud, a menudo musulmanes de tercera o cuarta generación, hacia los valores del laicismo republicano, que no, pese a las protestas de los gilets jaunes (que son otra cosa), con los estereotipos intelectualoides surgidos a raíz del mayo del 68.

Dicho lo cual, cabría aún preguntarse qué tiene que pasar para que el cine aborde, de una vez por todas, el retrato verista de una tan cruda realidad. Por de pronto, y a falta de nuevo aviso, Les misérables parece ser la respuesta. No es, ni mucho menos, una obra redonda (le sobra, por ejemplo, el consabido recurso del poli novato-bueno versus el poli quemado-malo, aparte de que es poco o nada crítica con el radicalismo islámico), pero el ímpetu con el que muestra las consecuencias e incluso los orígenes de la exclusión social hace que deba ser tenida muy en cuenta.



Arranca la película con unas imágenes de seguidores de la Selección Francesa de fútbol. ¿Son éstos los miserables a los que alude el título? Puede. Aunque no deja de ser una contradicción flagrante, y muy significativa, que quienes celebran enfervorecidos los goles de Mbappé o de Dembélé, haciendo suyos los colores de la bandera nacional, sean los mismos que después viven al margen de toda ley en unos guetos donde el único orden imperante es el dictado por los cabecillas de las bandas locales.

Basándose en experiencias personales y en su corto homónimo de 2017, el realizador de origen maliense Ladj Ly (París, 1978 u 80, según qué fuentes) debuta con una cinta rotunda en la línea de filmes como Dheepan (Jacques Audiard, 2015) y heredera de títulos ya clásicos, caso de L.627 (1992) de Tavernier, que en el pasado también trataron el difícil día a día de las fuerzas policiales en los distritos menos favorecidos de la capital francesa.


domingo, 28 de abril de 2019

17 fois Cécile Cassard (2002)




Título en español: 17 veces Cécile Cassard
Director: Christophe Honoré
Francia, 2002, 105 minutos

17 fois Cécile Cassard (2002) de Christophe Honoré


En 71 fragmentos de una cronología al azar (1994), Michael Haneke tomaba como referencia una serie de instantes, aparentemente inconexos, con los que construía un mosaico tan gélido como turbador. En realidad, si uno va tirando del hilo hasta llegar, en última instancia, al primero que concibió semejante manera de contar una historia, es muy probable que topáramos con Stefan Zweig (1881-1942), autor de novelas como Veinticuatro horas de la vida de una mujer (1929) o los relatos históricos de Momentos estelares de la humanidad (1927).

Sin llegar a tanto, Christophe Honoré se valió de un recurso más o menos parecido en su ópera prima, esbozo de una joven viuda que, bajo el elocuente título de 17 fois Cécile Cassard, recorría lo más significativo de la trayectoria vital de la protagonista.



Con su banda sonora a base del típico guitarreo de finales de los noventa —entonces el no va más, pero que hoy suena un tanto obsoleto— la película tiene un no sé qué de onírico, a veces incluso de fantasmal. Cécile (Béatrice Dalle) deja atrás un hijo y el ambiente provinciano de su ciudad para adentrarse en el terreno desconocido de las pensiones herrumbrosas y los callejones malolientes.

Un entorno, el de los barrios bajos de Toulouse, en el que habitan seres tan desamparados como ella y que, en lo sucesivo, se van a convertir en sus amigos inseparables: Matthieu (Romain Duris), Erwan (Ange Ruzé), Lucas... Aunque no todo es tan sórdido: también hay lugar para el humor. En ese aspecto, resulta memorable la parodia que se marca Matthieu cuando se atreve a remedar un conocido número musical de la Lola (1961) de Jacques Demy.


lunes, 5 de noviembre de 2018

Cold War (2018)




Título original: Zimna wojna
Director: Pawel Pawlikowski
Polonia/Francia/Reino Unido, 2018, 88 minutos

Cold War (2018) de Pawel Pawlikowski


Cuando, hace ahora algunos días, Jan Harlan visitó la Filmoteca de Catalunya, le preguntaron qué cineasta de los actuales podría considerarse el heredero natural de Kubrick. El cuñado del director de Barry Lyndon lo tuvo muy claro y respondió de inmediato: Pawel Pawlikowski. Al margen de lo mucho o poco que se parezcan sus respectivos estilos, lo cierto es que una afirmación así de contundente y sin titubeos, especialmente viniendo de alguien que conoció tan de cerca a un genio, no debería echarse en saco roto.

Tras el éxito sin paliativos de Ida (2013), a Cold War le correspondía la difícil papeleta de igualar la absoluta brillantez de aquélla. Y, a tal efecto, el realizador polaco afincado en Gran Bretaña vuelve a situar la acción de su nueva película en los duros años de la era comunista. En este caso, eligiendo para el papel principal a una pareja cuya tempestuosa relación se extiende a lo largo de varias décadas y en diferentes países.



Según parece, Zula (Joanna Kulig) y Wiktor (Tomasz Kot) comparten no pocos rasgos de sus complejas personalidades con los padres del propio Pawlikowski, a quienes va dedicado, por cierto, este filme. Un amour fou tan apasionado como destructivo entre almas sensibles que encontrarán en la música el terreno ideal para compenetrarse. Porque hay una banda sonora considerable en Cold War: desde el jazz afilado y existencialista de los años que la pareja pasa en París hasta el repertorio folclórico de canciones tradicionales a mayor gloria del camarada Stalin.

Música e imagen que se amalgaman en el austero blanco y negro de la fotografía de Lukasz Zal, quien ya fuera responsable de títulos como Loving Vincent o la propia Ida, para emular la caligrafía de los grandes cineastas que en su momento surgieran de la Escuela de Lodz. Una escritura, bella y precisa, concebida a base de bruscas elipsis temporales con la firme determinación de denunciar, por la vía estética, la intolerancia y los excesos del régimen socialista polaco a la hora de inmiscuirse en los destinos de sus súbditos.


lunes, 2 de abril de 2018

Barbara (2017)




Director: Mathieu Amalric
Francia, 2017, 98 minutos

Barbara (2017) de Mathieu Amalric


La moda de los biopic en el cine francés que inició La vie en rose hace algo más de una década nos ofrece ahora una nueva entrega, a propósito de la cantante Barbara (1930-1997), que va camino de cosechar un buen puñado de galardones. De momento, son ya dos César (incluido el de mejor actriz para Jeanne Balibar), el premio Un certain regard de Cannes, dos Lumière, el prestigioso Prix Louis Delluc y el reconocimiento a Mathieu Amalric como mejor director en el Festival de Sevilla.

Puede que a nivel internacional Barbara nunca alcanzase la celebridad de Édith Piaf o de Serge Gainsbourg, por citar los nombres de otros cantantes galos que ya han sido objeto de similares filmes, pero en Francia su recuerdo sigue vivo a pesar de los veinte años transcurridos desde su desaparición: de hecho, la Philharmonie de París le dedicó una exitosa exposición hasta el pasado mes de enero.



La película de Amalric, sin embargo, no es una biografía al uso, sino que juega a mezclar ficción y realidad a partir del supuesto rodaje que protagoniza una actriz de prestigio internacional llamada Brigitte. Cine dentro del cine que da lugar a un interesante divertimento un tanto cervantino, pero que logra captar la esencia de una artista tan excesiva en sus ademanes como amada por el público.

Las canciones de Barbara transmiten una languidez muy en sintonía con ese halo existencialista que siempre envolvió a la intelectualidad parisina. Algo que corroboran sus letras, desde "Amours incestueuses" hasta "Les temps des lilas". Son historias de desamor o de pasiones imposibles: en realidad, es en ellas donde puede leerse la verdadera semblanza de una mujer que vivió y amó intensamente (suena a tópico, pero es radicalmente cierto).