Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Colomo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Colomo. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de octubre de 2021

Cuentos eróticos (1980)




Directores: Enrique Brasó, Jaime Chávarri, Emma Cohen, Fernando Colomo, Jesús García de Dueñas, Augusto M. Torres, Josefina Molina, Juan Tébar, Alfonso Ungría
España, 1980, 99 minutos

Cuentos eróticos (1980)


Curioso filme, de esos que ya nadie recuerda (o no quiere recordar...), pero que merece un comentario elogioso, aunque sólo sea por la nómina de grandes cineastas que participaron en él. Cierto que, como en toda obra colectiva, se aprecian altibajos en los diferentes episodios que componen estos Cuentos eróticos (1980). Y que, para más inri, ni el título ni la temática favorecen que hoy nadie se atreva a reivindicar lo que a simple vista pudiera parecer un frívolo producto más de la abominable época del destape.

Sin embargo, la sola presencia de Luis García Berlanga ejerciendo de inusual maestro de ceremonias justifica el interés de una cinta que, además de certificar, según su eslogan publicitario (véase, arriba, el cartel), que "los jóvenes directores del cine español también se ponen cachondos (aunque sea diez minutos)", suponía un a modo de relevo generacional entre la vieja guardia, representada por el ya mencionado Berlanga, y quienes en aquel momento estaban llamados a ser sus continuadores.



De las nueve historias, la mayor parte aborda aspectos vinculados con la convivencia o la vida en pareja, si bien desde ópticas tan dispares como la fantasía medievalizante ("El vil metal", de Jesús García de Dueñas) o la despiadada parodia cinéfila, caso de "Köñensonaten", cáustico homenaje de Fernando Colomo y Fernando Trueba al cine de Bergman. Asimismo, Josefina Molina ("La tilita") y Emma Cohen ("Tiempos rotos") aportan un toque femenino y feminista que denota una clara voluntad de ruptura con el patriarcado.

Por lo demás, no deja de tener su gracia el ir viendo cómo todos esos realizadores, metidos en la piel de los más diversos personajes (Chávarri, por ejemplo, hace de exhibicionista y Alfonso Ungría de borracho), suben y bajan de un vagón de metro ante la mirada indiscreta del sexagenario don Luis: original forma de engarzar unos con otros los distintos fragmentos de una película bastante más introspectiva de lo que a priori cabría pensar.



viernes, 12 de febrero de 2021

El efecto mariposa (1995)




Director: Fernando Colomo
España/Reino Unido/Francia, 1995, 110 minutos

El efecto mariposa (1995) de Fernando Colomo


Una comedia española rodada en Londres. Con música de Ketama y una relación insólita entre tía y sobrino. Tampoco parecían tener mucho en común, a priori, la esposa de un político corrupto y un trekkie solterón coleccionista de cactus. Pero todo es posible cuando interviene el saber hacer de un consumado especialista en el género como Fernando Colomo, quien contó, además, con la ayuda de Joaquín Oristrell a la hora de escribir el guion de El efecto mariposa (1995).

Los personajes de esta divertida mascarada miran a cámara en algún momento de la misma para presentarse, sincerándose con el espectador a propósito de su circunstancia vital. Curiosa técnica, un poco a lo Woody Allen, mediante la que establecen un vínculo entre un hipotético presente y el verano en el que transcurre la acción. Y, en esa misma línea, también los autores de la banda sonora hacen acto de presencia al principio y al final de la trama, con cameo incluido de Lolita Flores, cantando el tema central de la película. No será, por cierto, la única aparición fugaz de alguna celebrity, ya que Penélope Cruz se deja ver brevemente en el transcurso de una fiesta.



El aleteo de una simple y delicada mariposa puede alterar el equilibrio del cosmos: eso, al menos, es lo que defiende una singular teoría según la cual habría un camino en el desorden de las cosas, de modo que el caos aparente que muchas veces parece regir nuestros destinos no sería tal, puesto que existen conexiones sutiles que todo lo enlazan y cuya insignificancia inicial se traduce, exponencialmente, en consecuencias de enorme alcance en el desenlace de cualquier cadena de acontecimientos. Como afirma el eslogan publicitario que aparece en el cartel del filme: "Se está haciendo una tempestad de una gota de agua...".

Cuando el comedido Luis (Coque Malla) llega a la capital británica de la mano de su estrambótica madre (Rosa Maria Sardà) poco puede imaginar que la apacible existencia de chico bien que ha llevado hasta entonces está a punto de dar un vuelco. Sobre todo a partir de instalarse en el apartamento de su tía Olivia (fantástica María Barranco), adrenalínica criatura, tan alocada como bella, y de la que el sobrino caerá perdidamente enamorado a pesar de la diferencia de edad y de las  muchas cosas que los separan.



miércoles, 10 de febrero de 2021

Al sur de Granada (2003)




Director: Fernando Colomo
España, 2003, 111 minutos

Al sur de Granada (2003) de Fernando Colomo


El británico Gerald Brenan (1894-1987) fue uno de esos viajeros infatigables, cosmopolita y un tanto romántico, que, después de haber rodado por medio mundo, acabó recalando en un pueblecito de las Alpujarras donde, al fin y a la postre, encontraría el sosiego que tanto había buscado para él y su biblioteca de dos mil volúmenes. O ésa es, al menos, la imagen que del hispanista arroja esta cinta de Fernando Colomo cuyo título remite a una de las obras más célebres de don Geraldo (apelativo cariñoso con el que lo rebautizaron sus convecinos de la localidad granadina de Yegen).

En líneas generales, y ahí radica el principal reproche que pudiera hacérsele a la película, tal vez le falte algo de convicción a un elenco de actores que parece que no se acabe de creer la historia ni los personajes que está interpretando. A este respecto, ¿qué credibilidad puede tener el madrileño Willy Toledo impostando un acento granadino que está lejos de dominar? ¿Y el insípido Matthew Goode, por aquel entonces en los inicios de su carrera? ¿Puede un actor de segunda llevar con solvencia el protagonismo cuando se trata, para más inri, de encarnar a un insigne hombre de letras? 



Ni siquiera la presencia de nombres consagrados como los de Ángela Molina (doña Felicidad) o Antonio Resines haciendo de cura amancebado facilita que la empresa llegue a buen puerto... Aun así, Al sur de Granada supuso el debut cinematográfico de Verónica Sánchez: actriz de raza y prometedora trayectoria profesional que supo meterse en la piel de la voluptuosa Juliana, esa lugareña obnubilada por las maneras sutiles del forastero y las excentricidades de sus correligionarios del Círculo de Bloomsbury.

A falta de mayores logros, la imponente banda sonora de Juan Bardem (recompensada con un premio Goya) o la fotografía de José Luis Alcaine son algunas de las bazas, a nivel artístico-técnico, que salvan parcialmente lo que, por lo demás, no deja de ser un título menor (fallido) en la filmografía de Fernando Colomo.



viernes, 5 de febrero de 2021

Tigres de papel (1977)




Director: Fernando Colomo
España, 1977, 93 minutos

Tigres de papel (1977) de Fernando Colomo


Todos los reaccionarios, tenidos por fuertes, no son más que tigres de papel. La razón es que viven divorciados del pueblo.

Mao Tse-tung (Moscú, 18 de noviembre de 1957)
Intervención en la Conferencia de Representantes de Partidos Comunistas y Obreros

Los protagonistas de Tigres de papel (1977) quieren ser tan progres que acaban resultando más bien ridículos en su afán por aparentar una desinhibición de la que en realidad carecen. Son miembros de la generación que protagonizó el advenimiento de la democracia y que, en cierta manera, se sintió obligada a representar el papel que dictaban las circunstancias sociopolíticas por las que atravesaba la sociedad española de aquel entonces, pero para el que quizá, debido al lastre de una educación retrógrada que seguía pesando como una losa, no estaban del todo preparados. Eran días de porros y mítines, de efervescencia cultural y amor libre y los treintañeros Carmen (Maura), Alberto (Miguel Arribas) y Juan (Joaquín Hinojosa) participan de la euforia general formando un peculiar triángulo cuyos vértices oscilan entre las proclamas políticas y las camas redondas.

Tras haber rodado con el mismo equipo diversos cortos, entre ellos el hilarante Pomporrutas imperiales (1976), el cineasta Fernando Colomo debutaba en la dirección de largometrajes con una cinta que, pese a su corte un tanto documental, preludia lo que años más tarde sería la comedia madrileña. De hecho, ya en los títulos de crédito iniciales, la melancolía de las notas del Concierto nº 1 para violín en Si bemol de Albinoni, sobre el fondo de unas fotografías tomadas por el grupo de amigos durante un viaje a Italia, contrasta con la humorada (también incluida en el cartel de la película) de presentar al personal valiéndose de la lista de las preposiciones (al llegar a sin, se anuncia que éste es un filme "sin Robert Redford").



No cabe duda de que la fuerza transgresora que debió de tener en su día Tigres de papel ha quedado bastante atenuada con el paso de los años, si bien conserva aún buena parte de la frescura que flotaba en el ambiente (véase la escena del multitudinario mitin de la CUP, nada que ver con el actual partido catalán que ostenta las mismas siglas) durante los días de la Transición. Puede que los diálogos y dilemas amorosos del trío protagonista y sus allegados no alcancen el nivel de una disertación filosófica en toda regla (ni tampoco parece que ésa fuese la intención de Colomo), pero al menos sí que dan fe de cuáles eran las inquietudes de una parte de la población, ávida de nuevas experiencias ante la promesa de un mundo mejor.

Aparte de su innegable valor testimonial, la cinta contiene algún que otro cameo interesante, como ver a Luis García Berlanga ejerciendo de líder de una brigada fascista que se dedica a vapulear, en plena vía pública, a los voluntariosos simpatizantes de izquierda que enganchan sus propios carteles sobre los de la Alianza Popular del ex ministro franquista Manuel Fraga Iribarne.



domingo, 21 de abril de 2019

El caballero del dragón (1985)




Director: Fernando Colomo
España, 1985, 88 minutos

El caballero del dragón (1985)
de Fernando Colomo


La que en su día fuese considerada como la película más cara del cine español tiene un reparto que corta la respiración: Harvey Keitel, Klaus Kinski, Fernando Rey, Miguel Bosé, Josep Maria Pou, Julieta Serrano... Cierto que no pasará a la historia como un portento de la ciencia ficción ni del cine histórico o de aventuras (de hecho, no es ninguna de las tres cosas, aunque tiene un poco de todo), pero, aun así, el paso del tiempo le ha dado ese toque kitsch ochentero que hace que hoy sean títulos de culto películas que, como El caballero del dragón, en el momento de su estreno fueron denostadas por público y crítica.

En el fondo, la historia que explica no deja de ser —detalle arriba, detalle abajo— una variación posmoderna en torno a la leyenda de Sant Jordi: basta cambiar la nave espacial y el alienígena por un dragón y... voilà ! A decir verdad, son los propios lugareños quienes transmutan lo uno por lo otro en su obtusa imaginación medieval, si bien, en el desenlace, optarán finalmente por santificar a Ix (Bosé).

Ix (Bosé) junto a Alba (María Lamor)


Por cierto que el cantante, pese a no pronunciar ni una sola palabra durante todo el filme, enfundado en ese traje espacial negro con escafandra, le da un aire a David Bowie que es uno de los encantos principales de su personaje. Luego están Boetius (Kinski), mitad alquimista mitad nigromante; fray Lupo (Fernando Rey), clérigo y manipulador a partes iguales y, por último, Klever (Keitel), caballero advenedizo de la corte del conde (José Vivó).

Aparte de los exteriores rodados en el castillo de Requesens (cerca de La Junquera) y en las minas de Olot, cabe destacar la banda sonora de José Nieto y, de un modo especial, la dirección artística de Félix Murcia, a quien la Filmoteca de Catalunya dedica estos días una exposición que permanecerá abierta al público hasta el próximo mes de junio.


domingo, 18 de marzo de 2018

La mano negra (1980)




Director: Fernando Colomo
España, 1980, 93 minutos

La mano negra (1980) de Fernando Colomo


La mano negra (1980) es una de esas películas míticas que uno vio por la tele cuando crío: ni la entendí ni me gustó, pero la escena en la que Virginia Mataix se desnuda me marcó profundamente. A mí, para quien dicha actriz no pasaba de ser sino la simpática presentadora, junto a Jordi Hurtado, de Si lo sé no vengo. Eso y una divertida palabra, Macguffin, que entonces me atrajo por su sonoridad, aún desconocedor de las connotaciones cinematográficas (concretamente hitchcockianas) que poseía.

Vista con ojos de adulto, debo decir que me ha sorprendido muy gratamente, pues, a pesar de los treinta y ocho años transcurridos desde su estreno, sigue desprendiendo una frescura que se ha mantenido intacta a lo largo de tanto tiempo. Debe de ser el toque Colomo o el estilo desenfadado de aquella comedia madrileña (la de los Trueba, Matji y compañía, que aquí también colaboraron en el guion), avezada en recurrir a actores no profesionales, como el arquitecto Íñigo Gurrea (Falceto), o las continuas referencias cinéfilas, literarias y musicales.



Enlazando con esto último, las alusiones a Charles Mingus (1922-1979) son constantes, no sólo porque el protagonista compra un disco suyo en la escena inicial, sino porque también toca el contrabajo, instrumento del que el jazzman afroamericano fue un consumado intérprete.

Entre una cosa u otra, La mano negra acaba siendo indirectamente uno de esos retratos generacionales, una parodia, sí, de novela policíaca o de filme de espías, pero, al mismo tiempo, un compendio de los muchos y heteróclitos elementos (a menudo procedentes de la denominada cultura popular) que convergieron en la educación sentimental de aquellos "niños de 30 años" a los que aludía el eslogan promocional de la película y que hoy son ya venerables septuagenarios.


jueves, 22 de diciembre de 2016

La línea del cielo (1984)




Director: Fernando Colomo
España, 1984, 83 minutos

La línea del cielo (1984) de Fernando Colomo


Nos queda la duda de si Gustavo, el fotógrafo interpretado por Antonio Resines en esta película, es tonto o se lo hace: probablemente las dos cosas. Porque mira tú que ir hasta Nueva York, lograr hacer contactos hasta conseguir lo más difícil, que es que alguien se interese por unas fotos que carecen de aliciente, y marcharte justo antes de cosechar el primer éxito... Tonto y gafe, sin duda. Porque no sólo se le escapa el trabajo por falta de paciencia, sino también el amor (y eso ya es más grave...)

En todo caso, y al margen de bromas y del mínimo argumento, lo interesante en una producción como La línea del cielo es el hecho de que el director Fernando Colomo filmase en la ciudad de los rascacielos dejando la jirafa del micrófono a la vista en algún plano, a lo John Cassavetes, y sin actores profesionales (a excepción de Resines y de su bigote), lo cual confería al conjunto un simpático aire semidocumental, resaltado aún más, si cabe, gracias a las canciones de Manzanita incluidas en la banda sonora.

También merece la pena ver al hoy director Whit Stillman (estrenó hace pocas semanas Love & Friendship / Amor y amistad) interpretando un breve papel: el del circunspecto agente artístico Thornton, que deberá mover las fotos de Gustavo por las revistas más importantes de Nueva York.

Lo que ya no convence tanto (y llega a cansar un poco, la verdad) es esa insistencia en recrearse en lo mal que habla el inglés el protagonista. Se diría que implícitamente hasta se presume de ello, herencia, tal vez, de aquel humor made in Spain tan a lo Paco Martínez Soria. Desde luego que, en el caso de Gustavo, la ciudad no es para él, ni la chica ni el curro tampoco...

El que nace boquerón no muere sardina...

jueves, 20 de agosto de 2015

Bajarse al moro (1989)




Director: Fernando Colomo
España, 1989, 83 minutos

Bajarse al moro (1989) de Fernando Colomo


Doña Antonia (Chus Lampreave): ¡Yanqui! ¡Que eres un yanqui!
Alberto (Antonio Banderas): Yonqui, mamá... Se dice yonqui...

La España desinhibida de los ochenta nos legó una serie de películas que marcaron época por lo atrevido de sus planteamientos: los filmes del primer Almodóvar, La estanquera de Vallecas (Eloy de la Iglesia, 1987) o Bajarse al moro son algunos ejemplos míticos de lo que representó un cine nacido a la par que la Transición política y la Movida madrileña.

Por cierto que, tanto en el caso de La estanquera... como en el de Bajarse..., el dramaturgo José Luis Alonso de Santos intervino en el guion, lo cual siempre es una garantía. De hecho, Bajarse al moro fue primero una exitosa pieza teatral del propio Alonso de Santos que después sería adaptada por él mismo en colaboración con Fernando Colomo y Joaquín Oristrell.

Pese a lo dispar del grupo que forman los personajes de esta comedia, todos ellos comparten, sin embargo, una amplitud de miras en su forma de afrontar la realidad en la que lo que más cuenta es el aquí y ahora: en aquel entonces el madrileño barrio de Lavapiés podía ser el centro del mundo y Móstoles "el más allá".

Luego ya vendrían las decepciones, cuando al "pasar la vida tus ilusiones y tus bellos sueños, todo se olvida. / Y pasa la gloria y ves que de tu obra / ya no queda ni la memoria..." Eso reza, al menos, la letra de una de las canciones de Pata Negra que forman parte de la banda sonora de Bajarse al moro. Definitivamente, ya no se ruedan películas que tengan la frescura de ésta.

Aitana Sánchez-Gijón y Juan Echanove en Bajarse al moro (1989)