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jueves, 27 de agosto de 2020

Canción de Nueva York (2017)




Título original: The Only Living Boy in New York
Director: Marc Webb
EE.UU., 2017, 89 minutos

Canción de Nueva York (2017) de Marc Webb

Aspiraba a ser un drama edípico con un cierto toque indie y, sin embargo, se quedó en insulso folletín con ínfulas sofisticadas, un filme "pasable" rebosante de postureo intelectualoide a lo Woody Allen, aunque desprovista por completo de sus agudezas (si no fuera por aquello de que "el barrio más animado de Nueva York es Filadelfia…").

Lo confieso: como más de uno, me dejé seducir por el título. Que coincide con el de una de mis canciones preferidas de Simon & Garfunkel. Pero "The Only Living Boy in New York" (película) no es tan buena como su homónimo musical. Y aunque el tema original se escuche de fondo durante algunos segundos, lo cierto es que la cinta del director de videoclips Marc Webb dista mucho de ser una obra maestra.



Para empezar, ni Jeff Bridges transmite la más mínima credibilidad en su papel de novelista alcohólico ni las interpretaciones del resto de actores van mucho más allá a la hora de dar vida a los burgueses ilustrados que protagonizan el filme. De entre los que destaca Pierce Brosnan, quien encarna a un reputado editor neoyorquino cuya crisis matrimonial amenaza con afectar a su ya de por sí inestable hijo Thomas (Callum Turner). Sobre todo cuando éste, perdidamente enamorado de la librera Mimi (Kiersey Clemons) y siempre inquieto por las tendencias depresivas de una madre bipolar (Cynthia Nixon), descubre que su padre tiene una amante (Kate Beckinsale) por la que el muchacho se sentirá fatalmente atraído.

Al margen de su inverosímil trasfondo literario, vagamente freudiano, el tema de fondo que planea en todo momento a lo largo del filme es la gradual pérdida de identidad de la propia ciudad de Nueva York a consecuencia del voraz proceso de gentrificación al que durante decenios se ha visto sometida. Una esencia añorada por buena parte de los personajes, ya desde las palabras introductorias de W.F. Gerald (Bridges), en el transcurso de veladas eruditas en las que unos y otros se lamentan de la desaparición de tal librería, reconvertida en gimnasio donde practicar spinning, o de aquel afable charcutero de la esquina cuyo local ocupa ahora un Starbucks.