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domingo, 14 de junio de 2026

Vinyan (2008)




Director: Fabrice du Welz
Francia/Bélgica/Reino Unido/Australia, 2008, 96 minutos

Vinyan (2008) de Fabrice du Welz 


Ésta es la historia de un matrimonio obsesionado con reencontrar a su hijo de cinco años, desaparecido tras el violento sunami que arrasó las costas tailandesas en 2004. Una búsqueda, más allá de lo razonable, en que la obstinación de la pareja no cederá ante dificultades de todo tipo, ya sean geográficas o económicas. En ese sentido, la fe ciega que ambos tienen en hallar con vida al pequeño Josh actúa de motor de un periplo marcado por el incansable empeño de Paul (Rufus Sewell) y Jeanne (Emmanuelle Béart), pero también por la falta de escrúpulos de unas mafias locales capaces de colocarles a cualquier menor con tal de cobrar la recompensa.

Al margen de esa trama principal, Vinyan (2008) supone asimismo un minucioso análisis de cómo la desesperación humana nos lleva en ocasiones a aferrarnos a la más remota de nuestras esperanzas, por muy infundadas que éstas puedan llegar a ser. De ahí que los Bellmer se adentren en las profundidades de la selva inhóspita en una odisea imprevisible que en muchos momentos puede recordar a la descrita por Coppola en su mítica Apocalipse now (1979). Con la diferencia, nada desdeñable, de que aquí el supuesto coronel Kurtz no es ningún ídolo legendario sino un tipo materialista que se hace llamar Thaksin Gao.



A medida que se internan en el corazón de las tinieblas asiático, la película abandona la narrativa lineal para sumergirse en el horror atmosférico. Así pues, la jungla de du Welz no es un simple escenario, sino más bien un organismo vivo, opresivo, sudoroso y devorador. La naturaleza se vuelve cómplice de la demencia de Jeanne, aislándolos de la civilización y sumergiéndolos en un territorio donde las reglas de los adultos ya no se aplican. En ese orden de cosas, Paul camina por la jungla arrastrado por la culpa y el amor a su esposa, sabiendo en el fondo que su hijo está muerto, mientras que Jeanne se despoja progresivamente de su humanidad y de su cordura, dispuesta a aceptar cualquier realidad, por macabra que sea, con tal de no asimilar la pérdida.

Según las creencias animistas tailandesas, un "Vinyan" es un espíritu errante, el alma en pena de alguien que sufrió una muerte violenta y no ha recibido los ritos funerarios adecuados. Son almas hambrientas, atrapadas entre dos mundos. En el tercio final, la película da un giro inesperado y brutal. La búsqueda del hijo se materializa en el encuentro con una horda de chicos salvajes, descalzos, cubiertos de barro y mudos. Estos niños, huérfanos reales de la tragedia o encarnaciones místicas de los vinyan, operan como una tribu sin moral ni compasión. Lo cual subvierte la imagen de la infancia inocente, ya que aquí los niños son una fuerza de la naturaleza implacable y terrorífica. El clímax final, de una carga freudiana y edípica sobrecogedora, ofrece una de las resoluciones más inquietantes del cine de género del siglo XXI, donde el instinto maternal se deforma hasta rozar la locura absoluta.



martes, 15 de diciembre de 2015

8 mujeres (2002)




Título original: 8 femmes
Director: François Ozon
Francia/Italia, 2002, 111 minutos

8 mujeres (2002) de François Ozon

¡Qué bello filme 8 mujeres! Y, sin duda, mejora con los años. A pesar de su deliberada teatralidad, de su puesta en escena intencionadamente ingenua, pero, al mismo tiempo y sobre todo, porque en ello mismo radica su verdadero encanto.

Y es que la intriga caricaturesca que aquí se presenta (con sus estereotipadas protagonistas) no debe despistarnos de las verdaderas intenciones del filme: François Ozon acertó a homenajear con él no sólo a varias generaciones de actrices francesas, sino a la condición femenina de manera general. En ese sentido, la pieza teatral de Robert Thomas que sirvió de base para el guion no deja de ser un pretexto, un juego al más puro estilo Agatha Christie en el que el misterio que rodea al crimen de Marcel acabará resolviéndose burdamente.



8 mujeres es también un homenaje a la canción francesa, mediante una fórmula infalible: reunir en una misma película a las mejores actrices de aquel país, todas ellas primeras estrellas (Danielle Darrieux, Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart, Fanny Ardant, Virginie Ledoyen, Ludivine Sagnier y Firmine Richard) para hacer que canten algunas de las más célebres composiciones de todos los tiempos. Así pues, a medida que avance la trama irán desfilando para, sucesivamente, interpretar la siguiente nómina de temas:

"Papa, t'es plus dans le coup" (en la voz de Ludivine Sagnier e interpretada en 1963 por Sheila)

"Message personnel" (a Isabelle Huppert se le saltan las lágrimas con el clásico de Françoise Hardy)

"Pour ne pas vivre seul" (Firmine Richard recupera un viejo éxito de Dalida)

"Pile ou face" (Emmanuelle Béart se desmelena con un hit de Corynne Charby del 87)

"Mon amour, mon ami" (cantada por Virginie Ledoyen y popularizada en su día por Marie Laforêt)

"Toi jamais" (Catherine Deneuve hace suya una canción que Sylvie Vartan cantó en 1976)

"À quoi sert de vivre libre ?" (Fanny Ardant le da otro aire a un éxito disco de Nicoletta del 75)

"Il n'y a pas d'amour heureux" (Danielle Darrieux cierra el film con este emotivo poema de Louis Aragon musicado por Georges Brassens)

François Ozon, el director de la diferencia, firmó un musical fresco y de factura impecable (con sus trávelin y planos secuencia a lo largo y ancho de la lujosa mansión en la que se desarrollan los hechos), no sin olvidar sus muchos guiños cinéfilos (básicamente Hitchcock, aunque también la escena que une a Gaby con Pierrette por los suelos: dos actrices a las que amó en vida Truffaut), así como el vestuario de Pascaline Chavanne y la banda sonora original de Krishna Levy, dos elementos definitivos a la hora de convertir 8 mujeres en una película de extrema elegancia.