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sábado, 7 de enero de 2023

Érase una vez... (1950)




Directores: Alexandre Cirici Pellicer y José Escobar
España, 1950, 76 minutos

Érase una vez... (1950) de Cirici Pellicer y Escobar


La inconfundible voz de Juan Manuel Soriano nos da la bienvenida a un remoto mundo de ensueño en cuyo horizonte se divisa el castillo de los condes de Aubanel… Han tenido que transcurrir más de siete décadas para que esta joya de la animación, único largometraje que dirigiera el dibujante Escobar (creador, entre otros, de Zipi y Zape o Carpanta), recupere su colorido original por obra y gracia de la Filmoteca de Catalunya tras una ardua tarea de restauración que se ha prolongado durante ocho largos años (concretamente, del 2014 al 2022).

Versión libre de La Cenicienta, según el célebre cuento de Perrault, el estreno de la cinta se vio, sin embargo, condicionado por un hecho que acabaría arruinando su carrera comercial: la coincidencia en el tiempo con el clásico de Disney a propósito del mismo personaje. De hecho, los responsables de Estela Films, la productora barcelonesa encargada del proyecto, se vieron forzados a cambiarle el título, por lo que, en lo sucesivo, pasó a llamarse simplemente Érase una vez... (1950).



Llama la atención enseguida el esmero que Alexandre Cirici Pellicer, uno de los codirectores de la película, puso en la elaboración de los diversos fondos de inspiración renacentista que embellecen buena parte de las escenas. Escobar, en cambio, parece ser que se encargó de los elementos más humorísticos, introduciendo personajes y situaciones (por ejemplo, la divertida procesión de fantasmas) que en cierto modo preludian lo que será su posterior carrera en el mundo del tebeo.

En esa misma línea de innovación, resulta curiosa la presencia de actores de carne y hueso en aquellos números en los que supuestamente son títeres quienes protagonizan la acción. Ello ocurre en un par de ocasiones, ambas primorosamente coreografiadas por el Esbart Verdaguer bajo la supervisión de Manuel Cubeles, Luis Moreno-Palli y Jaume Picas Guiu. Y es que conviene tener muy presente que, además de cuento de hadas, el filme aspiraba a ser también un musical con destellos cómicos. Buena prueba de ello sería la lección de etiqueta palaciega en forma de ópera bufa italiana o melodías más de corte jazzístico, como la que entona el gremio de zapateros mientras éstos se esfuerzan en vano por determinar el origen del zapatito de cristal y uno de ellos concluye cantando aquello de: "¡Si no fuera el siglo XV, de plexiglás diría que es!"



sábado, 18 de julio de 2020

Piel de asno (1970)




Título original: Peau d'âne
Director: Jacques Demy
Francia, 1970, 91 minutos

Piel de asno (1970) de Jacques Demy


Il était une fois un roi si grand, si aimé de ses peuples, si respecté de tous ses voisins et de ses alliés, qu'on pouvait dire qu'il était le plus heureux de tous les monarques. Son bonheur était encore confirmé par le choix qu'il avait fait d'une princesse aussi belle que vertueuse; et ces heureux époux vivaient dans une union parfaite. De leur chaste hymen était née une fille, douée de tant de grâces et de charmes, qu'ils ne regrettaient pas de n'avoir pas une plus ample lignée...

Charles Perrault
Peau d'âne

Tres son las fuentes principales de las que bebe este hermoso cuento de hadas, basado en el universo literario de Charles Perrault (1628–1703). Por una parte, Peau d'âne es un homenaje en toda regla al Cocteau de La belle et la bête (1946), obra maestra de cuyo riquísimo repertorio de elementos simbólicos y conceptuales toma prestada (amén de la presencia de Jean Marais) la ambientación, el carácter artesanal de la puesta en escena y hasta recursos tan simples, pero a la vez tan imaginativos, como el uso de la cámara lenta. 

Por otra parte, aunque en menor medida, sería posible también rastrear la influencia de The Wizard of Oz (1939) no sólo en los rasgos fantásticos de la cinta o en su pertenencia al género musical, sino, sobre todo, en el tratamiento del color (por ejemplo, en el caso de los caballos del Rey Rojo). Por último, pese a que no se trate estrictamente de una "fuente", sino más bien de lo que podríamos denominar unidad de estilo, el protagonismo de Catherine Deneuve, así como la banda sonora de Michel Legrand, marcan una continuidad con el exitoso díptico que forman Les parapluies de Cherbourg (1964) y Les demoiselles de Rochefort (1967), filmes con los que éste comparte un mismo candor, que a veces roza la parodia y hasta lo humorístico.



Una fábula que coquetea con el tema del incesto (el padre, tras enviudar, pretende casarse con su propia hija y ésta, aconsejada por su hada madrina, le da largas), pero que destaca por un diseño de vestuario, a cargo del italiano Gitt Magrini, y una dirección artística, supervisada por Jacques Dugied, primorosamente exquisitos. Y que, en el marco espectacular de los castillos de Plessis-Bourré o de Chambord, adonde se rodaron los exteriores, resplandecen todavía más, si cabe.

Brujas que escupen sapos, burros que excretan rubíes y diamantes, lacayos con la cara azul, princesas de aspecto ceniciento que lucen radiantes cuando se las viste con luz de luna o rayos de sol: visualmente, Peau d'âne sigue siendo hoy el mismo portento que hace medio siglo concitó a más de dos millones de espectadores hacia las salas francesas, en lo que constituyó el mayor éxito comercial de la carrera de Jacques Demy.