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domingo, 22 de enero de 2017

Dame un poco de amooor...! (1968)




Director: José María Forqué
España, 1968, 91 minutos

Dame un poco de amooor...! (1968)


¿Cómo es posible que una joya como ésta no haya gozado hasta la fecha de una mayor difusión? Pues, probablemente, por lo de siempre: porque en este país nos cuesta valorar lo propio, sobre todo si fue producido durante el franquismo. Pero lo cierto es que, en su género, Dame un poco de amooor...! (1968) es una auténtica obra maestra (le pese a quien le pese y digan lo que digan los enterados de turno).

Concebida según el modelo fijado por las películas que Richard Lester o George Dunning filmaron con los Beatles, el protagonismo absoluto es para Los Bravos en su momento de máxima popularidad. Poco importa lo flojo que sea el argumento (en realidad, ello es una premisa inexcusable del subgénero película-al-servicio-de-un-grupo-musical). Que nadie se llame a engaño: aquí lo principal era promocionar la música de Mike Kennedy y su banda.



De ahí que ver a Luis Peña haciendo de Chou-Fang (un Fu-Manchú de pacotilla) sea lo de menos. Y lo mismo sirve para Tip y Coll, Álvaro de Luna, Laly Soldevila o Rafaela Aparicio. Lo que cuenta de verdad es la estética pop, las animaciones inspiradas en el universo del cómic a cargo de Francisco Macián y el colorido psicodélico de las actuaciones del quinteto, vestidos de superhéroe o de torero, viajando en un camión de bomberos o ataviados con un kimono en el gimnasio.

Verdaderamente, sería espectacular poder disfrutar de las imágenes y la música de Dame un poco de amooor...! en versión restaurada, aunque de momento nos tendremos que conformar con una copia cutre en DVD (copiada de un VHS...) como la que ha proyectado esta tarde la Filmoteca.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

No profanar el sueño de los muertos (1974)




Título original: Non si deve profanare il sonno dei morti
Director: Jorge Grau
España/Italia, 1974, 93 minutos

No profanar el sueño de los muertos (1974)


Se la ha comparado a menudo con La noche de los muertos vivientes, de la que se dijo que era prácticamente una versión en color, pero No profanar el sueño de los muertos es por méritos propios uno de los films de terror de culto más recordados del cine español. Muy en la línea de las producciones de zombis de la época, la película contó con la participación de Juan Cobos (colaborador habitual de Orson Welles) como coguionista y de José Lifante (secundario de rostro habitual en infinidad de producciones españolas, que interpreta a Martin West) y Fernando Hilbeck (el vagabundo ahogado Guthrie Wilson) en el reparto, aunque también con estrellas internacionales como Arthur Kennedy en el papel de inspector de policía.

Quizá porque su director, Jorge Grau, es catalán, No profanar el sueño de los muertos corresponde literalmente a lo que en aquella lengua se denomina película de sang i fetge (es decir, de "sangre e hígado"), a juzgar por cómo tratan e incluso devoran los resucitados a sus víctimas. Es este, pues, un film visualmente impactante, rodado en Inglaterra y continuador de una tradición de cine de terror que nace con Frankenstein y que basa su efectismo en elementos de tipo seudocientífico. En este caso, el desencadenante de los hechos serán unas vibraciones ultrasónicas emitidas en fase experimental con la finalidad de acabar con todos los insectos parásitos en varios kilómetros a la redonda, pero con unos imprevisibles y devastadores efectos secundarios.

Cristina Galbó y Ray Lovelock

sábado, 25 de abril de 2015

Campanadas a medianoche (1965)




Título original: Chimes at midnight/Falstaff
Director: Orson Welles
España/Suiza, 1965, 113 minutos

Campanadas a medianoche (1965)
de Orson Welles

Ya en 1939, Orson Welles llevó a cabo un montaje teatral de cinco horas de duración a partir de diversos pasajes de obras de Shakespeare: Ricardo II, Enrique IV, Enrique V y Las alegres comadres de Windsor. Lo tituló Five Kings, pero no llegó a estrenarse oficialmente en Nueva York. Andando el tiempo, y habida cuenta de las enormes dificultades a las que siempre hubo de enfrentarse para sacar adelante sus proyectos, la fortuna quiso que se cruzara en su destino el productor español Emiliano Piedra. Se hacía así realidad Campanadas a medianoche, una película en la que Welles daba vida al fanfarrón Sir John Falstaff y que fue rodada aprovechando diversas localizaciones de la geografía peninsular: las murallas de Ávila, la catedral de Soria, la Casa de Campo en Madrid, Móstoles, Navarra, las ruinas del monasterio de Cardona...

Es interesante, al respecto, remarcar cómo se las ingeniaba el bueno de Welles para sacar escenas memorables de la nada. Así lo atestiguan Jesús Franco o Juan Cobos, colaboradores del director durante el rodaje. Con suma habilidad y no poca experiencia a sus espaldas, Welles es capaz de hacer pasar por la genuina Inglaterra del siglo XV unos vestigios que en ocasiones apenas se aguantaban en pie. Pero sabiendo dónde colocar la cámara y utilizando magistralmente la sala de montaje se hace realidad el "milagro". Al respecto, la escena de la batalla de Shrewsbury es antológica: se inundó de barró la Casa de Campo de Madrid y se invirtieron diez días en el rodaje. Tras otros seis días editándola, quedó reducida a seis intensos minutos en la película.

Aparte de las interpretaciones de Jeanne Moreau (Doll Tearsheet), John Gielgud (Enrique IV) o incluso Fernando Rey (Worcester), tiene su encanto ver, aunque solo sea fugazmente, a Luis Ciges u otros secundarios españoles aparecer en pantalla.

Aparte de adaptarla, dirigirla y protagonizarla, Welles también se ocupó de diseñar meticulosamente el vestuario de la película, aunque al finalizar el rodaje parece ser que se lo robaron: gajes del oficio y de rodar en España...


Orson Welles durante el rodaje de Campanadas a medianoche