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viernes, 30 de agosto de 2024

Calle 54 (2000)




Director: Fernando Trueba
España/Francia/Italia/Méjico/Bélgica, 2000, 105 minutos

Calle 54 (2000) de Fernando Trueba


La voz en off del propio Fernando Trueba introduce con un breve comentario cada uno de los números de Calle 54 (2000), la película gracias a la cual el director veía cumplido su viejo sueño de rendir homenaje al jazz latino. Son aproximadamente una docena de artistas, de muy diversa procedencia, la mayor parte de ellos leyenda viva de un estilo que nació del mestizaje entre culturas.

Paquito D'Rivera, Chano Domínguez, Michel Camilo, Jerry González, Tito Puente... La nómina de instrumentistas que se dan cita ante la cámara no deja lugar a dudas a propósito del enorme talento que atesoran. Incluso algunos, como los pianistas Bebo y Chucho Valdés, padre e hijo, dan buena prueba de sintonía sobre el escenario, pese a que llevaban años sin verse.



Electrizantes actuaciones en vivo (aunque en estudio), sobre todo cada vez que aflora ese elemento afro tan característico cuya base reside en el brío de las percusiones. Buen ejemplo de ello sería el tema "Compa Galletano", interpretado con inusitado dinamismo por los cubanos Puntilla y Nueva Generación. Intensidad rítmica que contrasta, sin embargo, con el intimismo al piano de Eliane Elías o la actitud más ecléctica del saxofonista Gato Barbieri, quien afirma que estuvo muchos años sin grabar porque ya no percibe la magia que antaño unía a músicos y cineastas formando parte de un mismo todo.

El colorido de los decorados, incluso del vestuario que lucen algunos de los protagonistas, casa a la perfección con la gama de matices extraordinariamente sensorial que destila la música de unos auténticos pioneros. Figuras, conviene recordarlo, a las que cintas como ésta o, un año antes, Buena Vista Social Club (1999) de Wim Wenders y Ry Cooder contribuyeron a sacar del relativo olvido en el que tan injustamente habían caído.



martes, 28 de julio de 2020

Sexo, maracas y chihuahuas (2016)




Director: Diego Mas Trelles
España, 2016, 87 minutos

Sexo, maracas y chihuahuas (2016)
de Diego Mas Trelles


No era un tipo apuesto que respondiese al perfil del típico Latin Lover. Y, sin embargo, Xavier Cugat (1900-1990) supo jugar sus cartas con una habilidad extraordinaria. Fue tal la popularidad por él alcanzada que contó con la amistad de varios presidentes norteamericanos y hasta trabajó para Al Capone, amén de haber participado en más de veinte producciones hollywoodenses y presumir de ser el descubridor de talentos tan rutilantes (y tan dispares) como Frank Sinatra, Rita Hayworth o Woody Allen.

O eso, al menos, es lo que se desprende de las múltiples declaraciones del violinista y director de orquesta contenidas en Sexo, maracas y chihuahuas, documental dirigido por Diego Mas Trelles a mayor gloria de un hombre, nacido en Gerona y emigrado a Cuba, que pasó en cinco ocasiones por el altar y al que no le hacía falta abuela a juzgar por la cantidad de veces que, en múltiples entrevistas y declaraciones de archivo, afirma haber sido el primero en esto, aquello y lo de más allá. Y es que, si al otro lado del Atlántico, por aquellas mismas fechas, Franco inauguraba pantanos que aplacasen la "pertinaz sequía", el avispado 'Cugui' (como le apodaban sus íntimos) inauguraba los casinos por docenas en la incipiente industria del ocio de Las Vegas.



Ya entrado en años, el otrora coleccionista de estrellas en el Paseo de la Fama y excelente dibujante decidió volver a su patria, estableciéndose en el Hotel Ritz de Barcelona, adonde solía dirigirse montado en un imponente Rolls-Royce dorado. Poco importa que luciese un aparatoso peluquín o que las inclemencias del tiempo hubiesen hecho mella sobre su figura hasta aproximarla a la de un viejo verde: octogenario e incansablemente vitalista, todavía seguía apadrinando a jóvenes promesas (entre ellas la hoy célebre Nina de OT) con la intención de catapultarlas a la fama.

Sin embargo, y a pesar de que la inmensa mayoría de personalidades que aportan su testimonio (Isabel Coixet, Javier Gurruchaga, Chucho Valdés…) alaban el legado del artista, no faltan voces discordantes como la del historiador Romà Gubern, quien tilda a Cugat de oportunista y personaje de reputación como mínimo dudosa. Sea como fuere, lo cierto es que hasta el final de sus días este catalán universal demostró un olfato inigualable para los negocios, ya fuese vendiendo pipas, chihuahuas o lo que se terciase.


jueves, 1 de noviembre de 2018

Rumba para Bebo (2013)




Director: Éric Michaud
Francia/España, 2013, 120 minutos



Un año más, el Festival Internacional de Jazz de Barcelona presenta una programación repleta de conciertos y actividades paralelas. Como la sesión que esta tarde tenía lugar en la Filmoteca de Catalunya, donde se ha proyectado Rumba para Bebo, filmación del recital homenaje que el pianista Chucho Valdés ofreció en la Sala BARTS en marzo de 2013 poco después del fallecimiento de su padre.

En la presentación previa a la película, Joan Anton Cararach (director artístico del certamen) evocaba los momentos estelares de una noche mágica, amenizada con ron y chocolate, según voluntad del difunto, que culminaría con el escenario repleto de invitados y algún que otro espontáneo, hecho que acabó provocando el cese de la gala ante la inminencia de que se hundiera el proscenio.

Sarao y fin de fiesta


Así pues, por las tablas del recinto irán desfilando artistas invitados de la talla de Javier "Caramelo" Massó, Omar Sosa o Lázara Cachao al piano, el contrabajista Javier Colina, la cantante Mayra Caridad Valdés, Malongo y los Afro-Cuban Messengers. Destaca. asimismo, la presencia del trompetista Jerry González, fallecido el pasado 1 de octubre, y a quien Cararach pidió permiso para reutilizar el título se su mítico álbum Rumba para Monk (1989).

En definitiva, la cámara de Éric Michaud, con los auspicios del canal Arte, capta la energía que se vivió durante aquella velada hasta el punto de que, un lustro después, los espectadores que esta tarde llenaban la sala Chomón de la Filmoteca han aplaudido y jaleado cada una de las actuaciones musicales como si no hubiese pasado el tiempo. "El día que yo me muera, no quiero lloradera", había dejado dicho el hoy ya centenario don Bebo. Y a buena fe que, entonces como ahora, el público se lo tomó al pie de la letra.

Caramelo (piano) y Jerry González (trompeta) en plena actuación