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lunes, 5 de agosto de 2019

Cabalgando hacia la muerte (1962)




Título italiano: L'ombra di Zorro
Director: Joaquín Luis Romero Marchent
España/Italia/Francia, 1962, 87 minutos

Cabalgando hacia la muerte (1962)
de J. L. Romero Marchent


El chorizo wéstern —a diferencia del espagueti, más vinculado con el secarral almeriense— buscó sus localizaciones en otros parajes de la variada geografía española. Como, por ejemplo, la provincia de Soria, cuyas tierras, a las que se tiende a identificar de inmediato con los versos machadianos, sirvieron, sin embargo, de escenario para no pocas producciones cinematográficas a partir de la década de los sesenta.

Una de las primeras, si no la primera, fue Cabalgando hacia la muerte, dirigida por el incombustible (y habitual del género) Joaquín Luis Romero Marchent y parcialmente rodada en el vistoso roquedal de Castroviejo: rincón de extraña belleza y peñascos caprichosamente moldeados, sito en los aledaños de Duruelo de la Sierra.



Según informa el blog Historia de Covaleda, un vecino de la mencionada localidad, apodado “El Chupa”, participó como extra durante el rodaje, dada su habilidad para saltar entre los riscos y escalar ayudándose de cuerdas. Curioso detalle, sin duda, de la intrahistoria fílmica, pero que no supera en "trascendencia" a otra anécdota que revela la atenta revisión de los títulos de crédito. Y es que Raffaella Carrà, la gran diva televisiva y entonces actriz incipiente, interpreta un papelillo. Cuesta un poco reconocerla porque en aquella época era pelirroja, pero es la chica vestida de azul que en el saloon no para de pedirle al pianista: "Tócala otra vez", aunque la frase parezca salida de otra película...

Bueno: y a todo esto, ¿de qué va Cabalgando hacia la muerte? Pues vendría a ser la segunda parte de La venganza del Zorro, rodada ese mismo año y por el mismo equipo. Dos hermanos, llamados Dan (Paul Piaget) y Billy (Robert Hundar) y más malos que la quina, llegan a California dispuestos a vengar la muerte de un tercero, supuestamente ajusticiado por el Zorro. De modo que los maleantes se hacen pasar por el enmascarado (¡ojo! Se ve que el presupuesto no daba para antifaces, por lo que tanto el original como el fake se limitan a taparse la cara con un pañuelo negro), sembrando el caos y el pánico por doquier, con el objetivo de que los lugareños culpen al héroe. Así, obligándolo a que se descubra, podrán enfrentarse a él...

Aunque no lo parezca, la chica de la izquierda es Raffaella Carrà

domingo, 4 de agosto de 2019

El coyote (1955)




Directores: Joaquín Luis Romero Marchent y Fernando Soler
España/Méjico, 1955, 74 minutos

El Coyote (1955) de J. L. Romero Marchent


Es 1848 y los Estados Unidos se acaban de anexionar California. El bueno de don César Echagüe sénior (Rafael Bardem) intenta apaciguar los ánimos de sus conciudadanos con la promesa de que su hijo regresará pronto de Europa para salvarlos del yugo opresor. Pero cuando éste se presenta en el lugar, resulta ser un petimetre remilgado que suelta latinajos y compone ripios...

Basta un somero análisis para darse cuenta enseguida de que estamos ante una producción de bajo presupuesto: imágenes de archivo, insertos, primeros planos en contrapicado... En fin, el acostumbrado recital de recursos que todo cineasta avezado debe poner en práctica cuando el ingenio es mucho y el dinero escaso. De todo ello sabía bastante Orson Welles, pero también el que fuera su mano derecha en España: Jesús Franco. Que prácticamente comenzó su prolífica carrera con este filme, una adaptación del personaje "creado" por José Mallorquí (aunque tal vez sería más justo decir "copiado", por su inmenso parecido con el Zorro), en la que el futuro Jess participó en el guion y hasta compuso la letra de las canciones, a tanto llegaba su enorme talento.



Es El Coyote, asimismo, la primera de una larga lista de películas de ambientación mejicana a las que el director Joaquín Luis Romero Marchent (1921–2012) consagró la mayor parte de su trayectoria profesional, hasta el extremo de haber sido totalmente encasillado en un subgénero cuyos productos, casi siempre de ínfima calidad, solían ser tan vistosos como intelectualmente vacuos.

Todo lo cual no impide que la película posea ese encanto especial de las historias de aventuras, con todos los clichés habidos y por haber: el misterioso y providencial enmascarado (Abel Salazar) que llega para poner en su sitio al yanqui prepotente (Santiago Rivero), los tiroteos y demostraciones de puntería que dejan boquiabierto al más pintado, hábiles jinetes galopando a lomos de espléndidos corceles, etc. etc. Pero lo que no tiene precio, lo que de verdad representa el auténtico atractivo del filme, es encontrarse a míticos secundarios del cine español en papeles tan desacostumbrados como el de barman del saloon (José María Prada) o ver a Xan das Bolas, que era más gallego que un percebe, haciendo de mendigo guandajón como si tal cosa.


domingo, 9 de septiembre de 2018

Brandy (1964)




Título italiano: Cavalca e uccidi
Directores: José Luis Borau y Mario Caiano
España/Italia, 1964, 80 minutos

Brandy (1964) de José Luis Borau


Bebía whisky, pero le llamaban Brandy... El debut en la dirección de largometrajes de José Luis Borau (1929-2012) fue este modesto wéstern rodado en los estudios Golden City de Hoyo de Manzanares (Madrid) y que protagonizaron el norteamericano Alex Nicols (Brandy), los españoles Maite Blasco (Eva) y Antonio Casas (Sheriff Clymer), el hispanoargentino Jorge Rigaud (Beau) y los italianos Luis Induni (Tunnell) y Claudio Undari (Moody).

Pese a que Borau, cineasta de raza surgido del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, da muestras de su talento en no pocas ocasiones (baste mencionar el trávelin de alejamiento efectuado en el cementerio mediante el que se pone de manifiesto lo peligroso que resulta ejercer de sheriff en Tombstone, habida cuenta de que la mayoría de los allí enterrados murieron ocupando dicho cargo), lo cierto es que la cinta adolece de la habitual factura entre cutre y descuidada de la mayoría de películas del Oeste realizadas por aquel entonces en coproducción con Italia.



No se quiere decir con esto que no valga la pena revisitar los "clásicos" del espagueti wéstern, sobre todo cuando, como en el caso de Brandy, los típicos elementos del modelo americano en el que se basa aparecen castellanizados, dando lugar a soluciones tan imaginativas como ese Losatumba donde, según el cartel de la versión española, transcurre la acción.

Por lo demás, los acostumbrados lugares comunes del género fueron sabiamente combinados por José Mallorquí para confeccionar un guion en el que tienen cabida desde el borrachín simpático al que los forajidos convierten en máximo representante de la ley (con el objetivo de que sea su hombre de paja) o la rubia de buen corazón que intentará redimirlo por todos los medios, hasta los facinerosos que ofrecen "protección" a los comerciantes del lugar previo pago de una "módica" cantidad... Eso y una canción en inglés interpretada por Clymer y los suyos en la oficina del sheriff al más puro estilo Hawks. Lástima que la voz del playback no coincida con la de Antonio Casas o que la guitarra que este último rasguea siga sonando segundos después de haber finalizado la pieza...