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martes, 16 de agosto de 2022

Los estimulantes (1967)




Título original: Stimulantia
Directores: Hans Abramson, Hans Alfredson, Arne Arnbom, Ingmar Bergman, Tage Danielsson, Jörn Donner, Lars Görling, Gustaf Molander, Vilgot Sjöman
Suecia, 1967, 105 minutos

Los estimulantes (1967)


Lo más granado de la cinematografía sueca se dio cita en Stimulantia (1967), película de episodios (ocho en total) en torno a la idea genérica de las cosas que nos proporcionan placer. Ni que decir tiene que cada cineasta, tanto en la presentación previa de los cortos como en su propio desarrollo, afronta el reto desde ópticas muy distintas, si bien acaba prevaleciendo una cierta visión humorística, cuando no sarcástica, a propósito del tema. A continuación desglosamos los títulos y sinopsis de cada segmento.

1. El descubrimiento ("Upptäckten"), de Hans Abramson

Tras dejar claro que son el sexo y las drogas lo que él entiende por "estimulantes", el director opta por viajar a su infancia como homenaje al hombre que divirtió a tantas generaciones: Charlie Chaplin. Aparte de imágenes de archivo pertenecientes a una visita que el cómico, ya septuagenario, realizó a Suecia, Abramson se traslada a Londres en busca del barrio que vio nacer al genial artista. Sin embargo, el tiempo y el progreso han borrado su recuerdo y ya casi nadie sabe dónde se encuentra Pownall Terrace.

2. Érase una vez dos amantes... ("Det var en gång två älskande..."), de Jörn Donner

Donner se propone llevar a cabo una película pornográfica fuera de lo común: una pareja se instala en la habitación de un hotel. Ella (Harriet Andersson) le dedica todo tipo de cuidados a su chico (bañarlo, afeitarlo, cepillarle los dientes...), pero cuando ambos ya están limpios, él prefiere resolver una jugada de ajedrez en lugar de ir a la cama.



3. Confrontaciones ("Konfrontationer"), de Lars Görling

Después de hacer referencia a una intrincada teoría del filósofo Wittgenstein acerca del lenguaje, Görling sitúa la acción de su episodio en el circuito automovilístico de Le Mans.

4. Daniel, de Ingmar Bergman

Contrariamente a lo que cabría esperar, la aportación de Bergman es una de las más sencillas de la película: grabaciones domésticas en las que la cámara capta la vida cotidiana de su hijo de cuatro años. Según confiesa él mismo en la presentación del episodio, para el célebre cineasta sueco nada hay más estimulante que el rostro de Daniel.

5. Birgit Nilson, de Arne Arnbom

La popular cantante de ópera que da título a este fragmento ha proporcionado cuantiosas veladas placenteras a su público. En esta ocasión, la soprano interpreta una de las especialidades de su repertorio: el aria "Mild und leise wie erlächelt" de Tristán e Isolda.



6. Los beneficios de la castidad ("Dygdens belöning"), de Hans Alfredson y Tage Danielsson

Basada en un relato de Balzac, la historia expone el caso de una joven lavandera que dice haber sido violada por uno de sus clientes. Afligida, la muchacha acude a casa de un viejo abogado en busca de asesoramiento jurídico.

7. El collar ("Smycket"), de Gustaf Molander

El plato fuerte de la película lo protagonizan la mítica Ingrid Bergman y el bergmaniano Gunnar Björnstrand. Se trata de una adaptación del memorable relato de Maupassant en el que una mujer pierde el valioso collar que le han prestado para asistir a un baile. A consecuencia de esta fatal circunstancia, tanto ella como su marido pasarán varios años abrumados por los intereses derivados de haberle comprado otro collar a la propietaria. 

8. La negra en el armario ("Negressen i skåpet"), de Vilgot Sjöman

El más surrealista de los episodios tiene lugar en el domicilio de un matrimonio que, como todas las mañanas, se levanta para ir al trabajo. Lo sorprendente es que una misteriosa joven habita en el interior de un ropero. ¿Será real? ¿Es una ilusión? En cualquier caso, el marido se las promete muy felices cuando su esposa se marcha a la oficina y él se queda solo en el apartamento.



lunes, 12 de abril de 2021

Una mujer sin amor (1952)




Título alternativo: Aventura
Director: Luis Buñuel
Méjico, 1952, 86 minutos

Una mujer sin amor (1952) de Luis Buñuel


Una mujer sin amor, sin duda mi peor película. Se me pidió que hiciera un remake de una buena película que André Cayatte había realizado en Francia sobre Pierre et Jean, de Maupassant. Se trataba de instalarme una moviola en el plató para que yo copiase a Cayatte plano por plano. Naturalmente, me negué y decidí rodar a mi manera. Resultado mediocre.

Luis Buñuel
Mi último suspiro
Traducción de Ana Mª de la Fuente

Las opiniones vertidas por los cineastas a propósito de su propia obra suelen tener un peso determinante en lo que a la posterior recepción de la misma se refiere. El caso de Una mujer sin amor (1952) resulta, a este respecto, paradigmático y la crítica sin ambages que Buñuel le dedica al filme en sus memorias ha contribuido, en buena medida, a que sea uno de los títulos menos vistos y/o comentados de los que integran su producción mejicana.

Ciertamente, el hecho de que se trate de un encargo propicia que la personalidad del director quede desdibujada en un producto que poco o nada tiene que ver con su habitual universo de resonancias surrealistas. Hay, eso sí, un conflicto latente entre padre e hijo, así como un adulterio que, a ojos del espectador, queda plenamente justificado debido al carácter adusto del esposo, aunque estos elementos sean más propios de la tradición folletinesca que no de un cineasta con vocación vanguardista.



A raíz de lo anteriormente expuesto, se aprecia un cierto cainismo que preside la relación entre los dos hermanos, siendo Carlos (Joaquín Cordero) quien se siente desplazado frente a la ventajosa herencia que recibe Miguel (Xavier Loyá). No obstante, el tono melodramático de la cinta impide que los hechos vayan más allá de una simple historia de celos en la que sobran aspavientos y falta convicción.

De todas formas, es esa mujer desprovista de afectos a la que alude el título (interpretada por Rosario Granados) la que padece los envites de unos y otros hasta el extremo de quedarse sola, acompañada exclusivamente del recuerdo de su único amor verdadero y de lo que pudo haber sido y no fue.



sábado, 1 de agosto de 2020

Un rodaje en el campo (1994)




Título original: Un tournage à la campagne
Directores: Jean Renoir y Alain Fleischer
Francia, 1936-1994, 85 minutos

Un rodaje en el campo (1994) de Jean Renoir y Alain Fleischer

La compleja trayectoria de estos materiales que Renoir filmó en el verano del 36, concretamente entre el 27 de junio y el 15 de agosto de aquel año, merece un breve comentario explicativo antes de comenzar. De entrada, porque la película resultante no se estrenaría comercialmente, en una versión inacabada de apenas cuarenta minutos, hasta una década después, una vez finalizados los avatares de la Segunda Guerra Mundial. Une partie de campagne, adaptación del relato homónimo de Maupassant, figura, desde entonces, entre los títulos más señalados de la filmografía de su autor y aun de la historia del cine.

Pero resulta que, todavía en 1994, la Cinémathèque Française presentó la selección que Alain Fleischer llevara a cabo a partir de diversas tomas descartadas, material que había sido depositado en dicha institución por el productor Pierre Braunberger en abril de 1962.



Queda, por tanto, claro que, con las imperfecciones propias de lo que no deja de ser un ensayo, Un tournage à la campagne ofrece la posibilidad de asistir a la génesis de una obra maestra, al tiempo que aporta una información extraordinaria sobre los métodos de trabajo de Renoir y su equipo (entre cuyos miembros figuraban, por cierto, y en calidad de asistentes, los futuros cineastas Jacques Becker y el italiano Luchino Visconti).

Una sucesión interminable de claquetas que preceden el inicio de cada escena, generalmente con los comentarios en off, de aprobación o condenatorios, del director, a través de la cual se irá esbozando la jornada dominical de una familia parisina dispuesta a solazarse a orillas de un riachuelo que parece surgido del universo pictórico de Renoir padre. Virtudes públicas y vicios privados de unos burgueses aparentemente decorosos cuya hipocresía quedará, sin embargo, en evidencia cuando la madre (Jane Marken) y la hija (Sylvia Bataille) se dejen seducir por los oportunistas Henri (Georges D'Arnoux) y Rodolphe (Jacques B. Brunius).


jueves, 19 de octubre de 2017

El jardín de Jeannette (2016)




Título original: Une vie
Director: Stéphane Brizé
Francia/Bélgica, 2016, 119 minutos

El jardín de Jeannette (2016) de Stéphane Brizé


Las primeras secuencias de Une vie nos sitúan en un marco espacio-temporal eminentemente decimonónico y rural; un mundo en el que la existencia discurre por unos cauces de absoluto sosiego y cuyos habitantes se dedican a regar las plantas de su huerto o a jugar plácidamente a las tablas reales en familia. En ese aspecto, el director Stéphane Brizé lleva a cabo un giro copernicano con respecto a su anterior largometraje (La loi du marché), cambiando las vicisitudes de un parado cincuentón que intenta reincorporarse al proceloso mercado laboral tras el cierre de la fábrica en la que trabajaba por la historia de una mujer inmersa en los vaivenes del siempre complicado arte de vivir.

Porque la Jeanne encarnada por Judith Chemla (nominada al Premio César a la mejor actriz por su papel) pertenece a la misma estirpe de ilustres heroínas atormentadas que Madame Bovary o Margarita Gautier. No en vano, se trata, como en aquellos casos, de un personaje literario, surgido, concretamente, de la imaginación de Guy de Maupassant y que ya fue objeto de una adaptación cinematográfica en 1958, dirigida por Alexandre Astruc.



Un marido infiel, un hijo pródigo, la traición de una amiga... He ahí los sinsabores que irán progresivamente despedazando la inocencia de la protagonista a lo largo de un relato fragmentado en el que se alternan escenas de un presente depresivo, cuasi suicida, con destellos puntuales de una felicidad remota; días plomizos en contraste con un pasado luminoso.

Aun así, no todo es pesadumbre en la existencia de esta mujer, puesto que Rosalie (Nina Meurisse), la misma criada que años atrás se dejó seducir por el señor de la casa, regresará, al cabo de los años, para hacerse cargo de la depauperada hacienda. Especie de ángel de la guarda para la avejentada Jeanne al que se unirá, ya en el desenlace, una última esperanza personificada en forma de recién nacido: el nieto que, acunado en sus brazos, parece justificar con su sonrisa beatífica las contrariedades de toda una vida.


domingo, 14 de febrero de 2016

El placer (1952)




Título original: Le plaisir
Director: Max Ophüls
Francia, 1952, 97 minutos

Le bonheur n'est pas gai...

El placer (1952) de Max Ophüls


Buena parte de lo dicho en la entrada anterior a propósito de Madame de... seguiría siendo válido al referirnos a El placer, la película que Max Ophüls estrenara un año antes a partir de tres relatos de Guy de Maupassant (1850–1893). De nuevo los largos planos secuencia, el gusto por el refinamiento decimonónico y la elegancia de una cuidadosa puesta en escena se hacen evidentes en un filme que fue claramente concebido para ensalzar la estética de un mundo que desaparece.

Siempre con la voz en off del propio Maupassant (el actor Jean Servais), se nos irán presentando los distintos episodios. El primero de ellos (también el más breve) tiene lugar durante un baile de disfraces y gira en torno a la misteriosa personalidad que se oculta tras la máscara de un "galán" que allí acude.

Le masque: ¿eterna juventud?

El segundo de los segmentos es asimismo el más elaborado y extenso. Todo comienza en una casa de tolerancia, aunque no una cualquiera: la madama que la regenta es una mujer con principios, así como distinguida es la mayor parte de la clientela que cada noche se da cita en el lupanar. Pero un cierto caos se va a organizar cuando la casa cierra repentinamente sus puertas. La razón es que una sobrina de la señora Tellier va a recibir la primera comunión y tanto ella como sus pupilas viajarán en tren hasta la pequeña aldea rural para asistir a la ceremonia.

La maison Tellier: Rivet (Jean Gabin) queda prendado de las meretrices

El último capítulo se centra en la relación de amor y odio que se establece entre el pintor Jean (Daniel Gélin) y su bella modelo Joséphine (Simone Simon): mientras son pobres y apenas se alimentan con latas de sardinas todo va bien, pero a la que él comienza a tener éxito como artista...

Le modèle: Jean (Daniel Gélin) y Joséphine (Simone Simon)

El nexo común de las tres historias es el placer, ça va de soi!, pero no en el sentido estricto del término sino más bien en el de la añoranza que se siente cuando se sabe que nunca más se ha de volver a experimentar, al menos con la misma intensidad. En ese sentido, en "La máscara" el tema sería el placer que proporcionaba la juventud; en "La casa Tellier", el placer de la pureza que se perdió por el camino y en "La modelo", el placer que experimentaban Jean y Joséphine antes de que la fama terminase con sus sueños de bohemia. Efectivamente, la lectura que hace Ophüls del placer vuelve a ser pesimista una vez más y de ahí la paradójica afirmación del amigo de Jean al finalizar el relato de los hechos: "la felicidad no es alegre".