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viernes, 29 de septiembre de 2017

The Neon Demon (2016)




Director: Nicolas Winding Refn
EE.UU./Dinamarca/Francia, 2016, 118 minutos

The Neon Demon (2016)


El curioso que se acerque a ver The Neon Demon en cualquier cine donde se proyecte enseguida percibirá a su alrededor detalles significativos incluso ya antes de acceder a la sala: espectadores que lucen camisetas alusivas al filme, comentarios morbosos aquí y allá, una cierta e inusitada expectación... En suma: los ingredientes definitorios de lo que se conoce como película de culto. Lo cual no es, por otra parte, de extrañar, habida cuenta de que su director, el danés (educado en Nueva York) Nicolas Winding Refn se vale en ella de elementos tan sumamente morbosos como la necrofilia o el canibalismo.

Algo que no es exclusivo de The Neon Demon, puesto que en Bone Tomahawk y en la francesa Raw la antropofagia era asimismo tema central (moda, por cierto, que parece tender al alza en los últimos tiempos a juzgar por la cantidad de títulos que se suman a ella), pero que en manos del director de Drive (2011) o Sólo Dios perdona (2013) adquiere visos de fábula apocalíptica.



Visualmente audaz, en su propuesta se dan cita elementos clásicos (la fiesta del inicio podría recordar vagamente al Yoshiwara de Metrópolis) junto con referencias más o menos explícitas al David Lynch de Mulholland Drive (2001) o a la Melancolía (2011) de su compatriota Lars von Trier. En muchos momentos quizá pueda parecer vacía de contenido, tal vez hasta dispersa. Pero poco importa todo ello, porque The Neon Demon aspira a formar parte de la nómina de películas en las que lo primordial  no es tanto contar una historia más o menos anclada en la realidad, sino crear un estado mental.

En ese aspecto, la elección como trasfondo del competitivo mundo que rodea a las top models y de sus encarnizadas rivalidades, convirtiendo a la candorosa Jesse (Elle Fanning) en la víctima propiciatoria de la enésima versión del tópico "the new kid in town", no es más que una excusa. El pretexto ideal para recrearse en la belleza por la belleza. O en la provocación por la provocación. Algo que se ve a las claras una vez finalizada la proyección: "Me ha parecido muy rebuscada", dice alguien a nuestra derecha, "con muchos cabos sueltos, como el leopardo en la habitación del motel"; "¡ Qué pasada de película!", comenta, en cambio, un entusiasta a nuestra izquierda. División, pues, de opiniones, aunque, seguramente, lo relevante del caso es que The Neon Demon no puede dejar a nadie indiferente.


miércoles, 2 de agosto de 2017

Animales nocturnos (2016)




Título original: Nocturnal Animals
Director: Tom Ford
EE.UU., 2016, 116 minutos

Animales nocturnos (2016) de Tom Ford


Tengo la sensación de ya haber escrito esto antes, quizás porque, llevado de mi deformación profesional, cuando en la trama de una película interviene algún elemento mínimamente literario, hay tendencia a generarse unas expectativas muy altas. Me pasó con Night Train to Lisbon (2013) de Bille August, luego con la francesa Un homme idéal (2015) de Yann Gozlan y ahora con estos Animales nocturnos que ha dirigido el diseñador americano Tom Ford.

Que a una galerista le llegue un misterioso paquete con el original de una novela escrita por su exmarido es un punto de partida más que prometedor, máxime cuando los títulos de crédito han arrancado con la sugerente danza de unas rollizas animadoras. Pero ahí queda todo: por más que la acción vaya saltando, sucesivamente, de la ficción a la realidad; por más que Susan (Amy Adams) se quede enganchada a la lectura de un libro repleto de coincidencias con su propio pasado, a Nocturnal Animals le falta ese no sé qué definitivo que la convierta en un thriller deslumbrante.



Cierto que Michael Shannon está más o menos bien en su papel de enfermizo y un tanto amargado detective Andes o Aaron Taylor-Johnson como el matón Ray Marcus; o que Jake Gyllenhaal se desdobla en dos personajes (uno en la novela, el otro en el recuerdo) atormentados por su propio sentimiento de debilidad, pero la cosa no acaba de funcionar del todo. ¡Qué le vamos a hacer!

Y, para colmo, sólo faltaba que, en determinados momentos, la banda sonora plagie descaradamente el estilo inconfundible de Philip Glass: ¿a santo de qué? Desde luego, películas como ésta demuestran que en el cine hacen falta algo más que arranques prometedores o finales abiertos a gusto del consumidor para saber llevar una historia a buen puerto.

El sentimiento de culpa se irá apoderando de Susan (Amy Adams)