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viernes, 23 de febrero de 2018

Pont de Varsòvia (1989)




Título en español: Puente de Varsovia
Director: Pere Portabella
España, 1989, 85 minutos

Pont de Varsòvia (1989) de Pere Portabella


Intentar traducir en palabras las películas de Pere Portabella puede ser tan sencillo o tan complejo (como todas las cosas, esto es según se mire) como definir qué es la lluvia o el mar o la brisa agitando las ramas de los árboles. Porque el cineasta catalán filma como quien respira, con una naturalidad sólo al alcance de los más grandes.

La Barcelona que aquí vemos es la ciudad inmediatamente anterior a los Juegos Olímpicos del 92, es decir, la impulsada por el alcalde Maragall y su campaña Posa't guapa ('Ponte guapa'). Un espacio urbano presidido por la elegancia del Pabellón Mies van der Rohe y en cuya majestuosa magnificencia se recrea la cámara de Portabella con el mismo detenimiento que dedica a la fachada de edificios quizá no tan emblemáticos, pero no menos interesantes (caso de la actual sede de la Fundación Tàpies).



Comentaba el director en la presentación previa de esta tarde en la Filmoteca que su cine no obedece a un planteamiento aristotélico de causa y efecto (en realidad, no es la primera vez que le oímos decir esto). De hecho, Pont de Varsòvia carece de un argumento definido y, aunque en esta ocasión se sirvió de actores profesionales (algo no muy frecuente en su filmografía), las escenas inconexas que la forman son apenas una parodia de situaciones que van desde la concesión de un premio literario a un novelista de éxito (Jordi Dauder) hasta la noticia de un submarinista que fue absorbido por un hidroavión y posteriormente arrojado sobre un bosque en llamas. También hay lugar para la música de su habitual colaborador Carles Santos, al que vemos dirigiendo una composición propia encaramado en un andamio frente al escaparate de la chocolatería Fargas en el carrer del Pi.

Amante de las imágenes insólitas, Portabella no duda en mostrar el interior de la lonja de pescado al son de las notas del Tristán e Isolda wagneriano. O a La Fura dels Baus destrozando un vagón del metro de Berlín. Se atreve, incluso, con un cuadro viviente al estilo de la puesta en escena que Godard llevara a cabo en Passion (1982): concretamente, se trata del célebre Baño turco de Ingres. Todo suma, en definitiva, en un proyecto cuya subvención pública superó, según confesión del propio cineasta, el presupuesto inicialmente previsto, si bien la carrera comercial del filme gozó de una cierta repercusión internacional, llegando a ser presentado en el MoMA con el beneplácito de Scorsese.


jueves, 7 de septiembre de 2017

Calidoscopio (1970)




Título original: Calidoscopi
Directores: Jaume Xifra, Benet Rossell y Carles Santos
España, 1970, 11 minutos



Conforme iban accediendo a la Sala Laya, los usuarios de la Filmoteca de Catalunya que esta tarde han asistido a la sesión triple presentada por el cineasta Francesc Betriu se daban de bruces con la proyección en bucle de este cortometraje de elocuente título. Un repetitivo galimatías compuesto por Carles Santos a partir de la palabra calidoscopi acompaña al dibujo, gradualmente más complejo, que Benet Rossell creó a través de un mecanismo diseñado por Jaume Xifra.

Betriu ha relatado cómo, en su tempestuoso estreno en el Cine Palace de Madrid, dos señoras acudieron a la dirección del local para protestar, una de ellas muy alterada. La más tranquila comentó al propietario: "Antes de que se proyectase el corto mi amiga era normal..." Sin embargo, entre los asistentes se hallaba Elías Querejeta, quien (divertido ante los abucheos airados de la concurrencia) se puso enseguida en contacto con los integrantes de la productora In-Scram de cara a futuras colaboraciones.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

No contéis con los dedos (1967)











Director: Pere Portabella
España, 1967, 26 minutos

Comenzaba la presentación que de su sesión triple ha llevado a cabo esta tarde Pere Portabella en la Filmoteca de Catalunya, enmarcada en el ciclo Arrels i ressonàncies, dejando claro que su filmografía como director no se ha regido nunca por esquemas de causa-efecto. Lo verdaderamente importante para él es el proceso creativo que le lleva a idear un lenguaje propio; lo cual es algo basado en la intuición y que, por consiguiente, no se aprende en ninguna escuela de cine.

En opinión de Portabella, la mejor manera de trabajar es buscar un interlocutor que pertenezca a otro ámbito artístico (el poeta Joan Brossa o el compositor Carles Santos, por ejemplo). Eso es lo que hizo en el cortometraje No contéis con los dedos (1967), basado en imágenes aparentemente inconexas (algunas en blanco y negro y otras en color) y que se suceden mediante cortinillas similares a las utilizadas en los anuncios publicitarios televisivos.