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lunes, 22 de julio de 2019

Al agua gambas (2019)



















Título original: Les crevettes pailletées
Directores: Maxime Govare y Cédric Le Gallo
Francia, 2019, 100 minutos

Al agua gambas (2019) de Govare y Le Gallo

A quien haya ido siguiendo las últimas comedias francesas que se han estrenado recientemente en las salas comerciales de nuestro país, Les crevettes pailletées le producirá, por fuerza, una enorme sensación de déjà vu. Porque después de Chacun pour tous (2018) y, sobre todo, Le grand bain (2018), la historia de un equipo amateur de waterpolo que, tras un arduo entrenamiento a las órdenes de un antiguo campeón de natación, logra clasificarse para los Gay Games está ya más que vista.

Tiene, eso sí, el aliciente de reivindicar el derecho a la visibilidad del colectivo LGBT en el mundo del deporte, aunque incurriendo en todos los tópicos habidos y por haber. Pero, claro: ya se sabe lo que ocurre con este tipo de películas, en las que, por encima de cualquier otra consideración, lo primordial es invitar al espectador a que se tome las cosas con sentido del humor.



No obstante, entre broma y broma también hay lugar para la crítica (a veces, autocrítica), como, por ejemplo, cuando Joël (Roland Menou), el jugador más veterano del equipo, se despacha a gusto insultando a las integrantes de Las Camioneras, el combinado rival, por su condición de lesbianas. Y es que, en ocasiones, y pese a que el susodicho Joël es un consumado activista en favor de los homosexuales, la intolerancia puede partir de sus propias filas.

Nada que objetar, sin embargo: Maxime Govare, quien hace un par de años nos sorprendía con Daddy Cool (2017), una comedia "familiar" bastante sui géneris, vuelve a la carga, esta vez en compañía de Cédric Le Gallo, para recordarnos, con su habitual estilo gamberro, que en el deporte, como en la vida, el respeto es la base para la convivencia.


miércoles, 15 de mayo de 2019

La intervención (2019)




Título original: L'intervention
Director: Fred Grivois
Francia/Bélgica, 2019, 98 minutos

La intervención (2019) de Fred Grivois


La estructura de L'intervention, tensa y contrarreloj, invita a pensar en filmes clásicos como La patrulla perdida (1934) de John Ford o Grupo salvaje (1969) de Sam Peckinpah. Es decir: modelos americanos más que franceses. Quizá porque su director, el francocanadiense Fred Grivois, estudió en la Universidad de Nueva York. Aun así, otro realizador galo llamado Fred, en este caso Cavayé, ensayó una fórmula similar en Cuenta atrás (À bout portant, 2010), cinta igualmente trepidante en la que la vida de una rehén inocente y vulnerable (la española Elena Anaya) dependía de la pericia del protagonista (Gilles Lellouche).

La intervención, en cambio, obedece más a la receta "basado en hechos reales", por lo que sus productores se han visto en la necesidad de recrear en Marruecos un espacio que pueda parecerse al Djibouti del 76: última colonia francesa y región en la que tuvieron lugar los acontecimientos en los que la película se ha inspirado libremente.



Un autobús escolar, repleto de criaturas, secuestrado por terroristas en la frontera con Somalia; un cuerpo de élite alrededor del vehículo apuntando a través de sus miras telescópicas: ni que decir tiene que el clímax se hará esperar hasta el momento en el que los aguerridos miembros de la futura GIGN (Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional) actúen al unísono en un ataque milimétricamente calculado. Pese a que los daños colaterales, en situaciones de este tipo, sean prácticamente inevitables...

La ucraniana Olga Kurylenko, aparte de demostrar una vez más sus dotes políglotas, se mete en la piel de una inverosímil maestra casi tan ducha en el manejo del revólver como en el de la tiza sobre el encerado. Sus raptores —tontos, feos y malos, como mandan los cánones— pondrán en jaque a las autoridades locales, encabezadas por el general Favrart (Vincent Pérez) y condicionadas por las severas órdenes que Michèle Sampieri (Josiane Balasko) envía desde París con tal de mantener a raya el afán de entrar en acción de los militares. En fin: muchos tiros y poco cine.


viernes, 25 de mayo de 2018

La mujer que sabía leer (2017)




Título original: Le semeur
Directora: Marine Francen
Francia/Bélgica, 2017, 98 minutos

La mujer que sabía leer (2017) de Marine Francen


He aquí una película que comienza como si de una tragedia griega se tratase (lo que vendría a ser la versión decimonónica de Las troyanas, pongamos por caso) para, acto seguido, continuar al estilo de aquellos viejos mitos de la antigüedad clásica en los que solía intervenir un forastero cuya llegada anunciaba algún hecho portentoso.

Estamos, por tanto, ante un filme de planteamiento profundamente literario, la protagonista del cual confiesa haber leído a Racine, Lamartine y Victor Hugo. Algo insólito en el contexto de la Francia rural en tiempos de Napoleón III, pero no menos inverosímil, si nos paramos a pensar, que aquellos pastores de las églogas de Garcilaso y demás textos de ambientación bucólica del Renacimiento que, por lo educado de su comportamiento y refinadas maneras, más parecían nobles disfrazados que no auténticos cabreros.



Le semeur, primer largometraje de la realizadora francesa Marine Francen, plantea una situación tan atractiva como improbable: un pueblo habitado únicamente por mujeres en el que, de repente, irrumpe un atractivo joven que enseguida será codiciado por todas ellas. Ambiente profundamente femenino al que, por cierto, la cinematografía gala recurre con cierta asiduidad. Conviene recordar, al respecto, títulos como Brodeuses (2004) de Éléonore Faucher o el drama coral La source des femmes (2011) de Radu Mihaileanu, por citar tan sólo un par de ejemplos significativos.

Para la puesta en escena, Francen ha recurrido a la pintura realista del mismo periodo en el que transcurren los hechos, básicamente óleos como Las espigadoras de Millet y demás variaciones sobre el tema. Aunque, volviendo a la credibilidad de la que hablábamos más arriba, sorprende el hecho de que los trajes de estas campesinas estén tan impolutos, lejos del sudoroso naturalismo de los labriegos auténticos de los que antaño se servía el cine italiano de los Pasolini, Rossellini y demás genios del neorrealismo. En ese aspecto, Le semeur, un poco como sucedía en The Beguiled (1971) de Don Siegel (y su reciente remake a cargo de Sofia Coppola), no pretende tanto recrear con precisión milimétrica un entorno campestre, sino que más bien estaríamos ante la ensoñación romántica de una urbanita con tendencia a idealizar los paisajes que filma.