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lunes, 30 de marzo de 2020

Los crímenes del museo (1933)




Título original: Mystery of the Wax Museum
Director: Michael Curtiz
EE.UU., 1933, 77 minutos

Los crímenes del museo (1933) de Michael Curtiz

Pues sí: el célebre filme en 3D que protagonizara Vincent Price no era sino un remake de una película que los mismos estudios Warner habían producido justo veinte años antes. Y que, cosa curiosa, también había sido dirigida por otro húngaro afincado en Hollywood (en este caso, el maestro Michael Curtiz).

Tratándose de un título anterior al Código Hays, Mystery of the Wax Museum contiene alusiones que en la versión del 53 habrían sido del todo impensables, como la condición de heroinómano de uno de los antagonistas o las continuas réplicas, a cual más picante, de la intrépida reportera Florence (Glenda Farrell). Este personaje, de hecho (junto con la trama de investigación periodística que implica) desapareció por completo en la ya mencionada revisita a cargo de André De Toth.



De la misma forma que la secuela se valdría de las tres dimensiones como reclamo para captar espectadores, en Los crímenes del museo (1933) ejerció las funciones de anzuelo un primitivo tecnicolor que hoy se nos antoja tan desvaído como el traje del payaso que no usaba Micolor, pero que a principios de la década de los treinta debió de suponer, por fuerza, toda una novedad.

Con el rostro desfigurado por el terrible incendio que destruyó su magnífica sala londinense, Ivan Igor (Lionel Atwill) posee algo de fantasma de la ópera, pero también de aquel científico loco de Metrópolis (1927) que quería que su robot tuviese el rostro de María. De ahí que robe cadáveres o incluso cometa los crímenes más atroces con tal de que sus criaturas sean el vivo retrato de Juana de Arco, Voltaire o María Antonieta.


jueves, 4 de julio de 2019

Desfile de candilejas (1933)




Título original: Footlight Parade
Director: Lloyd Bacon
EE.UU., 1933, 104 minutos

Desfile de candilejas (1933) de Lloyd Bacon


Con el telón de fondo de la llegada del cine sonoro y ese ritmo endiabladamente vertiginoso de las películas hollywoodenses de los años treinta —y que, en apenas una década, a fuerza de códigos de moral y demás mandangas, habría pasado a mejor vida—, Footlight Parade se adentra en los interminables quebraderos de cabeza que deberá afrontar un escenógrafo al que apremian para que tenga lista una comedia musical en sólo tres días.

Como se comprenderá, semejante contrarreloj no es más que un pretexto para dar rienda suelta a la creatividad sin límites de aquel genio de la coreografía que fue Busby Berkeley. Merece, desde luego, la pena aguantar buena parte del metraje hasta llegar a la traca final: el número "By a Waterfall", cuyas gráciles sirenas preludian las que, poco tiempo después, pondría de moda la no menos espléndida Esther Williams.



Un derroche de imaginación, captado mediante los característicos ángulos cenitales de Berkeley, que se suma al de otras escenas igualmente encomiables, como, por ejemplo, "Honeymoon Hotel", en la que, adelantándose en muchos años a las historietas de 13, Rue del Percebe, se muestra, más allá de la fachada, el interior de las habitaciones donde se hospedan los recién casados.

James Cagney, el mismo que terminaría recibiendo un Óscar por su papel en Yankee Doodle Dandy (1942), ya mostraba aquí sus habilidades como bailarín de claqué pese a esa cara de gánster que Dios (y el cine) le dieron. Completan el reparto Dick Powell (Scotty), Joan Blondell (Nan) y Ruby Keeler (Bea).