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lunes, 6 de agosto de 2018

Dos mujeres (2017)




Título original: Sage femme
Director: Martin Provost
Francia/Bélgica, 2017, 117 minutos

Dos mujeres (2017) de Martin Provost


Los créditos iniciales de Dos mujeres (que en Hispanoamérica se ha estrenado como El reencuentro) juegan con el doble sentido del título original haciendo aparecer y desaparecer un simple guion: Sage-femme ('Comadrona') versus Sage femme ('Mujer sabia'). De acuerdo con ese detalle el mismo calificativo serviría para designar a ambas protagonistas: Claire (Catherine Frot) porque ése es su oficio; Béatrice (Catherine Deneuve) porque su filosofía de vida, aparentemente caótica y nada convencional, demuestra, sin embargo, una profunda sabiduría.

Son, en realidad, personas antagónicas a las que el destino se ha empeñado en dar una última oportunidad para complementarse, comprenderse, perdonarse o como se le quiera llamar. Y, pese a lo mucho que las separa, ambas comparten un hecho capital que es que las dos se encuentran, por diferentes motivos, en un momento crucial de sus respectivas existencias: a Béatrice le acaban de diagnosticar un tumor cerebral; Claire, en cambio, recibe la noticia de que va a ser abuela al mismo tiempo que inicia una relación con un vecino (Olivier Gourmet) y se confirma el cierre de la maternidad en la que trabaja.



Hay, por otra parte, una historia en común: Béatrice fue la amante del padre de Claire, aunque un buen día desapareció del mapa sin dejar rastro, cosa que la partera no parece haber olvidado. Y es que Claire ni tiene amigos ni se relaciona con su propia madre, de la que apenas sabemos nada ni llega a aparecer en toda la película, lo cual subraya la misantropía en la que vive instalada casi tanto como esa horrible gabardina de la que nunca se desprende y que Béatrice no soporta.

Una, extremadamente sincera y sobria, ha traído al mundo a muchas criaturas; la otra, capaz de construirse un personaje a medida (el de supuesta princesa húngara) que le ha permitido vivir holgadamente del cuento, se apresta a una muerte tal vez inmediata. En definitiva, cara y cruz de una misma moneda, como se confirma en la secuencia en la que Simon (Quentin Dolmaire), que es el vivo retrato de su abuelo (campeón olímpico de natación), irrumpe en el cuarto en el que Béatrice está mirando viejas diapositivas junto a Claire: en un instante, casi mágico, quedan superpuestas las imágenes de ambos sobre la pared y Béatrice tiene la sensación de viajar en el tiempo, sobre todo cuando el muchacho la besa.


lunes, 4 de junio de 2018

El doctor de la felicidad (2017)
















Título original: Knock
Directora: Lorraine Lévy
Francia/Bélgica, 2017, 113 minutos

El doctor de la felicidad (2017)

Desde que Omar Sy arrasara con Intocable (2011) el actor francés se ha convertido en garantía de éxito para cualquier película que cuente con su participación: Samba (2014), Monsieur Chocolat (2016), Mañana empieza todo (2016) y, ahora, El doctor de la felicidad, libremente inspirada en una pieza teatral de Jules Romains estrenada en 1923 y que ya fuera objeto de diferentes adaptaciones cinematográficas y televisivas, como la dirigida en 1951 por Guy Lefranc.

En ese sentido, la versión que ahora nos llega de la mano de la realizadora Lorraine Lévy (hermana del célebre novelista Marc Lévy) sitúa la acción en los años cincuenta para liberarla de la fuerte carga ideológica que poseía el texto original, escrito en los años previos al acenso del nazismo. Así pues, el doctor Knock, concebido por Romains como un charlatán despiadado y sin escrúpulos, pasa a ser, bajo la mirada benévola de la directora, ese tipo de personaje simpático y hecho a sí mismo que, huyendo de la miseria, logra forjarse una exitosa carrera profesional a base de astucia.



Aun así, y pese a haber convertido la historia de un arribista en una comedia sobre cómo hacer felices a los demás, el resultado es un filme más bien insulso y carente del ritmo necesario: tal vez porque tergiversa el sentido primitivo de una sátira que pretendía denunciar el ejercicio de la medicina como negocio lucrativo, queda en tierra de nadie y no es ni una cosa ni la otra: ni alegato contra la intolerancia de las fuerzas vivas de una pequeña localidad de provincias (Saint-Maurice) ni crítica contra el antiguo estafador que logra abrirse camino a base de engañar a las clases pudientes.

Poco importa, puesto que, a fin de cuentas, Knock va dirigida a un perfil de espectador que obvia dichos aspectos. En ese orden de cosas, la película se centra exclusivamente en la cara amable del personaje: un apuesto individuo que, a pesar de la envidia del párroco local, logrará sacar lo mejor de sus vecinos, desde el cartero hasta el alcalde, al tiempo que entabla una bonita historia de amor con la delicada Adéle (Ana Girardot).