Mostrando entradas con la etiqueta George Tobias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta George Tobias. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de agosto de 2025

Samantha (1963)




Título original: A New Kind of Love
Director: Melville Shavelson
EE.UU., 1963, 110 minutos

Samantha (1963) de Melville Shavelson


Todo lo que tiene de aparente elegancia y sofisticación lo tiene, a su vez, de superficial y tontorrón. Así es: A New Kind of Love (1963) no pasará a la historia precisamente por ser la mejor película protagonizada por el matrimonio Newman-Woodward. Muy al contrario, esta anodina comedia romántica, escrita y dirigida por el hoy olvidado Melville Shavelson, tira del recurso fácil de la batalla de sexos y de los típicos roles asociados a hombres y mujeres para explotar el gancho de la pareja de estrellas que encabeza su reparto.

Ella es una excéntrica diseñadora, nada femenina en su atuendo y modales, que se gana la vida plagiando los modelos expuestos en los escaparates más selectos de Nueva York para luego venderles la versión barata a las clases menesterosas. Él, en cambio, es un periodista deportivo que responde al perfil de mujeriego incorregible. Siendo tan opuestos, nada haría suponer que pudiesen acabar juntos...



Por exigencias del guion, la acción transcurre en ese París idílico, ciudad del amor, que el Hollywood clásico tanto ha frecuentado hasta mitificarlo. Equívocos, enredos y todos los clichés imaginables se encargarán del resto. Y aún así, pese a la sarta de situaciones inverosímiles de sus casi dos horas de duración, la película no está exenta de un cierto encanto iconoclasta.

En primer lugar, se salva la chispa de algunas réplicas, generalmente en boca de Thelma Ritter, cuyo personaje, la fiel ayudante enamorada del jefe (George Tobias) y que sufre en silencio la indiferencia que éste le dispensa, destila cinismo a raudales. Pero, al mismo tiempo, la idea de fondo que flota en todo momento consiste en parodiar los estereotipos del amor romántico, coqueteando incluso con la prostitución de lujo, para, por último, acabar estableciendo un inusual símil deportivo en el que los enamorados lo mismo aparecen ataviados como ciclistas, futbolistas o jugadores de rugby.



martes, 23 de junio de 2020

Música y lágrimas (1954)




Título original: The Glenn Miller Story
Director: Anthony Mann
EE.UU., 1954, 115 minutos

Música y lágrimas (1954) de Anthony Mann

Además de wésterns, Anthony Mann dirigió también este biopic a propósito de Glenn Miller (1904–1944): retrato sumamente almibarado del famoso músico y compositor de jazz, en el que el papel protagonista recayó, como no podía ser de otra manera, sobre un James Stewart en un registro muy cercano al que hiciera célebre en ¡Qué bello es vivir! (It's a Wonderful Life, 1946) de Capra.

Desde una modesta tienda de empeños de Los Ángeles, en la que el futuro director de orquesta se verá obligado a pignorar una y otra vez su trombón, hasta el fatídico vuelo que se pierde, con Miller en su interior, en la niebla del canal de la Mancha, el filme revisa la trayectoria del autor de clásicos como "Moonlight Serenade" mediante un guion en el que el paso del tiempo se va marcando con suma habilidad. Así, por ejemplo, cuando los recién casados acuden al club de jazz en el que, entre otros, están actuando Louis Armstrong y el batería Gene Krupa, el hecho de que los camareros sirvan ginebra en tazas de café es una forma sutil de indicar que la acción se sitúa en tiempos de la Ley Seca (1920-1933).



Aunque la esencia de la trama radica en la tenacidad mostrada por Miller hasta dar con el sonido inconfundible que distinga a su conjunto de los demás: lucha no exenta de cuantiosos tropiezos en el camino, pero para la que contará en todo momento con la complicidad de su esposa Helen (June Allyson). A este respecto, resulta enormemente sintomática esa leve punzada que ella siente en el cogote cada vez que una melodía le parece especialmente buena.

Iniciada la Segunda Guerra Mundial, la nota patriótica la aporta la incorporación a filas del músico, con el grado de capitán, dispuesto a introducir cambios en la férrea disciplina de las bandas militares. Empresa que logrará sacar adelante con el beneplácito del general Arnold (Barton MacLane) y que explica que Miller sea destinado a Europa para, con la ayuda de su orquesta, mantener alta la moral de las tropas americanas.


martes, 2 de julio de 2019

Yanqui Dandy (1942)




Título original: Yankee Doodle Dandy
Director: Michael Curtiz
EE.UU., 1942, 126 minutos

Yanqui Dandy (1942) de Michael Curtiz


Hemos visto tantas veces a James Cagney haciendo de gánster que no deja de ser sorprendente el hecho de que recibiese su único Óscar por una comedia musical, en concreto el biopic dedicado a ensalzar la figura de George M. Cohan (1878–1942), quien pasa por ser el padre de dicho género en Estados Unidos. Pero así son las cosas y, al margen de que el actor padeciese un encasillamiento que lo acompañaría de por vida, lo cierto es que las habilidades de Cagney como bailarín fueron notabilísimas.

No en vano, el intérprete había comenzado su carrera como artista de vodevil, por lo que un papel de tales características, en el que tenía que cantar y bailar, le venía como anillo al dedo. De hecho, era el mismísimo Fred Astaire quien, en un principio, tenía que haber protagonizado este retrato un tanto edulcorado del compositor y hombre de teatro que contribuyó con sus canciones a exaltar el fervor patriótico en tiempos de guerra.



Porque hay que tener en cuenta que, independientemente de los diálogos trepidantes y los números de claqué de la familia Cohan, Yankee Doodle Dandy fue, por encima de todo, un filme de propaganda bélica. Rodada justo antes de Casablanca, el director Michael Curtiz ofrecía con esta película un firme alegato en pro de los valores americanos mostrando la vida de un hombre hecho a sí mismo, merecedor de la Medalla de Oro del Congreso y que detalla los pormenores de su trayectoria en un largo flashback que tiene lugar en el Despacho Oval de la Casa Blanca, adonde es recibido por el Presidente.

Claro que lo cortés no quita lo valiente y no son pocos los momentos en los que el rigor histórico se sacrifica en aras de la intensidad dramática. De la interminable lista de inexactitudes consignadas en IMDb, baste citar una a modo de ejemplo: la escena en la que Cohan, sobreponiéndose al fracaso estrepitoso de público y crítica cosechado por su obra teatral Popularity, se entera a través de la prensa (y de la inquietud imperante en las calles), del hundimiento del Lusitania y de que el país ha entrado en guerra. En realidad, la cronología de los hechos (1906, 1915 y 1917, respectivamente) desmiente que tales acontecimientos se sucedieran con semejante premura. Pero ya se sabe lo que ocurre: "That's Entertainment!" y la lógica de la pantalla, obligada a entretener, no tiene la culpa de que en la vida real las cosas sucedan a otro ritmo.