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miércoles, 25 de diciembre de 2024

Obsesión (1943)




Título original: Ossessione
Director: Luchino Visconti
Italia, 1943, 134 minutos

Obsesión (1943) de Luchino Visconti


Debut en la dirección de uno de los grandes, la intensidad de Ossessione (1943), ya desde su propio título, pone de manifiesto cuáles van a ser las coordenadas por las que discurrirá la posterior filmografía del italiano Luchino Visconti (1906-1976). Adaptación indisimulada de El cartero siempre llama dos veces, aunque los créditos no mencionan en ningún momento la novela de James M. Cain, aquí la tragedia se cuece a fuego lento mediante un juego de miradas y silencios en el que Gino (Massimo Girotti) y Giovanna (Clara Calamai) dan rienda suelta a su pasión pese a los muchos impedimentos morales y religiosos que pudieran oponerse a ello.

A este respecto, la censura fascista masacró una película que sólo la pericia del cineasta lograría salvar de su práctica desaparición gracias a la copia que pudo esconder durante los convulsos días que atravesaba el país. Lo cual no deja de ser una excelente noticia en términos cinéfilos, considerando que la mirada de Visconti, a medio camino entre el neorrealismo descarnado y el cine negro, supera en audacia a las posteriores versiones hollywoodenses de Tay Garnett (1946) y Bob Rafelson (1981).



No obstante, y volviendo al fatídico triángulo amoroso que constituye el centro de la trama, no está de más recordar que fue un actor español, el orondo Juan de Landa (1894-1968), quien interpretó al ingenuo Giuseppe, esposo de la susodicha Giovanna y obstáculo para que ella y su ardoroso amante puedan gozar libremente de una relación adúltera y, por ende, incompatible con las férreas convenciones sociales de la época. Como ambigua y hasta cierto punto tensa es la relación entre aquél y El Español (Elio Marcuzzo), individuo errante y misterioso por el que Gino siente una atracción en la que algunos han creído ver algún tipo de homosexualidad latente.

En definitiva, la angustia de unos personajes abocados a la desgracia se palpa en el ambiente mísero en el que transcurren los hechos, desde la modesta fonda de carretera donde arranca la historia hasta la no menos sórdida casa de citas en Ferrara a la que acude Gino en busca de la angelical Anita (Dhia Cristiani). El caso es que unos y otros, acuciados por las circunstancias, se dejan arrastrar por una imprevisible vorágine pasional cuyo desenlace, en cierta manera, podría considerarse el castigo a tantísimo desenfreno.



viernes, 22 de julio de 2016

El cartero siempre llama dos veces (1946)




Título original: The Postman Always Rings Twice
Director: Tay Garnett
EE.UU., 1946, 113 minutos

El cartero siempre llama dos veces (1946) de Tay Garnett


A eso del mediodía me arrojaron del camión de heno. Me había subido a él la noche anterior, en la frontera, y apenas me tendí bajo la lona quedé profundamente dormido. Estaba muy necesitado de ese sueño, después de las tres semanas que acababa de pasar en Tijuana, y dormía aún cuando el camión se detuvo a un costado del camino para que se enfriase el motor. Entonces vieron un pie que sobresalía de debajo de la lona y me arrojaron al camino. Intenté decir alguna broma, pero el resultado fue un fracaso y comprendí que era inútil esperar algo. Me dieron un cigarrillo, sin embargo, y eché a andar en busca de algo que comer.
Fue entonces cuando llegué a la fonda Los Robles Gemelos...

James M. Cain
El cartero siempre llama dos veces
Traducción de Federico López Cruz

No suele ocurrir muy a menudo, pero a veces pasa: el remake supera en fama al original... Hoy quizá muchos no lo sepan, pero The Postman Always Rings Twice no es únicamente la película de Bob Rafelson que protagonizaron en 1981 Jessica Lange y Jack Nicholson. No: hubo otras versiones anteriores de la novela de James M. Cain. De hecho, la del 81 fue... ¡la cuarta!

La primera se llevó a cabo en Francia con el título de Le dernier tournant (Pierre Chenal, 1939). La segunda se rodó en Italia y la dirigió Visconti: Ossessione (1943). Así que correspondería a Tay Garnett el honor de dirigir la primera versión en inglés, en la que John Garfield y Lana Turner fueron la pareja explosiva.

De izquierda a derecha: Garnett, Turner y Garfield


A pesar de ir vestida casi siempre de blanco, la Cora que compuso esta última es una de las femmes fatales más negras que haya dado la historia del cine. Rubia platino de una belleza dolorosa, Cora representa para Frank Chambers (Garfield) lo mismo que la tentación en el destino de tantos hombres desde la manzana de Adán y Eva. Ya desde su electrizante presentación (un pintalabios rueda por el suelo y la cámara, en un fugaz travelín, nos conduce hasta ella), esta imponente mujer va a conseguir cambiar el rumbo del destino de quienes se crucen en su senda.

Cualquiera se resiste...


Luego vendrán las complejidades judiciales, urdidas por el fiscal Sackett (Leon Ames) y el abogado Keats (Hume Cronyn), en las que la pareja de enamorados se enredará fatal e irremediablemente. Todo con la intención de, merced al discurso final de Frank (de los que marcan época), acabar haciendo apología de la pena de muerte.

Nick (Cecil Kellaway) no sabe la que se avecina