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jueves, 8 de octubre de 2015

El tercer hombre (1949)




Título original: The Third Man
Director: Carol Reed
Gran Bretaña/EE.UU., 1949, 104 minutos

El tercer hombre (1949) de Orson Welles


Don't be so gloomy. After all it's not that awful. Like the fella says, in Italy for 30 years under the Borgias they had warfare, terror, murder, and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci, and the Renaissance. In Switzerland they had brotherly love - they had 500 years of democracy and peace, and what did that produce? The cuckoo clock. So long, Holly.

Harry Lime a Holly Martins, al despedirse de él en la noria del Prater de Viena
El tercer hombre

Sin lugar a dudas, una de las grandes películas de la historia del cine. Todo en El tercer hombre remite, por uno u otro motivo, a momentos estelares del séptimo arte: el reparto, encabezado por dos estrellas de Hollywood (Joseph Cotten y Orson Welles), sus productores (los míticos David O. Selznick y Alexander Korda), la inolvidable banda sonora de Anton Karas, el guion del novelista Graham Greene, el momento histórico en el que se rodó, la noria del Prater, la trepidante persecución por las alcantarillas de Viena y unos diálogos que contienen brillantes razonamientos, como el improvisado por Welles refiriéndose a lo acaecido en la Italia de los Borgia o en la apacible Suiza y que precede estas líneas.

Y, sin embargo, el nombre de su director se obvia demasiado a menudo. El británico Carol Reed (1906-1976) va inevitablemente asociado al título de esta película, teniendo en cuenta que a duras penas sí lograría igualar una similar repercusión con otros títulos de su filmografía hasta que, casi veinte años después, en 1968, ganase el Óscar por el musical Oliver!

Algo similar ocurre con Anton Karas, responsable de la banda sonora del filme, ya que gracias a El tercer hombre un simple músico callejero como él se haría célebre en el  mundo entero. Carol Reed lo había descubierto en una modesta heurige o taberna tradicional vienesa en la que Karas actuaba y la música de su cítara se convierte en un personaje más de la película. De hecho, el cómico tema central contribuye a subrayar el carácter irónico y desengañado de la historia.

Créditos de inicio con la cítara de Anton Karas al fondo


Orson Welles, en cambio, apenas aparece en pantalla unos minutos tras más de una hora de metraje y, sin embargo, su nombre también es indisociable de una película que contribuyó a consolidar (todavía más, si cabe) su leyenda como actor. El próximo sábado 10 de octubre se cumplirán treinta años del fallecimiento de Welles y su interpretación del cínico Harry Lime aún sigue siendo insuperable.

Holly (Joseph Cotten) y Harry (Orson Welles) en el interior de la noria


La italiana Allida Valli, por último, con el carácter independiente que transmite a su personaje (Anna Schmidt, la eterna enamorada de Harry), supone el toque exótico de una película cuyas escenas interiores se rodaron en los estudios Shepperton de Surrey, Inglaterra.

Sin palabras: Anna Schmidt (Allida Valli) pasando 
de largo ante Holly Martins (Joseph Cotten)


En definitiva, tal vez el tema central de esta historia no sea otro sino la amistad traicionada. Aunque sin rencores, tal y como se desprende de las palabras de reproche que Anna le dirige a Martins:

-Por amor de Dios -dijo ella enojándose-, deje de fabricar la gente a imagen suya. Harry era un ser real. No era simplemente su héroe y mi amante. Era un traficante. Ha hecho cosas feas. ¿Y qué hay con eso? Era el hombre que conocíamos.

Graham Greene
El tercer hombre
Capítulo XI
Traducción de Silvina Bullrich

Organigrama de personajes
Holly "mezclando" bebidas con el Mayor Calloway (Trevor Howard)
U descanso durante el rodaje
Viena derruida: otro de los personajes del filme

martes, 19 de mayo de 2015

Las sombras de El tercer hombre (2004)




Título original: Shadowing the Third Man
Director: Frederick Baker
Reino Unido/Austria/Francia/Japón/EE.UU., 2004, 90 minutos

Las sombras de El tercer hombre (2004)


Interesante documental que se adentra en el proceso de rodaje de El tercer hombre (1949), la película de Carol Reed en la que Orson Welles interpretaba al cínico Harry Lime. De la misma manera que el personaje se hacía esperar hasta su irrupción en escena, parece ser que el actor también se hizo de rogar hasta que finalmente aceptó el papel: fue necesario que lo fueran a buscar a París, luego a Roma y finalmente de nuevo a París hasta que lograron contactar con él. Tampoco se avino fácilmente a rodar según qué escenas, como la famosa secuencia en el alcantarillado vienés. Respecto a la tan traída cuestión de si Welles intervino o no en la dirección de la película, es él mismo quien, en una entrevista de archivo, se encarga de desmentirlo. Lo que sí hizo fue improvisar el célebre diálogo junto a Joseph Cotten en la noria, aquel que acaba haciendo referencia a los quinientos años de paz en Suiza y la invención del reloj de cuco.

Narrado por el actor británico John Hurt, Shadowing the Third Man recorre la Viena actual para buscar en ella algunas de las localizaciones originales de la película. También cuenta con el interesante testimonio de los respectivos hijos de los productores: David O. Selznick y Alexander Korda, quienes acabarían peleándose. Al parecer, Selznick no tenía nada claro que nadie pudiera estar interesado en ir a ver una película titulada El tercer hombre y, en su lugar, propuso que se llamara Una noche en Viena. El temperamental Korda no acabó, pues, de hacer buenas migas con el adicto al trabajo Selznick (este último era capaz de atiborrarse de estimulantes para poder trabajar 22 o hasta 23 horas diarias...).

Otra de las curiosidades que se mencionan es que, una vez acabado el rodaje, la copia ardió en un incendio, con lo que hubo que recorrer a los negativos para crear una nueva. Y, como no podía ser menos, tanto Graham Greene (novelista autor del guion) como Anton Karas (intérprete de cítara responsable de la banda sonora) ocupan un lugar destacado en el anecdotario de una película que, como en algún momento del documental se nos recuerda, representa el pesimismo tras el conflicto mundial opuesto al optimismo de sus inicios que transmite Casablanca (1942).